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Chile: Sub terra
Álvaro
Cuadra
ALAI AMLATINA
A nadie con un mínimo de
sensibilidad deja indiferente la
épica lucha por la vida que han
protagonizado la treintena de
mineros atrapados en los túneles
de la mina San José. A nadie
puede dejar de conmover la
supervivencia, después de tantos
días de angustia, de este equipo
de esforzados compatriotas. De
algún modo, aquellos oscuros
túneles evocan los célebres
cuadros mineros pintados en
1904 por Baldomero Lillo en Sub
terra. Estamos, qué duda cabe,
ante un acontecimiento notable
que pone en evidencia lo mejor
de los trabajadores chilenos.
En éste, el siglo de la Híper
Industria Cultural, ya no
corresponde a los novelistas ni
cronistas dar cuenta de hechos
de esta magnitud, tal tarea
recae, fundamentalmente, en la
televisión. Es ella la encargada
de articular el relato épico de
estos héroes del trabajo minero,
y lo hace del único modo que
conoce: el montaje audiovisual
al servicio de un formato que
mezcla lo informativo con el
Entertainment. Así, gracias a
sofisticados artilugios
tecnológicos, se nos ofrece en
los noticieros los rostros de
este puñado de valientes,
todavía cautivo en las entrañas
del mineral.
La lógica televisiva convierte
de este modo un accidente del
trabajo en espectáculo de masas.
Un evento con connotaciones
trágicas se ha convertido en un
capital simbólico, del cual
muchos reclaman su tajada.
Como moscas sobre un pastel,
desfilan personajes de la más
diversa índole, desde un adusto
ministro que ve crecer su
popularidad hasta el más díscolo
filántropo mediático que no
pierde oportunidad de hacer
pública sus donaciones. Todo
ello sazonado, por cierto, con
una buena dosis de emotividad.
Desde un punto de vista humano,
insistamos, todo lo acontecido
conmueve al país entero y sólo
cabe esperar que todos los
esfuerzos desplegados lleguen a
buen término lo antes posible.
No obstante, hay cuestiones de
fondo que no se pueden soslayar.
Por de pronto, hagamos notar que
los mineros atrapados son
víctimas de condiciones de
trabajo que ponen en riesgo sus
propias vidas, poniendo de
manifiesto la precariedad de las
leyes laborales y, muchas veces,
la negligencia de algunas
empresas, una situación que más
allá de este caso puntual aqueja
a muchos trabajadores chilenos.
En rigor, no es una metáfora
señalar que en Chile hay
millones de trabajadores
atrapados en los túneles de
salarios indignos y pésimas
condiciones laborales, cuando no
en la cesantía. Es de lamentar
que las cámaras de televisión no
sean tan solícitas para mostrar,
precisamente, los rostros de los
pobres cuando adquieren la
fisonomía de mapuches,
campesinos, obreros y cesantes.
Han pasado más de cien años
desde que Baldomero Lillo nos
legara sus tristes cuadros
mineros, mas sus palabras
taciturnas parecen no perder
vigencia entre nosotros.
¡Cuántas veces en esos instantes
de recogimiento había pensado,
sin acertar a explicárselo, en
el por qué de aquellas odiosas
desigualdades humanas que
condenaba a los pobres, al mayor
número, a sudar sangre para
sostener el fausto de la inútil
existencia de unos pocos! ¡Y si
tan sólo se pudiera vivir sin
aquella perpetua zozobra por la
suerte de los seres queridos,
cuyas vidas eran el precio,
tantas veces pagado, del pan de
cada día!
- Álvaro Cuadra es Investigador
y docente de la Escuela
Latinoamericana
de Postgrados. ELAP. Universidad
ARCIS
Agencia Latinoamericana de
Información
info@alainet.org
Gentileza:: ALAI-AmLatina
[alai-amlatina@alai.info]
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