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Reelección del uribismo sin
Uribe
Fernando
Dorado
ALAI AMLATINA
A menos de 100 días de las
elecciones para presidente de la
República en Colombia, la
decisión de la Corte
Constitucional de declarar
inexequible el referendo
reeleccionista (no va), ha sido
un acontecimiento importante
para la política colombiana.
No creo que histórico, pero sí
importante.
Quienes hacían fuerza para que
el referendo no pasara el
control constitucional
planteaban que Uribe tenía todos
los medios para obtener la
mayoría de los 7 millones de
votos necesarios para reelegirse
por segunda vez (tercer mandato
consecutivo) en un eventual
referendo.
Los programas subsidiados (cerca
de 3 millones de familias), el
fuerte control de la nómina del
Estado (más de 500 mil de
familias), la población
vinculada a las fuerzas armadas
(policía, ejército, inteligencia
formal e informal) y los
sectores altamente
influenciables por su política
de miedo frente a las
artificialmente agrandadas
"amenazas terroristas"
(guerrilla y el bolivarianismo
chavista), le daban una alta
probabilidad de triunfo.
Desde otra perspectiva alguien
podría decir que la Corte
Constitucional salvó al uribismo
de una derrota en las urnas. Que
ese ejercicio electoral hubiera
podido ser una batalla decisiva
en la tarea de desmontar ese
proyecto narco-fascista que
todavía se cierne sobre nuestro
país. Que el presidente venía
mermado en su capacidad de
control y que su imagen estaba
siendo fuertemente afectada por
los escándalos de corrupción y
por su errada política en salud.
En fin, hay argumentos.
La caída del referendo
reeleccionista obliga a Uribe a
diseñar una estrategia segura
para endosarle ese poder a un
sucesor-encubridor.
Desde la perspectiva del imperio
y del bloque oligárquico
dominante el problema consiste
en cómo impedir que en Colombia
accedan al poder político
(gobierno) las fuerzas proclives
a marchar por el camino de la
2ª independencia que es
transitado por la mayoría de
países de Latinoamérica y el
Caribe. Uribe, para ellos, sólo
es un accidente menor; la
defensa de sus intereses
estratégicos es lo fundamental.
El panorama electoral podría
resumirse así: el sucesor
señalado por Uribe es Juan
Manuel Santos (liberal uribista
presidente del partido de la
"U"). Germán Vargas Lleras
(liberal disidente a la cabeza
de Cambio Radical), el más
derechista y neoliberal de los
candidatos se postula como el
consecuente continuador de la
política uribista. Nohemí Sanín
(conservadora uribista), está en
la misma postura, haciéndole
pequeños acomodos a la política
social. Rafael Pardo (liberal)
rechaza tibiamente algunos
aspectos de la política
autoritaria de Uribe pero en lo
económico es absolutamente
neoliberal. Sergio Fajardo
(ex-alcalde de Medellín, sin
partido, recogió firmas para
inscribirse) se destaca por su
indefinición programática: su
frase "ni uribista ni anti-uribista"
ya no le va servir. Los
"trillizos" (partido verde con
tres ex–alcaldes de Bogotá como
candidatos: Mockus, Peñalosa y
"Lucho" Garzón), están dedicados
a perfeccionar aspectos
secundarios del ejercicio de la
política en medio de una mezcla
de posturas ideológicas de
difícil cocción. Gustavo Petro
(Polo Democrático Alternativo)
representa a la izquierda
democrática.
Decíamos en anterior artículo
que esa dispersión le sirve al
establecimiento oligárquico
mafioso y a los intereses
imperiales. Se corre el peligro
de que en la primera vuelta
presidencial Santos y Nohemí
Sanín o Vargas Lleras obtengan
los dos primeros lugares,
quedando sólo la opción del voto
en blanco para la segunda vuelta
para los que aspiran a un cambio
en nuestro país. Sería una
desgracia monumental.
Las elecciones parlamentarias y
las consultas internas del
Partido Conservador y Verde
Opción Centro (14 de marzo), en
lo inmediato, se convierten en
referentes importantes para
consolidar posiciones. El
uribismo pretende obtener las
mayorías parlamentarias. Tiene
los recursos del Estado, de la
mafia y de los grandes
empresarios. Los demás partidos,
a excepción del conservador, se
juegan sus restos en forma
dispersa, sin coherencia y sin
estrategia.
El partido conservador va a
salir fortalecido de ese
ejercicio de consulta interna.
Le sirve para posicionar su
candidato - que va a ser Nohemí
-, y para obtener importantes
resultados para el congreso.
Para los "trillizos" será una
prueba de fuego. "Lucho" será el
ganador pero habrá que ver con
qué cifras. Van a continuar con
esa aventura suicida si obtienen
un número de votos similar a los
obtenidos por el Polo en su
consulta del pasado septiembre
(27.09.09), que fue de 450.000
votos. Si no lo consiguen,
tendrán que llegar a acuerdos
con Fajardo o con Petro, y allí
se acaba su proyecto político.
No la tienen fácil.
En el Polo las elecciones
parlamentarias tienen un doble
juego. Primero, revalidar el
apoyo a la propuesta que
encabeza Gustavo Petro que exige
– por lo menos – mantener el
mismo número de parlamentarios.
En lo interno se juegan cuatro
fuerzas: la izquierda
tradicional representada por
Robledo, Gloria Ramírez,
Avellaneda y otros candidatos
menores; los
burócratas-liberales - los
denomino "anapo-samperistas" -
representados por Iván Moreno,
Jaime Dussán, y muchos otros
candidatos patrocinados por la
"Casa Moreno"; la
socialdemocracia, mermada sin
sus figuras Lucho y Petro, están
representados por Jorge Guevara,
Marcelo Torres, Parmenio Cuéllar
y Mauricio Ospina, y las fuerzas
renovadoras encabezadas por
Camilo Romero, joven candidato
de "Vamos Independientes", quien
en algunas regiones avanza en
forma sorprendente.[1]
Los hermanos Moreno (Samuel,
actual alcalde de Bogotá y su
hermano Iván) desean
fervientemente obtener la mayor
votación dentro del Polo para
posicionarse frente a cualquier
gobierno que sea elegido. Su
ambición es la presidencia del
2014, y aspiran a proyectarse
hacia allí de la única manera
que saben hacerlo: el
clientelismo político. Si logran
colocarse a la cabeza del Polo
estarán dispuestos a negociar
varios ministerios con el
próximo gobierno. Cualquiera que
sea. Derrotar esa "corriente" y
práctica política es la
principal tarea de quienes vemos
en el Polo una herramienta de
cambio.
A este sector que pretende
revivir el "rojas-pinillismo"[2]
no le interesa para nada el
futuro de Petro. Aspiran a
"quemarlo" porque puede ser su
mayor obstáculo en el 2014. Por
ello el candidato del Polo debe
saber que su principal potencial
debe ser explorado directamente
entre los amplios sectores
populares y de clases medias que
no participan – por ahora – en
el "carnaval electoral". La
claridad de su propuesta y las
formas creativas de llegarle al
pueblo, serán sus principales
herramientas. Tampoco la tiene
fácil.
Notas
[1] http://www.facebook.com/video/video.php?v=340155692816&ref=
[2] Gustavo Rojas Pinilla fue un
coronel dictador entre 1953 y
1957.
Creó la Alianza Nacional Popular
de corte conservador-populista.
Ganó en las elecciones de 1970.
Mediante el fraude se desconoció
su triunfo lo que dio origen a
la aparición del M-19.
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