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Crisis en la educación en
estados Unidos
por
Roberto E. Mercedes
En la actualidad, Estados
Unidos tiene problemas de todos
los tamaños, formas y colores.
Hay problemas económicos. El
dólar sigue perdiendo terreno
como moneda internacional de
reserva. Hay graves problemas
sociales. Los inmigrantes
indocumentados siguen en un
limbo que parece eterno, el
seguro médico es inaccesible
para millones de personas y el
sistema de seguridad social se
encuentra en quiebra. Hay
problemas políticos. Los
partidos están muy lejos de ser
organizaciones democráticas. Son
complejas maquinarias
electorales donde la gente no
tiene ningún tipo de
protagonismo.
En este ambiente de crisis
generalizada que viven los
Estados Unidos, uno de los
problemas más graves es el de la
crisis del sistema público de
educación. Los bajos índices en
el rendimiento académico y el
fracaso en los exámenes
estandarizados por parte de
decenas de miles de estudiantes
de las comunidades pobres y
marginadas se combinan con los
recortes presupuestarios
constantes y las corrientes
privatizadoras del sector
educativo público. A todo esto
se le agrega un problema de
fondo. La educación en los
Estados Unidos responde a un
modelo educativo que funciona
como una mercancía; es decir,
algo que se puede vender o
comprar. Sin embargo, no hay
ninguna alusión seria al
desarrollo del estudiantado como
seres humanos integrales que
respondan a una serie de valores
como la honestidad, la
cooperación y la solidaridad.
Lamentablemente, el modelo
educativo estadounidense da pena
ajena; ya que fomenta el
individualismo, la arrogancia y
el desinterés.
Recientemente se publicaron los
resultados de los exámenes de
inglés y matemáticas de tercero
a octavo grado del estado de
Nueva York. El 47% de los
estudiantes no aprobó el inglés
y el 40% no aprobó las
matemáticas, según el
Departamento de Educación. Estos
resultados se agravan cuando
vemos los resultados de los
estudiantes de las comunidades
más pobres y marginadas de Nueva
York, donde alrededor del 65% no
aprobó la prueba de inglés y un
70% no aprobó matemáticas. El
problema está en adoptar los
exámenes como un fin en sí mismo
y convertirlos en el centro de
la actividad académica de las
escuelas. Lamentablemente, estos
resultados de los exámenes son
la consecuencia directa de un
sistema educativo público
burocratizado, examen-céntrico y
desconectado de las realidades
particulares de la gente.
Una situación que se deriva del
fracaso escolar es la medida del
cierre de escuelas. El gobierno
federal tiene a disposición de
los estados la jugosa suma de $3
mil 500 millones de dólares para
subvencionar el "cambio" de las
escuelas de bajo rendimiento.
Mientras más escuelas de bajo
rendimiento se cierren, mucho
más dinero reciben los estados.
Cambio aquí significa reemplazo
del director, despidos masivos
de maestros, cierre de la
escuela, envío de los
estudiantes de pobre rendimiento
a otras escuelas, apertura de
escuelas "charters" reguladas
por organizaciones educativas
privadas, etc.
En la ciudad de Nueva York se
iban a cerrar 19 escuelas de las
peores en rendimiento académico
este año. Este plan del alcalde
Bloomberg fue bloqueado por una
corte. El estado de Nueva York
iba a recibir una millonada de
dólares por el cierre de estas
escuelas. Desafortunadamente,
los estudiantes hispanos y
afroamericanos son la mayoría en
las escuelas fallidas. Un triste
ejemplo es la secundaria Norman
Thomas de Manhattan, que tiene
un 67% de hispanos y un 27% de
afroamericanos; es decir, el 94%
del alumnado, y con un exiguo
37% de rendimiento académico.
Todo esto se combina con que los
jóvenes estudiantes de estas
escuelas proceden de las
comunidades más pobres,
marginadas y excluidas de la
ciudad. Este ambiente de fracaso
escolar, cierre de escuelas y
pobreza extrema en las
comunidades hispanas y
afroamericanas es el caldo de
cultivo que propicia la
reproducción de la desigualdad,
la desesperanza y violencia en
estas comunidades. Es una bomba
de tiempo.
El cierre de las escuelas para
obtener fondos federales no es
la solución al fracaso escolar.
Una educación de calidad para
todos es un derecho. Las
comunidades pobres y marginadas
de Nueva York deben organizarse
cada día más para dejar de pagar
los platos rotos de la crisis.
Los estudiantes, los padres, los
maestros, la administración de
la escuela y la comunidad en
general deberían tomar parte en
la búsqueda de las soluciones
para elevar el bajo rendimiento
escolar de las escuelas. Poco o
nada son tomados en cuenta. Las
soluciones frías y enlatadas que
vienen desde el Departamento de
Educación son excluyentes y
antidemocráticas. Estados Unidos
está en la peor crisis
estructural de su historia. Un
reflejo concreto de dicha crisis
es el limbo en que se encuentra
la educación con sus grandes
déficits presupuestarios y más
de 30.000 escuelas con bajo
rendimiento académico a nivel
nacional. Una parte de la
solución es que la gente de las
comunidades se convierta en los
protagonistas de su propio
destino.
Fuente: Aporrea org
Gentileza:: Pica
[pica@cubarte.cult.cu]
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