|
La necesaria reeducación de
los educadores
Melvin
Martínez
Adital
Esta reflexión que iniciamos
es importante partir de la
constatación de que las
tendencias más fuertes en la
aplicación metodológica en los
procesos educativos se orientan
a impulsar, en el marco del
constructivismo, posturas
teóricas que plantean
metodologías activas
participativas que proponen una
mayor participación del alumno
en el proceso y una actitud más
abierta y comprensiva de los
docentes, sin impactar en la
toma de conciencia individual y
colectiva a favor de valores que
fortalezcan la dignidad y el
respeto de los derechos de los
seres humanos.
Se requieren, para la atención
personalizada que se propone, en
la metodología constructivista,
condiciones pedagógicas óptimas
para el desarrollo de las
actividades académicas con los
grupos de estudiantes.
Esas condiciones pedagógicas
ideales no son tan factibles en
los países pobres, en tanto que
la aplicación de políticas
neoliberales orientan a los
gobiernos a disminuir la
inversión en educación, lo que
ellos no por casualidad llaman
disminuir el gasto social.
La cobertura educacional en los
países pobres es, desde siempre,
muy baja y por más discursos que
se pronuncian desde hace
décadas, la situación no mejora.
Los fundamentos teóricos de las
actuales modas pedagógicas se
fundamentan en propuestas de
pedagogos de renombre como
Piaget, Freinet, Vygotsky, Jonh
Dewey, Bartlett y Bruner, entre
otros cuyos planteamientos son
válidos desde la perspectiva
psicopedagógica y filosófica.
Sin embargo la propuesta
constructivista, es
descontextualizada, a partir de
que en la realidad se considera
únicamente como referente
pedagógico, didáctico. No
propone una descodificación en
el análisis de la realidad misma
que permita una toma de
conciencia. Esto es entendible
en la perspectiva de la
ideología dominante que no le
interesa una actitud de análisis
crítico de los educandos porque
implicaría la posibilidad de
debilitar, aún más, su régimen
político ideológico.
Por eso es importante, para el
sostenimiento del actual estado
de cosas, imponer una
metodología didáctica que
aparente una participación de
los diferentes agentes del
proceso educativo, más bien
digamos en el lenguaje de
marketing, posicionar una
romántica pedagogía con una
participación aparente que
destruye la capacidad de crítica
de la sociedad, sobretodo de la
juventud que "es la llamada a
dar vida a" nuestros países,
(recordando a Morazán).
Lo anterior se reafirma con la
tendencia mercantilista en la
que hoy se forman los docentes,
principalmente los de educación
media. La tendencia es ahora
contraria al servicio de
apostolado revolucionario que
los docentes deberíamos
practicar, se inculpa la premisa
utilitaria de que todo tiene un
valor monetario y que nada debe
regalarse. Estamos de acuerdo en
el alto valor de la acción
pedagógica de los y las
docentes, pero esto no implica
que no podamos prestar servicios
voluntarios a nuestras
comunidades, orientados a
reconocer la realidad en que se
vive, analizar las injusticias y
asumir posición para transformar
la sociedad en sistemas de
organización originales y más
coherentes con la vida y los
intereses de los que más sufren.
Cada vez son menos los docentes
que se incorporan a los procesos
de desarrollo comunitario. La
tendencia burguesa con la que se
forma al profesorado nos hace
creer y asumir la ficticia
propaganda de la clase poderosa,
de que los profesores y
profesoras somos una clase
privilegiada.
Hace falta en las instituciones
formadoras de docentes de la
actualidad, retomar dinámicas de
reflexión que fortalezcan la
conciencia social y política de
los docentes. Esto no es fácil
en sociedades como las nuestras
en las que las políticas
educativas se orientan a
justificar regímenes políticos
que no responden a las
necesidades e intereses de los
más pobres.
No es insensato pensar entonces,
que el no referir el pensamiento
pedagógico de Paulo Freire en
los documentos principales de la
propuesta constructivista y de
las principales modas
pedagógicas, que orientan las
políticas educativas de los
países en los que se aplican
estrategias neoliberales no es
un olvido involuntario.
