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Martín-Barbero en La Habana:
"La Universidad vive hoy en el
mundo una relación
esquizofrénica con la sociedad"
En exclusiva para Cubadebate,
Conferencia magistral de Jesús
Martín-Barbero, en el XIII
Encuentro de FELAFACS, en La
Habana, el 20 de octubre de 2009
De la sociedad regulada a la
sociedad fragmentada
Yo tenía desde hace tiempo una
deuda con este país, no solo por
las múltiples invitaciones que
no había podido corresponder
sino por la cantidad de gente
que me escribe y que en muy
pequeña proporción he podido
ayudar, cooperar con sus
trabajos. Por tanto estoy muy
agradecido a FELAFACS por haber
hecho posible, por lo menos en
una partecita, condonar esta
deuda.
Voy a hacer una reflexión en
tres tiempos, creo que no
podemos pensar los últimos
"paradigmas", modelos de
sociedad, sin ponerlos en
perspectiva histórica. No es
posible hablar de sociedad de la
información o del conocimiento
como si no tuviera nada que ver
con las transformaciones de la
matriz que ha sido y continúa
siendo en la inmensa mayoría de
nuestros países, la sociedad de
mercado.
Reflexiono primero sobre los
modelos de sociedad, porque en
la mayoría de nuestros países de
América Latina junto al modelo
hegemónico, de alguna manera
sobreviven otros modelos de
sociedad y otros modelos de
conocimientos y de saberes que
normalmente nuestras
universidades desconocen.
Abordaré primero los modelos de
sociedad, después los modelos de
conocimientos y por último los
modelos de universidad.
Modelos de sociedad
Parto de la diferencia radical
entre lo que fue y todavía es en
parte, aunque cada vez menos, la
sociedad industrial. Hay que
subrayar que el modelo de
sociedad industrial que proviene
de finales del siglo XVIII en
Inglaterra, para buena parte de
la población de nuestros países,
que vivió más bien en la
economía informal, jamás tuvo
significación alguna.
La sociedad industrial podría
caracterizarse como un modelo de
sociedad integral, que para
explotar tenía que dar trabajo,
y por tanto integra a la inmensa
mayoría de la población, la
incluía con modalidades de
explotación de su propio
trabajo. Tenía que dar trabajo y
lo daba.
No olvidemos que el éxito de los
aliados que ganaron la II Guerra
Mundial era haber llegado, tanto
en los Estados Unidos como en
Francia, Italia y Alemania, con
la ayuda del Plan Marshall, a lo
que presentaban como pleno
empleo. Hubo un tiempo en que
estos países lo alcanzaron casi
por completo. Era una sociedad
integrada, básicamente salarial,
donde la inmensa mayoría tenían
salarios fijos. Constituía una
sociedad regulada por el estado,
un capitalismo con reglas de
juego, era una sociedad
explícitamente conflictiva en
que tanto los partidos de
izquierda como los sindicatos
podían expresar los conflictos
abiertamente, se podía pelear
por mejores condiciones de
trabajo y de vida, y por tanto,
era un modelo de sociedad
negociador: había conflictos y
negociación.
A mediados de los años 70 se
hizo visible, con la primera
gran crisis del petróleo, con el
aumento de sus precios, el
inicio de un nuevo modelo de
sociedad del que nos había
llegado hasta ahí de la sociedad
industrial (conflictiva,
integrada, negociadora) y hubo
un discurso de la entonces
primera ministra británica
Margaret Thatcher, que nos dio
la clave. En un pulso de dos
años con los sindicatos
británicos de la minería, ella
sostenía que las minas
británicas no eran competitivas,
por tanto había que cerrarlas.
Los mineros se aferraban a su
fuente de trabajo, era todavía
una fuente de riqueza del país,
y al cabo de ese tiempo ella
ganó y se cerraron las minas.
Pronunció un discurso donde dijo
claramente que un tercio de los
británicos tendrá que dejar de
serlo para que los otros dos
tercios siguieran siéndolo.
Recuerdo que cuando leí ese
discurso pensé que en América
Latina habría que ponerlo al
revés, dos tercios dejarán de
ser para que un tercio tenga
alguna dignidad. Ese es el
modelo de sociedad al que
entramos desde finales de los
años 70. ¿Cómo podríamos
caracterizarlo? Es un modelo de
sociedad ya no integral,
claramente, explícitamente, sin
vergüenza; evidentemente tenemos
que hacer el arco hacia fines de
los 80 con la caída del muro de
Berlín. A partir de aquí el
capitalismo se queda solo -con
muy pocas excepciones- y lo que
se pierde no es solo el
socialismo real sino el
horizonte socialista.
