|
Estamos preparados para las
web 3.0, cómo será?
Aún inmersos en el impacto de la
web 2.0, ya se empieza a hablar
de «Web 3.0». ¿En qué consiste?
¿Web semántica? ¿Microformatos?
¿Qué nuevas posibilidades
implica? Descubra la respuesta
en este interesante artículo.
El año 2006 fue el de la
irrupción de las ideas que hay
detrás del “web 2.0” en el
público mayoritario. Sin
embargo, el proceso de
innovación que había
caracterizado los años
anteriores parece querer tomarse
un receso, al menos temporal.
Así lo muestra el descontento
por la falta de innovaciones de
los asistentes al tercer “Web
2.0 Summit” celebrado en
noviembre o las críticas al
evento “Le Web 3” celebrado en
París en diciembre. Otro síntoma
es la aparición de servicios tan
controvertidos como PayPerPost o
ReviewMe dedicados a pagar a
particulares para hacer críticas
de productos.
Todo indica que comienza un
periodo de maduración y
generalización de las ideas
recién llegadas y que para
encontrar las próximas
revoluciones habrá que buscar
entre los proyectos de más largo
plazo que a día de hoy están en
marcha. La prensa generalista
apunta a la web semántica como
próximo gran hito mientras en
círculos más especializados se
mira también hacia mejoras
significativas en la interacción
web y a la combinación con la
inteligencia artificial. Aunque,
tal vez, el verdadero cambio
venga de otro lado.
Los avances del web 2.0
El término web 2.0 es, cuando
menos, un concepto difuso. Tanto
que el difuso documento escrito
por Tim O'Reilly que acuña la
terminología tiene plena
vigencia precisamente por su
falta de concreción. Aún así, a
lo largo del tiempo la gente ha
ido tomando conciencia, al menos
en parte, de su significado.
Un buen resumen de lo que
significa es obra de Wade Roush,
quien en el Technology Review
del MIT argumentaba que el
término web 2.0 se refiere a
tres cosas: nuevos mecanismos de
relación y comunicación entre
las personas utilizando las
tecnologías de redes sociales
(con servicios como MySpace,
YouTube, Digg o Wikipedia), la
utilización de estándares web
para la creación de servicios
distribuidos en Internet (léase
“mashups” como Housing Maps, un
servicios inmobiliario que
combina datos propios con mapas
de Google Maps) y la mejora en
los interfaces de las páginas
web hasta llegar a imitar, casi
a la perfección, la experiencia
de usuario de las aplicaciones
clásicas que se ejecutan en un
ordenador.
Se superaron ya las “guerras de
estándares” que caracterizaron
la primera década de la web, los
90, y que dejaron como
triunfador al navegador de
Microsoft Internet Explorer, que
pasó a ser casi el único
utilizado ante la necesidad de
disponer de una referencia común
de desarrollo. La nueva fase,
caracterizada por la adhesión de
los desarrolladores de páginas
web a los estándares, reabre la
guerra de los navegadores y pone
un nuevo y duro competidor en la
pelea, Firefox.
La web semántica y los
microformatos
El término web 3.0 es asociado
por la prensa generalista (léase
New York Times o en España El
País) al concepto de web
semántica que se está
desarrollando bajo la tutela de
Tim Berners-Lee, el mismo que
inventó la web a principios de
los 90.
La idea subyacente es muy
antigua (antigua si hablamos en
tiempo de Internet). Los
contenidos publicados en páginas
web, salvo raras excepciones,
son difícilmente entendibles por
los ordenadores y tienen
significado principalmente para
las personas. Se trata, pues, de
añadir información adicional con
una estructura tal que pueda ser
entendida por los ordenadores
quienes por medio de técnicas de
inteligencia artificial serían
capaces de emular y mejorar la
obtención de conocimiento hasta
el momento reservada a las
personas. Se trata de dotar de
significado a las páginas web, y
de ahí el nombre de web
semántica. Se llega incluso a
acuñar el término de Sociedad
del Conocimiento a aquel grado
de evolución de la Sociedad de
la Información en el que se
alcanza ese estadio.
El ejemplo clásico de web
semántica sería aquella que
permitiría que se formularan
consultas como “busco un lugar
para pasar las vacaciones con mi
mujer y mis dos hijos de 5 y 2
años, que sea cálido y con un
presupuesto máximo de 2000
euros”. El sistema devolvería un
paquete de vacaciones tan
detallado como los que vende una
agencia de viajes pero sin la
necesidad de que el usuario pase
horas y horas localizando
ofertas en Internet.
