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Las acusaciones contra el
directivo de Wikileaks
Ernesto
Tamara
Barómetro Internacional
El pasado viernes a las
21.20 horas, la fiscal Maria
Häljebo dictó una orden de
aprehensión en ausencia contra
Julian Assange, la cara visible
del sitio de internet Wikileaks,
y el sábado por la tarde la jefe
de fiscales, Eva Finné, dejó sin
efecto la medida, aunque aclaró
que se seguía investigando al
sospechoso por "acoso sexual".
La acusación inicial fue muy
diferente al modo en que
generalmente se realizan estas
acusaciones, se dio amplia
publicidad a la denuncia se
entregó a la prensa el nombre
del acusado, además, en el
documento de la acusación se
establecía el mayor grado de
sospecha, cuando la policía
parece haber asegurado alguna
prueba. La denuncia repercutió
inmediatamente en toda la prensa
del mundo y la retirada de la
orden de detención llegó mucho
después que los titulares de
todos los noticiosos habían dado
amplia cobertura el caso. Por
supuesto que la retirada de la
orden no llegó con igual
velocidad a todos los medios.
Según la prensa sueca, ya el
sábado, en el buscador google,
la noticia de la orden de
captura había superado el millón
de visitas.
Wikileaks se ha dado a conocer
al rebelar información
clasificada de Estados Unidos,
especialmente documentos, videos
y fotografías sobre la guerra en
Irak y Afganistán. Recientemente
reveló parte de miles de
documentos sobre la guerra en
Afganistán, y tiene previsto
publicar otros 15.000 documentos
que había reservado para
eliminar nombres o elementos que
pudieran comprometer la
seguridad de funcionarios. La
revelación de los documentos
sobre Afganistán provocó el
enojo de la Casa Blanca y del
Pentágano, que prácticamente
acusaron de traidor y de poner
en peligro vidas norteamericanas
con esa divulgación. El
Pentágono inició además una
campaña para tratar de impedir
la publicación de los nuevos
documentos.
Esta amenaza había sido
realizada antes, en ocasión de
otras publicaciones, por ejemplo
el video donde se muestra a un
helicóptero disparando sobre
civiles en una plaza en Irak,
por lo que Wikileaks comenzó a
utilizar servidores en Suecia
para evitar una confiscación de
los mismos.
Una rápida acusación
Dos mujeres de diferentes
ciudades, según la policía,
efectuaron denuncias contra
Julian Assange, la cara visible
de Wikileaks. Una de ellas,
residente en Estocolmo, confesó
después a un diario capitalino,
se presentó a la policía no para
hacer ninguna denuncia, y
sostuvo que en la conversación
con la policía aceptó que tuvo
sexo consentido con Assange,
pero dijo que después se sintió
acosada. Según sus palabras, la
policía forzó la declaración y
ellos mismos efectuaron la
denuncia. Otra mujer de Enköping
habría sido la que denunció la
violación. Sin embargo, al
retirar la orden de detención,
la fiscalía descarta esa
denuncia, y asegura que se
mantiene la investigación por
acoso sexual.
El ex fiscal y conocido
panelista en programas de debate
de la televisión sueca, Sven-Erik
Alhem, sostuvo en una entrevista
en el diario Dagens Nyheter, que
la fiscalía tiene mucho que
aclarar a Suecia y el mundo
sobre su proceder.
Alhem apunta a que la primera
orden de la fiscalía sostiene
que existe sospecha muy fuerte
sobre la acusación de violación,
y horas, después, sin que
hubiera pasado nada en ese
tiempo, descarta esa denuncia.
También indica como extraño el
accionar de la fiscalía al
publicar la orden de captura
"con bombos y platillos",
especialmente cuando es ausencia
del sospechoso, lo que permite
que evada la policía.
"Cuando este tipo de cosas
sucede, y donde está involucrada
un persona famosa en todo un
mundo, se necesita un fiscal que
explique y enderece esos signos
de interrogación" en el proceder
de la Fiscalía, sostuvo Sven-Erik
Alhem, que ahora es presidente
de la Asociación Víctimas del
Crimen.
Por otra parte la Fiscalía dio
una debil explicación sobre el
retiro de la acusación. En su
sitio en internet, apenas dijo
que había otros elementos para
modificar la denuncia inicial, y
sólo eludió la responsabilidad
en la divulgación del nombre del
sospechoso. Según la nota
oficial, "normalmente la
Fiscalía no revela públicamente
los nombres de los sospechosos y
no tomó la iniciativa de darlo a
conocer. La información sobre la
denuncia llegó a una redacción
de noticias -de una forma que
las autoridades no conocen-. La
Fiscalía sólo confirmó la
información".
Una justicia muy pro
norteamericana
El proceder de la fiscalía
volvió a cuestionar la
independencia de la justicia
sueca, especialmente cuando las
acusaciones provienen de
organismos norteamericanos. Más
allá de la inocencia o
culpabilidad de Assange en la
denuncia que se mantiene -de
acoso sexual- es evidente que la
Fiscalía actuó de manera
irresponsable y con el ánimo de
dar la mayor publicidad posible
a la acusación.
Para muchos ciudadanos del
mundo, que no le llegará la
noticia completa, la cara
visible de Wikileaks es un
posible violador, y que cometió
el crimen en el país que le dio
cobijo para publicar y reservar
sus fuentes. Cuando en los
próximos días, Wikileaks
publique los 15.000 documentos
sobre Afganistán como había
anunciado, irán acompañados de
sospecha y desprestigio. Quizás
ese haya sido el objetivo de la
divulgación apresurada de la
denuncia, y quizás de todo el
proceso.
No sería la primera vez que la
justicia sueca actúa
apresuradamente y obviando leyes
locales, cuando la acusación
proviene de Estados Unidos.
Durante la administración de
George Bush, y aún bajo el
gobierno socialdemócrata en
Suecia, la fiscalía aceptó las
acusaciones de "terrorismo"
contra residentes en Suecia.
Debido a ello cerró una oficina
de cambio de un ciudadano
etiopíe, aunque años después no
pudo probar la acusación de
terrorismo. Lo mismo suecedió
con una organización palestina
que recaba dinero y materiales
para enviar a Gaza, también bajo
la acusación proveniente de
Estados Unidos de que el dinero
financiaba actividades de Hamas.
También aceptó detener un
entregar a agentes de la CIA, en
uno de los ya famosos vuelos
secretos de traslado de
prisioneros, a dos egipcios
detenidos en el país. La policía
sueca entregó los detenidos a
agentes de la CIA en el
aeropuerto de Estocolmo para que
fueran trasladados a Egipto, un
país donde casi no hay
extradición desde Suecia por la
posibilidad de que sean
torturados. La ley sueca prohibe
las deportaciones a países donde
exista el riesgo de torturas.
Este caso de Assange puede estar
también en la misma línea de
"obediencia" a Washington. En
declaraciones al diario
sensacionalista Aftonbladet, la
figura visible de Wikileaks dijo
que había sido advertido de que
el Pentágono podía iniciar una
campaña de desprestigio, incluso
denuncias sexuales. Assange dijo
desconocer quienes eran las
denunciantes, y aseguró que "lo
que puedo decir es que nunca, ya
sea en Suecia o en cualquier
otro país, he mantenido
relaciones sexuales que no sean
mutuamente consentidas".
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Director: Diego Olivera
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