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PREPARATIVOS DE 2009
 
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El amasijo
(Donde se habla de cómo llegó al pueblo un año más)
Por: John Argerich
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La movida empezó
de familia Rigoletto. Fanáticos para cualquier celebración, que no se hacen
repetir una buena convocatoria al morfichupi. Primero, celebraron el resultado
de las elecciones, tirando la casa por la ventana. ¡Arriba, Cristina! Después,
el derrumbe de River Plate, porque son xeneixes desde el jopo hasta los
callos.
Por fin, celebraron la llegada de un morocho simpaticón a la Casa Blanca. Y
ojalá no se hayan equivocado, porque a pesar de algunas rarezas, son gente de
calidad. Así que cuando llegó fin de año, estaban ansiosos por tirar los
cohetes, chupar la sidra, y morfar. Morfar, no. Morfar, morfar, morfar, morfar,
y morfar, dije. Que entre nosotros eso es parte sine-qua-non de cualquier
festejo, como dice el cura en la parroquia del pueblo. San Sebastián y Santa
Inés, le pusieron, en homenaje a dos santones que no tienen nada que ver uno
con el otro, pero que estaban disponibles en la lista, y había que elegir uno,
faltando tiempo para estudiar sus méritos. O sea, cuando don Segundo Truchi,
cura vitalicio del pueblo, impartió la bendición en presencia del obispo y del
embajador de Italia. Hace mucho tiempo de eso, y los detalles de la fiesta
fueron cayendo en el olvido. Pero uno de ellos pudo afrontar el embate de los
años. El menú que prepararon los Rigoletto, convirtiendo su cocina en otra
leyenda nacional.
-Hablá con doña Anunciata, si querés que esta fiesta sea un impecable ambigú,
a nivel de morfi -decían las viejas.
Así que cuando empezaba noviembre de 2008 la gente empezó a hacer sus planes
para el 31/12 en ciernes. No hace falta entrar en grandes detalles para que
Vd. se lo imagine: Un asedio implacable contra la vesícula, el hígado, y otras
partes fisiológicas que se dedican al sabotaje de la persona. Porque otra
función no tienen. Nunca le oímos decir a nadie “¡Qué buen estómago debe tener
el Cacho, para haber salido primero de la clase” Tampoco “¡Felicitaciones por
tu páncreas, que te ha hecho ganar esa beca, Juan!” Y hete aquí que en su afán
de tener mundo, la gente manifiesta su solidaridad mediante un vocabulario sin
la menor sustentación científica:
-¡Aprobaste la reválida, Pepito...!¡Qué culo que tenés!
Pero la verdad de la milanesa es que una verborragia así puede dar origen a
dudas de distinto calibre. Como si la orientación sexual del dicente recibe el
“nihil obstat”, o nos hallamos frente a un innovador. Que el estado pontificio
no acepta medias tintas. Blanco o negro, serás. Otro color no hay. Y el gran
inquisidor que tienen sentado en el sillón de Pedro, organizaría con gusto un
asadito semanal, poniendo en la pira a cuanto sospechoso cruce la frontera del
Vaticano. No es preciso ir a vender condones por la Plaza de San Pedro para
caer en desgracia, que eso sería estirar la cuerda demasiado. El largo brazo
de la justicia agarra primero a los hombres de pelo teñido. Sin ser ésa la
única pauta identificatoria del indeseable. La ropa color rosado, se considera
también un quemo. Y empolvarse la cara mientras esperás el bondi, una ofensa
pública de marca mayor. Rigidez impuesta por un guru que, a falta de mejor
nomenclatura, llamaremos don Benito, porque nombre Benedicto en castellano no
lo hay.
Distinto es el caso de las almas femeninas, en cuyo caso las alabanzas al
trasero revelan que el observador es un tipo de hormonas bien equilibradas, y
por ende, candidato a la santidad. Aunque sea cura, digo yo, si acompaña sus
dichos con cautos ademanes, y hace el comentario sottovoce. Como en los
seminarios.
-¡Qué culo tiene esa tía, por el amor de Dios!
Pero so pena de irnos por la variante volvamos a la familia Rigoletto. Cuando
en los altos cículos del pueblo oyeron mencionar un morfichupi de año nuevo,
ellos no pudieron con los genes que llevan metidos adentro de sus espirales de
ADN.
-¡Empecemos con almuerzo, y terminemos con desayuno! -sugirió, ansiosa de
gloria doña Anunciata.
Porque, mujer dotada de un formidable sentido práctico, ella siempre supo la
verdad. No había nacido para llegar a santa, como insistía al confesarla el
padre Truchi, sino para algo mucho más concreto. Destacarse en la
cocina...¡Otra gloria en ciernes! Una orientación vocacional bastante más a
tiro con la realidad. ¿Vd. cree acaso que el Libro de doña Petrona se vende
menos que la Biblia? Algunos dicen que sí, pero las cosas nunca son tan
simples como parecen. Lo importante no es cuántos libros se venden, sino
cuantos libros se leen. Por ejemplo, Vd. empieza con esa historia del Génesis.
