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Conversaciones entre el
locutor y el lenguaje
Antonio
Paneque Brizuela
CUBARTE
Tal vez para algunos resulte
inusual el término "científico"
para calificar un encuentro
entre locutores, pero lo cierto
es que en Cuba acaba de
celebrarse una segunda edición
de este tipo de reunión bajo el
imperio de esta palabra y
también de estudios que la
justifican, todo ello sin perder
el norte artístico de tan
humanista profesión.
Se trata, pues de una suerte de
condominio entre un profesional
de la palabra y sus
correspondientes matices
paralelos que completan el
mensaje, y una (radio o tele)
audiencia de contrastante
diversidad, cuyo común habitat
entre ambas partes depende del
mutuo entendimiento, además del
conocimiento que uno tenga sobre
el otro.
De ahí que el II Encuentro
Científico Nacional de Locución
celebrado este junio en La
Habana, retomara el curso
investigativo del primero, aún
cuando, naturalmente, esta sea
una profesión asentada en las
"letras" y en las palabras y
oraciones integradas por ellas,
así como en los sistemas de
combinaciones y normas que rigen
esa práctica ya sea oral o
escrita.
Por eso resultó coherente el que
las primeras líneas de trabajo
del evento, al que asistieron
unos cien representantes
nacionales y delegaciones de
Venezuela y Guatemala, fueran
propuestas por la directora en
funciones del Instituto de
Literatura y Lingüística (ILL).
La conferencia inaugural
impartida por esta reconocida
estudiosa sentó cátedras
inviolables para el desarrollo
ulterior de un encuentro donde
ella misma presidió el jurado
que premió los mejores trabajos
presentados y su investidura
académica nos protegió a todos
contra cualquier irreverencia
teórica en lo que a lengua se
refiere.
Debates y aportes teóricos
En esta cita, auspiciada por el
Instituto Cubano de Radio y
Televisión (ICRT) y la
Asociación de Medios
Audiovisuales y Radio de la
Unión Nacional de Escritores y
Artistas (UNEAC), hubo ponencias
ganadoras de distintas
modalidades de premios y
menciones, pero una de ellas
alcanzó, además, el favor
unánime de los participantes.
El arte de hablar por radio y
televisión, de Josefa Bracero
Torres, fue aplaudida comentada,
citada, entre otras razones, por
el modo en que hurgó en la
realidad del mundo televisivo y
radial y puntualizó sobre
controvertidas y más frecuentes
verdades, al disertar durante
este encuentro bienal cuya
próxima edición está fijada para
el 2012 en Ciego de Ávila.
Sin omitir otros enfoques sobre
ese otro micro mundo de las
virtudes, la exposición de esta
veterana de la radio cubana,
devenida sagaz y hasta
descarnada investigadora sobre
estos temas, cuyos aportes se
han conocido particularmente en
los últimos años, desnudó
virtualmente las interioridades
de ese universo mediático.
Su exposición abarcó toda una
gama de acciones que deben o no
deben hacerse entre los
locutores, algunas de las cuales
coincidieron con otras
intervenciones cuyas ideas
fundamentales mencionaremos en
páginas siguientes de este
trabajo, de manera más
sintetizada e impersonal.
Pero la presencia del locutor,
en sus distintas facetas
negativas o positivas, orgánicas
o incomprensibles, constituyó
una línea conductora, que
también comprendió elogios a
buenos programas facturados
últimamente, como Con dos que se
quieran, de Amaury Pérez, cuyas
bondades como excepcional
conductor también fueron
exaltadas por esta estudiosa del
medio audiovisual.
Otro trabajo muy comentado fue
La locución joven en Cuba, de
los noveles Yailín González
Moreno y Eglis Gainza Moreno,
interpretado por la mayoría como
un esbozo reflexivo sobre cómo
debe ser la ética de quienes se
inician en el oficio, incluyendo
la problemática que deben
enfrentar y los retos que deben
asumir.
Sin embargo, pese a que algunos
sugirieron cambiar el nombre de
esta ponencia por el de Los
jóvenes locutores en Cuba, para
soslayar la interpretación
excluyente o divisoria de su
contenido ("En el país hay una
sola locución", argumentaban), a
otros nos pareció que se trataba
solo de un título metafórico que
quiso decir exactamente eso: el
universo del principiante dentro
del difícil mundo global de la
locución. Difícil, realmente,
para el que empieza.