Como se decía antes, la idea es
antigua y sin embargo todavía no
hay signo claro de su puesta en
marcha y existen dudas de cuando
llegará. Sobre este punto los
optimistas creen que el momento
está próximo pues aunque la
investigación se circunscribe
aún a entornos universitarios
está apareciendo capital
dispuesto a ser arriesgado en
empresas que saquen partido de
este conocimiento. Entre los
ejemplos habitualmente citados
se encuentra la empresa
RadarNetworks que busca explotar
el contenido suministrado por
los usuarios en las redes
sociales, o el proyecto
KnowItAll, desarrollado en la
Universidad de Washington y
financiado por Google, que busca
obtener y agregar información de
usuarios de productos.
Los pesimistas aducen que tal
grado de complejidad no será
alcanzado porque existirá una
fuerte reacción de quienes ahora
disponen de la información que
no querrán compartirla o porque
fenómenos como el “spam
semántico” la harán poco
utilizable.
Para complicar aún más la
situación, en la actualidad
surge una corriente paralela de
quienes buscan un enfoque más
pragmático que pueda tener
utilidad a más corto plazo. Así,
frente a la web semántica
tradicional, conocida en
círculos especializados como
RDFa, aparecen los microformatos.
El modelo RDFa tiene a sus
espaldas varias cargas. Tiene
una definición compleja, no
asequible para todo el mundo,
por el notable componente
matemático de su estructura, lo
que puede hacer necesario la
creación de sistemas automáticos
para su implantación. Utiliza
una versión del lenguaje de
escritura de páginas web que a
día de hoy no utiliza casi
nadie, aunque se espera que en
el futuro se evolucione hacia
él. A cambio, proporciona un
marco más general que el que
proporcionan los microformatos.
Los microformatos surgen del
trabajo de la comunidad de
desarrolladores de Technorati,
uno de los sitios web 2.0 “de
referencia”. Su objetivo es
estandarizar un conjunto de
formatos en los que almacenar
conocimiento básico, como la
información de contacto de una
persona (microformato hCard),
una cita (microformato hCalendar),
una opinión (microformato
hReview), una relación en una
red social (microformato XFN) y
así hasta un total de 9
especificaciones concluidas y 11
en proceso de definición1. La
principal limitación es que cada
tipo de significado requiere de
la definición de un microformato
específico. A cambio ya es
posible utilizarlos, como así lo
hace un conjunto reducido de
sitios web.
Todo parece indicar que nos
encontramos ante la clásica
disyuntiva del estándar “de
jure” frente a estándar “de
facto”. Por el lado de los
microformatos se encuentran
empresas web 2.0 y un grupo
desconectado de bloggers, que
buscan soluciones a problemas
frecuentes. Por el otro lado se
encuentran las organizaciones de
estandarización que tienen el
poder moral de dirigir el
desarrollo de la web en nuevas
direcciones. Afortunadamente las
dos corrientes no tienen que ser
forzosamente disjuntas y podrían
adoptarse soluciones de consenso
en el caso de que ambas
tendencias evolucionaran por
separado con igual fuerza.
A corto plazo los microformatos
serán los triunfadores. Ya están
siendo incluidos en algunas
páginas web y, lo que es más
importante, en la actualidad se
está estudiando como integrarlo
en los navegadores web. De hecho
esta será una de las
características principales de
la próxima versión del navegador
Firefox. Según su visión, el
navegador web se convierte en un
gestor que distribuye la
información almacenada en forma
de microformatos en una página
web a la aplicación adecuada
para su manejo: una cita a la
agenda, un lugar a una
aplicación de cartografía, etc.
Mejoras en la interacción web
Como se comentaba anteriormente
una de las mejoras
significativas de la web 2.0 ha
sido la referente a la
interacción de los usuarios con
los servicios online. La
aparición de herramientas
automáticas que simplificaban la
creación de páginas web permitió
poder dedicar un mayor número de
recursos a las labores de
diseño. El aumento de
diseñadores en los productos
trajo como consecuencia diseños
de páginas web más limpios y
mecanismos de interacción más
apropiados para el uso del
público en general que para
ingenieros entusiastas. El nuevo
estilo se está imponiendo y
extendiendo a los sitios web más
tradicionales que con ello
mejoran considerablemente la
facilidad de uso. De forma
anecdótica es destacable señalar
la excepción de MySpace, cuyo
poco atractivo diseño no ha sido
óbice para convertirse durante
el año 2006 en el sitio web más
visitado del mundo.