Toda la propuesta de Freire, que
es verdaderamente participativa
nos conduce por la dimensión
sustantivamente política de la
práctica pedagógica y de la
educación en general.
Desde la perspectiva del
pensamiento pedagógico de
Freire, la educación tiene una
inevitable implicación política
en cualquier sistema que se
desarrolle; en tanto que los
sujetos del proceso toman
conciencia de si, dentro de una
sociedad con enormes injusticias
e inequidades.
La educación es una no
domesticación, es una formación
de conciencia para la "práctica
de la libertad".
Desde esta perspectiva no hay
educación sin liberación, y esto
no interesa en sistemas
educativos orientados por
esquemas políticos neoliberales
que responden a los intereses de
las grandes transnacionales y
grupos económicos y políticos
que ejercen el poder.
La educación como formación para
la libertad, la pedagogía
liberadora no es interesante en
sociedades con grados enormes de
pobreza y explotación, por el
contrario ésta, la educación,
como elemento superestructural,
medio ideal para la legitimación
de un sistema injusto en donde
el ser humano ha sido desplazado
por las mercancías puestas en el
mercado, se ha convertido en el
medio ideal de domesticación.
Entonces toda la teoría
constructivista, en esencia es
el mecanismo perfecto para, a
partir de un claro activismo
participativo, limitar la
capacidad de análisis de la
realidad para decidir buscar la
libertad.
Las instituciones de formación
pedagógica se convierten en
formadoras de domesticadores, de
docentes Light, con mentalidad
burguesa, que sienten a sus
alumnos, de la educación
pública, como los clientes del
sistema que les permiten
mantener su estatus en la
sociedad. Las universidades
pedagógicas son una especie de
Mall (moles o males) pedagógicos
en donde se venden y se compran
servicios educativos.
El academicismo puro y la teoría
de la educación con calidad
total, educación mercancía,
educación como espacio de
generación de salarios, destruye
la necesaria posibilidad de
crear docentes servidores.
Es necesario hacer una educación
con calidad social que haga
factible en la sociedad el
conocimiento y comprensión de la
realidad de explotación y
exclusión que se debe
transformar. La educación con
calidad social, formadora de
conciencias para la libertad y
el respeto del ser humano, es el
único medio con que se pueden
gestar revoluciones no
violentas.
Las organizaciones de docentes
de falsa tendencia
revolucionaria, se hacen
cómplices de quienes critican y
atentan contra la escuela
pública cuando privilegian la
caracterización del docente como
obrero de la educación, una
especie de proletario con
privilegios y desconoce y
censura la visión del docente
como apóstol, como servidor del
pueblo. Los dirigentes
magisteriales alcanzan una
especie de burocratización con
ciertas comodidades que los hace
ser cómplices de los poderosos
aún cuando demagógicamente
plantean luchas superficiales
que normalmente se concentran en
asuntos salariales con lo que la
masa magisterial se mantiene en
un nivel de emotividad que no le
permite asumir la dimensión de
su verdadero rol en la
transformación del sistema
educativo y del país. Esto se
confirma con la permanente
participación de la mayoría de
dirigentes magisteriales
nacionales y de base en los
partidos políticos tradicionales
de tendencia democrática
neoliberal. Son revolucionarios
en el gremio, pero conservadores
y antigremialistas en su vida
política cotidiana.
Cada clase social define y
desarrolla el sistema educativo
a través del cual intenta formar
a la niñez y juventud para el
sostenimiento del sistema
político, económico e ideológico
que le es conveniente.
El gran problema es que en la
educación pública se forma a los
pobres en la misma perspectiva
del interés de los no pobres, de
los poderosos.
Los docentes de la educación
pública parecieran no descubrir
su complicidad complaciente.
Los últimos años han sido
terribles, los docentes sin
identificarse realmente con su
pueblo, la beligerancia aparente
sólo justifica su burocracia. No
hay una intención, peor
disposición, de generar una
transformación educativa
verdadera a partir de las
necesidades de los más pobres.
