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Temblores y terremotos de
hogaño y antaño
*Reinaldo
Villegas Astudillo
En estos días, fuimos
sorprendidos por un intenso
temblor que marcó largamente
sobre los seis grados, el cual
me hizo desplazarme con cierta
celeridad por unos cuantos
metros para salir al patio de la
casa solariega, donde habito,
pero no alcancé a llegar a tal
destino, porque disminuyó la
potencia en esos momentos. Esto
ocurrió a pleno sol, justamente
en la hora de la siesta: Creo,
que ha sido el de mayor fuerza
telúrica que he vivenciado por
esta tierras bolivarianas, en
más de las tres décadas de mi
permanencia en tal hospitalaria
nación, donde estos movimientos
sísmicos son generalmente
débiles y a lo lejos; algunos de
los cuales, resultan
imperceptibles, aunque existen
dos fallas geológicas cercanas:
una que se desplaza por los
alrededores de la ciudad, que
atraviesa el Lago Valencia y la
otra por el Mar Caribe, justo
donde se produjo el epicentro de
este último movimiento, a unos
80 kilómetros aproximadamente de
distancia., frente a la
población de Morón.
Todo lo anterior, me hizo
revivir las experiencias que en
tal sentido cada chileno tiene
en su haber, dado que nuestro
territorio nativo figura entre
las regiones más sísmicas del
orbe.
El primer recuerdo que se me
patentizó en tal sentido, desde
mi primera infancia hualquina
fue cuando frisaba los nueve
años de edad y residía en la
"Casa de los Ensueños", donde
cohabitábamos con fantasmas,
personajes etéreos y hasta
chonchones, que por las noches
más lúgubres del invierno,
posados en los árboles de la
quinta, lanzaban sus tue-tue
fatídicos Fue en esa época-como
ya lo he expresado
anteriormente- que permanecí a
cargo de mi tía-abuela Justina,
porque me encontraba en periodo
de clases, al inicio del
invierno, y concurría donde la
recordada maestra de varias
generaciones, María Jiménez y mi
progenitor se llevó consigo a mi
madre y hermana menor, de cuatro
años de edad, para que lo
acompañaran en su barco, desde
Talcahuano a Valparaíso, Lo
cierto, es que al venir la
madrugada de uno de esos días
desperté, asustado por un
fortísimo movimiento sísmico que
me impulsó fuera de la cama..De
inmediato, corrí a la habitación
de la tía en busca de refugio,
pero ahí me encontré con una
escena más impresionante que el
propio temblor, porque a pesar
de la oscuridad, pude observar
que en una de esas ventanas
antiguas de las casonas del
poblado, que poseían una base,
descubrí a la tía Justina,
prosternada y arrodillada,
pidiendo con su rosario entre
las manos clemencia a Dios, a
fin de que concluyera el
fenómeno natural, lo cual
consiguió, porque en seguida
terminó y sobrevino la calma y
una quietud reconfortantes.
La segunda vez, fue igualmente
un sismo de similar naturaleza
que el anterior, ocurrido cuando
me asomaba a la hermosa edad de
15 años y vivíamos en la "Casa
del Bosque", en el Apostadero
Naval de Talcahuano, que se
levantaba solitaria, con una
hermosa vista al mar. Fue
temprano en la mañana, tal vez,
en época primaveral porque
estaba claro y ya había
amanecido. Me encontraba en la
etapa de la adolescencia, cuando
nos ponemos en mayor o menor
grado un tanto irreverentes. Aún
dormitaba en mi habitación y en
cuanto percibí el movimiento, me
lancé abajo de la cama y de un
par de zancadas alcancé la
puerta principal y salí al
espacio abierto, bien asustado.
