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Pedagogía (y aprendizaje)
ambiental
por Oscar
Taffetani
APe
(Argentina).- "La
Dirección Departamental -pudimos
leer en una circular días
pasados- invita a las escuelas
de todos los niveles y
modalidades a adherir con un
cambio de actividades o
cartelera especial el martes 20
de abril, fecha en que la Corte
Internacional de Justicia de la
Haya expedirá su fallo sobre la
lucha de Gualeguaychú en defensa
del medio ambiente y la vida.
Los padres tienen la total
libertad para acompañar con sus
hijos a la Asamblea, con la
correspondiente notificación a
la escuela".
La participación de niños y
jóvenes de la costa del río
Uruguay, junto a sus padres y
docentes, en las asambleas y
movilizaciones ciudadanas
suscitadas por la lucha contra
Botnia, constituyó una
inmejorable oportunidad
pedagógica para ubicar a esos
alumnos frente a los escenarios
del mundo globalizado, mundo en
el que la planificación
supranacional, con la ganancia
como único propósito, amenaza
con liquidar los recursos
naturales de la Tierra y con
ellos a millones de criaturas
posadas con levedad sobre su
corteza.
Un día de huelga o conflicto en
defensa del salario y la
dignidad -solían decir los
viejos socialistas- enseñan más
a un trabajador que cien
manuales de acción sindical. Del
mismo modo, un día de corte de
la ruta internacional, una tarde
de abrazo al puente o una ronda
de mate junto al fogón de Arroyo
Verde pueden enseñar más a un
militante ambiental que varios
gruesos tomos redactados por
cualquier tratadista.
Entre Brasilia y Cochabamba
Hace una década, el 1° de
septiembre de 2000, se reunieron
en la capital de Brasil doce
presidentes sudamericanos. De
sólo nombrarlos, advertiremos su
variada y respectiva suerte (así
como lo mucho que cambió, en
apenas diez años, el signo
político de la región). Firmaron
aquella Declaración de Brasilia
Fernando Henrique Cardoso,
Fernando de la Rúa, Jorge
Batlle, Alberto Fujimori, Hugo
Bánzer, Gustavo Noboa, Ricardo
Lagos y Luis González Macchi.
Fueron suscriptos, en esa misma
ocasión, más de 60 acuerdos de
cooperación internacional, entre
ellos la Iniciativa para la
Integración de la
Infraestructura Regional
Suramericana (IIRSA), un plan
para adecuar las economías del
subcontinente a las necesidades
de la economía global (o a los
puros intereses de las
multinacionales, para decirlo
sin eufemismos).
En la Iniciativa de marras, por
poner un ejemplo, el llamado Eje
de Capricornio trabaja sobre la
circulación de materias primas y
mercaderías entre el Atlántico y
el Pacífico, comunicando las
zonas francas del norte chileno
con los yacimientos bolivianos
de El Mutún y las acerías y
puertos del Brasil, sumando
además al Paraguay como socio
energético.
La Hidrovía Paraguay-Paraná,
otro eje definido, trabaja sobre
la vieja ruta de El Dorado
utilizada por los conquistadores
europeos para drenar la riqueza
del Alto Perú, durante la época
colonial. En esta Hidrovía, la
cuenca del río Uruguay, con sus
ciudades ribereñas y su gente,
ocupan un subcapítulo. Entre las
obras detalladas en el
subcapítulo se mencionan la
"Mejora de accesos e
infraestructura portuaria del
puerto de Nueva Palmira", la
"Circunvalación vial Nueva
Palmira y sistemas de accesos
terrestres a los puertos" y la
"Construcción del ramal
ferroviario Mercedes-Puerto de
Nueva Palmira".
Curiosamente, diez años después
de elaborado el plan, Nueva
Palmira es el puerto fluvial
uruguayo donde se transborda y
embarca la celulosa que produce
Botnia. A la vez, es la terminal
ferroviaria que recibe los
rollizos y la madera de las
plantaciones industriales, con
destino a la pastera. Ni que lo
hubieran planificado.
De este lado del río, estaciones
como Concordia Central (bien lo
han documentado los fotógrafos
de la Asamblea) ven pasar a
diario largas formaciones de
carga con rollizos y madera de
plantaciones argentinas, que
tienen el mismo destino.
Integración regional, que le
dicen.
Otras dos pasteras aguardan
turno para instalarse sobre el
mismo río. Y aunque a partir del
fallo de La Haya los dos países
se vean obligados a la consulta
previa, este dictamen ha sentado
un nefasto precedente de
tolerancia a la contaminación
que mandará cualquier
controversia por los mismos
carriles que tuvo la primera.
En unos años más, de seguir con
el plan de las multinacionales
(el único que existe, ya que los
países son convidados de
piedra), aumentará el nivel de
dioxinas y fosfatos en las aguas
del río Uruguay, alterando sus
ecosistemas y apagando la vida.
"El sistema capitalista -declaró
el presidente boliviano Evo
Morales, al inaugurar el pasado
martes, en Cochabamba, la
Primera Conferencia Mundial de
los Pueblos sobre el Cambio
Climático- es el principal
responsable de la destrucción
del planeta. Es el enemigo
principal de la Madre Tierra,
pues busca sólo ganancias en
detrimento de la naturaleza. Es
fuente de asimetrías y
desigualdad en este mundo". Nada
que acotar a esas palabras.
Un presente de lucha
La Asamblea Ciudadana Ambiental
de Gualeguaychú debió escuchar
azorada, este martes, un fallo
bifronte. Por un lado, el alto
tribunal reconoce que hubo
violación del Tratado del Río
Uruguay y apunta que el país
vecino no debería haber
permitido continuar con las
obras hasta la resolución de la
controversia. Por el otro, se
declara incompetente en el tema
de la contaminación visual y
sonora y dice, en cuanto al
agua, que de acuerdo con el
estándar uruguayo (ya que la
Argentina no tenía uno propio)
el nivel de dioxinas y fosfatos
es tolerable, autorizando a
Botnia-UPM a seguir operando su
planta de Fray Bentos.
Como era de esperar, conocido el
fallo, la Asamblea decidió
mantener el corte de la ruta
internacional y profundizar su
lucha. En este cambiante
colectivo humano que es la ACAG,
tras cinco años de pelea en
distintos frentes, hay viejos
rejuvenecidos; amas de casa que
podrían escribir libros de
Ecología; niños que recobraron
su identidad cultural y su
exacto lugar en el mundo.
Hace algunas semanas, al
improvisar un discurso al pie
del monumento a Artigas, el
presidente uruguayo José Mujica
dijo palabras que bien podríamos
repetir aquí (porque las
palabras, lo mismo que el río,
pueden y deben servirnos a
todos): "Tengo el derecho de
gritar que en este mundo,
derrotados son sólo aquellos que
dejan de luchar".
Eso, eso mismo, es lo que la
gente de Gualeguaychú viene
enseñando y aprendiendo, desde
aquel jubiloso día en que
decidió ponerse de pie.
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Gentileza:: Agencia de Noticias
Pelota de Trapo
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