Las organizaciones de docentes,
en su mayoría, no tienen
usualmente propuesta pedagógica.
El contubernio con las políticas
de domesticación de la población
dominada en un sistema injusto,
se evidencia en la inexistente
beligerancia de las
organizaciones de docentes en
los procesos de reforma, en los
silencios frente a los grandes
asuntos del país, en la falta de
planteamientos orientados a
transformar la educación con
criterios fundamentados en la
perspectiva de los interés de
los desfavorecidos de la
sociedad.
Por suerte este problema es
criticado por los docentes de
base y padres de familia, hay un
descontento y desconfianza en
los centros educativos que no
llega tampoco a provocar un
cambio.
La voz popular plantea sutil y
permanentemente la necesidad de
hacer surgir una tendencia
pedagógica revolucionaria que
privilegie a los sujetos de la
educación y la clase social a la
que pertenecen incorporando, con
sus luchas, la tendencia de
privilegiar el ser humano y su
medio en los procesos educativos
procurando mejores condiciones
de vida con justicia.
Volvamos entonces al centro de
esta reflexión. Es necesario y
urgente transformar la
educación. Devolverle al proceso
educativo la posibilidad de
formar, a partir de la
participación de todos una
conciencia social y política que
permita defender los intereses
de la patria, de la familia y de
los individuos.
No es concebible una educación
que no se oriente a la defensa
de la patria, que no fortalezca
los valores cívicos que conducen
al respeto a los demás, a la
naturaleza y a uno mismo en la
perspectiva de disponerse a
participar, sin manipulación en
la construcción de procesos
políticos verdaderamente
democráticos.
La educación debe formarnos para
la construcción de una sociedad
participativa y justa, en la que
el gobierno o los gobernantes no
se desvinculen de su pueblo al
asumir el poder.
La educación no logra su fin
último si no forma conciencia
para la construcción de sistemas
políticos con justicia. La
educación verdadera no es la que
nos enseña nimiedades, es más
bien la que nos da las
herramientas para ser parte de
la construcción de poder
político que garantice el bien
común.
Es como decía Freire, La
educación como práctica de la
libertad.
Hay que construir entonces una
pedagogía nueva desde la
perspectiva de los más pobres.
Es este un desafío necesario,
para la toma de conciencia de
los que sufren pobreza, Es
preferible hacer una revolución
educativa que una revolución
armada. La paciencia de los que
sufren no es eterna y, el
cinismo de los gobernantes
provoca, con tanta mentira y
corrupción evidente.
Hay que hacer entonces una
reflexión profunda de cómo
transformar la educación.
Lo primero es la urgencia de
reeducar a los educadores. No
hablo sólo de los docentes,
incluyo a los padres, madres,
encargados, gobernantes, medios
de comunicación, dirigentes
magisteriales, formadores de
docentes.
Si no se reeduca a los
educadores no es posible la
revolución educativa.
Con seguridad esto no se hará
desde las universidades,
convertidas en centros
comerciales sin libertades,
formadores de comerciantes de la
educación y de obreros de la
educación sin conciencia de
clase.
Hace falta resucitar el
apostolado. Ir construyendo, en
la práctica, la pedagogía de la
libertad, transformar el
academicismo informativo en una
permanente apropiación del
conocimiento científico para
beneficiar la satisfacción de
las necesidades de todos los
seres humanos.
Hay que hacer una relectura de
las propuestas de Freire para
propiciar el componente
fundamental de la toma de
conciencia de los educandos para
construir la libertad y la
justicia en la sociedad.
La calidad de la educación debe
ser referida por la capacidad de
los sujetos en resolver
colectivamente sus necesidades.
Si los procesos educativos no
sirven para liberar al ser
humano (entiéndase por liberar
el proceso de construir espacios
y condiciones para la felicidad
plena), si no sirven para eso,
no sirven para nada más que para
domesticar.
