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Nos duele Chile
Carlos
Toranzo Roca
Estamos tan cerca, con tanta
frontera común, con mucho pasado
compartido, con profundas
comunidades culturales, por eso
sentimos que lo que les pasó a
nuestros hermanos chilenos es
algo desgarrador que nos llega
al alma. Cada vida perdida, cada
casa caída, cada familia
destrozada, cada historia
personal truncada, nos duele
mucho, nos toca las fibras más
profundas y nos genera una
profunda desazón. Ese Chile que
recibió a mi padre en el exilio,
ese Chile que nos recibió en
otro exilio a nosotros, a mi
esposa y mi hija, ese país en el
cual estudié y trabajé, esa
nación que me dio dos hermanas,
es algo entrañable para mi, para
nosotros, por eso es que nos
duele tanto y tanto que la
historia y la naturaleza le
hayan jugado esa mala pasada. Es
ahí donde aprendí que es un
temblor, qué es un terremoto,
ahí aprendí la solidaridad de la
gente, de esos sectores
populares, de los rotos, que
aunque tengan poco, saben
compartir. Ahí también aprendí
que los de otros sectores
también son solidarios a la hora
de la tragedia. Es que los
golpes de la naturaleza les ha
enseñado a los chilenos la
necesidad de compartir,
inclusive en estos tiempos en
que se desarrollan culturas que
profundizan el individualismo.
Es cierto lo que se vio en la
televisión, que hubo saqueos,
que hubo vandalismo, pero
simultáneamente, pasado el
primer shock, más fuerte que el
vandalismo fue la solidaridad,
las acciones heroicas de muchos
chilenos y chilenas para salvar
o ayudar a otros. La sociedad
chilena instintivamente
reaccionó tendiendo a generar
solidaridad, quizás su reacción
fue más rápida y más extensa,
-especialmente en los pueblos
pequeños de la costa-, que la de
un Estado que se vio sorprendido
y rebasado por la extensión del
daño. Las lágrimas de la
Presidenta Bachelet son
expresivas de la profundidad de
la tragedia.
Veo a la gente chilena con
dolor, con un shock que no
termina porque la naturaleza va
dando alarmas cotidianas. Cada
réplica es un golpe a la
memoria, es un impulso para
revivir la tragedia, para
recordar los nervios y el dolor.
¿cuándo la naturaleza se
compadecerá y se tranquilizará
para dar paz a los chilenos?
Pero, desde la tragedia veo,
firmeza en cada chileno a quien
se le preguntan cómo esta, pues
ellos responden que están bien,
que les basta tener vida para
arañar el futuro. Esa gente
vapuleada nos dice que lo
material es importante, pero que
no lo es todo, -lección de
vida-, nos dicen que
efectivamente perdieron sus
bienes materiales, incluidas su
casas, pero expresan que sabrán
rehacerse, que lucharán por
salir adelante. Admiro la
entereza de esa gente que tiene
un nudo en la garganta, pero que
no entra en coro plañidero para
llorar lo perdido, sino que más
bien se aferra a la vida y a
pelear la reconstrucción de su
futuro, abriendo espacio al
derecho a la sonrisa. Admiro
esas actitudes, valoro esa
valentía en la reacción ante la
tragedia, admiro ese optimismo
que nace de las entrañas de los
chilenos que están acostumbrados
a ser golpeados por la
naturaleza, pero que también
están acostumbrados a
levantarse. Hermanos chilenos,
estamos con ustedes.
Carlos Toranzo Roca, analista
boliviano.
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