El siguiente paso sería alcanzar
un grado de homogeneidad en la
forma en la que se utilizan los
servicios online de manera que
los usuarios no tuvieran que
aprender, por muy sencillo que
sea, la forma de utilizar cada
nuevo servicio disponible. Se
trataría de reproducir lo
acaecido con las aplicaciones
informáticas para ordenadores
personales. Originalmente los
primitivos procesadores de
texto, hojas de cálculo ó bases
de datos, utilizaban
procedimientos distintos para
realizar idénticas funciones
(como guardar un archivo,
imprimir, …). En su versión
actual el funcionamiento de la
mayoría de aplicaciones es muy
similar lo que reduce
notablemente los tiempos de
aprendizaje.
Entre las iniciativas en
desarrollo destaca el proyecto
Parakey liderado por Blake Ross,
uno de los desarrolladores clave
de Firefox. Se trata de un
proyecto de código abierto que
pretende crear una especie de
sistema operativo web que
permita a un usuario hacer lo
mismo que haría con un sistema
operativo tradicional. Se
trataría de unificar el
escritorio y la web de forma que
existiera una forma única de
hacer las cosas y no dos. De
esta forma, actividades ya
frecuentes entre los usuarios
como subir fotos o vídeos a
servidor de Internet se
realizarían siguiendo siempre el
mismo procedimiento.
Las nuevas posibilidades para la
inteligencia artificial
La web 3.0 sería una revolución
si como se ha dicho antes se
logra una combinación efectiva
entre la inclusión de contenido
semántico en las páginas web y
el uso de inteligencia
artificial que saque partido de
ella. En este sentido los
recelos son muchos pues
tradicionalmente los avances de
esta ciencia han sido lentos y
cargados de dificultades.
Lo novedoso podría estar en la
combinación de las técnicas de
inteligencia artificial con el
acceso a capacidad humana de
realizar tareas extremadamente
complejas para un ordenador y de
esa forma rellenar los huecos
que impiden progresar esta
disciplina.
Ya en la web 2.0 se hace un uso
extensivo del “tagging” como
forma de clasificación de la
información. En esencia consiste
en que los usuarios que suben
contenidos a Internet clasifican
el contenido mediante el uso de
palabras clave simples (mar,
Madrid, tristeza, …). Gracias a
este mecanismo los buscadores
son capaces de identificar
información que utilizando
técnicas tradicionales hubiera
sido imposible localizar.
Entre los pioneros del nuevo
tipo de servicios por llegar
podrían mencionarse al menos
dos. El servicio Mechanical Turk
de Amazon permite a los
desarrolladores que aquellas
partes de un servicio que
requieran de intervención humana
puedan ser redirigidas a un
grupo pagado de participantes
voluntarios de manera muy
similar al modo en el que se
desarrollan aplicaciones
distribuidas en Internet. De
esta forma el trabajo humano se
convierte en parte de un proceso
de actividad que principalmente
se realiza de manera automática.
Otro ejemplo primitivo sería el
experimento de Google en modo de
juego llamado Google Image
Labeler. Durante un periodo de
90 segundos, dos participantes
en el juego, elegidos al azar
por el sistema, tienen que
etiquetar un conjunto de
imágenes con tantos términos
como les sea posible. De esta
forma los usuarios obtienen
diversión mientras que Google
obtiene miles de imágenes
clasificadas con etiquetas
relevantes.
Sin embargo el próximo gran
avance puede ser otro
Como se ha visto buena parte de
lo descrito va a necesitar de
una cantidad de tiempo
significativa antes de que se
traduzca en servicios concretos.
Por ello no sería de extrañar
que el próximo avance viniera de
un lugar completamente distinto:
la movilidad. Tras años de
infructuosos intentos por
conseguir lograr una web móvil,
los recientes avances en esta
área podrían acelerar la
adopción de este tipo de
servicios. Pero éste, sería un
tema a tratar en otro artículo.
Fuente: Por Salvador Pérez
Crespo. Telefónica I+D para
Telefónica España.
Gentileza:
theslogan@theslogan.com
paginadigital |