|
|
|
"SHIKE",
por DIEGO LICHTENSZTEIN
 
|
|
Por Diego Lichtensztein
Hijo de Perla Jusid
Nieto de Shike
Sasha Chusyd (Shike), de
diecisiete años, soltó la mano
de su padre. Creyó que no iba a
volver a verlo.
Unas horas antes había llegado
al puerto con la idea de
embarcar hacia los Estados
Unidos, donde su hermano mayor
lo esperaba. Pero un cierre
repentino de las fronteras del
país del norte, lo obligó a
dejar su pueblo natal, rumbo a
la Argentina, donde solo lo
esperaba la incertidumbre.
Dejó en Rusia a sus padres y a
tres hermanas, mayores que él.
Dejó también una vida de
estudios, había terminado la
escuela secundaria; y su cuna de
clase media alta, de una familia
de judíos practicantes, le había
servido para convertirse en un
joven culto e intelectualmente
inquieto. Por decisión de sus
padres, estaba escapando del
riguroso servicio militar que,
por aquellos años, mantenía a
los jóvenes rusos durante cinco
años cumpliendo tareas, en una
Europa que ya conocía la
barbarie de la guerra, pero aun
no sospechaba el drama del
Holocausto que vendría.
El 7 de Julio de 1924 pisó
tierra Argentina. Sin idioma,
sin familia, solo... como tantos
otros.
Pasó unos días en el Hotel de
los Inmigrantes, luego una breve
estadía en una pensión en la
zona de Barracas.
El joven europeo y cultivado que
dejara atrás su mundo un mes
antes, empezaba a transformarse,
a la fuerza, en un adulto nuevo
que nunca, ni aun hasta el
instante de su muerte, pudo
revertir la sensación de
frustración y resentimiento
provocada por su certeza interna
de que él había nacido para otra
cosa...
Se radicó en Remedios de
Escalada, Provincia de Buenos
Aires, gracias a un contacto
hecho con un "paisano" en la
pensión de Barracas. Allí
desarrolló su nueva vida,
conoció a Sara Wainer con quien
se casó en 1933, y con quien
tuvo cuatro hijos, que le dieron
doce nietos.
La primera carta llegó cuando
Shike estaba punto de ser padre
por primera vez.
Lloró al leer que su padre,
había muerto. Quince días
después, una nueva carta le
anunciaba la muerte de su madre,
"murió de pena", siempre decía.
Shike se convirtió en huérfano,
a los 27 años.
Sobre el fin de la segunda
guerra mundial, las noticias que
llegaban de los pueblos de
Europa eran desoladoras.
El mensajero de la tragedia fue
un paisano del pueblo, que
recién llegado de Rusia, contó a
Shike lo que sabia. Shike lloro
desconsoladamente frente a sus
hijos, ante lo incomprensible.
Sus hermanas, antes de ser
ejecutadas habían sido obligadas
a cavar sus propias fosas. Shike
jamás volvería a ser el mismo.
Aquel hijo de una familia de
judíos practicantes, era por
entonces un adulto escéptico,
que se había peleado con Dios,
se había sentido abandonado por
el supuesto todopoderoso y
benevolente creador.
¿Qué Dios podía permitir que
pasaran las cosas que pasaban?.
Dios le había soltado la mano, y
Shike no estaba dispuesto a
perdonarlo tan fácilmente.
Vivió sin cumplir sus sueños.
Fue un marido difícil. Fue un
padre autoritario, pero muy
cariñoso.
Fue, sin duda alguna, un Zeide
(abuelo) de lujo.
El 7 de Julio de 1992, sesenta y
ocho años exactos luego de su
llegada a la Argentina, ocupaba
una habitación del piso diez, de
un conocido Sanatorio Porteño.
Tenía ochenta y siete años, y
una salud física muy
deteriorada, en contraste con
una absoluta lucidez.
Me pidió que le abriera la
ventana; le expliqué que hacia
frío, y había mucho viento. Sus
ojos azul cielo me miraron por
ultima vez, y me dijo: "Abrí la
ventana Dieguito, viene mi papa
a buscarme".
Creo que en el momento en que
volvió a ver a su padre, fue
feliz.
Un minuto antes de morir, y con
plena lucidez, se amigó con
Dios.
Gentileza::
http://inmigracionyliteratura.blog.arnet.com.ar
paginadigital
|
|
  |
|
Ir al principio,
|
|
Noticias, opinión, política, derechos humanos, movimientos sociales, informes, latinoamerica |
|
|