|
Civilización y modernidad: El
movimiento indígena
Mónica
Bruckmann
La crisis mundial
contemporánea no sólo se
manifiesta en su dimensión
económica y principalmente
financiera, sino que representa
también una profunda crisis
civilizatoria del capitalismo
mundial como modo de
organización de la sociedad y
como forma de producir
conocimiento, al mismo tiempo
que cuestiona fuertemente el
sistema de poder en el planeta.
Asistimos a la decadencia de un
sistema hegemónico unipolar que
necesita cada vez más de la
intervención militar brutal para
validar su condición de
dominación, convirtiendo la
civilización occidental en una
fábrica de barbarie y de
políticas de irrespeto a los
principios fundamentales de
convivencia de la humanidad.
La visión eurocéntrica
En la base de este sistema de
dominación se ubica la
perspectiva eurocéntrica como
fundamento ideológico y como
forma de producción y control de
la subjetividad de las
sociedades. La producción y
reproducción de la vida material
de los pueblos y la elaboración
de sus imaginarios están
dominados por la idea de que la
civilización occidental es el
único modelo civilizatorio del
planeta, y que todas las demás
civilizaciones, sin importar su
nivel de elaboración y
complejidad, su grado de
desarrollo o sus aportes a la
humanidad, son consideradas
apenas culturas atrasadas
respecto al modelo impuesto. La
arrogancia de esta visión
eurocéntrica no sólo justificó
violentas formas de colonización
y colonialismo sino que se
convirtió en una barrera
cognitiva que impidió a
Occidente conocer y comprender
la complejidad del mundo y las
más antiguas e importantes
civilizaciones del planeta. De
esta manera, se despreciaron
conocimientos milenarios, formas
de organización de la vida y la
sociedad no-occidentales, formas
más humanas de relación con la
naturaleza y la vida,
sensibilidades estéticas
altamente elaboradas, producción
artística y cultural de gran
importancia, aportes filosóficos
e inclusive el denso pensamiento
social producido fuera de los
países centrales de occidente.
El eurocentrismo impuso una
forma de hacer ciencia y un
camino único de producción de
conocimiento, que redujo a la
condición de a-científico,
para-científico o folklórico
todo aquel conocimiento
producido fuera de estos
cánones. En esta perspectiva, el
tiempo no existe, pues el
conocimiento es universal y
válido para cualquier tiempo
histórico y para cualquier
realidad social del planeta.
Esta incapacidad de comprender
que la teoría, la ciencia y el
conocimiento son productos
históricos, ha significado una
de las principales limitaciones
de la ciencia positivista. Esta
ciencia, cada vez más preocupada
con su coherencia interna que
con la realidad social, se ha
encerrado en sí misma para
producir sus propias premisas y
otorgar a sus deseos, la
condición de conclusiones
científicas. De esta manera, ha
perdido la capacidad de
comprender la complejidad del
mundo contemporáneo y de
cualquier intento de prever
escenarios futuros. La humanidad
está en camino a romper
profundamente con estos
paradigmas de ciencia y con esta
visión del mundo y de la
humanidad.
¿Modernidad vs atraso?
En América Latina la idea de
modernidad, como modo de
existencia social y como patrón
de desarrollo, surge en el
centro mismo del sistema
colonial y como parte integrante
de esta estructura de dominación
y de poder. Como sostiene el
sociólogo peruano Aníbal
Quijano, al analizar el
surgimiento de la noción de
modernidad, se trata de un
momento en la historia en el
cual los varios tiempos e
historias se configuran en
complejas, contradictorias y
discontinuas asociaciones entre
estructuras fragmentarias y
mutantes de relaciones de
sentidos y de significados
partes de un mismo y único mundo
nuevo en plena constitución.[1]
La idea de modernidad, entonces,
surge en la base de la
estructura de poder colonial, y
se convierte en un mecanismo
legitimador que impone la
civilización occidental como la
única vía de alcanzar el llamado
"progreso". Todo aquello que
estuviera fuera de esta visión y
de esta forma de organización
social era considerado pre-moderno
o atrasado.
