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La tierra, humus para la paz.
‘Nuestro ecosistema pertenece a
la humanidad’
Sergio
Ferrari *
Adital
Si no se resuelve el
complejo problema de la tierra,
cualquier apuesta a una solución
política del conflicto armado y
social en Colombia es
difícilmente imaginable. Esta es
la hipótesis central de Rafael
Figueroa Rincón, abogado
colombiano e integrante del
Programa Suizo para la Promoción
de la Paz en Colombia (SUIPPCOL)
que aglutina a once ONG
helvéticas activas en ese país
sudamericano y que cuenta con el
apoyo del Ministerio de
Relaciones Exteriores. "Las
comunidades han decidido ejercer
su derecho a la participación
directa en la discusión de las
grandes políticas públicas sobre
los temas que van a afectarles
en un futuro, como la
explotación de hidrocarburos,
las concesiones mineras y la
construcción de grandes obras de
infraestructura, entre otras"
subraya Figueroa iniciando esta
entrevista exclusiva.
P: ¿Por qué la tierra juega un
papel tan importante en la
Colombia actual?
R: El control de los recursos
naturales que se encuentran en
los territorios de las
comunidades y el acceso y
apropiación de sus tierras son
los botines de la guerra en
Colombia. La tierra y sus
recursos están siendo acumulados
y explotados por grandes elites
y poderes regionales que
controlan verdaderos ejércitos
privados. En este contexto de
conflicto armado y despojo de
tierras, se desarrollan grandes
inversiones privadas, en muchos
casos en correspondencia con
intereses multinacionales, lo
que evidentemente agudiza el
panorama. Las 31 comunidades y
organizaciones que integran la
Red de Iniciativas y Comunidades
de Paz desde la Base, no sólo
han sido víctimas de la
violencia y el conflicto armado
sino principalmente del despojo
de sus tierras y los recursos
que existen en sus territorios.
En este sentido, incluso
representantes del nuevo
Gobierno han identificado esta
problemática como la piedra
angular del conflicto armado.
Ambientar la paz desde el
territorio
P: Podría darnos un ejemplo
concreto para comprender mejor
tales afirmaciones...
R: El despojo de tierras a las
comunidades campesinas de El
Garzal, al sur del Departamento
de Bolívar. Estas comunidades,
que han permanecido por más de
50 años en sus tierras
dedicándose de manera exclusiva
a la producción alimentaria, en
los últimos diez años han sido
objeto de presiones ilegales,
amenazas y desapariciones
forzadas. Han sido incluso
víctimas del uso de la justicia
y de las autoridades locales,
quienes buscan desplazar a más
de 300 familias campesinas y
despojarlas de manera definitiva
con el objetivo de entregar sus
parcelas a un antiguo comandante
paramilitar que dominó pública y
abiertamente la región del
Magdalena Medio durante más de 7
años. Dicho personaje, sin
embargo, jamás se desmovilizó ni
se entregó a la justicia sino,
por el contrario, permaneció en
la vida civil y fundó una
compañía palmicultora. Es esta
empresa la que promueve todas
las acciones legales e ilegales
para obtener las tierras de El
Garzal e iniciar la siembra de
palma africana para la
producción de agro-combustibles.
La palma africana en la región
debería alcanzar, según las
políticas agrarias del Gobierno,
las 300.000 hectáreas para 2019.
Esta compañía ha obtenido
también el apoyo del Programa
Presidencial de Acción Social,
que presenta a dicha empresa
como un modelo de desarrollo
alternativo en la región. De ahí
mi afirmación que si la tierra y
los recursos del territorio de
las comunidades en Colombia no
son protegidos del despojo por
el Estado colombiano, no podrá
construirse una paz sostenible.
El despojo de las tierras
continuará siendo el principal
motor del desplazamiento
forzado, de las violaciones a
los derechos humanos y del
recrudecimiento del conflicto
armado. Por esta razón desde el
Programa SUIPPCOL nos hemos
comprometido en el apoyo a
comunidades como El Garzal en la
lucha pacífica y legal contra el
despojo como una de las formas
más eficaces para ambientar la
paz desde la tierra y el
territorio.
