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Brasil: Lectura y Aprendizaje
Frei Betto
*
Adital
En el Brasil se lee, en
promedio, 1.3 libros por año y
persona. En los Estados Unidos
11, en Francia 7, en Argentina
3.2. Y en nuestro país hay 2.980
librerías, o sea una por cada 64
mil habitantes. La Unesco
considera razonable una librería
por cada 10 mil habitantes.
El Ministerio da Cultura
garantiza que hasta el fin del
gobierno de Lula serán
inauguradas bibliotecas públicas
en 2 mil municipios. Tengo mis
dudas. El plazo para captar
recursos del gobierno federal
destinados a la revitalización
de bibliotecas públicas se cerró
a mediados de julio. Apenas 300
se repartirán los US$ 12
millones entregados. Lo cual
significa que cada municipio,
con sólo US$ 40 mil, deberá
modernizar las instalaciones,
actualizar el depósito, mejorar
el acceso de lectores con
deficiencias e incluso crear
bibliotecas secundarias (en
distritos, barrios de la
periferia y de la zona rural).
También dudo, a no ser que las
municipalidades descubran cómo
multiplicar el dinero y la
capacitación del personal.
En todo el país hay 4.763
bibliotecas. Una por cada 33 mil
habitantes. En la Argentina hay
una por cada 17 mil. En 420
ciudades brasileñas no existen
bibliotecas o se encuentran
cerradas. Nuestras bibliotecas
prestan, como promedio, apenas
296 libros al día, lo que es muy
poco. Y sólo el 29% de las
mismas tienen acceso a internet.
Estos datos son del Censo
Nacional de las Bibliotecas
Públicas Municipales, realizado
por la Fundación Getúlio Vargas
a pedido del Ministerio de
Cultura.
Una investigación del
Observatorio del Libro revela
que el alto precio es, para el
67% de los lectores, la
principal razón de recurrir a la
fotocopia de un libro, a pesar
de que esa práctica está
prohibida por la ley. Otro 20%
justifica la ilegalidad por no
encontrar el título en las
librerías. Y el 13% alega que,
en las facultades, es más fácil
fotocopiar un libro que
encontrarlo en préstamo o para
la compra.
Según la Unesco, el Brasil tiene
13.8 millones de analfabetos.
Sin contar los analfabetos
funcionales, un universo que
engloba al 54% de la población
de entre 15 y 64 años que
cursaron hasta el 4º básico y,
sin embargo, no son capaces de
comprender textos largos y mucho
menos de redactar una carta sin
graves errores de ortografía o
de sintaxis.
En los Estados Unidos, una
investigación de las
universidades de Nevada y de
California constató que cuantos
más libros hay en una casa, más
años de escolaridad alcanzarán
los niños que la habitan. El
nivel cultural y de escolaridad
de los padres también influye,
aunque menos que la
disponibilidad de libros en el
hogar. Además de ser útiles para
el aprendizaje escolar, amplían
el vocabulario y la imaginación,
el conocimiento de la historia y
la geografía y la capacidad de
reflexionar y de argumentar.
Hoy se recomienda la lectura de
historias infantiles desde la
primera semana de vida del bebé.
Aunque se tenga la impresión de
total desinterés por parte de
él, en verdad eso le ayuda a
mejorar las sinapsis cerebrales,
o sea la conexión entre los 100
billones de neuronas del
cerebro. Lo cual es como haber
recorrido medio camino para que,
en la edad de la razón, él sea
más capaz de construir síntesis
cognitivas, sabiendo relacionar
las partes con el todo y
fragmentar el todo en sus partes
constitutivas.
Pero no basta con leer la
historia. Hay que interactuar
con el niño: mostrar figuras,
hacer preguntas, reproducir
sonidos sugeridos, imitar a
personajes, etc.
Vale recordar que asimilamos el
90% de todo lo que es importante
aprender para hacer de cada uno
de nosotros un ser humano hasta
los seis años de edad: comer,
andar, hablar, distinguir
personas y relaciones de
parentesco, discernir ocasiones
de peligro o de riesgo,
perfeccionar el instinto de
sobrevivencia, etc.
Los niños que escuchan historias
desde muy tiernos enriquecen su
vocabulario y desarrollan la
capacidad de comprensión y de
aprendizaje. Las investigaciones
comprueban que el hábito de la
lectura en casa posibilita un
mejor aprovechamiento escolar.
El gran peligro hoy es ver a
niños y adolescentes
"secuestrados" intelectualmente
por la hipnosis televisiva de
baja calidad o navegando a la
deriva en internet. En el caso
de la TV, el peligro de
abandonar la propia imaginación
en favor de las fantasías
proyectadas en la pantalla. En
la adolescencia podrán incluso
buscar suplir la carencia a
través de las drogas.
El peligro del uso abusivo de
internet, sobre todo cuando se
navega sin dirección, es ser
bombardeado por un flujo de
estímulos e informaciones sin
estructura cognitiva y moral
para seleccionarlos o
discernirlos. Y es bueno
recordar que ver lo que aparece
en la TV y en la pantalla del
ordenador no equivale a leer ni,
mucho menos, a escribir.
Bien cantaban los versos de
Castro Alves, en el siglo XIX: "Oh.
Bendito el que siembra /
libros... libros a manos llenas
/ ¡Y manda al pueblo pensar! /
El libro cayendo en el alma / es
germen - que hace la palma / Es
lluvia que hace la mar".
http://www.limitedaterra.org.br
[Autor de "Diario de Fernando.
En las cárceles de la dictadura
militar brasileña" (Rocco),
entre otros libros.
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Traducción de J.L.Burguet].
* Escritor y asesor de
movimentos sociais
http://www.adital.com.br/site/
noticia.asp?boletim=1&lang=ES&cod=50472
Gentileza:: Adital - Noticias
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