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Ruiz-Tagle: entre la
diafanidad y la penumbra
Reinaldo
Villegas Astudillo
I.- Inicio: Concepción, año
1958
A Ruiz -Tagle, lo conocimos en
marzo de 1958, cuando recién nos
incorporábamos a la ilustre
Universidad de Concepción para
estudiar Pedagogía en Inglés.
Como estaba radicado con mi
familia en Hualqui, poblado
situado a 23 kilómetros de la
urbe penquista, frente al
siempre imponente río Bío-Bío,época
en el cual sólo se contaba con
el ferrocarril como único medio
de transporte, mi progenitor
decidió financiarme una
residencia. Buscamos la más
económica y así fue como
llegamos a una situada en la
calle O"Higgins 1212, donde ya
habían arribado unos diez
estudiantes y algunos empleados
de empresas privadas y públicas.
Prácticamente, yo era el último
inquilino que me integraba, lo
cual significó que me asignaran
una habitación desechada por
estar situada en el centro de la
casa, muy oscura, sin mayor
ventilación y con un nivel mayor
de humedad. Ahí, me instalé,
desde donde me trasladaba a la
Escuela de Educación, situada en
el Barrio Universitario, a unas
siete u ocho cuadras, lo cual
nos facilitaba el desplazamiento
para concurrir a ingerir el
escuálido almuerzo que nos
ofrecía la pensión, cada
mediodía.
Dentro de los compañeros
universitarios residentes, que
en su mayoría, provenían desde
lejanos puntos del país, Iquique
y Antofagasta y otros de lugares
más cercanos como Chillán y Los
Angeles. Entre los provenientes
de la región aledaña a Santiago,
se encontraba Ruiz-Tagle, con
quien intimamos mayormente por
su carácter cordial junto a una
locuacidad permanente. A esas
alturas, contaba con una mayor
experiencia universitaria,
porque estaba repitiendo el
primer año de Leyes. Esto le
otorgaba mayor antigüedad y
experiencia, lo cual satisfacía
nuestra condición de "mechones",
aún inexpertos y quienes
estábamos sujetos por nuestra
inocencia a las bromas y
jugarretas de que éramos objeto
por los compañeros más antiguos
de la universidad.
Ruiz- Tagle no era su verdadero
apellido, sino su apodo, el cual
se lo había ganado porque le
agradaba de hablar
constantemente de esas familias
conspicuas chilenas, seguramente
numerosas en la zona donde vivía
,dueños de fundos y haciendas,
las cuales eran descendientes de
los primeros españoles que
llegaron junto al séquito de
Pedro de Valdivia en el siglo
XVI y que posteriormente
reforzaron los vascos, la
mayoría artesanos y comerciantes
, los cuales amasaron una
fortuna , lo que les permitió
fusionarse con las familias
castellanas de prosapia y
constituir la oligarquía
chilena, que luego incorporó a
agricultores como los alemanes;
luego, vendrían los ingleses
integrándose a la explotación de
las minas del norte del país y
europeos diversos que se
enriquecieron y se integraron en
el sector oligárquico,
llegándose a considerar todos
como de "sangre azul".
El nombre y apellido de Ruiz
Tagle era común y corriente, de
un nivel de clase media, por
cuanto su progenitora era
docente de una escuela primaria
y se esforzaba por financiarle
sus estudios con mucho
sacrificio. Como todo
"arribista", Ruiz-Tagle se
solazaba contando historias de
esas familias, las cuales en sus
relatos aparecían como sus
amigas y confidentes.
En tanto, la dueña de la casa de
hospedaje era una señora
esmirriada físicamente,
poseedora de una voz aguda.
Tenía dos hijos que frisaban
sobre los quince años de edad.
No supe si era el mayor o menor
al que identificamos por primera
vez cuando estábamos en nuestro
cuarto y salimos al escuchar que
alguien ingresaba en la casa ,
entonando con una potente voz
parte de un aria de una ópera de
Verdi. De inmediato, salimos
hacia el pasillo para
identificar al cantante. Cuál no
sería nuestra sorpresa de
encontrarnos , cara a cara, con
el hijo menor, de reducida
estatura con niveles de
enanismo, pero bien
proporcionado, quien era un
melómano empedernido de los
clásicos.