Entra otro modelo de
capitalismo, no ya integrado
sino dual, una sociedad de los
excluidos y de los incluidos,
con toda claridad, sin ninguna
vergüenza que se caracteriza por
una transformación que reduce
poco a poco los puestos de
trabajo en el ámbito de la gran
industria tradicional y mientras
reduce el número de trabajadores
en las industrias metalmecánica,
las acerías, etc., se vuelve
terciaria, de servicios, porque
los requerimientos de esta otra
industria es un tipo de
trabajador diferente, de manera
que en buena proporción los
trabajadores del ámbito de la
minería, la agricultura, etc.,
no encuentran trabajo en el
ámbito de los servicios, por lo
cual en veinte años hemos visto
crecer el desempleo y la
exclusión de millones de
ciudadanos. Aparece una sociedad
dual cuya clave es la
contradicción que expresa el
concepto de flexibilidad
laboral. Este concepto es un
hecho nuevo importante porque
habla de que la mayoría de la
gente que trabaja va a tener que
poner menos músculo y más
cerebro. Es un hecho.
La industria de esta nueva
sociedad dual, no integrada,
hace indudablemente una
propuesta de empleo mucho menos
ligada a las fuentes trabajo de
operaciones repetidas, ligada a
cierta experiencia de energía
muscular y del entrenamiento
Pasamos a un nuevo tipo de
trabajo en que la información,
las destrezas mentales, esas
competencias tendrán más valor
que la fuerza y la agilidad
manual.
Pero flexibilidad laboral
significa también -cuando
presenté en la Universidad
Nacional La era de la
Información de Manuel Castells,
se hizo un silencio terrible
cuando el autor dijo que vamos a
una sociedad en que terminó el
trabajo para toda la vida y el
trabajo de tiempo completo para
la inmensa mayoría-; significa
también que la sociedad
industrial con su modelo de
pleno empleo dejó de servirle al
capitalismo. Yo creía que el
empleo era el resultado de las
luchas obreras, es cierto, pero
también le funcionaba al
capitalismo. Del mismo modo que
la abolición de la esclavitud en
Brasil, por ejemplo, fue en
buena medida el resultado del
interés de producción con
mejores ganancias.
Recordemos a Walter Benjamín:
"Todo proceso o expresión de
cultura es a la vez expresión de
barbarie", o sea que todos los
resultados de las luchas obreras
fueron el resultado de que el
capitalismo podía digerir eso y
ahora no lo digiere más. Y no lo
digiere claramente precarizando
las formas de trabajo y acabando
con las prestaciones sociales.
Quiero nombrar aquí la
perversión que significa para mí
que en Colombia hoy se haya
cambiado el concepto de
seguridad social, que era salud
pública, pensiones, por
seguridad democrática. Con lo
que nos da la privatización, se
acabaron las prestaciones
sociales como se ve en la
mayoría de nuestros países; y
ahora nos cambian el término por
seguridad democrática. Lo que
ocurre es sencillamente una
guerra, que necesitaba quizá
Colombia, pero no nos garantiza
los que nos garantizaba la
seguridad social.
Había que empezar por aquí,
porque ahora cuando pasemos a
hablar de sociedad de la
información y sociedad del
conocimiento no podemos olvidar
que ambos calificativos de esos
modelos de sociedad se dan sobre
una sociedad dual, fragmentada,
desregulada, donde el estado
está cada vez más moldeado por
las decisiones del Fondo
Monetario Internacional, del
Banco Mundial para las
negociaciones con sus pueblos.
Esto no es una ofensa a ningún
estado, por ejemplo Lula en
Brasil ha tenido que negociar
mucho entre los que exigía el
FMI y sus movimientos sociales
como los Sin Tierra, porque
todavía Lula no ha llegado a
atender mínimamente las demandas
de su pueblo. Sabemos que Brasil
es el país más desigual del
mundo. No está en África ni en
Asia, está en América Latina, en
Brasil.
¿Sociedad de la información y el
conocimiento?
Considero que es bueno que estas
otras denominaciones de sociedad
de la información y sociedad del
conocimiento los pensemos a la
luz de este modelo de sociedad,
fragmentada, excluyente,
precaria, desregulada, donde el
estado ya no tiene capacidad de
regular porque le fue quitada
por estos organismos
internacionales, la capacidad de
decisión de nuestros estados es
muy relativa; y finalmente es
una sociedad mucho menos
conflictiva, donde la mayoría de
los sindicatos, no solo en
América Latina, sino en Europa
-veamos los casos de Italia y
Francia: Silvio Berlusconi y
Nicolas Zarkozy- se ríen de
ellos, les importan un carajo.