El territorio, la misma "Madre
Tierra"
P: En otros países de América
Latina, los movimientos
socialesponen el énfasis en la
tierra y en la reforma agraria
como principal bandera
reivindicativa y estratégica.
Pero se refieren mucho menos al
concepto del territorio. ¿Qué
significa, en vuestra percepción
colombiana, cuándo hablan de
territorio?
R: En general, se presenta al
territorio como el lugar y el
cuerpo donde las comunidades
campesinas, las minorías étnicas
y las mujeres, tejen su vida
colectiva, cultural, económica,
social y política. El territorio
es un horizonte mucho más amplio
que el concepto de la tierra,
que de manera casi exclusiva se
refiere al espacio físico
delimitado, ubicado en una zona
rural, que puede ser explotado
económicamente para la
producción o explotación del
recurso allí inscrito. El
territorio comprende por
supuesto a la tierra, pero va
mas allá, ya que también
incorpora todo el patrimonio
inmaterial que se desprende de
las comunidades mismas que lo
han habitado y conservado, lo
van cantando en canciones y
puesto en historias, lo han
hecho parte de sus usos y
costumbres, de sus lenguas y
dichos populares. Las
reivindicaciones actuales en
Colombia cada vez más no sólo se
dirigen a la reforma agraria y
al acceso y democratización de
la tierra, sino que además
exigen el reconocimiento de un
estatus especial político y
jurídico del territorio y de los
derechos que de allí se
desprenden. Estos estatutos
incluso han sido recogidos en
instrumentos internacionales
como el Convenio 169 de la
Organización Internacional del
Trabajo y la Declaración de
Pueblos Indígenas de las
Naciones Unidas.
P: ¿Con el nuevo Gobierno de
Manuel Santos qué expectativas
existen en relación a la tierra
y el territorio?
R: El Gobierno actual ha dado un
cambio en relación al anterior
en lo que se refiere a la
política agraria. Venimos de
ocho años de absoluta negación
por parte del conjunto del
Estado de temas como el despojo
o la altísima concentración de
la tierra -que ubica a Colombia
en el puesto 15 del mundo en
inequidad en la propiedad de la
tierra. Más grave aún fue la
ausencia de una reparación y
devolución de las tierras
arrebatadas a los casi 4
millones de desplazados. Hoy, el
nuevo Gobierno, por el contrario
ha anunciado como uno de los
temas fundamentales a resolver
el despojo de tierras y la
restitución a las víctimas a
través del lanzamiento del
proyecto de ley de Restitución
de Tierras Despojadas. Sin
embargo, las buenas intenciones
no implican necesariamente una
modificación fundamental en la
política global agraria y en las
visiones económicas más
profundas. Las comunidades creen
que con estas políticas se busca
hacer más eficaz los modelos
económicos agroindustriales y
extractivos que han sido
diseñados e implementados
durante los últimos ocho años y
que precisamente generan
inequidad, concentración de la
tierra y abandono de la economía
campesina. Para el Gobierno
nacional y para las
organizaciones y comunidades en
Colombia un reto fundamental es:
no sólo asegurar el debate sobre
los aspectos fundamentales de la
restitución y la formalización
del acceso a la tierra, sino
también abrir una verdadera
concertación sobre el modelo
económico que asegure la
permanencia de las comunidades
campesinas, indígenas y
afro-descendientes y la
soberanía alimentaria de la
nación.
"Nuestro ecosistema pertenece a
la humanidad"
P: SUIPPCOL impulsa en la
segunda quincena de octubre una
campaña de sensibilización en
Suiza sobre estas temáticas.
¿Cuál es su mirada sobre estas
iniciativas solidarias
provenientes de la comunidad
internacional?
R: La solidaridad internacional
directa juega un papel
fundamental para la promoción de
reivindicaciones legales y
legítimas de las comunidades en
Colombia a favor de su tierra y
territorio. La Campaña en Suiza
intenta promover un acercamiento
entre la sociedad civil
helvética y las comunidades y
organizaciones que resisten al
despojo y a la explotación
irracional de sus recursos. Es
importante que se entienda
también como un aporte
internacional para preservar
estos territorios y ecosistemas,
que por su valor en términos
ambientales y alimentarios,
deberían interesar al mundo
entero, porque pertenecen a la
humanidad entera. A través de
esta Campaña queremos promover
una iniciativa para convertir
estos territorios en lugares
protegidos por la sociedad civil
suiza y por las demás
organizaciones, pueblos y
personas en el mundo que estén
interesadas en esta construcción
de la paz desde el territorio.