Esta noción de modernidad,
insertada orgánicamente a la
estructura de poder colonial
tuvo una enorme capacidad
destructora y desarticuladota de
las sociedades originarias
latinoamericanas. En nombre de
la modernidad se destruyeron
estructuras enteras de
conocimiento y sabiduría
milenaria, así como avanzados
modos de producción agrícola y
formas de organización social
comunitarias. Se puso en
práctica una acción sistemática
de destrucción de la memoria
colectiva de los pueblos y
civilizaciones americanas, de su
imaginario histórico y de su
propia percepción de pasado y
futuro. Esta enorme capacidad
destructiva significó también el
propio exterminio de las
poblaciones originarias, que a
la llegada de los colonizadores
europeos se estimaba en más de
cien millones de habitantes y
que en pocas décadas se vio
reducida a casi la mitad.
Si América Latina fue el lugar
desde donde se generó la
acumulación de capital y las
bases materiales para la
construcción de la Europa
Occidental como centro
hegemónico mundial a partir del
siglo XVI, es ahora la región
donde se están desarrollando los
nuevos elementos para la
construcción de una civilización
planetaria, más equilibrada e
inclusiva, capaz de romper
radicalmente con la herencia
colonial y la visión
eurocéntrica. Están surgiendo,
en el continente
latinoamericano, experiencias
ricas y diversas de
transformación social que están
cambiando el escenario político,
económico y cultural en la
región.
Este proceso de transformación
nos plantea grandes desafíos. Se
hace necesario re-elaborar
nuestra historia fuera de la
visión colonial y crear matrices
teóricas y metodológicas de
producción de conocimiento
capaces de dar cuenta de la
complejidad y densidad de la
realidad social. Pero sobre
todo, se hace necesario apelar a
nuestro legado civilizatorio, al
conocimiento milenario y
ancestral, a los saberes y
formas de ver y sentir el mundo
para re-construir nuestra
memoria colectiva, deformada o
destruida por la colonialidad, y
construir nuestras identidades y
nuestros proyectos de futuro y
de sociedad.
El movimiento indígena
latinoamericano
El movimiento indígena es quizás
uno de los elementos más
transformadores de esta densa
realidad latinoamericana
contemporánea. Éste se construye
como un movimiento social de
dimensión regional con un
profundo contenido universal y
una visión global de los
procesos sociales y políticos
mundiales. Al mismo tiempo, ha
dejado de ser un movimiento de
resistencia para desarrollar una
estrategia ofensiva de lucha por
el gobierno y el poder,
especialmente en la región
andina de América del Sur. A
partir de una profunda crítica y
ruptura respecto a la visión
eurocéntrica, a su racionalidad,
a su modelo de modernidad y
desarrollo inserto en la
estructura de poder colonial, el
movimiento indígena
latinoamericano se plantea como
un movimiento civilizatorio,
capaz de recuperar el legado
histórico de las civilizaciones
originarias para re-elaborar, no
una, sino varias identidades
latinoamericanas; no una forma
de producir conocimiento, sino
todas las formas de conocimiento
y producción de conocimiento que
han convivido y resistido a más
de quinientos años de
dominación. El elemento indígena
se va convirtiendo en el centro
del discurso y de la
construcción de una visión del
mundo, de un sujeto político y
de un proyecto colectivo y
emancipatorio. En las líneas que
siguen, analizaremos este
proceso.
El movimiento indígena como
unidad geográfica e histórica
El movimiento indígena
latinoamericano ha dejado de ser
un conjunto de movimientos
locales para convertirse en un
movimiento articulado y
articulador que se construye en
los espacios geográficos de
donde se desarrollaron las
civilizaciones originarias. En
el caso América del Sur, el
movimiento indígena se construye
en el espacio geográfico donde
se desarrolló la civilización
inca y las varias civilizaciones
que la precedieron, ocupando los
territorios de Ecuador,
Colombia, Perú, Bolivia, Chile y
Argentina. Quinientos años de
colonización no fueron
suficientes para desarticular
una unidad histórica y
civilizatoria, como fue el "Tawantinsuyo"
de los incas, y su profundo
arraigo en un espacio geográfico
específico: Los Andes. Los
Estados nacionales conformados a
partir del siglo XIX con las
guerras independentistas no
sustituyeron las profundas
raíces históricas de los pueblos
indígenas, que se reconocen
quechuas, aymaras o mapuches,
antes que bolivianos, peruanos o
ecuatorianos.
