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Declaración del Grupo de
trabajo de CLACSO sobre el
Bicentenario
Felipe de
J. Pérez Cruz
El Bicentenario de las
luchas por nuestra primera
independencia, su estudio,
interpretación y divulgación con
una visión de proceso, de su
trascendencia e importancia en
el contexto de más de doscientos
años de luchas y realizaciones
compartidas, constituye una
tarea de importancia científica,
cultural, ideológica y política.
Nuestra pertenencia a un
proyecto de emancipación y
unidad latinoamericana incluye
el rescate del patrimonio
cultural, la memoria, riqueza y
experiencia histórica, que una y
otra vez nos han querido
arrebatar.
El Consejo Latinoamericano de
Ciencias Sociales (CLACSO)
aprobó en el 2008 la creación
del Grupo de Trabajo "El
Bicentenario Latinoamericano:
Dos Siglos de Revoluciones a la
Luz del Presente", con el
propósito de debatir en torno al
nudo temático de las
revoluciones y la historia que
llega hasta nuestros días.
Resultado de la labor del
colectivo de cientistas sociales
que coordinan las compañeras
argentinas Beatriz Rajland y
María Celia Cotarelo, ha sido la
publicación del libro "La
Revolución en el Bicentenario.
Reflexiones sobre emancipación,
clases y grupos subalternos" (CLASO
Libros, Buenos Aires,
2009) en el que participan otros
20 autores de universidades e
institutos de investigación de
Argentina, Bolivia, Chile,
Colombia, Costa Rica, Cuba,
México, Paraguay y Gran Bretaña.
En la Reunión del Grupo de
Trabajo realizada en La Habana
los días 16-18 de noviembre del
pasado año, se debatió
ampliamente sobre los
presupuestos teóricos y el
contenido del próximo libro, y
se constituyó una comisión que
ha trabajado por consulta el
documento que recién se pone en
circulación.
EL Grupo de Trabajo de CLACSO:
"El Bicentenario y los Procesos
Revolucionarios en América
Latina", ha aprobado una
declaración delineada en su
reunión plenaria de noviembre de
2009, realizada en La Habana,
Cuba; entendemos que es
necesario un pronunciamiento
sobre el Bicentenario, que salga
de la mera efemérides, y se
posicione acerca del
interrogante sobre el
significado del Bicentenario
hoy.
Ponemos a consideración de todas
y todos quienes se sientan
identificados con lo planteado y
quieran suscribirla y pensar y
actuar en consecuencia, la
siguiente:
DECLARACIÓN
El Bicentenario nos plantea
desafíos intelectuales y
políticos y una toma de posición
implica situarse en el campo de
la lucha ideológica.
Plantear un enfoque sobre el
Bicentenario y sostenerlo,
supone dar cuenta del pasado, de
las situaciones presentes y de
las alternativas para América
Latina y el Caribe.
Nos pronunciamos desde una
posición crítica y reflexiva
sobre las visiones
conservadoras, oficiales y
colonizadoras.
Acordamos que la construcción de
una historia desde abajo,
proyectiva, científica,
descolonizada y contra
hegemónica constituye una tarea
imprescindible.
Lo dicho, implica reclamar "otra
historia": la historia de las
clases, grupos, sexos, etnias,
religiones y culturas, todas
ellas presencias que han sido
borradas del proyecto de las
clases dominantes y de sus
dispositivos legitimadores. De
la experiencia de los sectores
explotados y oprimidos queremos
alimentar una historia de
resistencia y autonomía,
alimento de la imaginación de un
mundo diferente.
Destacamos –justamente-, los
procesos revolucionarios en
tanto vectores de interpretación
de los itinerarios históricos de
las clases dominadas, explotadas
y oprimidas, que nos lleven
hacia el análisis de: ¿Cuál es
el proyecto político
emancipador, hoy? ¿Cuál es el
proceso de cambio que plantea la
necesidad de pensar el
Bicentenario?
Queremos terminar con la
mitología elaborada por la
oligarquía y la burguesía, sobre
los procesos independentistas
del siglo XIX, para justificar
la explotación.
Nuestra América se construyó
desde la exclusión y el desafío
es el de revertir esa situación
de modo de construir finalmente,
después de 200 años, una
sociedad de inclusión que
derribe los obstáculos para su
integración y proyecte una
unidad latinoamericana y
caribeña fundada en la
emancipación y en el
antiimperialismo que erradique
todas las formas de explotación
y de dominación colonial y
neocolonial.
Consideramos que la urgente
discusión sobre el Estado es uno
de los temas fundamentales de
las experiencias
democrático-populares en nuestro
subcontinente hoy.
Entendemos al Estado, como una
instancia de lucha de
hegemonías, como espacio
potencial de luchas profundas
orientadas a una transformación
favorable a los intereses de las
clases populares.
Nuestra América es una tierra de
mezclas, hibridaciones y
mestizajes, con sus inevitables
contradicciones, en las que
aspiramos a captar las promesas
democráticas de la multiplicidad
y la pluriculturalidad. Debemos
encarar una lucha por la memoria
social, crítica del pasado pero
anhelante de porvenir.
En esa revisión, se impone la
apertura de un nuevo y profundo
debate. El Bicentenario no debe
quedar anclado –como los
sectores dominantes pretenden-
en la temática de las
independencias a tal punto que
las revoluciones del temprano
siglo XIX hayan sido denominadas
"revoluciones de la
independencia". En ese debate
–que ya ha comenzado- debemos
preguntarnos cuál ha sido el
legado emancipatorio de ese
ciclo de revoluciones y cómo se
las entiende en el nexo con el
ciclo propio del siglo XX y con
las luchas que se han venido
desarrollando en lo transcurrido
de este siglo.
Hoy, cuando la noción de
revolución ya no está en el
museo de antigüedades sino que
ingresa otra vez a la palestra,
proponemos repensar su sentido
para tornarlo operativo para la
política. Es preciso hacerlo al
punto de reconsiderar su
relación con la reforma o su
temporalidad, sus "sujetos
históricos" y su alcance
geográfico.
Como el presente y los proyectos
para construir el futuro, la
comprensión del pasado es un
territorio de disputa porque en
ello se va gestando el modelo de
dominación y el de las
resistencias del futuro.
Asumiendo su carácter antagónico
nos interesa estimular la
preocupación por el Bicentenario
que ponga en diálogo productivo
las tradiciones emancipatorias
continentales, rescate las
historias olvidadas y negadas,
repiense las estructuras y
grandes tendencias, capte las
resistencias y proyecciones
revolucionarias que poblaron, no
sin contradicciones, un tiempo
pretérito nutriente de la
vocación de una nueva Nuestra
América que sea,
definitivamente, nuestra.
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