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El sujeto y la emancipación
por
Cristian Gillen
La problemática del sujeto
constituye un aspecto central a
dilucidar en una época como la
actual en que existe una fuerte
tendencia a refutar las
concepciones de clase, lo que se
puede observar en las posiciones
postmodernistas y postmarxistas.
En su visión de la sociedad y la
historia, Marx se esfuerza por
rebatir la posición que
considera al sujeto individuo la
base de la significación y el
valor. Igualmente, es crítico de
los sujetos transcendentales,
por ejemplo el cogito de
Descartes, la unidad de
percepción de Kant, el ego de
Fichte, los cuales no eran
individuos empíricos
auto-conscientes. Marx estuvo
contra la supremacía del ego
tanto transcendente como
empírico[1]. En contraste con
Hegel, ve al sujeto ejerciendo
su papel activo que va llevando
a cabo en la producción. La
verdad está constituida en la
praxis. En Los Grundrisse, Marx
se deslinda de la relación
amo-esclavo que Hegel desarrolla
en La Fenomenología, aspecto que
es fundamental esclarecer, ya
que existe una corriente de
pensamiento que, partiendo de la
relación amo-esclavo de Hegel,
procura abordar la problemática
del sujeto[2]. Marx estipula en
Los Grundrisse que “lo que
precisamente diferencia al
capitalista del trabajador (de
la relación amo-esclavo), es que
el trabajador confronta al
capitalista como consumidor y
poseedor de valores de
intercambio, y que, en la forma
de dinero, el mismo trabajador
se transforma en un simple
centro de circulación, uno de
sus infinitos centros en que su
especificidad como trabajador se
extingue”[3]. Se desprende de lo
anterior que Marx establece la
diferencia entre la relación
amo-esclavo, donde prima el
valor de uso, y las relaciones
capitalistas entre el
capitalista y el trabajador, en
que predomina el valor de cambio
sobre el valor de uso.
A diferencia de lo que creen
muchos, para Marx la clase
proletaria no es algo que existe
a priori, sino que es el
resultado de un proceso
complejo. Del análisis que en El
capital se hace de la
acumulación primitiva, se puede
apreciar que las circunstancias
darían lugar a la producción
capitalista y, con ella, a los
elementos para el surgimiento
del proletariado. Igualmente, en
el proceso de acumulación actual
donde los trabajadores son
fuentes de valor, las
condiciones están reunidas para
que éstos luchen contra la
explotación[4]. Pero, a fin de
asumir posiciones contra el
sistema capitalista y no sólo
limitarse a formular
reivindicaciones, el trabajador
debe, en su lucha, tomar
conciencia que la castración de
sus capacidades y la explotación
que sufre, derivan directamente
del trabajo alienado que se da
en el capitalismo y que prima en
las distintas actividades que
regulan su vida como las
económicas, políticas,
culturales y familiares.
En Lukács, el proletariado es
“potencialmente” una clase
universal, por cuanto lleva
consigo el potencial
emancipatorio de toda la
humanidad. Su conciencia es un
principio universal, pero una
subjetividad universal que es
idéntica a su objetividad,
aspecto que es difícil de
aceptar puesto que, para
constituirse en proletario, es
necesario que éste pase por un
proceso complejo, dentro del
cual es imposible que se genere
la coincidencia total del objeto
y sujeto.
Existe igualmente otro problema
en la teoría del sujeto de
Lukács, por cuanto éste deja
entender que el proletariado
tendría la capacidad de
desentrañar la verdad de la
sociedad como un todo. Lo
planteado lleva a asumir que la
verdad sería inherente a la
conciencia de clase de los
trabajadores, lo que hace muy
difícil que se le pueda asignar
el carácter de verdad. Más bien,
en lugar de contribuir a la
emancipación de los
trabajadores, esta posición deja
translucir un cierto
dogmatismo[5].
Otra crítica que se le dirige a
Lukács en relación a su teoría
del sujeto, es la de concebir la
noción de clase como si fuera un
individuo colectivizado con
todos los atributos de la
persona individual: conciencia,
unidad, autonomía, entre otros.
Las clases son algo más
complejo, por cuanto son
conformadas por “bloques” en
conflicto y no por entes
homogéneos. Una clase presenta
un carácter desigual, que muchas
veces resulta en luchas
internas. Un aspecto central en
su trabajo sobre el sujeto, que
Lukács no dilucida de manera
apropiada, es el referente al
proceso que debe seguir el
trabajador para que devenga en
sujeto, partiendo de su estado
“normal” de mercancía hasta
convertirse en una clase para
sí[6].