También fueron laureadas por el
jurado La formación de
locutores, una propuesta desde
la experiencia y la ciencia, de
Elena Pelegrín y Dianelis
Fernández; El director frente al
locutor, de Luis Hidalgo Ramos;
El discurso periodístico y las
representaciones sociales, de
Natacha Díaz Bardón; y Los
primeros años del Colegio
Nacional de Locutores, de Oscar
Ramón Viñas Ortiz.
"Ruidos" en el sistema
Asumiendo un poco más de "cientificidad"
en torno al tema, recordemos que
se suele hablar sobre
"comunicación" entre un "emisor"
y un "receptor", mediante
"mensajes" principales o
"paralelos", pero aunque eso sea
solo un enfoque teórico general,
en el caso particular del
vínculo entre locutor y oyente
puede haber también, sin dudas,
toda una gama de
"interferencias".
Tales "ruidos en el sistema" se
notan, fundamentalmente, cuando
al hablar frente a los
micrófonos de un canal de
televisión, ese profesional no
cumple cabalmente con las
exigencias elementales del
"mensaje principal" y, por esa
razón, este no es bien entendido
o asimilado con eficacia.
Ocurre que ese
"desentendimiento" se debe,
esencialmente, a no regirse el
locutor por normas elementales,
como lo es la correcta forma de
articular, de proyectar, y hasta
de vestir, o, en el caso
específico de la televisión y
llegado el caso, de moverse o
conducirse a través del estudio.
Pero están también ciertos
severos e imprescindibles
"acompañantes" de ese contenido
principal de la comunicación,
los llamados "mensajes
paralelos": si está hablando por
televisión, debe asumir una
determinada "dramaturgia" que
abarque gestos (los más
naturales, elegantes y menos
afectados posibles),
actuaciones, movimientos de
manos o de cabeza, entre otros.
Y si es por la radio, la
dramaturgia, que lo es también,
tiene que sustentarse en la
sonoridad del habla: énfasis en
las palabras que se dicen de un
lado y se escuchan de otro,
entonaciones que concedan cierto
sentido adicional a lo que se
dice y otros recursos que,
aunque también son aplicables a
la televisión, en la radio son
particularmente vitales.
Pequeños "sub-mensajes",
digámoslo así, que añadan algo
o, al menos, que no le resten al
mensaje principal.
Dos medios, parecidas desgracias
Muchos de los mencionados
problemas pueden tener la misma
presencia y hacer similar daño
en la radio y en la televisión y
sus consecuencias pueden ser
parecidas, con las lógicas
diferencias, claro, de imagen,
sonido y movimiento que
caracterizan a la pantalla
chica...Y también a la grande.
El asunto se agrava cuando,
además de incumplirse con esas
pautas impuestas por la vida y
por el estudio en dichos medios,
se incurre en otras que
ocasionan otros virtuales
atentados contra la dicción:
faltas en la articulación, la
pronunciación, la gramática, la
semántica, y, en síntesis, en el
buen uso del lenguaje.
Quien escribe estas líneas, se
percata frecuentemente, por
ejemplo, dentro de los espacios
informativos de diferentes
radioemisoras y canales
televisivos cubanos, de ciertos
errores gramaticales que no solo
afean la expresión oral, sino
que, lo más grave, dificultan la
"decodificación" de lo que se
pretende decir.
Aunque las causas básicas de
esos desaguisados mediáticos
haya que localizarlas,
primariamente, en el redactor o
periodista que escribe, en el
jefe de redacción, o en el
director de programa
—responsabilidades bien fijadas
durante el evento— el problema
involucra señaladamente al
locutor.
Un buen profesional de la
palabra no debiera repetir
mecánicamente un error escrito
por otro profesional, por muy
viable que este último sea. No
se dará muy a menudo, pero se
aprecian casos de buenos
locutores que les corrigen
equivocaciones a periodistas o a
un escritor de radio.