No tienen estos sindicatos ni un
diez por ciento de la fuerza que
tenían hace veinte años.
Viví en Francia a finales de los
60 y principios de los 70 y los
sindicatos paralizaban el país,
hacían negociar a los gobiernos
y a las empresas. Eso terminó.
Entonces esta de hoy es una
sociedad mucho menos conflictiva
y por tanto mucho menos
negociadora, donde los que
defienden los intereses de las
mayorías se ven desprovistos de
dispositivos y posibilidades
reales para negociar en serio,
algo que sí tenía la sociedad
industrial. Esto significa que
la identidad del profesional de
cualquier campo va a sufrir una
fuerte transformación. No
podemos desconocer que la
flexibilidad- esa palabrita
tramposa como la palabra
competencia- por un lado habla
de un cambio en la modalidad del
trabajo, pero habla por otro, de
un cambio absolutamente negativo
en términos de derechos
sociales.
Hoy nos vamos a encontrar con
que la flexibilidad laborar para
los profesionales va a
significar no solo la pérdida de
prestaciones sociales sino que a
cada profesional le toca
competir ya no con empleados y
profesionales de otra empresa,
sino incluso en su propia
empresa contra sus propios
compañeros. O sea que el
concepto de competitividad, es
un proceso donde no solo
compiten las empresas entre
ellas, sino de los propios
obreros hacia el interior de
ellas, de tal manera que la
solidaridad obrera es minada y
lo que predica la nueva doctrina
neoliberal acerca del
acrecentamiento de las
iniciativas de los trabajadores,
de creatividad, innovación, es
cierto, pero solo que la empresa
quiere profesionales
innovadores, creativos y
flexibles, en la medida en que
se traduzca en rentabilidad para
ella.
La capacidad de innovación
dentro de la empresa es
mantenida mientras pueda ser
capitalizada. En este sentido,
hoy en día lo que fue el
proyecto vida profesional, está
cada vez más en crisis tanto en
términos de durabilidad- al no
poder relacionar el proyecto de
vida con el proyecto de trabajo.
Tengo información de que el
contrato de trabajo en muchas
empresas de la transnacional
Silicon Valley, es de 9 meses
como promedio.
Este es un fenómeno que alcanza
hasta los profesionales de la
comunicación y del conocimiento.
Vean la crisis de la
investigación en Francia donde
los investigadores de las
universidades llevan dos años de
huelgas. Se observa el
desmantelamiento de la
investigación científica en
Francia, pasándosela a la
empresa privada.
Este nuevo modelo de sociedad
hace justamente esto: el
desplazamiento radical del peso
de la investigación más de punta
al ámbito de la industria
privada. Es hecho un claro. Por
ejemplo, actualmente la
industria farmacéutica, que está
en manos de las transnacionales,
tuvieron que ser obligadas por
la ONU a abaratar mínimamente el
precio de las medicinas, para
aliviar por lo menos, el dolor
de los millones de seres humanos
con SIDA. O sea, lo que está
siendo desregulado es la propia
investigación
Tenemos una industria tecno-científica
que en sus tres cuartas partes
es privada. Y no olvidemos que
el grupo empresarial que
descubrió el mapa del genoma
humano se adelantó al
descubrimiento por parte de una
universidad pública de Estados
Unidos. Ganó la privada.
La sociedad de la información es
un concepto ambiguo
Sociedad de la información es un
concepto completamente ambiguo
porque de un lado nombra un
hecho indudable, y es la
transformación radical de la
idea de información. Cuando
algunos de los que estamos aquí-
los más viejitos- trabajamos de
alguna manera en la pelea que
condujo al Informe McBride,
aquella declaración de la UNESCO
que planteó acerca de un nuevo
orden mundial de la información
y la comunicación, estábamos
hablando de la información
noticiosa, del desequilibrio
terrible que tenía en las
agencias la información del
Primer mundo, que venía a ser
una quinta o sexta parte del
mundo, mientras que la
información sobre África,
América Latina, Asia, se
desconocía. Aún seguimos
desconociéndonos día a día lo
que pasa en los países del lado,
porque la inmensa mayoría de las
páginas internacionales están
dedicadas a Europa o a Estados
Unidos y a sus intereses, sea
Iraq, Afganistán o donde estén
ellos.
Entonces información era
noticia, hoy no.