Durante las tardes y primeras
horas de las noches invernales,
todo el mundo estudiaba, sobre
todo los que cursaban Ingeniería
y Medicina, pero siempre había
un espacio para la política
nacional, cuando ya se asomaban
las candidaturas de Allende,
Frei y Jorge Alessandri para la
presidencia, unos de los cuales
sucedería a Carlos Ibáñez del
Campo, que estaba por concluir
su periodo de seis años.
Indudablemente en Concepción los
preferidos eran los dos primeros
y nadie se imaginaba que el hijo
del León, podía ser el
triunfador porque se desconocía
la realidad del centro de Chile,
que al final significó el
triunfo derechista, causando una
gran desazón entre los
allendistas y freístas que lejos
ocuparon los dos primeros
lugares en la votación regional.
Por supuesto que Ruiz-Tagle era
el más dialogante, porque nunca
estudiaba. Creo que en ese
entonces simpatizaba con
Allende, estimulado seguramente
por un pariente suyo, que lo
visitaba cada cierto tiempo y
quien ocupó altos cargos en los
tiempos de l Unidad Popular y en
los primeros años de la
Concertación.
Todo transcurría, plácidamente,
hasta que cuando estaba
finalizando el primer semestre
de ese año ya citado, se produjo
un impasse con la señora de la
residencia, la cual quiso
aumentar el alquiler de las
habitaciones con cierta
desmesura. Me lo contaría Ruiz
Tagle por teléfono, porque yo
estaba disfrutando de mis
vacaciones invernales en Hualqui,
que el grupo se organizó. En
primer término, compusieron un
himno, cuyo coro decía:"Somos
todos estudiantes de la U de
Concepción,residentes en 1212 de
panudos nada más".Luego, venían
estrofas dedicadas a cada uno de
los pensionistas, describiendo
parte de sus características y
procedencias, donde a pesar de
nuestra ausencia no quedamos
marginados. Posteriormente, una
noche los residentes marcharon
por la casona desde la puerta de
entrada hasta el fondo donde se
encontraba la cocina . Esto
impactó tanto, que la señora
Doralisa decidió terminar tales
acciones "subversivas",
cancelando la estadía de todos.
Fue así cómo dentro de un breve
plazo los inquilinos partimos
hacia diversos hospedajes.
Felizmente, Ruiz -Tagle había
encontrado una habitación con
mayor claridad y más abrigada en
una casa, situada en San Martín,
cercana al Hospital regional y
de una funeraria, cuya
propietaria era una señora sobre
los sesenta años y una hija que
se acercaba a los cuarenta,
donde vivimos tranquilamente.
Sin embargo nuestra permanencia
no fue muy prolongada, porque
Ruiz Tagle al poco tiempo, creo
que en el mes de octubre,
decidió retornar a su terruño,
fracasado por segunda vez. Su
madre le envió el dinero
necesario para financiar los
últimos meses del hospedaje y
adquirir un pasaje en tren hasta
su destino. Así, fue como un
día, en la véspera, lo acompañé
hasta la Estación de
Ferrocarriles donde nos
despedimos emotivamente,
deseándonos mutuamente éxitos
futuros en nuestras existencias,
antes de iniciar el viaje en el
tren Nocturno que iba a
Santiago.
Por supuesto, que por otros
motivos, tal vez carencia de
bases sólidas en el idioma
británico e igualmente
desorientación, yo fui cayendo
en el abismo, lo que significó
que un mes antes de concluir el
año académico, me enrumbara a mi
hogar con una sensación amarga
de fracaso, el único en mi
trayectoria estudiantil. Mi
madre no concebía tal situación
y cuando se lo comunicó a mi
padre, éste se alteró y afirmó
que ahora no me quedaba más que
integrarme a la vida laboral.
Felizmente, esta ira paterna
desapareció y en el marzo
venidero me incorporaba a la
Pedagogía en Castellano, junto a
Dafne y Bernardo, que por
razones similares habíamos
padecido tan desolada
experiencia. Los tres decidimos
seguir la misma ruta, la cual
fue imparable hasta llegar en
1963 al ansiado título de
Profesor de Estado, rindiendo
exámenes de Pregrado y Tesis
final ante comisiones de la U.
de Chile, por cuanto en ese
tiempo la Universidad penquista
no estaba autorizada para estos
menesteres y dependíamos de la
universidad capitalina.