Pero, transformar la educación y
hacerla liberadora implica
también transformar los esquemas
injustos bajo los que funciona
la sociedad capitalista. El
materialismo, el consumismo sólo
produce desigualdad, y la
desigualdad exige el
planteamiento de posturas
pedagógicas coherentes con los
intereses de los que sufren.
La pedagogía tiene que
construirse de acuerdo a la
idiosincrasia de cada nación.
Lamentablemente no es posible
tampoco construir una pedagogía
liberadora sin reeducar a los
educadores.
Ninguna transformación es
posible sin esa Urgente
reeducación de los educadores. Y
tómese en cuenta que todos somos
educadores, recordemos a Freire:
"Nadie educa a nadie, nadie se
educa solo, nos educamos juntos
en comunión".
El urbanismo y la sociedad de
consumo han consumido a muchos
gremios con tendencia
revolucionaria, que han
abandonado su vocación de
servicio y de entrega
consecuente con los
desfavorecidos.
El afán por acumular riqueza
para sobrevivir en la
competencia de satisfacción de
necesidades falsas nos tiene a
todos en una inconciente actitud
de fortalecimiento del
individualismo. Fortaleciendo
premisas de un cada vez más
fuerte: "sálvese quien, pueda"
que se fortalece con la
destrucción de las familias que
cada vez son más disfuncionales
y que en el campo de la
formación de niños, niñas y
jóvenes pretenden que los
docentes en las escuelas,
colegios y universidades, hagan
lo que a los padres les
corresponde hacer en la casa.
La familia que debería ser la
"escuela de la más rica
humanidad" como lo planteaba
Juan Pablo II, pierde cada día
su rol.
En los países pobres la familia
desaparece con la emigración a
los países más desarrollados.
Los niños y las niñas están
quedando solos. A veces con
padres que por mantener el
estatus o nivel de consumo no
atienden su formación aun
estando en casa.
La tarea pedagógica se torna
desafiante con docentes y
familias absorbidos por los
vicios pequeño burgueses de la
sociedad de consumo y con
gobiernos que respondiendo a los
intereses del sistema
capitalista neoliberal ven en
esta situación el ambiente ideal
para sostener el sistema.
Para rematar, una especie de
teología de la prosperidad viene
a justificar en nombre de Dios
la pobreza y la injusticia,
sembrando la falsa esperanza de
la sumisión ante el estado
actual de las cosas, es el nuevo
estilo de la neocolonización a
partir de una propuesta
religiosa acomodada a los
intereses políticos y un espacio
más para que padres y docentes
trasladen su irresponsabilidad
en la formación de niños y
jóvenes.
Estamos retados entonces a hacer
una revolución educativa que
tendrá que ser desde la toma de
conciencia de cada uno en los
procesos de formación de la
niñez y la juventud.
Debemos retomar las propuestas
de una educación como práctica
de la libertad y reorientar el
rol del docente en la
perspectiva de "Servidores" de
los más pobres que son al final
para los que debe transformarse
la sociedad en la perspectiva de
la satisfacción de sus
necesidades.
Se nos exige entonces la
reflexión en torno a ¿qué
educación pública debemos
construir?. Sin duda una
educación con alta calidad
social que nos garantice educar
para la libertad, que implica
garantizar el respeto a los
derechos de los seres humanos
independientemente de su
condición social y económica.
Hay que construir una propuesta
educativa desde la perspectiva
de los más pobres,
incorporándonos en todos los
procesos que surjan y que
propicien un acercamiento a la
destrucción de las inequidades
en el sistema educativo y en la
sociedad en general.
Está entonces el desafío de
revisar las propuestas actuales
en el campo pedagógico
curricular y de políticas de
Estado para asegurarnos el
fortalecimiento de una pedagogía
para la libertad en la que la
apropiación del desarrollo
tecnológico y la producción de
riqueza a partir de cualquier
actividad económica o laboral
nos asegure mejores niveles de
vida a todos y a todas.
http://www.adital.com.br
http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?boletim=1&lang=ES&cod=37774
Gentileza:: Adital - Noticias
[agencia@adital.com.br]
paginadigital |