La reconstrucción de los Andes
como unidad geográfica y las
civilizaciones pre-Incas e Inca,
como unidad histórica, ha
profundizado el proceso de
integración del movimiento
indígena sudamericano, que en
julio de 2006, en la ciudad de
Cuzco, funda la Coordinadora
Andina de Organizaciones
Indígenas – CAOI - con la
participación de los pueblos
Quechuas, ichwas, Aymars,
Mapuches, Cymbis, Saraguros,
Gumbinos, Koris, Lafquenches,
Urus, entre otros tantos pueblos
indígenas originarios de la
región Andina[2]. En el acta
fundacional, firmada por más de
once organizaciones
representativas, se establece
una amplia plataforma de lucha
para el movimiento indígena de
todo el continente que incluye
entre sus principales banderas
la construcción de los Estados
Plurinacionales; la defensa de
los recursos naturales y
energéticos, el agua y la
tierra; los derechos colectivos
de las comunidades indígenas y
la autodeterminación de los
pueblos como principio
fundamental. Se trata de un plan
de acción que incluye principios
fundamentales de convivencia
humana y de profundo respeto a
las diferentes culturas, pueblos
y nacionalidades.
Se han creado, en los últimos
años, múltiples y diversos
espacios de coordinación y
articulación del movimiento
indígena en la región, diversos
foros de intercambio y
movilización, al mismo tiempo
que se han diversificado las
organizaciones y redes indígenas
y de los pueblos originarios.
Esto ha generado una intensa
dinámica y una creciente
capacidad de movilización en los
niveles locales, regionales y
continental, con una clara
vocación de articulación
planetaria. Durante el último
Foro Social Mundial de Belén, en
enero de 2009[3], las
organizaciones y redes indígenas
ahí reunidas emitieron una
declaración llamando a la más
amplia unida para articular
alternativas a la "crisis de
civilización occidental
capitalista". Entre los
principales ejes movilizadotes
de este llamado están:
- La tierra como fuente de vida
y el agua como derecho humano
fundamental;
- Descolonialidad del poder y el
autogobierno comunitario;
- Los Estados Plurinacionales;
- La autodeterminación de los
pueblos;
- La unidad, equidad y
complementariedad de género;
- El respeto a las diversas
espiritualidades desde lo
cotidiano y diverso;
- Liberación de toda dominación
o discriminación racista,
etnicista o sexista;
- Las decisiones colectivas
sobre la producción, mercados y
la economía;
- La descolonialidad de las
ciencias y tecnologías;
- Por una nueva ética social
alternativa a la del mercado.
La Coordinadora Andina de
Organizaciones Indígenas se ha
convertido en un espacio
dinámico de articulación
política y social, que se
proyecta hacia las
organizaciones indígenas de la
Cuenca Amazónica y de Centro y
Norte América, ampliando el
espectro de unificación,
articulación e integración del
movimiento indígena en todo el
continente.
El Estado plurinacional como
proyecto político
La plurinacionalidad, planteada
como bandera política por el
movimiento indígena de los años
90, ha sido asumida por las
fuerzas progresistas de países
como Bolivia y Ecuador, lo que
ha permitido un amplio
movimiento político y social
capaz de aprobar en plebiscitos
nacionales, o a través de
asambleas constituyentes, esta
nueva forma política e
institucional de Estado. El
Estado Plurinacional se plantea
como proyecto político que
cuestiona profundamente la
visión homogenizadora del
Estado-nación y con ello, la
tradición política occidental en
América Latina. Este nuevo
modelo de Estado es
profundamente incluyente. Basado
en el principio de "unidad en la
diversidad", reconoce la
existencia de múltiples
nacionalidades, culturas,
lenguas, religiones, y formas de
espiritualidad. Incorpora las
formas comunales de organización
y autoridad en la propia
institucionalidad del Estado,
constituyendo una experiencia
política absolutamente nueva en
la región.
