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Temblores y terremotos de hogaño y antaño, Reinaldo Villegas Astudillo. - 07/10/09
 

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Temblores y terremotos de hogaño y antaño, Reinaldo Villegas Astudillo. - 07/10/09


 


Temblores y terremotos de hogaño y antaño

*Reinaldo Villegas Astudillo

En estos días, fuimos sorprendidos por un intenso temblor que marcó largamente sobre los seis grados, el cual me hizo desplazarme con cierta celeridad por unos cuantos metros para salir al patio de la casa solariega, donde habito, pero no alcancé a llegar a tal destino, porque disminuyó la potencia en esos momentos. Esto ocurrió a pleno sol, justamente en la hora de la siesta: Creo, que ha sido el de mayor fuerza telúrica que he vivenciado por esta tierras bolivarianas, en más de las tres décadas de mi permanencia en tal hospitalaria nación, donde estos movimientos sísmicos son generalmente débiles y a lo lejos; algunos de los cuales, resultan imperceptibles, aunque existen dos fallas geológicas cercanas: una que se desplaza por los alrededores de la ciudad, que atraviesa el Lago Valencia y la otra por el Mar Caribe, justo donde se produjo el epicentro de este último movimiento, a unos 80 kilómetros aproximadamente de distancia., frente a la población de Morón.

Todo lo anterior, me hizo revivir las experiencias que en tal sentido cada chileno tiene en su haber, dado que nuestro territorio nativo figura entre las regiones más sísmicas del orbe.

El primer recuerdo que se me patentizó en tal sentido, desde mi primera infancia hualquina fue cuando frisaba los nueve años de edad y residía en la "Casa de los Ensueños", donde cohabitábamos con fantasmas, personajes etéreos y hasta chonchones, que por las noches más lúgubres del invierno, posados en los árboles de la quinta, lanzaban sus tue-tue fatídicos Fue en esa época-como ya lo he expresado anteriormente- que permanecí a cargo de mi tía-abuela Justina, porque me encontraba en periodo de clases, al inicio del invierno, y concurría donde la recordada maestra de varias generaciones, María Jiménez y mi progenitor se llevó consigo a mi madre y hermana menor, de cuatro años de edad, para que lo acompañaran en su barco, desde Talcahuano a Valparaíso, Lo cierto, es que al venir la madrugada de uno de esos días desperté, asustado por un fortísimo movimiento sísmico que me impulsó fuera de la cama..De inmediato, corrí a la habitación de la tía en busca de refugio, pero ahí me encontré con una escena más impresionante que el propio temblor, porque a pesar de la oscuridad, pude observar que en una de esas ventanas antiguas de las casonas del poblado, que poseían una base, descubrí a la tía Justina, prosternada y arrodillada, pidiendo con su rosario entre las manos clemencia a Dios, a fin de que concluyera el fenómeno natural, lo cual consiguió, porque en seguida terminó y sobrevino la calma y una quietud reconfortantes.

La segunda vez, fue igualmente un sismo de similar naturaleza que el anterior, ocurrido cuando me asomaba a la hermosa edad de 15 años y vivíamos en la "Casa del Bosque", en el Apostadero Naval de Talcahuano, que se levantaba solitaria, con una hermosa vista al mar. Fue temprano en la mañana, tal vez, en época primaveral porque estaba claro y ya había amanecido. Me encontraba en la etapa de la adolescencia, cuando nos ponemos en mayor o menor grado un tanto irreverentes. Aún dormitaba en mi habitación y en cuanto percibí el movimiento, me lancé abajo de la cama y de un par de zancadas alcancé la puerta principal y salí al espacio abierto, bien asustado. De repente, observo que mi padre igualmente había salido, detrás de mí, teniendo a mi hermana tomada de la mano y a mi hermano menor de unos cuatro años de edad en brazos; todos, casi en paños menores. Verlos y lanzar una estridente carcajada fue lo único que hice. Tal vez, sería por los nervios o de apreciarlos, configurando tal cuadro. Lo cierto, que a mi progenitor lo indignó tal reacción y pretendió castigarme, pero ante tal amenaza, desaparecí por encanto. Después, al regreso, todos más tranquilos me refirió que aunque nunca le tuvo miedo al mar embravecido del Cabo de Hornos o del temible Golfo de Penas, sin embargo a los temblores les temía porque había sido testigo del terremoto del verano de 1939 -antes que yo naciera- cuyo epicentro estuvo en Chillán y sus alrededores, donde desaparecieron millares de habitantes, en la ciudad y otros poblados que prácticamente se vinieron al suelo.

