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La educación, ¿caso de
política o de policía?
Frei Betto
*
Adital
El IBGE divulgó el 17 de
diciembre la Síntesis de
Indicadores Sociales 2010. El
IGBE es un órgano del gobierno
federal; por tanto no está al
servicio de la oposición ni de
los detractores del gobierno de
Lula. Por suerte es serio y
autónomo. Los datos
concernientes a la educación en
el Brasil son aterradores.
En el 2009 el 14.8% de los
jóvenes de 15 a 17 años no iban
a la escuela. Y el 32.8% de los
comprendidos entre 18 y 24 años
dejaron sus estudios sin
terminar la enseñanza media.
(Mano de obra sin cualificar y
candidatos al narcotráfico…).
Comparado con los otros países
del Mercosur, el Brasil tenía la
tasa más alta de abandono del
nivel medio: el 10% de alumnos.
En Argentina el 7%, en Uruguay
el 6.8%, en Chile el 2.9%, en
Paraguay el 2.3% y en Venezuela
el 1%.
¿Por qué abandonan la escuela
nuestros jóvenes? Las
principales causas son: la falta
de recursos para pagar los
estudios y el reducido número de
escuelas públicas; el
desinterés; la contante
repetición, provocada por
pedagogías desfasadas,
desmotivación y frecuente
ausencia de los profesores; la
dificultad en el transporte; y
la necesidad de ingresar
precozmente al mercado de
trabajo.
Para que un alumno se comprometa
a hacer una buena enseñanza
media es necesario que su
motivación sea despertada ya en
la preparatoria y en la
enseñanza primaria. Pero ¿cómo
alcanzar este objetivo si
nuestros niños permanecen, en
general, apenas cuatro horas al
día en la escuela? La media
latinoamericana es de seis
horas.
A pesar de ello ha habido
avances en los últimos diez
años, en que casi se dobló el
número de jóvenes de 18 a 24
años que terminaron la enseñanza
media o ingresaron en la
universidad. Si en 1999
terminaron apenas el 29.6% de
los alumnos la enseñanza media,
en el 2009 el índice subió al
55.9%. En 1999 el 21.7% tenían
11 años de estudios (tiempo
suficiente para completar la
enseñanza media); en el 2009 el
40.7% frecuentaron la escuela
durante 11 años. En 1999
ingresaron a la universidad el
7.9%; en el 2009 fue el 15.2%.
En el 2009 el 30.8 de los
jóvenes de entre 18 y 24 años
terminaron algún curso de
cualificación profesional. En el
2004 sólo fueron el 17.2%. Este
avance se debe al empeño del
gobierno por multiplicar el
número de escuelas técnicas, así
como al sistema S (Senai, Senac,
etc.) y a las becas de estudio
concedidas vía ProUni.
Pero detrás de los datos
positivos se esconden
desigualdades sangrantes. En el
2009 el 81% de los jóvenes entre
15 y 17 años de entre el 20% de
los más pobres estaban en la
escuela. En el 20% de los más
ricos el índice subía al 93.9%.
Gracias al sistema de cuotas y
al ProUni se dobló el número de
universitarios mayores de 25
años que se declaran negros: en
1999 era el 2.3%, y en el 2009
fue el 4.7%. Pero el índice de
los que se declaran blancos es
casi cuatro veces mayor: 15%.
El Brasil cuenta con 3.6
millones de niños menores de 4
años y es ínfimo el número de
casas cuna para ellos. Eso
significa que están sujetos a
graves desvíos pedagógicos
debido a un largo tiempo de
exposición a la televisión, a la
permanente convivencia con
adultos y ancianos, muchas veces
confiados a vecinos mientras sus
padres asisten al trabajo. La
Constitución asegura, en el
Capítulo II - De los Derechos
Sociales, "asistencia gratuita a
los hijos y dependientes desde
el nacimiento hasta los seis
años en casas cuna y
preescolares". ¿Cuántas empresas
lo cumplen?
Según el IBGE, entre 0 y 14 años
hay en el Brasil una población
de poco más de 54 millones de
personas. De ellas, 5 millones,
o el 10.9% del total, viven en
situación de riesgo, en
viviendas sin agua potable, red
de alcantarillado ni recogida de
basura. El Nordeste concentra la
mayor parte de dichos niños, el
19.2%. Y el Marañón y el Piauí
son quienes lideran esta
estadística. La encuesta señala
también que casi el 39.4% de los
alumnos de enseñanza elemental
asisten a escuelas sin red
sanitaria y el 10% de las mismas
no cuentan con agua potable.
Falta mucho por hacer. Mientras
la educación brasileña no
alcance el nivel mínimo de
calidad continuaremos siendo una
nación desigual, injusta,
subdesarrollada y dependiente.
No es para menos, pues aunque la
Constitución exija que sea
destinado el 8% del PIB a la
educación, la inversión del
gobierno en esta área no llega
al 5%. Y el presupuesto del
Ministerio de Cultura para el
2011 es inferior al 1%.
No es de extrañar el nepotismo
en la Casa Civil y los Tiriricas
en la campaña electoral. Además
de educación, al Brasil le falta
vergüenza. De esa forma el
menosprecio de la política para
con la educación acaba siendo un
caso de policía, semejante al
crecimiento de la violencia
urbana.
* Escritor y asesor de
movimentos sociais
Autor de "Alfabeto.
Autobiografía escolar", entre
otros libros.
http://www.freibetto.org/
> twitter:@freibetto.
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Traducción de J.L.Burguet
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