De repente, observo que mi padre
igualmente había salido, detrás
de mí, teniendo a mi hermana
tomada de la mano y a mi hermano
menor de unos cuatro años de
edad en brazos; todos, casi en
paños menores. Verlos y lanzar
una estridente carcajada fue lo
único que hice. Tal vez, sería
por los nervios o de
apreciarlos, configurando tal
cuadro. Lo cierto, que a mi
progenitor lo indignó tal
reacción y pretendió castigarme,
pero ante tal amenaza,
desaparecí por encanto. Después,
al regreso, todos más tranquilos
me refirió que aunque nunca le
tuvo miedo al mar embravecido
del Cabo de Hornos o del temible
Golfo de Penas, sin embargo a
los temblores les temía porque
había sido testigo del terremoto
del verano de 1939 -antes que yo
naciera- cuyo epicentro estuvo
en Chillán y sus alrededores,
donde desaparecieron millares de
habitantes, en la ciudad y otros
poblados que prácticamente se
vinieron al suelo.
Creo que a mi viejo lobo de mar,
lo vine a comprender cabalmente
en tal sentido, la madrugada del
21 de mayo de 1960, cuando
estábamos radicados en
Concepción. La noche anterior,
yo había estado participando en
la organización de la recepción
de los "mechones" en la Escuela
de Educación de la Universidad
de Concepción. Como alumno de
Segundo Año de Pedagogía en
Castellano, juntos a los de
otras especialidades nos
correspondía realizar tal
actividad festiva. Por supuesto,
que había invitado a algunos
hualquinos, entre los que se
encontraba el Chelo, "Palomo"
Medina , quien acudió con unos
cuantos compañeros de trabajo de
una empresa comercial, donde
laboraban como empleados de
"cuello y corbata". La fiesta
fue espectacular, con una gran
concurrencia de varones de otras
especialidades como Medicina,
Ingeniería o Leyes, quienes
concurrían tras nuestras
compañeras, sin lugar a dudas
las más bellas de la
Universidad. La animación estuvo
a cargo del Maestro Adriano
Reyes y su afamada orquesta,
quien en cada oportunidad nos
hacía bailar su afamado "Baión
Penquista". Nunca olvidaré,
igualmente esa noche, que
prometía tantas alegrías, la
cual fue relevada por la
presencia del Rector de la
Universidad, don David Stichkin
Branover, acompañado de su
esposa, una rutilante pareja en
esa época., quienes se
integraron con todos los
estudiantes, los cuales, en tono
de broma, por los parlantes,
anunciaban: "Que se encontraba
de visita en Concepción, el
Rector de la Universidad". Esto
lo decían, porque Stichkin, en
efecto era una autoridad
educativa moderna, que no se
encerraba detrás del escritorio.
Efectivamente, se lo pasaba
viajando por EE. UU y Europa en
busca de recursos económicos
extraordinarios, a través de
préstamos de fundaciones y
entidades internacionales, lo
cual significó que la
Universidad se modernizara con
nuevos laboratorios, equipos y
construcciones modernas: De esa
época, data el Foro, donde se
eleva el Campanil, mejoramiento
en general de la ciudad
universitaria y la
construcciones de las cabañas
modernísimas, junto al Hogar
Central para cobijar a los
estudiantes de lugares foráneos
a Concepción; construcciones,
que finaron su existencia la
tenebrosa noche del 11 de
septiembre de 1973, cuando
fueron asaltadas y ultrajadas
por fuerzas castrenses,
enajenadas que pusieron fin a
una bullente República.