La constitución boliviana,
recientemente aprobada por
plebiscito nacional, establece
en su primer artículo:
"Bolivia se constituye en un
Estado Unitario Social de
Derecho Plurinacional
Comunitario, libre,
independiente, soberano,
democrático, intercultural,
descentralizado y con
autonomías. Bolivia se funda en
la pluralidad y el pluralismo
político, económico, jurídico,
cultural y lingüístico, dentro
del proceso integrador del
país." [4]
Se trata de un proyecto que debe
construir aún su propia
institucionalidad, pero que
puede representa un modelo
político cualitativamente
superior al Estado-nación que
sustenta la unidad nacional en
la homogenización superficial y
en la discriminación y exclusión
cultural.
La tierra que nos acoge
La histórica lucha de los
indígenas latinoamericanos por
la tierra no sólo tiene que ver
con la recuperación de un medio
de producción fundamental que
les fue violentamente expropiado
desde los primeros momentos de
la colonización europea hace más
de quinientos años. La tierra
tiene un sentido muy profundo en
la cosmovisión y en la forma
misma de existencia de los
pueblo indígenas: ella es la
"madre que nos acoge" o
"Pachamama"[5], el espacio donde
la vida se crea y se re-crea. En
la visión indígena, el hombre
debe "criar a la madre tierra y
dejarse criar por ella". Esta
relación profunda entre el
hombre y la tierra como fuente
de vida se contrapuso
radicalmente a la visión del
colonizador que veía la tierra
como objeto de posesión y
espacio de saqueo y extracción
de metales y piedras preciosas,
objeto de depredación. Estas
visiones contrapuestas
produjeron enormes tensiones y
sufrimientos en los pueblos
indígenas de nuestro continente,
pues fue justamente la mano de
obra indígena la que sustentó la
minería en las colonias, que
permitió la acumulación de
capital que sustentó la
hegemonía portuguesa y española
en el sistema mundial. El
trabajo esclavo en las minas fue
uno de los principales mecanismo
de exterminio de la poblaciones
indígenas en nuestro continente.
Después de varios siglos de
resistencia, el movimiento
indígena contemporáneo recupera
el sentido fecundo de su
relación con la tierra,
exigiendo el respeto a ésta como
fuente de vida. Se trata
entonces de preservar la tierra,
el medio ambiente en que
vivimos, el espacio donde
nuestros hijos nacen y crecen,
donde la flora y fauna nativa
debe ser aprovechada por el
hombre con un sentido de respeto
y preservación. Esta postura
ecológica, que corresponde a una
visión milenaria del mundo,
coloca al movimiento indígena
latinoamericano en una posición
de vanguardia planetaria, que
levanta banderas universales
para la sobre vivencia de la
humanidad y del planeta, que
exige que la extracción de
recursos naturales y energéticos
se realice sin depredar la
tierra y favoreciendo
principalmente a las poblaciones
que viven en los territorios
donde estos recursos se
encuentran.
De esta manera, la vida y el ser
humano se elevan a la condición
de valores fundamentales para la
organización de la sociedad y de
un nuevo modelo de desarrollo y
proyecto colectivo de futuro,
sintetizado en el principio
indígena del "buen vivir".
Descolonialidad del poder:
"mandar obedeciendo"
La organización comunitaria, el
principio de la reciprocidad y
solidaridad social, son
características de algunas
sociedades indígenas pre-coloniales,
que han sido retomadas por el
movimiento indígena
latinoamericano como prácticas
cotidianas que afirman un legado
civilizatorio y una forma propia
de ver el mundo. Al mismo tiempo
se crean nuevas formas de
autoridad colectiva y de
autogobierno comunitario que
rescata la comunidad como fuente
de todo y cualquier poder y el
poder del individuo sometido a
la comunidad. Un ejemplo de
estas nuevas formas de autoridad
y ejercicio del poder han sido
dadas por el Movimiento
Zapatista en México, con el
principio de "mandar
obedeciendo", que refleja
claramente estas dos dimensiones
de la autoridad.