Que Dios separó la luz de las tiniebas cuando todavía no había creado el Sol ,
para que hubiera luz. O que después de trabajar seis días se tiró a chanta,
extenuado por el esfuerzo. ¡Lindo ejemplo para cualquiera que se banque sin
pestañar una jornada laboral de 8 a 12 y de 14 a 18, más horas extra para que
el sueldo alcance! O sea que después de la página 1 ya no soportás más tantas
macanas, y tirás el broli a la basura, o lo ponés en el fondo de un armario. A
la sombra, como se suele decir.
-¿Y “El libro de doña Petrona”?
-Ese es un multiplot.
La opinión no tenía pérdida. Cada página te trae un nuevo desafío. Que
tortitas, que panqueques, que veinte tipos de consomé. Asados tipo Argentina,
dulce de batata, dulce de membrillo, dulce de leche, pasteles, milanesas, qué
sé yo. Las páginas se gastan de darlas vuelta, el papel termina manchado de
aceite, los cantos acusando el desgaste de muchas lecturas. Pero el bendito
broli sigue tan firme como la roca de Gibraltar, con descansos solamente por
causa de enfermedad de la cocinera, o algún régimen para bajar de peso. De
ésos que te hacen correr la coneja delirando por un sánguche de chorizo cuando
ser gordito es tu estado natural. Para perder la lid como en la guerra al
tomarte el pire. ¡Dale, che! ¡Batíla ahora, si conocés a alguno que tenga una
biblia gastada en su casa, de tanto rezar!¡Batíla, nomás!
Y entre dímes y dirétes, el día “D” se fue acercando.
-Yo creo que van a venir quinientas personas -dijo el presidente del club
social.
-¿No te parece mucho? ¡Mirá que para tanta gente, vamos a necesitar por lo
menos veinte asadores y quince mesas!
-Los asadores se arreglan con diez ladrillos cada uno, y varillas de hierro
soldadas de a cinco o seis. Ladrillos hay en la municipalidad, y el resto sale
chirolas, porque si lo manejás bien, te hacen descuento.
-¿Y dónde metemos el equipo, después de celebrar?
-Hacemos una rifa, y se lo vendemos a los mismos comensales.
-¿Y las mesas, che?
-Eso es más difícil. Una posibilidad es alquilarlas en Buenos Aires, pero
cuesta plata. La otra es requisárcelas a los seis bares que tiene el pueblo,
con amenaza de inspección. Si nos prestan las mesas, ese día podrán atender en
la barra, a los clientes de parado. Caso contrario, les clausuramos el local
por deficiencias comprobadas en la inspección sanitaria. Y entonces, ni
sentados, ni parados. Les conviene ponerse de acuerdo con nosotros, que la
fiesta es para todos.
-¡Bien pensado, che!
Luego vino el requise de mercadería no apta para el consumo, que los
inspectores, ante la sorpresa general, encontraron en todos los puestos de la
feria.
-Esos pollos están perfectos, señor inspector.
-No insista, señora. Les he tomado fotos que muestran una mosca parada encima.
La multa puede ser altísima por peligro de proliferación de la rubéola, la
escarlatina y el sarampión. Le conviene permitir que los saquemos de aquí.
-¡Muchas gracias, inspector!
Idéntico diálogo se oía en la carnicería, la verdulería, la frutería y, con
variantes, en la herrería Ballester.
-¿Hierro con olor a frutilla? Eso es un absurdo, señor inspector.
-Vea, don Beto, no se haga problemas, que con un cincuenta por ciento de
descuento en la factura de los asadores, el expediente se transpapela. Total,
para Vd. no es mucho, con las ventas que tiene declaradas.
-De ser así...
Y llegó el día mágico, cuando todo lo que ocurra mañana serán cosas del año
próximo. Y los recuerdos de ayercito, nomás, memorias del año pasado.
-¡Marche una parrillada completa, para seis!
-¡Marche medio pollo, a las brasas!
-¿Quedan ravioles al pesto, che?
Los cálculos se quedaron cortos, porque vino gente de las estancias cercanas.
Esa tarde, no había en el pueblo espacio para estacionar doscientos autos,
motos, sulkys y camionetas. Una ola rugiente con que había llegado la ola de
visitantes. Primero hicieron tiempo sentados en la plaza, caminado por la
calle principal, y pescando junto al río. Pero cuando llegó la hora del
convite, avanzaron a marcha cerrada, para abatirse sobre la calle San Martín,
que estaba cubierta de mesas a todo lo largo. Como camareros y camareras,
debutaron los cinco integrantes del cuerpo de limpieza municipal, seis
maestras de la escuela, y tres agentes policiales que estaban con parte de
enfermos. El menú fue de un buen gusto para hacer historia, y la sobremesa
terminó en sentidos brindis. Algunos repetidos, como el que decía:
¡FELIZ Y PROSPERO AÑO 2009!
A esos deseos nos adherimos también desde la Redacción. De fatos raros
hablaremos en otra oportunidad que hoy por hoy, lo importante es celebrar.
THE END
Copyright: John Argerich, 2009
All rights reserved
www.corrmalmo@hotmail.com
La serie quincenal “El amasijo” se publica regularmente en treinta medios de
diez países.
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Gentileza:: luisbuero [
luisbuero@tutopia.com ]
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