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Justicia a la carta
Raúl
Wiener
A Lori Berenson le han hecho
arrepentirse dos veces, una por
escrito y otra ante la sala
penal, de los actos que se
supone intentó hacer pero
fracasó porque fue detenida
cuando todavía era un plan. Lo
que se decía cuando salió de
prisión era que no eran
suficientes casi 15 años de
carcelería porque no había
pedido perdón. Bueno, pidió
perdón, y la conclusión ha sido,
según ministros y congresistas,
que no está probado que sea
sincera. ¿Y cómo se prueba eso?
Si es cierto que a Berenson le
dieron la semilibertad como un
presente para Obama y el Partido
Demócrata, antes del viaje de
García a los Estados Unidos,
separando su caso del de otros
que tenían igual derecho; habría
que convenir que ahora la
devuelven a prisión con un
pretexto burocrático, para
satisfacer a una opinión pública
previamente trabajada con el
cuento del rebrote terrorista y
del fujimorismo que nos salvó
con sus leyes fuertes y sus
atropellos a los derechos
humanos.
Lo que se está diciendo es que
no se puede creer en los jueces
y que nada vale cualquier
esfuerzo de rehabilitación del
prisionero: buena conducta y
trabajo en la prisión; informe
de los peritos; o la esforzada
discreción luego de volver a la
calle, a pesar del escándalo
promovido por los medios; y que
todo no es sino un juego de
política en el que Berenson
puede ser una pelota de fútbol
pateada en varias direcciones,
como ella misma dice, pero el
resto resultamos espectadores de
nuestra propia manipulación.
En otras palabras que el sistema
político actual se justifica
porque hay que ganar eternamente
batallas al terrorismo (con y
sin comillas), lo que conduce a
sainetes como el de la anulación
de beneficios penales, la
devolución a prisión de quién no
es una amenaza, la bulla sobre
los ex prisioneros que quieren
participar en la vida legal (¿no
es esa una forma de
arrepentimiento práctico?) y
muchas otras que nos mantienen
en ritmo antiterrorista, 18 años
después de la captura de Abimael
Guzmán.
Esto no es ni siquiera la
justicia vengativa, que unos
reclaman y otros condenan, sino
una justicia a la carta, de
acuerdo a las necesidades de la
coyuntura. Que las consecuencias
de eso lo paguen los padres de
Berenson, su hijo y la propia
procesada a la que han querido
humillar de mil maneras, es sin
duda lo menos importante, como
dice Lourdes Alcorta, sino el
tipo de sociedad y de política
que estamos construyendo.
www.rwiener.blogspot.com
Gentileza:: Raúl Wiener
[raulwiener@yahoo.com.ar]
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