Figuran entre las más frecuentes
fallas en el párrafo y en la
oración las faltas de
concordancia en sintagmas
nominales o verbales,
anfibologías (especialmente, la
confusión entre un predicado y
varios sujetos anteriores); así
como gerundios claramente mal
usados que afean el lenguaje y
dan una idea de desconocimiento
o, en el mejor de los casos,
descuido.
Pero respecto a las formas de
exposición, algunos
participantes en el encuentro
fueron aún más lejos y
criticaron en algunos espacios
ciertas risas y hasta carcajadas
fuera de lugar, comentarios
innecesarios o diálogos no
requeridos, con independencia de
la utilidad de la improvisación,
siempre admitida como recurso de
ese artista que también es el
locutor.
Aunque solo fuera, pensamos,
para evitar esas
"interferencias", para reducir
al mínimo posible cualquier
falta de "entendimiento" entre
dichos "mensajeros" y su
público, ya sería loable la
celebración de este Encuentro,
de cuya segunda edición aún se
escuchan los ecos.
Investigaciones "de terreno"
Pese a que la repetición de
errores, faltas, vicios y otros
males que acechan a la locución
es tan impugnable como real,
persistente —y hasta humanamente
explicable— resultó de buen
gusto que Marialina Grau,
presidenta de la Sección de
Locutores de la UNEAC, se
adelantara a los debates con la
lectura de los acuerdos de la
edición anterior.
Esta reunión "científica" de la
locución, "que es —según sus
organizadores— nuestra Olimpiada
del buen decir", y cuyo rigor
investigativo justifica la
palabra y convoca a nuevas
conversaciones entre el locutor
y el lenguaje, refrendó como
suyos aquellos anteriores puntos
coincidentes.
Figuraron entre ellos, y su
recordatorio es válido por su
utilidad para todas las
emisoras, combatir el abuso de
siglas de organismos y eliminar
el uso de palabras no
reconocidas, de muletillas y de
risas frente a cámaras y
micrófonos. O algunos más
específicos, como pronunciar "Nobel"
(con esa acentuación figurada) a
la hora de referirse al premio
que lleva ese nombre.
Pero este capítulo de dichos
encuentros asumió sus propios
acuerdos, uno de ellos, tal vez
el más vital estratégicamente,
el de la creación, por fin
después de tantas demandas,
argumentaciones y propuestas, de
la Asociación Nacional de
Locutores Cubanos.
Por esa misma línea, los
delegados convinieron en
fomentar un denominado Museo de
la Locución, a fin de atesorar
las memorias de este sector y la
historia de sus más elevadas
voces.
También fue aprobado en esta
reunión proponer al presidente
venezolano Hugo Chávez Frías
como Miembro de Honor de la
Federación Hispanoamericana de
Locutores, por ser el único jefe
de Estado de la región con un
título de locutor profesional.
Serán organizadas, además,
agrupaciones de defensa del
idioma español, y se harán
gestiones para facilitar el
acceso a carreras vinculadas a
la locución y al periodismo,
respecto a lo cual —pensamos
nosotros— el dominio pleno de la
gramática debiera ser una
aspiración suprema de los
profesionales del medio.
Valoraciones de relevantes
Entre los discursos pronunciados
en uno u otro momento del
Encuentro, sobresalieron el
inaugural de Danilo Sirio,
presidente del ICRT, y, el
propio día, el de Miguel Barnet,
presidente de la UNEAC, cada uno
resaltando valores fundamentales
de la reunión y de sus temas
básicos.
Sirio, un activo creador que
ocupa el cargo desde no hace
mucho, dijo que Cuba siempre ha
figurado entre los paradigmas de
la locución hispanoamericana, lo
cual —añadió— se ejemplificaba
con este encuentro, mientras que
Barnet dio vuelos a sus
apreciaciones sobre el idioma
español.
El escritor, poeta y etnólogo
subrayó en ese sentido la
vitalidad de esa lengua que no
sólo se renueva, sino que
confluye hacia otras formas de
expresión, y opinó que en manos
de locutores y animadores, ese
idioma, que de un modo u otro
abarca a 500 millones de
personas, debe conducirnos a
nuevos estilos y formas de
hablar y del pensamiento.
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