Creo que a mi viejo lobo de mar, lo vine a comprender cabalmente en tal sentido, la madrugada del 21 de mayo de 1960, cuando estábamos radicados en Concepción. La noche anterior, yo había estado participando en la organización de la recepción de los "mechones" en la Escuela de Educación de la Universidad de Concepción. Como alumno de Segundo Año de Pedagogía en Castellano, juntos a los de otras especialidades nos correspondía realizar tal actividad festiva. Por supuesto, que había invitado a algunos hualquinos, entre los que se encontraba el Chelo, "Palomo" Medina , quien acudió con unos cuantos compañeros de trabajo de una empresa comercial, donde laboraban como empleados de "cuello y corbata". La fiesta fue espectacular, con una gran concurrencia de varones de otras especialidades como Medicina, Ingeniería o Leyes, quienes concurrían tras nuestras compañeras, sin lugar a dudas las más bellas de la Universidad. La animación estuvo a cargo del Maestro Adriano Reyes y su afamada orquesta, quien en cada oportunidad nos hacía bailar su afamado "Baión Penquista". Nunca olvidaré, igualmente esa noche, que prometía tantas alegrías, la cual fue relevada por la presencia del Rector de la Universidad, don David Stichkin Branover, acompañado de su esposa, una rutilante pareja en esa época., quienes se integraron con todos los estudiantes, los cuales, en tono de broma, por los parlantes, anunciaban: "Que se encontraba de visita en Concepción, el Rector de la Universidad". Esto lo decían, porque Stichkin, en efecto era una autoridad educativa moderna, que no se encerraba detrás del escritorio. Efectivamente, se lo pasaba viajando por EE. UU y Europa en busca de recursos económicos extraordinarios, a través de préstamos de fundaciones y entidades internacionales, lo cual significó que la Universidad se modernizara con nuevos laboratorios, equipos y construcciones modernas: De esa época, data el Foro, donde se eleva el Campanil, mejoramiento en general de la ciudad universitaria y la construcciones de las cabañas modernísimas, junto al Hogar Central para cobijar a los estudiantes de lugares foráneos a Concepción; construcciones, que finaron su existencia la tenebrosa noche del 11 de septiembre de 1973, cuando fueron asaltadas y ultrajadas por fuerzas castrenses, enajenadas que pusieron fin a una bullente República.

Además, esa noche, aparentemente plena de felicidad debutaba como mechón, Luis Espinoza , un no vidente, de notable inteligencia, que se iniciaba en la Pedagogía en Castellano, el cual disfrutó de la fiesta, llevado por sus diferentes compañeras y compañeros de uno a otro lugar. Como a las cuatro de la madrugada, concluyó tan inolvidable fiesta, la cual no pudimos disfrutarla plenamente por el trabajo y responsabilidad que teníamos de que saliera lo mejor posible para el disfrute de los mechones, pero estábamos muy felices por el éxito obtenido

Al concluir el evento, el "Chelo" se me acercó y me indicó que con sus amigos deseaban continuar la fiesta en otro sitio nocturno. Le dije que me esperaran, mientras ordenábamos los espacios de la Escuela. Al finalizar, salí para encontrarme con ellos, pero cansados de esperar, ya se habían ido. A esas alturas, no se veía ningún ser viviente por los alrededores. Llamé un taxi y me dirigí a mi casa de la Población Lorenzo Arenas N* 1, que era de madera. Al ingresar, en mi habitación, muy silenciosamente para no despertar a mi grupo familiar, me encuentro con mi cama esplendente, porque reconocí las albas sábanas de mi abuela Marta, adornada con sus iniciales, fallecida hacía justamente tres meses en Hualqui, a quien acompañé en su larga agonía, con oraciones, hasta el último momento de su existencia por ser el nieto mayor y haberme convertido en su regalón. Apagué la luz y mientras conciliaba el sueño, recordaba las experiencias vividas con ella. En eso estaba, cuando de repente percibo un movimiento intenso: Al principio me confundí y pensé que podía ser mi abuela que me estaba visitando en sueños, pero al despertar en plenitud me di cuenta que el movimiento continuaba y que se trataba de un sismo mayor. Me levanté a oscuras, porque la luz se cortó de inmediato. Empecé a caminar, a tientas, hasta que sentí los pasos de mi padre, quien me había sentido llegar y venía a verme. Corrimos las cortinas, pero en el exterior la oscuridad era similar Luego, apareció mi madre y mis dos hermanos, todos muy amedrentados . Recuerdo, que esas dos horas que se extendieron de las 6 a las 8 de la mañana, fueron eternas. Mi padre me comentó, que por la magnitud de tal sismo estimaba, que era similar al de 1939.Supuso que debían haber víctimas mortales. Yo, de inmediato, le repliqué que no había sucedido nada de eso, porque visualizaba a través de la oscuridad que las viviendas de los vecinos permanecían incólumes, igual que la nuestra, a lo cual ripostó el progenitor que esos se debía a que la construcción era de madera, pero imagínate -agregó: "¿Que habrá ocurrido en el centro viejo de Concepción o con los caserones de Hualqui, sobre todo los construidos con adobe?".. Ahí, me preocupé…

