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Charles Darwin, su
pensamiento y una reflexión del
Dr. Adrián Paenza
¿Todo pasado fue mejor?
Adrián Paenza, celebrado
matemático, recoge, en su
experiencia de vida, las
conclusiones a las que llegó uno
de los científicos que cambió la
historia de la humanidad con su
teoría de la evolución y la
selección natural, Charles
Darwin, en su recorrida por
tierras del Plata. El estudioso
e incansable viajero inglés
advirtió la idiosincrasia de los
nativos, distinguiendo las
conductas de los hombres del
campo y de la ciudad.
Explícitamente destaca la
solidaridad y hombría de bien de
los primeros, en tanto los otros
dejan mucho que desear en sus
actuaciones. Como bien lo
expresa Paenza, siempre existe
la tentación de creer “que todo
tiempo pasado fue mejor”. Pero,
en este caso, se puede confirmar
que no siempre es así y que
nuestros males actuales, como
hombres cívicos, nos vienen
desde muy lejos. Remitámonos al
artículo y reflexionemos sobre
el tema.
Paenza: "... este siglo debería
estar marcado por haber logrado
una distribución más equitativa
de la riqueza material, pero
también de
la intelectual. Ése es el
desafío". En este apasionado
viaje por distintos lugares de
la vida, quiero recuperar un
texto del científico inglés
Charles Darwin, quien con su
teoría sobre la evolución y la
selección natural cambió la
historia de la humanidad para
siempre. Estuvo mucho tiempo en
la Argentina, desde 1831 a 1836
viajó como naturalista a bordo
de la nave inglesa 'H.M.S.
Beagle'. En realidad, formaba
parte de una expedición que
pretendía dar la vuelta al mundo
en barco. Después de leer el
texto que escribió en 1833, se
darán cuenta de que muchas de
las cosas que nos pasan a los
argentinos tienen un origen más
antiguo del que nosotros mismos
creemos. Siempre existe la
tentación de creer que todo
tiempo pasado fue mejor. Bien.
Puede ser que haya habido
momentos del pasado que fueran
mejores. Pero seguro que yo
también puedo mencionar momentos
actuales que son mejores que los
del pasado. En todo caso, lea el
comentario que hizo sobre los
argentinos en 1833. Y después,
lo invito a un minuto de
reflexión.
"Durante los últimos seis meses,
he tenido la oportunidad de
apreciar en algo la manera de
ser de los habitantes de estas
provincias [del Plata].
Los gauchos u hombres de campo
son muy superiores a los que
residen en las ciudades. El
gaucho es invariablemente muy
servicial, cortés y
hospitalario. No me he
encontrado con un solo ejemplo
de falta de cortesía u
hospitalidad. Es modesto, se
respeta y respeta al país, pero
es también un personaje con
energía y audacia.
La policía y la justicia son
completamente ineficientes. Si
un hombre comete un asesinato y
debe ser aprehendido, quizá
pueda ser encarcelado o incluso
fusilado; pero si es rico y
tiene amigos en los cuales
confiar, nada pasará.
Es curioso constatar que las
personas más respetables
invariablemente ayudan a escapar
a un asesino. Parecen creer que
el individuo cometió un delito
que afecta al gobierno y no a la
sociedad. (Un viajero no tiene
otra protección que sus armas, y
es el hábito constante de
llevarlas lo que principalmente
impide que haya más robos.)
Las clases más altas y educadas
que viven en las ciudades
cometen muchos otros crímenes,
pero carecen de las virtudes del
carácter del gaucho. Se trata de
personas sensuales y disolutas
que se mofan de toda religión y
practican las corrupciones más
groseras; su falta de principios
es completa. Teniendo la
oportunidad, no defraudar a un
amigo es considerado un acto de
debilidad; decir la verdad en
circunstancias en que convendría
haber mentido sería una infantil
simpleza. El concepto de honor
no se comprende; ni éste, ni
sentimientos generosos, resabios
de caballerosidad, lograron
sobrevivir el largo pasaje del
Atlántico.
Si hubiese leído estas opiniones
hace un año, me hubiese acusado
de intolerancia: ahora no lo
hago. Todo el que tiene una
buena oportunidad de juzgar
piensa lo mismo.
En la Sala de Buenos Aires no
creo que haya seis hombres cuya
honestidad y principios pudiesen
ser de confiar. Todo funcionario
público es sobornable. El jefe
de Correos vende moneda
falsificada. El gobernador y el
primer ministro saquean
abiertamente las arcas
públicas... No se puede esperar
justicia si hay oro de por
medio. Conozco un hombre (tenía
buenas razones para hacerlo) que
se presentó al juez y dijo: 'Le
doy doscientos pesos si arresta
a tal persona ilegalmente; mi
abogado me aconsejó dar este
paso'.
El juez sonrió en asentimiento y
agradeció; antes de la noche, el
hombre estaba preso. Con esta
extrema carencia de principios
entre los dirigentes, y con el
país plagado de funcionarios
violentos y mal pagos, tienen,
sin embargo, la esperanza de que
el gobierno democrático perdure.
En mi opinión, antes de muchos
años temblarán bajo la mano
férrea de algún dictador".
29 de noviembre al 4 de
diciembre de 1833. Los textos
son de Charles Darwin's Diary of
the Voyage of 'H.M.S. Beagle'.
Edited from the MS by Nora
Barlow, 1933, Cambridge
University Press, pp. 197-200.
Traducción Ciencia Hoy.
Ahora sigo yo: ¿no es
maravilloso encontrarse con
escritos de una persona que casi
dos siglos atrás describió lo
que nos pasa hoy? ¿Cuál fue
entonces el tiempo pasado en el
que todo fue mejor? ¿No era,
acaso, que la corrupción era
producto de la era de la
globalización y de fines del
siglo XX? ¿No era verdad que los
héroes vivían en esas épocas?
Obviamente, no creo tampoco que
todo tiempo pasado haya sido
peor. Sólo propongo no creer que
porque uno no lo vivió, fue
mejor. Algo así como que cuando
una persona se muere, pasa a ser
intachable e impoluta. Somos, ni
más ni menos, que un conjunto de
miserias y virtudes. En todo
caso, un promedio de ellas. A
algunas personas, la 'agujita'
les marca un poco más arriba. Y
a otras, más abajo. La gran
mayoría vive (vivimos) en un
término medio. Y sólo unos muy
privilegiados o depravados
tienen la posibilidad de
escaparse de la media, tanto sea
por la mayor excelencia o por la
perversión de sus actos.
Somos, en todo caso, humanos. Y
peleamos por una sociedad mejor,
más generosa, solidaria y con
una mejor repartición de la
riqueza. Ese sería un buen paso.
Más allá de la revolución
científica, este siglo debería
estar marcado por haber logrado
una distribución más equitativa
de la riqueza material, pero
también de la intelectual.
Ése es el desafío.
Extracto de una nota publicada
en Ciencia Hoy, Volumen 6, Nº
31.
Revista de Divulgación
Científica y Tecnológica de la
Asociación Ciencia Hoy.
Adrián Paenza / Licenciado y
Doctor en Ciencias Matemáticas
Facultad de Ciencias Exactas y
Naturales UBA.
http://www.elarcadigital.com.ar
http://www.elarcadigital.com.ar/modules/suplementos/articulo.php?id=93
Gentileza:: ead / El Arca
Digital
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