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Proyecto educativo
Jon
Gallego Osorio
Caminando y observando en el
centro de ésta ciudad, que
podría ser el centro de
cualquier ciudad, llamémosla hoy
"Medellín"
Me inquieta ver la gran cantidad
de personas que sufren de modos
indecibles, con problemas que
hubiesen podido evitarse… tan
fácilmente.
Me refiero a: indigentes,
alcohólicos,
fármaco-dependientes, ladrones,
asesinos, prostitutas,
explotadores, timadores,
mendigos, en fin; la lista es
tan interminable que hasta
podríamos caber en ella.
Siendo todos éstos jóvenes o
adultos o lo que sean. Estoy
completamente seguro
Que si todos y cada uno de los
seres sobre la tierra tuvieran
acceso a la educación; su
destino en el continuo
peregrinar sería muy distinto.
Pero no me refiero a cualquier
educación, si no a una basada en
el amor.
¡Si! Ese amor del que hablan
todas las doctrinas del planeta.
Primero que todo, reconocerse
como pieza vital en el engranaje
armónico del simple vivir.
"estoy aquí y esa es mi misión"
Eso es amor por uno mismo.
Porque sin reconocernos como
seres importantes y vitales, no
podemos respetar ni amar al
prójimo, que es la siguiente
premisa.
¡Como amamos sin reconocer la
importancia de los congéneres
del planeta que habitamos y con
quienes compartimos el
privilegio de vivir!
Este pensamiento nos lleva a
valorar dicho privilegio y al
Dios que adoremos o profesemos
creer.
Si desde la infancia, cada
hombre o mujer tuviese que
estudiar obligatoriamente;
entonces obligatoriamente
tendría que aprender valores
invaluables.
Cuales valores: disciplina, para
asistir diariamente a las
clases.
Perseverancia, para cuando no se
quiere.
Respeto, por aquellos que
quieren aportarte.
Obediencia, porque quieren
dirigirte bien.
Agradecimiento, porque te has
dado cuenta.
Paciencia, para soportar alguna
vez, la disciplina.
Amor, porque te están labrando
un nuevo camino.
Si cada ser humano fuera educado
con dichos valores, para llevar
una vida en virtud; lidiaríamos
solamente con la debilidad
humana. Que es muy inhumana.
Eso sería más fácil, tendríamos
que encomiarnos más a menudo.
Pero en virtud del respeto, nos
respetaríamos.
Nos amaríamos; y todos aquellos
vejámenes vividos por la
humanidad
no tendrían su amplia existencia
actual.
La virtud de la educación es
asesarnos, para respetar la
cualidad vital que cada uno de
nosotros vinimos a ejecutar,
pero en pro del beneficio común
y no, en detrimento del
desarrollo humano.
¿Quien abortaría el hogar si
entendiera el valor de la
obediencia?, el indigente no
tendría razón para deambular por
las calles porque entendería que
el hogar es el centro de la
sociedad y que es allí donde se
gesta el amor primario.
Cuando el ser humano se halla
ocupado ejerciendo un rol
importante y lo siente así, es
más feliz y por ende, le son
menos atractivos los vicios
debilitantes como el alcohol o
las drogas; que son una salida
forzada a la realidad que no
queremos vivir… por infelicidad.
Sintiendo como seres reales y
vitales, evitaríamos venderle
nuestra dignidad, a la
degradante lástima, que nos
lleva por protervos caminos.
Amorosamente, ejerceríamos
respeto mutuo por las misiones
ajenas y ayudaríamos a continuar
con los legados ofrecidos en las
escuelas, con nuestro tiempo
voluntario.
La única salida no es la imbécil
guerra, es la edificante
educación.
Hemos de entender, como creemos
haber entendido, que es la
infancia donde se forma el ser.
Pero olvidamos pronto el
argumento y enviamos los jóvenes
a la guerra, que es de carácter
obligatorio.
Esto es completamente
redundante.
No podemos esperar vivir en paz
y seguridad, cuando vendemos la
imagen de héroes guerreantes a
nuestros niños, como hombres
triunfantes.
Se le inculca al humano en su
edad primera, que aquella
educación es para su porvenir,
es decir, para su seguridad
económica; cuando en verdad se
le vende la idea de que el
dinero es el objetivo primario
de la vida.
Esta es la primera confrontación
con la vida, si no se tiene, se
considera un fracasado y hasta
ahí le llegó el encanto de
saberse, un vital miembro de un
engranaje importante.
El ser humano no está en este
planeta para llenarse de dinero,
vinimos a aprender que hacemos
parte de un proyecto educativo,
en el cual vamos reprobando
varias asignaturas. Pero aún,
podemos salir avanti.
Si aquella educación virtuosa,
fuera puesta en virtud de los
talentos demostrados, entonces
cada quien resolvería el
acertijo de saber cual es su
misión, o lo que llamamos en
otra palabras, ejecutar su "Don"
en pro del beneficio plural de
todos.
¿Quién sería más, quién sería
menos? todos seríamos una
conjunto ejecutando virtudes
cognitivas o aprendidas en pro
del bien común. Sin ese batallar
de la cotidianidad actual en que
la guerreante competitividad que
tanto nos inculcan con incisivo
ahínco, nos empuja
constantemente a la brutal
rivalidad, tan aplaudida.
Ese malvado amor por el dinero,
si es que se puede ultrajar la
palabra amor de dicha
manera; es la doctrina más
bárbara que se ha parido en la
tierra, y con ese desmedido
deseo por la posesión de las
materialidades, hemos devastado
no solo el planeta, la
humanidad, la fauna y la flora
mundial; sino que hemos
oscurecido el futuro paisaje del
cuento de hadas que se le cuenta
a los actuales niños.
Pero si volvemos al génesis, si
volvemos a entender que el fin
principal del humano es el
proyecto educativo; evaluamos,
recomenzamos, y nos dedicamos a
enseñar la virtud en las
escuelas… entonces volveremos a
conjugar la palabra amor, la
palabra esperanza,
Y en virtud de una vida en paz…
retomaríamos el trueque.
Gentileza:: jon gallego osorio
[jon200270@hotmail.com]
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