Tuve que esperar dos largos días para salir y visitar el sector céntrico de la ciudad, por cuanto había quedado inutilizado el puente por donde yo había pasado en el taxi, momentos antes del sismo. Cuando estuvo habilitado para el transporte y movilización colectiva, me dirigí al centro penquista: cercano de la plaza, el cual se veía con cierta normalidad, sólo se observaban algunas trizaduras en algunos edificios, pero cuando me desplacé hacia el sector de las calles: Tucapel, Ongolmo, Paicaví, Orompello y aledañas observé un espectáculo tétrico, murallones y frontis caídos, casas derruidas y una gran cantidad de escombros. Luego, transité hacia los lados de O´Higgins y San Martín, y justo donde se alzaba el tradicional Liceo de Niñas, me encuentro con un espectáculo impactante: Aún había focos de incendio que intentaban apagar los bomberos, muchos desechos, pero lo impresionante fue ver a la eminente educadora penquista, Directora del plantel, doña Etelvira De la Porte , dirigiendo los trabajos de extinción y limpieza, como una verdadera comandante de un barco que está por naufragar. A ella, yo la había conocido en mis años de secundaria, cuando dirigía el Liceo Coeducacional de Talcahuano, donde yo estudiaba , -en la misma época que lo hacía nuestro recordado coterráneo y contemporáneo hualquino, el nunca olvidado "Moncho" Neira Salas- con en el cual fuimos testigos de su temple, con que rescató un centro educativo venido a menos, imponiendo una organización y disciplina superior a algunos militares que se ufanan de ello, hasta tal extremo que tanto docentes, administrativos como alumnos cumplíamos cabalmente con nuestros objetivos educacionales.

Al retornar a casa y comentar con mis padres lo que había visto, sólo ahí les encontré justificación a sus aprehensiones , por lo que ellos habían experimentado a lo largo de su vida. Al retornar cierta normalidad, con la edición de los diarios y la acción relevante de la Radio Universidad de Concepción, dirigida en ese entonces por el destacado hombre de radio e historiador nuestro, Mario Céspedes, fallecido sólo hace unos años atrás, nos impusimos de las víctimas mortales, las cuales ascendieron hasta un centenar, lo cual comprobé directamente, porque al desplazarme por segunda vez al centro citadino, por ahí en la avenida "Arturo Prat" ,ruta obligada del cementerio conté como diez funerales con sus carrozas respectivas, que conducían a los desaparecidos al camposanto para darle una cristiana sepultura.

Igualmente, un gran tristeza me invadió cuando alcancé hasta las calles de Chacabuco y Víctor Lamas y visualice la residencia, donde vivía el mechón, uno de los acompañantes del no vidente Luis Espinoza en la fiesta universitaria, quien pereció en tal oportunidad al caer la construcción que habitaba. Según me referirían posteriormente, esa noche estuvo a punto de llevárselo para pernoctar al compañero Espinoza ,sin embargo no lo pudo encontrar, porque otra compañera se lo había llevado a la casa de sus padres: El mechón difunto era oriundo de Tomé.

Después, vinieron noches de mucha angustia para toda la población de Lorenzo Arenas, porque se comentaba que en Talcahuano el mar se había recogido, lo cual significaba la irrupción de un maremoto o "sunami" como lo llaman hoy. Muchos vecinos se instalaron en carpas a vivir en la parte exterior de sus casas y colectivos. En este último tiempo, y por información que nos ha entregado el connacional radicado en Valencia por años, Luis Aravena Pino, oriundo de Talcahuano, que en ese tiempo tenía unos 17 años de edad, nos confirma que lo de la recogida del mar fue verídica, porque él mismo lo apreció desde la Capitanía de Puerto: La bahía con un bajísimo nivel de agua, con algunos barcos encallados y hasta el "Huáscar" mantenido con flotadores. Fue algo impresionante, que lo conmovió en su ser interior de tal suerte, que hasta el presente recuerda conmocionado tal experiencia que lo ha marcado a través de su existencia. Todos sabíamos, que al iniciarse un maremoto, habría arrasado, en primera instancia a Concepción, ingresando las aguas precisamente por Lorenzo Arenas para continuar adelante, porque como científicamente se sabe, la ciudad penquista se encuentra asentada bajo el nivel del mar, a escasos 12 ó 15 kilómetros como máximo de distancia. De producirse tal tragedia, se habrían salvado los habitantes de Talcahuano, que en gran cantidad habían escapado hacia las alturas de los cerros.Ahora ,valoramos la actitud de los medios informativos, de prensa escrita y hablada de la época, que en ningún momento alarmaron a la población..