Además, esa noche, aparentemente
plena de felicidad debutaba como
mechón, Luis Espinoza , un no
vidente, de notable
inteligencia, que se iniciaba en
la Pedagogía en Castellano, el
cual disfrutó de la fiesta,
llevado por sus diferentes
compañeras y compañeros de uno a
otro lugar. Como a las cuatro de
la madrugada, concluyó tan
inolvidable fiesta, la cual no
pudimos disfrutarla plenamente
por el trabajo y responsabilidad
que teníamos de que saliera lo
mejor posible para el disfrute
de los mechones, pero estábamos
muy felices por el éxito
obtenido
Al concluir el evento, el
"Chelo" se me acercó y me indicó
que con sus amigos deseaban
continuar la fiesta en otro
sitio nocturno. Le dije que me
esperaran, mientras ordenábamos
los espacios de la Escuela. Al
finalizar, salí para encontrarme
con ellos, pero cansados de
esperar, ya se habían ido. A
esas alturas, no se veía ningún
ser viviente por los
alrededores. Llamé un taxi y me
dirigí a mi casa de la Población
Lorenzo Arenas N* 1, que era de
madera. Al ingresar, en mi
habitación, muy silenciosamente
para no despertar a mi grupo
familiar, me encuentro con mi
cama esplendente, porque
reconocí las albas sábanas de mi
abuela Marta, adornada con sus
iniciales, fallecida hacía
justamente tres meses en Hualqui,
a quien acompañé en su larga
agonía, con oraciones, hasta el
último momento de su existencia
por ser el nieto mayor y haberme
convertido en su regalón. Apagué
la luz y mientras conciliaba el
sueño, recordaba las
experiencias vividas con ella.
En eso estaba, cuando de repente
percibo un movimiento intenso:
Al principio me confundí y pensé
que podía ser mi abuela que me
estaba visitando en sueños, pero
al despertar en plenitud me di
cuenta que el movimiento
continuaba y que se trataba de
un sismo mayor. Me levanté a
oscuras, porque la luz se cortó
de inmediato. Empecé a caminar,
a tientas, hasta que sentí los
pasos de mi padre, quien me
había sentido llegar y venía a
verme. Corrimos las cortinas,
pero en el exterior la oscuridad
era similar Luego, apareció mi
madre y mis dos hermanos, todos
muy amedrentados . Recuerdo, que
esas dos horas que se
extendieron de las 6 a las 8 de
la mañana, fueron eternas. Mi
padre me comentó, que por la
magnitud de tal sismo estimaba,
que era similar al de
1939.Supuso que debían haber
víctimas mortales. Yo, de
inmediato, le repliqué que no
había sucedido nada de eso,
porque visualizaba a través de
la oscuridad que las viviendas
de los vecinos permanecían
incólumes, igual que la nuestra,
a lo cual ripostó el progenitor
que esos se debía a que la
construcción era de madera, pero
imagínate -agregó: "¿Que habrá
ocurrido en el centro viejo de
Concepción o con los caserones
de Hualqui, sobre todo los
construidos con adobe?".. Ahí,
me preocupé…
Tuve que esperar dos largos días
para salir y visitar el sector
céntrico de la ciudad, por
cuanto había quedado inutilizado
el puente por donde yo había
pasado en el taxi, momentos
antes del sismo. Cuando estuvo
habilitado para el transporte y
movilización colectiva, me
dirigí al centro penquista:
cercano de la plaza, el cual se
veía con cierta normalidad, sólo
se observaban algunas trizaduras
en algunos edificios, pero
cuando me desplacé hacia el
sector de las calles: Tucapel,
Ongolmo, Paicaví, Orompello y
aledañas observé un espectáculo
tétrico, murallones y frontis
caídos, casas derruidas y una
gran cantidad de escombros.
Luego, transité hacia los lados
de O´Higgins y San Martín, y
justo donde se alzaba el
tradicional Liceo de Niñas, me
encuentro con un espectáculo
impactante: Aún había focos de
incendio que intentaban apagar
los bomberos, muchos desechos,
pero lo impresionante fue ver a
la eminente educadora penquista,
Directora del plantel, doña
Etelvira De la Porte ,
dirigiendo los trabajos de
extinción y limpieza, como una
verdadera comandante de un barco
que está por naufragar. A ella,
yo la había conocido en mis años
de secundaria, cuando dirigía el
Liceo Coeducacional de
Talcahuano, donde yo estudiaba ,
-en la misma época que lo hacía
nuestro recordado coterráneo y
contemporáneo hualquino, el
nunca olvidado "Moncho" Neira
Salas- con en el cual fuimos
testigos de su temple, con que
rescató un centro educativo
venido a menos, imponiendo una
organización y disciplina
superior a algunos militares que
se ufanan de ello, hasta tal
extremo que tanto docentes,
administrativos como alumnos
cumplíamos cabalmente con
nuestros objetivos
educacionales.