II.- Intermedio: Campo de presos
políticos de Tres Alamos:
Julio-Septiembre
1975 Después de haber transitado
por la cárcel de Copiapó y haber
observado vejada a nuestra sede
de la Universidad Católica del
Norte, por fuerzas militares
azuzadas y respaldadas por las
autoridades de la Universidad
Técnica del Estado, en su
mayoría miembros de las logias
masónicas, arribamos al campo de
prisioneros de "Tres Alamos",
enviados por un Teniente Coronel
delirante , quien en su mente
enfermiza difundió por los
medios de comunicación, que
integrábamos una banda de
guerrilleros que él denominó
"Lobo Azul", la cual pretendía
hacer prácticamente desaparecer
la ciudad copiapina., cuna del
insigne Jotabeche, figura
literaria eminente del siglo XIX..Lo
cierto, es que en el mes de
agosto recibimos en el campo de
recluidos tres "relevantes"
visitas: Hermógenes Pérez de
Arce, Pablo Rodríguez y un
Teniente de Carabineros, apodado
el "Halcón". En cada oportunidad
nos hicieron formar: Los dos
primeros en la oportunidad que
le correspondió realizar la
visita, sólo se solazaron en
contemplar a quienes
consideraban sus enemigos
acérrimos. A cada uno de ellos,
lo acompañó el "Patas Cortas",
Coronel de Carabineros a cargo
de la prisión. Sin embargo el
que más nos impactó fue el
Halcón, un teniente policial,
seguramente adscrito a la
tenebrosa DINA. Arribó
intempestivamente,creo que un
sábado por la tarde, el cual fue
recibido por el "Cuervo",un
sargento de carabineros, que
cada dos días comandaba la
guardia del recinto.
Primeramente, nos hicieron
formar fila y el Halcón,
contando con la compañía del
Cuervo se fue deteniendo frente
a cada uno de nosotros ,sin
palabras, pero con una mirada
profunda y aterradora que
penetraba por todo el ser
nuestro. Parecía que buscaba a
alguien para llevárselo y tal
vez hacerlo desaparecer .
Felizmente, no encontró al que
buscaba. Sus ojos eran
fulguramente diabólicos, su
boca, menuda y usaba un
bigotillo negro menor.
IV. Final: Enero de 1976
Por esos días nos encontrábamos
ad portas para salir al exilio
venezolano. Toda la espera
transcurrió en Santiago con un
calor intenso. Para no
fastidiarme, me inscribí en un
Curso sobre Educación de
Adultos, que dictaría Waldemar
Cortés en la Biblioteca
Nacional, quien había sido
Director de tal especialidad en
el Ministerio de Educación en
tiempos de Frei Montalva, del
cual se comentaba que a pesar de
su inteligencia y acervo
cultural andragógico, "había
saltado la talanquera" como
dicen por aquí y se había ido a
colaborar con la Junta Militar
de Gobierno, traicionando el
pensamiento de toda una vida,
vinculados con un Cristianismo
militante.
Creo, que fue el segundo día de
actividades, cuando me
desplazaba distraídamente hasta
el salón de ese centro cultural
bibliográfico, de repente alzó
la vista y descubro a una pareja
que venía dialogando alegre y
locuazmente: Nunca me imaginé
quienes eran: Nada más y nada
menos que el Halcón, que
pretendió perforarnos
internamente nuestro pensamiento
en "Tres Alamos" junto -
imagínense- a Ruiz-Tagle , que
no veía desde hacía 15 años. De
inmediato, tuve sensaciones
diversas, sorpresa y temor.
Logré contenerme y creo que a él
le ocurrió lo mismo.
Indudablemente nos reconocimos,
pero continuamos avanzando hacia
el interior del auditorio, cada
uno por su lado, sin que hubiese
el mínimo interés de lo que
había sido de cada uno en ese
interregno de tres lustros.
Quizás, Ruiz Tagle, era agente
de la DINA o podría haber sido
un confidente o un especimen
similar, por cuanto al
observarlo fugazmente constaté
que Ruiz-Tagle había descendido
a la penumbra, al constatar que
surgía complacido y alegre
acompañando a tan tenebroso
policía secreto.
Gentileza:: Reinaldo Villegas
[odlanier09@gmail.com]
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