Sin lugar a dudas, ello
constituiría un paso fundamental
para la preservación de la
tierra y el territorio en
Colombia. Y por ende, para la
construcción de una paz
sostenible y duradera. Pues los
problemas que confrontamos en mi
país sólo podrán resolverse a
través del papel protagónico de
la sociedad civil colombiana -
especialmente de las comunidades
y organizaciones que enfrentan
día a día esta realidad. Pero en
un hermanamiento activo con
otros pueblos, organizaciones y
personas de buena voluntad en el
resto del mundo.
[Sergio Ferrari, colaboración de
prensa de E-CHANGER, ONG de
cooperación solidaria presente
en Colombia y miembro de
SUIPPCOL].
*********
RETRATO
Rafael Figueroa Rincón, 30 años,
abogado es el Coordinador de la
Estrategia de Incidencia en
Tierra y Territorio del programa
SUIPPCOL desde hace más de un
año. Desde hace siete años,
investiga y actúa en el sector
de los Derechos de las Minorías
Étnicas y los Derechos a la
Tierra y el Territorio. Acompañó
a varias comunidades y
organizaciones afro-colombianas,
indígenas y campesinas del país,
especialmente en las regiones
del Chocó, Guajira, Bolívar,
Córdoba, Cauca, Magdalena Medio,
Caquetá y Nariño. Actualmente su
principal tarea consiste en
apoyar a la Red de Iniciativas y
Comunidades de Paz desde la
Base. En su intento por frenar
el despojo de sus tierras y
territorios promovido por grupos
paramilitares, poderes
regionales económicos y
políticos y los grandes
proyectos extractivos,
agroindustriales y
multinacionales. Las dos
principales acciones de dicha
estrategia son la incidencia
política y la acción legal.
(Sergio Ferrari)
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LA REIVINDICACIÓN DEL TERRITORIO
El territorio ha sido definido
de diversas formas por los
diferentes sectores de la Red de
Iniciativas y Comunidades de Paz
desde la Base que acompaña
SUIPPCOL.
Para las comunidades indígenas,
el territorio va más allá de la
frontera, de los límites que
trascienden las montañas, los
ríos, los páramos. El territorio
es el espacio de vida, de
sobrevivencia social y cultural
- es la pacha mama, la madre
tierra. Es su mundo donde el
hombre se relaciona con los
espíritus de las plantas, de los
animales y todo ser que se mueve
en el ambiente.
Para las comunidades negras del
Pacífico colombiano, el
territorio tiene significado en
el marco de una relación
particular entre comunidad, ser
humano y naturaleza, en la cual
ésta no es simplemente el
entorno que rodea al ser humano,
sino que tanto el individuo como
la comunidad son sujetos que
hacen parte de la naturaleza.
Para las comunidades campesinas
el territorio es un espacio y
escenario de cohesión,
movilización y transformación
social donde han generando
experiencias autónomas y
endógenas de desarrollo, que
integran elementos estratégicos
de defensa del espacio y de sus
recursos naturales, así como
nuevas formas de organización
social para ejercer poder y
control de sus áreas.
Las mujeres organizadas
consideran su propio cuerpo como
el primer territorio. Y
denuncian que el mismo está
atravesado por distintas formas
de la violencia y la guerra. De
allí la necesidad de reconocer e
identificar las distintas
violencias contra el cuerpo para
poder recuperarlo en tanto
territorio reconocido, autónomo
y como espacio de convivencia
cotidiana (Sergio Ferrari)
*
Colaborador de Adital en Suiza.
Colaboración E-CHANGER, ONG
miembro de la Plataforma
Comunica-CH
http://www.adital.com.br
http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?boletim=1&lang=ES&cod=51652
Gentileza:: Adital - Noticias
[retornos@adital.com.br]
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