Al retornar a casa y comentar
con mis padres lo que había
visto, sólo ahí les encontré
justificación a sus
aprehensiones , por lo que ellos
habían experimentado a lo largo
de su vida. Al retornar cierta
normalidad, con la edición de
los diarios y la acción
relevante de la Radio
Universidad de Concepción,
dirigida en ese entonces por el
destacado hombre de radio e
historiador nuestro, Mario
Céspedes, fallecido sólo hace
unos años atrás, nos impusimos
de las víctimas mortales, las
cuales ascendieron hasta un
centenar, lo cual comprobé
directamente, porque al
desplazarme por segunda vez al
centro citadino, por ahí en la
avenida "Arturo Prat" ,ruta
obligada del cementerio conté
como diez funerales con sus
carrozas respectivas, que
conducían a los desaparecidos al
camposanto para darle una
cristiana sepultura.
Igualmente, un gran tristeza me
invadió cuando alcancé hasta las
calles de Chacabuco y Víctor
Lamas y visualice la residencia,
donde vivía el mechón, uno de
los acompañantes del no vidente
Luis Espinoza en la fiesta
universitaria, quien pereció en
tal oportunidad al caer la
construcción que habitaba. Según
me referirían posteriormente,
esa noche estuvo a punto de
llevárselo para pernoctar al
compañero Espinoza ,sin embargo
no lo pudo encontrar, porque
otra compañera se lo había
llevado a la casa de sus padres:
El mechón difunto era oriundo de
Tomé.
Después, vinieron noches de
mucha angustia para toda la
población de Lorenzo Arenas,
porque se comentaba que en
Talcahuano el mar se había
recogido, lo cual significaba la
irrupción de un maremoto o "sunami"
como lo llaman hoy. Muchos
vecinos se instalaron en carpas
a vivir en la parte exterior de
sus casas y colectivos. En este
último tiempo, y por información
que nos ha entregado el
connacional radicado en Valencia
por años, Luis Aravena Pino,
oriundo de Talcahuano, que en
ese tiempo tenía unos 17 años de
edad, nos confirma que lo de la
recogida del mar fue verídica,
porque él mismo lo apreció desde
la Capitanía de Puerto: La bahía
con un bajísimo nivel de agua,
con algunos barcos encallados y
hasta el "Huáscar" mantenido con
flotadores. Fue algo
impresionante, que lo conmovió
en su ser interior de tal
suerte, que hasta el presente
recuerda conmocionado tal
experiencia que lo ha marcado a
través de su existencia. Todos
sabíamos, que al iniciarse un
maremoto, habría arrasado, en
primera instancia a Concepción,
ingresando las aguas
precisamente por Lorenzo Arenas
para continuar adelante, porque
como científicamente se sabe, la
ciudad penquista se encuentra
asentada bajo el nivel del mar,
a escasos 12 ó 15 kilómetros
como máximo de distancia. De
producirse tal tragedia, se
habrían salvado los habitantes
de Talcahuano, que en gran
cantidad habían escapado hacia
las alturas de los cerros.Ahora
,valoramos la actitud de los
medios informativos, de prensa
escrita y hablada de la época,
que en ningún momento alarmaron
a la población..
¿Y que había ocurrido con el
Chelo y los amigos que se fueron
a continuar la Fiesta?. Por
supuesto, que se dirigieron a la
festiva calle de Orompello, creo
que al local de la "Meche",la
cual competía con el negocio del
"Huaso" en nuestros tiempos
universitarios. Parece que uno
de los integrantes del grupo
-nos contaría el Chelo
posteriormente- quien estaba muy
bebido hubo necesidad de
encerrarlo en una habitación,
bajo llave, para que dejara al
resto bailar tranquilos con las
féminas, pero cuando vino el
sacudón, al cortarse la luz todo
el mundo escapó dentro de la
oscuridad reinante y cuentan que
la desesperación del encerrado
fue tal con el terremoto, que
fue capaz de abrir un hueco, a
través de una ventana o de una
puerta y se largó a correr y
correr, desnudo, por las calles
de la ciudad hasta arribar a un
lugar donde fue auxiliado y le
facilitaron prendas de vestir.