Primero: información es
conocimiento incorporado a los
productos, como el mapa
genético, que es un tipo de
conocimiento radicalmente nuevo,
porque este no es un
conocimiento que es revelado
luego de estar oculto, este es
una construcción del
conocimiento humano. El
conocimiento humano ha sido
capaz de objetivarse en eso que
llamamos hoy mapa genético, es
una escritura expresada en buena
medida gracias al conocimiento.
Entonces el objeto de
información hoy no es la
información noticiosa, el objeto
de información hoy es materia
prima del tipo de conocimiento
incorporado a los nuevos
productos, hablamos de biología,
de tecno-biología, no de lo que
entendíamos como producto
industrial.
Segundo: información es aquella
incorporada a los procesos de
producción en términos de la
nueva relación invención-
aplicación- simulación; por
ejemplo hoy, un por ciento de
alto de la experimentación
científica no se hace
directamente sobre los ratones,
sino por procesos de simulación
en los órganos de ellos, así
como la salida del hombre fuera
de la gravedad fue posible por
la simulación, porque lo que
pudieron investigar tanto los
norteamericanos como los rusos
sobre los cuerpos de los
astronautas fue ínfimo, el resto
fue simulado para saber el
funcionamiento de los órganos
fuera de la gravedad.
Actualmente buena parte de la
información tiene que ver con
estas nuevas relaciones entre
invención, circulación de la
información, sacarla para
aplicarla a otros campos.
Finalmente, la información es
producto ella misma de un
mercado de bienes digitales que
cada vez circula más velozmente
y que plantea desafíos radicales
a la concepción anacrónica del
siglo XIX - que tienen hoy la
mayoría de los estados, de los
gobiernos- llamada tramposamente
propiedad intelectual, que tiene
todo de propiedad y poquísimo de
intelectual porque es el
productor que hace físicamente
el libro el que gana, no quien
escribe el libro. Otra cosa es
el derecho de autor, no debemos
confundirnos. Ahí tenemos un
tema de fondo que hay que
discutir muy seriamente.
En el campo de la comunicación
habría que ayudar a los
juristas, pensar una concepción
de propiedad colectiva en
términos de uso: Yo tomo esta
agua y no se la puede tomar
nadie más, pero si yo escucho
una canción, la puede escuchar
todo el mundo. Entonces no
podemos seguir poniendo en un
mismo plano todos los modelos de
consumo. Esta es una trampa que
el estado y el mercado hace a
ese invento anarquista -como lo
ha reconocido Castells- que es
Internet.
Siglo y medio después de lo que
soñaban los anarquistas,
Internet es su invento, una
sociedad sin estado y sin
mercado, sin propiedad. Internet
nació así, pero tanto el estado
como el mercado no pueden
permitir que Internet funcione
porque desborda, desafía la
propiedad como la ha concebido
el capitalismo.
Pasamos entonces a la siguiente
pregunta: ¿Qué entendemos
realmente como sociedad de la
información? Esta nace de una
concepción en la que el modelo
de sociedad se liga
estructuralmente al desarrollo
tecnológico. Significa una
sociedad en la que la mutación
tecnológica nos viene impuesta
-si no nos desarrollamos
tecnológicamente nos quedamos en
el siglo XIX- pero esa mutación
tecnológica se liga
estructuralmente también al
crecimiento económico. O sea, la
nueva tecnología exige una nueva
sociedad, desregulada. ¡Terminó
la regulación de los medios! La
nueva sociedad implica la
desregulación.
El concepto de sociedad de la
información es contradictorio,
puede ser tramposo, por un lado
es lo que acabo de decir, pero
por otro lado nombra una
concepción que nos impone el
desarrollo tecnológico,
concebido a su vez con una
visión profundamente
instrumental con relación al
crecimiento económico. O sea,
aquel desarrollismo de los años
60 que privilegiaba al
crecimiento económico sobre un
mínimo de distribución social,
está en el fondo del concepto de
sociedad de la información. El
primer concepto de convergencia
tecnológica fue la legitimación
de la desregulación de los
medios para que pudieran operar
en estas condiciones, dejando a
la libre empresa la iniciativa y
el estado perdiéndola.
El concepto de sociedad del
conocimiento, que nació en los
espacios académicos
norteamericanos, pasó
afortunadamente a la UNESCO que
lo planteó primero,
desfatalizando la relación entre
cambio tecnológico y cambio de
sociedad. La UNESCO vio
claramente que pensar en
términos instrumentales el
desarrollo tecnológico, tenía
que ver con el funcionamiento de
las economías en la mayoría de
los países, por tanto introdujo
la necesidad de ligar la
innovación tecnológica no solo
al crecimiento económico, sino
ligarlo a una sociedad más
abierta, más plural, más
integrada, justo todo lo que se
perdió. Es decir, sociedad del
conocimiento, y esto se vio en
los dos grandes foros de la
sociedad mundial de la
información tanto en Ginebra
como en Túnez, tenía dos grandes
concepciones: la que venía de
los estados y de las empresas, y
la que venía de la sociedad
civil del mundo.