¿Y que había ocurrido con el Chelo y los amigos que se fueron a continuar la Fiesta?. Por supuesto, que se dirigieron a la festiva calle de Orompello, creo que al local de la "Meche",la cual competía con el negocio del "Huaso" en nuestros tiempos universitarios. Parece que uno de los integrantes del grupo -nos contaría el Chelo posteriormente- quien estaba muy bebido hubo necesidad de encerrarlo en una habitación, bajo llave, para que dejara al resto bailar tranquilos con las féminas, pero cuando vino el sacudón, al cortarse la luz todo el mundo escapó dentro de la oscuridad reinante y cuentan que la desesperación del encerrado fue tal con el terremoto, que fue capaz de abrir un hueco, a través de una ventana o de una puerta y se largó a correr y correr, desnudo, por las calles de la ciudad hasta arribar a un lugar donde fue auxiliado y le facilitaron prendas de vestir.

Como a los cuatro o cinco días siguientes, recibimos de Hualqui la visita del primo Daniel .No estoy seguro si venía con otro amigo. Así fue cómo no impusimos de lo ocurrido en la "República". Nos refirió que el terremoto había afectado a algunas edificaciones importantes de la localidad, entre las cuales se encontraban la Estación de Ferrocarriles, la otrora hermosa edificación de la Escuela de Niñas N*24 ,donde estudió nuestra madre y muchas generaciones de hualquinas , algunas en tiempos de una gran Directora como lo fue la profesora Regina Riffo, e igualmente, había resultado afectada "de muerte" la Iglesia Parroquial, donde habíamos sido bautizados . Una muralla que vio caer Daniel fue frente a su casa, donde vivían los hermanos Sáez -uno de ellos más conocido como el "Practicante"-, primos de las hermosas hermanas Rebolledo, ambas reinas de los Carnavales del Hualqui de antaño.

Al siguiente día de la llegada de Daniel, partimos presurosos a Hualqui:El tren estaba suspendido, así que tomamos una de la s antiguas micros, que ya se atrevían a circular hasta La Leonera. Ahí, descendimos e iniciamos nuestra caminata, indistintamente por la vía férrea o por senderos aledaños, sobre todo entre Omer Huet y Periquillo, dado que el camino se encimaba por las alturas, y aún no se había construido la ruta por los espacios que la ingeniería vial le quitó al Río-Padre Bío Bío. Cuando arribamos a Hualqui, entrada la véspera todavía permanecían los temores por nuevas réplicas del terremoto.. Y así fue, como a pesar de contar la familia Sandoval con sus casas, una de material y otra de madera, que estaba por inaugurarse ninguno se atrevió a dormir en ellas, y para tales efectos, habían elegido una tercera vivienda, la cual estaba desocupada de una sola habitación - la cual sería posteriormente- la primera Secretaría del incipiente Club Deportivo "Tigre". Ahí - como lo hacíamos en las trillas- nos lanzamos sobre el suelo "ensillados", con algunos cubrecamas unas 15 ó 20 personas, entre parientes e integrantes de familias amigas. El único "valiente" fue nuestro tío Daniel, el dueño de casa, hombre de "cien batallas", quien hacía poco tiempo había jubilado del Cuerpo de Carabineros. Partió solo hacia las casas sin que nadie se atreviera a acompañarlo, donde habían varias camas. Esa noche durmió muy cómodo en una de esas, bien abrigado sin que se produjera el más mínimo movimiento sísmico; en tanto nosotros, los hicimos encogidos, amontonados e incómodos, sólo por el temor a la repetición de otro sismo.

Por supuesto, en Hualqui no hubo ninguna víctima que lamentar, como creo que tampoco hubo en el de 1939. Eso significa para tranquilidad de las generaciones actuales, que Hualqui está asentado firmemente en una altura pétrea, consistente, que sólo un cataclismo podría abatirlo, lo cual está muy lejos de ocurrir, aunque el hombre podría desaparecer por otros motivos, como afirman los ecologistas, que vienen pronosticando, que de no detenerse la contaminación del orbe, en el ritmo que lleva en la actualidad, apenas la sobrevivencia del ser humano no debería pasar más allá de esta centuria que ya se ha iniciado.

* Escritor hualquino, radicado en Venezuela durante 33 años .Desde el año 2004, es Cónsul Honorario de Chle en los Estados centrales venezolanos de : Carabobo, Aragua y Cojedes.



 

Gentileza:: Reinaldo Villegas [odlanier09@gmail.com]

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