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Reflexión sobre el sistema
educativo
Jesús
Salamanca Alonso
Estado Español.- A
nadie le sorprende que exista
una baja capacidad del alumnado
español que cursa secundaria,
sobre todo a la hora de llevar a
cabo lecturas digitales,
analizar e interpretar gráficos
y realizar esos mismos con datos
a la vista. En los tiempos de
las nuevas tecnologías es
inconcebible tener claras las
competencias educativas que han
de impartirse al alumnado y éste
debe responder a las exigencias
de ellas. Pero, además, el
profesorado precisa una
formación inicial que haga
posible lo indicado.
No se entiende que comunidades
autónomas como Castilla y León
hayan desmontado la red de
formación del profesorado que
suponían los CFIES. La directora
general que llevó a cabo tal
estupidez estará eternamente en
deuda con el sistema educativo y
con la formación del profesorado
en Castilla y en León, además de
que debió ser 'arrojada' a las
tinieblas de la incompetencia y
la mediocridad. Hoy, el
desaguisado de los centros de
formación se ha convertido en
nidos de nombramientos de libre
designación para afines al
Partido Popular y favores
personales. Además, se ha
demostrado que no sirven para
nada, porque no atienden las
necesidades del profesorado y
mucho menos las de los centros
educativos.
Actualmente se están
despreciando las necesidades de
formación pedagógica debido al
diseño -deficiente, mal enfocado
y peor estructurado - de lo que
conocemos como máster en
secundaria, así como al abusar
del excesivo conservadurismo de
los contenidos en la carrera de
Magisterio. Hace poco escuchaba
a un técnico del sindicato de
profesores más preparado y digno
del ámbito docente (ANPE) que
"la formación inicial debe
preparar a las nuevas
generaciones de docentes para la
realidad de las aulas y para los
requerimientos de una sociedad
tecnológica". Bolonia está ahí
y, hasta el momento, el
profesorado universitario no ve
luz al final del túnel, por lo
que sigue dando bandazos y palos
de ciego, a la vez que mutila la
espesa hojarasca del proyecto.
Nadie duda que Bolonia sea
política y no formación
integral. Los métodos didácticos
requieren una actualización
permanente para adaptarse a los
tiempos, a las formas y a las
exigencias. El profesorado es
consciente que la dotación de
material no implica
necesariamente calidad, por sí
misma. Aunque los informes PISA
tienen cada vez menos
credibilidad, está demostrado
que los países donde mejor
funcionan los sistemas
educativos invierten en el cómo
y no en el qué. A ello se une
que la implicación de los padres
supone un plus de calidad
realista e importante.
En España la educación no está
de moda. Y prueba de ello es
que, a pesar de la escasa
credibilidad de los informes
PISA, los datos se interpretan
de forma sesgada e interesada,
en vez de hacerlo de forma
global. Interpretar por
comunidades, por ejemplo, los
datos del último informe PISA
supone una clara mediocridad y
un mal ejemplo de futuro, además
de una muestra más de la
insolidaridad que supone la
España de las autonomías. Por
cierto un mal ejemplo que ya
crea el propio sistema educativo
español, sobre todo desde que en
1990 se aprobó la LOGSE; una ley
que iguala a todos por abajo y
que defendía un falso
igualitarismo social y
decimonónico.
Hoy la gran apuesta de los
sistemas educativos debe ser el
profesorado. Y precisamente la
motivación no debe ser el país
que ha barrido en el estudio
PISA 2009 (Shangai), sino países
como Portugal, cuyos datos dicen
que ha sido el país que más ha
mejorado en términos generales.
¿Por qué? Pues porque ha
apostado fuerte por la formación
del profesorado, la evaluación,
un clarificador marco jurídico y
por otra serie de medidas que
han hecho posible que los
mejores y más preparados
apuesten por la docencia y la
formación. Mejor no mirar a
Finlandia, porque entonces
comprobaríamos lo contrario de
lo que sucede en España: además
de un profesorado muy bien
pagado, éste no soporta la
represión de áreas de inspección
trasnochadas y especialistas en
crear problemas en los centros
educativos, el profesorado suele
estar muy bien considerado
socialmente y es la auténtica
clave del sistema educativo.
La clave está en trabajar con
realismo y dejar que sea el
profesorado el protagonista de
su propia formación para seguir
siendo el principal pilar del
sistema educativo. En muchas
provincias, las áreas y/o
servicios de inspección han
hecho demasiado daño. Por eso,
como decía un maestro de
maestros, no hay peor cosa que
dejar la educación en manos de
los pedagogos de despacho. Decía
Voltaire que los ejemplos
corrigen mucho mejor que las
reprimendas.
Gentileza:: Jesús Salamanca
Alonso
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