De tal manera que frente a un
concepto de sociedad de la
información tecnologista e
instrumental, la declaración de
la sociedad civil del mundo
planteó una idea más cercana a
Castells que es hablar, así
comos se habla de sociedad
industrial, hablar de sociedad
informacional y añadir el
plural, o sea sociedades; y el
término informacional para la
sociedad civil es la que
caracteriza a una forma de
organización social en la que la
creación, el conocimiento y el
poder van a encontrar nuevas
formas de funcionamiento y de
distribución.
Y ahora una pregunta: ¿Y América
Latina? ¿América Latina puede
hablar de sociedad del
conocimiento cuando somos,
primero que todo, sociedades del
desconocimiento de saberes y
conocimientos que nuestras
universidades han sido incapaces
de avalar y de legitimar? ¡Cómo
hablar de sociedad del
conocimiento en América Latina
cuando hoy día están
deslegitimados los saberes
tradicionales, de los millones
de desplazados que sobreviven en
el continente con saberes que no
provienen de la academia sino de
la experiencia social, de su
creatividad y de la imaginación
social! ¿Y dónde están nuestras
universidades? Tengo claro el
caso de lo que pasó en Colombia,
a pesar del esfuerzo de unos
pocos, para que el tema cultura
llegara al Tratado de Libre
Comercio con Estados Unidos,
pero era muy difícil. No nos
engañemos.
Los que han investigado los
saberes tradicionales textiles,
medicinales, culinarios, de
diseño de nuestros indígenas y
de nuestras comunidades
campesinas, son antropólogos que
en su inmensa mayoría hacen sus
tesis de licenciatura y que se
abruman en las universidades,
pero nuestras universidades no
han hecho de intermediarios como
mínimo- ya no digo de
mediadores- entre los saberes
que los antropólogos han
descubierto y el Ministro de
Comercio Exterior y su pandilla,
que eran los que negociaban con
los gringos. ¿Dónde está la
mediación que han hecho las
universidades avalando y
legitimado que en América Latina
hay- como en todo el mundo-
saberes que no pasan por la
academia, que provienen de la
memoria, de la experiencia, del
trabajo, saberes locales?
Nuestras universidades, entre el
claustro y el torbellino social
Sí… Aún siguen llamándose
claustro, esa palabra que surgió
en la Edad Media. Es que la
inmensa mayoría de nuestras
universidades viven bastante
enclaustradas. Y no puedo evitar
hacer una pequeña historia, al
menos de la revolución de la
universidad moderna. Esta nace
con Napoleón en Francia y nace
ligada estructuralmente a la
figura y funciones del
estado-nación en el siglo XIX
como concepto de lo público,
vinculadas a las funciones y
necesidades del estado, por
tanto es una universidad
centralizada, con una rigurosa
selección del cuerpo docente, de
tal manera que sus profesores
eran funcionarios del estado,
pagados por éste, y por tanto
cuya finalidad era la de la
formación, producción y
adecuación del conocimiento en
función de dos grades
referentes: utilidad social, al
nacer ligada claramente a que su
investigación tenga utilidad
social, y segundo a que persiga
los objetivos de la política
gubernamental. Es una
universidad muy politizada en
términos de que el estado tiene
sus proyectos sociales y la
universidad tiene que responder
a la utilidad social y a los
proyectos de los gobiernos.
A comienzos del siglo XX surge
en Estados Unidos una
universidad que se dio nombre a
sí misma: Autónoma, porque no
tenía relación con el estado, y
ello significó tener como
interlocutor al mercado. Nace la
universidad privada que buscar
coordinar una reconstrucción
interna de la universidad
asumiendo dos referentes: las
transformaciones de la sociedad,
no la utilidad social, y el
mercado laboral como clave.
Permítanme leer una frase del
filósofo alemán Karl Theodor
Jaspers y otra del filósofo
español José Ortega y Gasset
acerca el susto que se pegaron
los europeos cuando vieron
surgir ese nuevo tipo de
universidad.
Revista Koeyú Latinoamericano
koeyu@cantv.net
Caracas. Venezuela
Gentileza:: Joel Cazal
[joelcazal@cantv.net]
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