Gramsci hace un análisis de las
clases en el marco de lo que el
denomina “hegemonía”. Para
Gramsci, hay una clase, fracción
de clase, o grupo social que
ejerce la hegemonía sobre la
población gracias a su control
sobre la sociedad civil. Este
control se alcanza a través de
la difusión de su concepción del
mundo, la cual deviene en el
“sentido común”. El bloque
histórico que se construye,
producto de la lucha política
por la hegemonía, está
conformado por distintos
estratos sociales alrededor de
una clase dirigente que sería la
que logra aglutinarlos[7].
Los estructuralistas como
Poulantzas, quien se nutrió de
la teoría de Gramsci sobre la
sociedad y la hegemonía,
fustigaron fuertemente a este
último. Su ataque se centra en
que Gramsci tendería a reducir
la ideología a la expresión de
una clase dominante, que sería
la que alcanzará unir la
infraestructura y
superestructura. Según
Poulantzas, no sería la clase
hegemónica la que conseguiría
unificar la sociedad, por cuanto
la unidad de la formación social
es un asunto estructural, un
efecto de la interrelación de
varios “niveles”, o “regímenes”
de la vida social bajo la
determinación en última
instancia de lo económico. La
realidad política de la clase
dominante solo constituiría un
nivel dentro de la formación
social. De acuerdo a Poulantzas,
el gran trabajo a realizar
consistiría en recrear a nivel
“imaginario” la unidad de toda
la formación social, y no solo
darle coherencia en función a la
conciencia de los que dirigen.
Es decir que, para Poulantzas,
la relación entre la clase
hegemónica y la ideología
dominante sería solo indirecta,
en tanto pasaría por la
mediación de toda la estructura
social. Es el campo de la lucha
de clases, y no la clase
dominante, ni el bloque
histórico en su conjunto, que
podría definir este tipo de
ideología[8].
Althusser considera que la
ideología constituye una fuerza
social muy importante, y que la
interpelación ideológica
representaría un aspecto central
en la constitución del
sujeto[9]. Althusser en Por Marx,
señala que “la ideología (como
un sistema de representación de
masa) es indispensable en
cualquier sociedad si los
hombres quieren ser
transformados y equipados para
responder a las demandas de las
condiciones de su
existencia”[10].
J. Parson se vale también de la
ideología como una forma de
interpelación para la
constitución del sujeto. Tanto
Parson como Althusser son
criticados por el carácter
funcional de sus planteamientos
en lo que respecta al papel de
subjetivización que le asignan a
la ideología.
Según Abercrombie, Hill y Turner,
las teorías de la interpelación
ideológica están regidas por el
supuesto de que el sujeto es un
agente individual, la persona,
cuando, en el capitalismo
tardío, la constitución de
“personas” requiere de la
formación de agentes colectivos
como corporaciones, asociaciones
profesionales, sindicatos y
asociaciones comerciales. Como
se podrá apreciar, difícilmente
las corporaciones y otros
agentes colectivos pueden ser
interpelados. Esta concepción
personalizada de la
interpelación ideológica llevó a
que Althusser haga uso del
psicoanálisis para la
formulación de la teoría de la
ideología y del sujeto.
En lo que atañe a la
transformación del hombre en
Marx, éste formuló a lo largo de
su obra un conjunto de
planteamientos tendientes a
superar el capitalismo y
establecer el socialismo, dentro
de los cuales el hombre, a
diferencia de los adeptos de la
interpelación ideológica que ven
a éste como sujeto, es percibido
en el marco de las clases
sociales. En La cuestión judía,
asevera que la emancipación
política no es una simple
posibilidad práctica, sino que
representa una emancipación
humana. Según Marx, la
emancipación humana escapa a la
categoría “utopía”. Podría
alcanzarse si una clase logra
representar a la sociedad como
un todo. En La ideología
alemana, Marx se muestra más
explícito, al indicar que el
proletariado, para abolir la
vieja forma de sociedad, debe
conquistar para sí el poder
político con el fin de que sus
intereses representen los
intereses generales. Los
intereses particulares del
proletariado, que están en
contra de los ilusorios
intereses comunales, harían
necesario que se tome el Estado,
el cual encarna este interés
“general” ficticio. Lo señalado
se sustenta, de acuerdo a Marx,
en el hecho que mientras
subsista una disociación entre
el interés particular y el
general, producto de un poder
ajeno a ellos y que los
esclavizaría, seguirían
generándose actividades no
voluntarias de los hombres. En
el Manifiesto comunista, afirma
que el proletariado, al tomar el
poder político, deberá
arrebatarle los medios de
producción a la burguesía y
centralizarlos en el Estado, con
el fin de tener a su disposición
la masa de fuerzas productivas.
Esta estrategia de Marx, que se
centra en el primado de las
fuerzas productivas, está
orientada a eliminar la
propiedad privada y
supuestamente las clases, aunque
ello nunca sucedió en los países
del socialismo real.
Engels lleva a sus límites la
modalidad de cambio sustentada
en las fuerzas productivas, al
considerar que el desarrollo de
estas fuerzas llevaría
inexorablemente al socialismo.