Estamos pues frente a enormes
desafíos. Tal vez una de las
principales tareas emancipadoras
consiste en liberarnos del
eurocentrismo como visión del
mundo y como estructura de
producción de conocimiento. Se
hace necesario re-elaborar
nuestra historia y recuperar
nuestra memoria colectiva y
legado civilizatorio para
construir nuestros propios
modelos de desarrollo y
proyector de futuro. El
movimiento indígena nos ofrece
enormes potencialidades y, por
la profundidad de su propuesta y
de su praxis, abre un nuevo
horizonte histórico en América
Latina y en el mundo.
Referencias Bibliográficas
BLANCO, Hugo. Avance del
movimiento indígena en la lucha
contra el sistema. En: ALAI –
América Latina en Movimiento, 18
de setiembre de 2006.
www.alainet.org
BRUCKAMANN, Mónica; DOS SANTOS,
Theotonio. Los movimientos
sociales en América Latina: un
balance histórico. Red de
Bibliotecas Virtuales de
Ciencias Sociales de América
Latina y el Caribe de la red
CLACSO. http://www.clacso.org.ar/biblioteca
COORDINADORA ANDINA DE
ORGANIZACIONES INDÍGENAS.
Declaración de Cuzco, 17 de
julio de 2006. www.alainet.org
CAOI. Declaración de los hijos
de la tierra. En: ALAI – América
Latina en Movimiento, 13 de mayo
de 2008.
DAVALOS, Pablo (compilador).
Pueblos indígenas, Estado y
democracia. CLACSO Libros.
Buenos Aires. 2005. 356 p.
GARCIA LINERA, Alvaro. El evismo:
Lo nacional popular en acción.
En: Revista del Observatorio
Social de América Latina, Año
VII, N° 19, enero-abril de 2006.
GARCIA LINERA, Alvaro.
Indianismo y marxismo. En:
publicação: Encarte
CLACSO. Cadernos da América
Latina No. 2. São Paulo : CLACSO,
Conselho Latino-americano de
Ciências Sociais. Janeiro 2008.
GONZALEZ CASANOVA, Pablo;
ROITMAN RESENMANN, Marcos. (Org.).
Democracia y Estado multiétnico
en América Latina. La Jornada
Ediciones y Centro de Estudios
Interdisciplinarias en Ciencias
y Humanidades-UNAM. México.
1996. 390 p.
LANDER, Edgardo (Compilador). La
colonialidad del saber:
eurocentrismo y ciencias
sociales, perspectivas
latinoamericanas. CLACSO Libros.
Buenos Aires. 2005. 248 p.
QUIJANO, Aníbal. Dom Quixote e
os moinhos de vento na América
Latina. En: Revista de Estudos
Avançados 19 (55), 2005, p.
9-31.
SOUSA SANTOS, Boaventura.
Estados Plurinacionales y
constituyente. En: Boletín del
Foro Latinoamericano de
Políticas Educativas – FLAPE, N°
24, Año 5, Diciembre de 2008.
[1] QUIJANO: 2005.
[2] Ver: COORDINADORA ANDINA DE
ORGANIZACIONES INDÍGENAS.
Declaración de Cuzco, 17 de
julio de 2006.
[3] Ver "Declaración de los
Pueblos Indígenas: Llamamiento
desde los Pueblos Indígenas
frente a la Crisis de
Civilización Occidental
Capitalista", Foro Social
Mundial 2009, Belem, Amazonía,
Brasil.
[4] Constitución Política de la
República de Bolivia, vigente.
[5] En quechua significa "madre
tierra".
- Mónica Bruckmann es
socióloga peruana, doctoranda en
ciencia política por la
Universidad Federal Fluminense
(Brasil) e investigadora de la
Cátedra y Red UNESCO/UNU sobre
Economía Global y Desarrollo
Sustentable – REGGEN.
Gentileza:: alfaro melina
[cybermelinaalfaro@bandalibre.com]
paginadigital |