Como a los cuatro o cinco días
siguientes, recibimos de Hualqui
la visita del primo Daniel .No
estoy seguro si venía con otro
amigo. Así fue cómo no impusimos
de lo ocurrido en la
"República". Nos refirió que el
terremoto había afectado a
algunas edificaciones
importantes de la localidad,
entre las cuales se encontraban
la Estación de Ferrocarriles, la
otrora hermosa edificación de la
Escuela de Niñas N*24 ,donde
estudió nuestra madre y muchas
generaciones de hualquinas ,
algunas en tiempos de una gran
Directora como lo fue la
profesora Regina Riffo, e
igualmente, había resultado
afectada "de muerte" la Iglesia
Parroquial, donde habíamos sido
bautizados . Una muralla que vio
caer Daniel fue frente a su
casa, donde vivían los hermanos
Sáez -uno de ellos más conocido
como el "Practicante"-, primos
de las hermosas hermanas
Rebolledo, ambas reinas de los
Carnavales del Hualqui de
antaño.
Al siguiente día de la llegada
de Daniel, partimos presurosos a
Hualqui:El tren estaba
suspendido, así que tomamos una
de la s antiguas micros, que ya
se atrevían a circular hasta La
Leonera. Ahí, descendimos e
iniciamos nuestra caminata,
indistintamente por la vía
férrea o por senderos aledaños,
sobre todo entre Omer Huet y
Periquillo, dado que el camino
se encimaba por las alturas, y
aún no se había construido la
ruta por los espacios que la
ingeniería vial le quitó al
Río-Padre Bío Bío. Cuando
arribamos a Hualqui, entrada la
véspera todavía permanecían los
temores por nuevas réplicas del
terremoto.. Y así fue, como a
pesar de contar la familia
Sandoval con sus casas, una de
material y otra de madera, que
estaba por inaugurarse ninguno
se atrevió a dormir en ellas, y
para tales efectos, habían
elegido una tercera vivienda, la
cual estaba desocupada de una
sola habitación - la cual sería
posteriormente- la primera
Secretaría del incipiente Club
Deportivo "Tigre". Ahí - como lo
hacíamos en las trillas- nos
lanzamos sobre el suelo
"ensillados", con algunos
cubrecamas unas 15 ó 20
personas, entre parientes e
integrantes de familias amigas.
El único "valiente" fue nuestro
tío Daniel, el dueño de casa,
hombre de "cien batallas", quien
hacía poco tiempo había jubilado
del Cuerpo de Carabineros.
Partió solo hacia las casas sin
que nadie se atreviera a
acompañarlo, donde habían varias
camas. Esa noche durmió muy
cómodo en una de esas, bien
abrigado sin que se produjera el
más mínimo movimiento sísmico;
en tanto nosotros, los hicimos
encogidos, amontonados e
incómodos, sólo por el temor a
la repetición de otro sismo.
Por supuesto, en Hualqui no hubo
ninguna víctima que lamentar,
como creo que tampoco hubo en el
de 1939. Eso significa para
tranquilidad de las generaciones
actuales, que Hualqui está
asentado firmemente en una
altura pétrea, consistente, que
sólo un cataclismo podría
abatirlo, lo cual está muy lejos
de ocurrir, aunque el hombre
podría desaparecer por otros
motivos, como afirman los
ecologistas, que vienen
pronosticando, que de no
detenerse la contaminación del
orbe, en el ritmo que lleva en
la actualidad, apenas la
sobrevivencia del ser humano no
debería pasar más allá de esta
centuria que ya se ha iniciado.
*
Escritor hualquino, radicado en
Venezuela durante 33 años .Desde
el año 2004, es Cónsul Honorario
de Chle en los Estados centrales
venezolanos de : Carabobo,
Aragua y Cojedes.
Gentileza:: Reinaldo Villegas
[odlanier09@gmail.com]
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