El socialismo sería el simple
reflejo del conflicto entre el
desarrollo de la gran industria
y el modo de producción
capitalista. Lo ilustraría la
transferencia de propiedad de
las grandes empresas de
producción y de comunicaciones
al Estado, lo que significaría
que la burguesía habría devenido
superflua[11]. Estos
planteamientos de Engels
tuvieron gran influencia en la
Segunda Internacional y en los
países que adoptaron el
denominado “socialismo real”,
los cuales, en lugar de fundar
una sociedad sin clases,
edificaron un capitalismo de
Estado con una burguesía de
Estado como clase dirigente.
El desarrollo desigual del
capitalismo ha creado, en las
formaciones sociales
periféricas, sectores de la
sociedad que se caracterizan por
presentar relaciones sociales
capitalistas muy débiles que se
articulan a otras formas no
capitalistas de producción, en
el marco de las cuales la
cooperación y la solidaridad no
solamente subsisten todavía sino
que presentan grandes
potenciales para su desarrollo.
Es en esos espacios que se abre
la posibilidad de construir los
gérmenes de la nueva sociedad, y
no a través de la toma del
Estado, ya sea por vía de las
elecciones de tipo capitalista u
otro medio.
En esos resquicios, que genera
el propio proceso de desarrollo
contradictorio del capitalismo,
es fundamental desarrollar
nuevas formas de producción
económica, política, cultural y
familiar[12]. Esta estrategia
rompe con los partidos de
estructura piramidal de la
izquierda y con la práctica
parlamentaria que evita un
trabajo en el seno del pueblo.
Solamente obviando los canales
de la democracia representativa,
se podrá ir construyendo
cotidianamente una nueva
sociedad con todos los
conflictos y contradicciones que
ello genera. Los burócratas de
la política deben ser
reemplazados por auténticos
partidarios de la transformación
productiva. El proceso de
interrelación social entre la
población y los que luchan por
la emancipación deberá
realizarse a través de dos vías.
Por un lado, los intelectuales
revolucionarios, que no
necesariamente tendrán que haber
recibido una educación formal,
deberán coadyuvar en el proceso
de organización y desarrollo de
formas asociativas de producción
económica, política y cultural,
así como ayudar en la solución
de los problemas que se dan en
el seno de la familia y que
inciden en las actividades
productivas de los distintos
miembros de ésta. Por otro lado,
los productores organizados
tendrán asimismo que ser
concientes de la necesidad de
velar para que los intelectuales
revolucionarios puedan vivir
dignamente, tanto económica como
espiritualmente.
Ésta es una alternativa
transformadora no alienada tanto
para los intelectuales que salen
de las universidades y otras
instituciones educacionales como
para aquellos que se han formado
en la práctica, los cuales, en
la actualidad, o están
desocupados, o tienen que
aceptar trabajos que van contra
su esencia, aniquilando su
potencial creativo. Como se
puede apreciar, la revolución
debe comenzar hoy y no esperar
la toma de un Estado que no es
neutro sino capitalista, y que
difícilmente garantiza el cambo
de sociedad puesto que su lógica
de reproducción está más bien
orientada hacia la preservación
del capitalismo.
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[1] Louis Dupré. Marx social
critique of Culture. London.
1983.
[2] Kojève influyó fuertemente
en la difusión de esta visión,
la cual incidió en muchos
intelectuales estructuralistas,
post-estructuralistas y también
marxistas.
[3] Citado en Slavoj Zižek en In
defense of lost causes. Verso.
London. 2008.
[4] Según Callinicos, el
proletariado no puede jugar el
rol de la identidad
sujeto-objeto como pretende
Lukács.
[5] Terry Eagleton. Ideology and
its vicissitudes in Western
Marxism en Mapping Ideology.
Edited by S. Zižek.
[6] Terry Eagleton. Ideology.
Verso. London. 1991.
[7] Cristian Gillen. Cómo
superar el neoliberalismo.
Edición Horizonte. Lima. Perú.
2006.
[8] Terry Eagleton. Ideology. Op.
cit.
[9] Althusser considera que no
puede darse la subjetivización
sin sometimiento, por cuanto es
el efecto producido por la
interpelación que lo somete a la
ley.
[10] Citado en N. Abercrombie,
S. Hill and Brejan S. Turner.
Determinacy and indeterminacy in
the theory of Ideology en
Mapping Ideology. Edited by S.
Zižek. Op. cit.
[11] Friedrich Engels.
Socialisme utopique et
socialisme scientifique.
Editions sociales. Paris. 1948.
[12] Ver Cristian Gillen. Cómo
superar el neoliberalismo. Op.
cit.
http://www.hacialaemancipacion.org
Gentileza:: Cristian Gillen
[hacialaemancipacion@yahoo.com]
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