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Colombia:
Educación y progreso personal
y nacional
Jorge
Enrique Robledo
Rebanadas de Realidad - MOIR-PDA
Hay descontento en las
universidades. El reclamo se
origina en la peor crisis de la
historia de las finanzas de las
universidades públicas y en los
problemas cada vez mayores de la
calidad de la educación. Y no es
para menos. Hasta la Contraloría
les dio la razón a los 32
rectores que expresaron,
mediante avisos pagados en la
prensa, que es insostenible la
situación financiera de las
universidades, dado que las
trasferencias del gobierno
nacional están congeladas desde
1992, en tanto que los gastos
han crecido mucho y por
inexorables razones, entre ellas
la irresponsable imposición
oficial de aumentar en 484 mil
los cupos sin aportar los nuevos
recursos necesarios.
Hasta las directivas partidarias
de las políticas de
privatización que han llevado a
las universidades públicas a
solventarse con regresivos
incrementos de las matrículas,
ventas indeseables de servicios
y deterioro de la calidad de la
educación, tuvieron que
reconocer que las instituciones
están abocadas a la quiebra.
También participaron en las
movilizaciones sectores
representativos de las
universidades privadas –donde
está el 45 por ciento del
estudiantado universitario–,
lacerados por las matrículas
caras y por sus permanentes
incrementos no obstante el
empeoramiento del ingreso de los
colombianos, de la dureza de los
créditos del Icetex con los que
muchos tienen que financiar su
educación y que en ellas también
gana importancia el debate sobre
cómo la educación de alta
calidad tiene costos mayores que
los que pueden pagarse con las
matrículas. Estos estudiantes
también saben que el llamado
"mercado laboral" castiga, en
empleos y salarios, a los
egresados de las universidades
privadas de menor costo.
El momento es propicio para
insistir en que la privatización
de la educación mantiene en la
ignorancia a legiones, tortura a
otras tantas familias que tienen
que dejar de comer para pagar la
educación de sus hijos y daña la
calidad de las instituciones.
Además, la norma es que las
universidades privadas viven
presas de una contradicción
insoluble: las matrículas son
muy altas a la hora de pagarlas
pero muy bajas a la hora de
costear una educación de óptima
calidad, y eso incluso cuando no
funcionan como simples negocios.
Estas realidades lesionan el
progreso de la sociedad en su
conjunto, porque lo que para
estos efectos desarrolla a un
país no es que muchos obtengan
títulos universitarios sino que
dichos títulos certifiquen que
sí se alcanzaron los
conocimientos de alto nivel
capaces de aportarle de manera
decisiva al desarrollo nacional.
La defensa de la educación
pública y gratuita no es,
entonces, dogmatismo estatista.
Este punto de vista tiene como
primera razón de ser que con
ella algunos logran evadir las
carencias económicas de sus
padres, objetivo democrático que
no refutan invocaciones tan
mezquinas como que "no hay que
auspiciar el paternalismo", y
más en el país de AIS (Amigotes
Ingreso Seguro). También es de
gran importancia asegurar que
todos los jóvenes mejor dotados
lleguen a la cúspide de la
cadena educativa y no que se
queden en el analfabetismo o en
los niveles básicos y medios de
la educación, un desperdicio
intolerable para un país que
quiera salir adelante. Y el otro
gran argumento consiste en que
solo el Estado, la fuerza
económica más poderosa de
cualquier sociedad, puede pagar
la educación de todos los
niveles y de la totalidad de los
habitantes de un país y, en
especial, hacerlo a los costos
tan grandes exigidos por la alta
calidad educativa que se
requiere si se aspira a cumplir
con una de las condiciones
necesarias para superar el
atraso y la pobreza.
Es casi increíble que estas
ideas elementales, que están
claras desde hace siglos en el
mundo y que en parte explican la
revolución que significó la
aparición del capitalismo,
tengan que repetirse y hasta
conviertan en "radicales" a
quienes las expresan, mote
peyorativo con el que intentan
lo que no pueden refutar. Claro
que estas estigmatizaciones no
sorprenden en un país en el que
nunca ha gobernado la idea de un
proyecto de unidad nacional de
auténtico progreso y en el que a
cada ciudadano le han inculcado
un "sálvese el que pueda",
salvación que en la práctica
consiste en lograr separar la
suerte personal de la de la
nación, en alcanzar niveles de
vida de país desarrollado en uno
subdesarrollado, incluso
apelando a todas las formas de
ventajismo y corrupción.
Coletilla: solo rechazo debe
generar la censura de prensa de
El Tiempo contra Claudia López,
porque en su columna dijo lo que
es vox pópuli entre los
colombianos informados.
Jorge
Enrique Robledo, Senador de la
República de Colombia
El
presente material se publica en
Rebanadas por gentileza de la
Oficina de Prensa del Senador
Jorge Enrique Robledo, Vocero
Polo Democrático Alternativo. /
MOIR
Rebanadas de Realidad - Buenos
Aires, Argentina
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