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Stop a las bolsas de plástico
Autor: ALEX FERNÁNDEZ MUERZA
Su alto impacto ambiental induce a algunos países a reducir su uso,
reutilizarlas, sustituirlas por otras biodegradables, cobrarlas o incluso
prohibirlas
La bolsa de plástico tradicional podría tener los días contados. Sus negativos
efectos en el medio ambiente hacen necesarias nuevas medidas que asuman tanto
las instituciones como las empresas, y por supuesto, los consumidores. Reducir
su uso y reutilizarlas siempre que se pueda, sustituirlas por bolsas de varios
usos o de materiales biodegradables son algunas de las soluciones que ya se
están desarrollando en algunos países, incluido España.
El impacto medioambiental de las bolsas de plástico es enorme. Además de las
grandes cantidades de energía que se precisan para su fabricación, están
compuestas de sustancias derivadas del petróleo, que pueden tardar en degradarse
más de medio siglo. La gran mayoría acaba siendo desechada sin control,
contaminando tanto las ciudades como los ecosistemas naturales. En el mar su
impacto puede ser letal para animales como tortugas, ballenas o delfines, que
mueren tras ingerirlas. Asimismo, las bolsas serigrafiadas pueden contener
residuos metálicos tóxicos.
Estados Unidos y la Unión Europea consumen el 80% de la producción mundial,
aunque su generalización en los países en vías de desarrollo está agravando el
problema. En España, según Cicloplast, que agrupa a fabricantes y distribuidores
de bolsas, cada ciudadano consume de media al año 238 bolsas de plástico (más de
97.000 toneladas), de las que apenas se recicla el 10%.
Por ello, cada vez son más los países que plantean diversas medidas. Además de
reducir su uso, reutilizarlas, sustituirlas por otras de varios usos o
fabricarlas con materiales biodegradables se presentan como soluciones posibles.
Cada español consume de media al año 238 bolsas de plástico (más de 97.000
toneladas), de las que apenas se recicla el 10%
En este sentido, la producción de bolsas de bioplástico comienza a estar en
auge. En España, las principales empresas de distribución han empezado a adoptar
este tipo de materiales más ecológicos, como el plástico reutilizable, la rafia,
el TNT, o el almidón de patata. Asimismo, el Ministerio de Medio Ambiente
pretende para 2015 que el 70% de las bolsas sean biodegradables.
En Francia, una Ley de 2005 sobre Política Agraria dispone que en 2010 todas las
bolsas de plástico habrán de tener esta propiedad. Asimismo, las campañas de
sensibilización en este país han conseguido que se reduzca en un 20% la
utilización de las bolsas convencionales.
Por su parte, diversas empresas trabajan para desarrollar y mejorar este tipo de
materiales. En España, la filial del grupo Sphere, primer productor europeo y
cuarto mundial de bolsas de plástico, produce desde hace un año y medio bolsas
de fécula de patata con un sistema desarrollado por dos compañías del grupo.
En Italia, las empresas Novamont y Coldiretti han llegado a un acuerdo para
implantar un sistema de fabricación de plásticos biodegradables a partir del
maíz y del girasol que cubra todo el proceso productivo. Sus responsables asumen
que una de bolsas cuesta entre ocho y nueve céntimos de euro, frente a los cinco
céntimos de la bolsa tradicional. No obstante, destacan que su precio bajará al
generalizarse su uso, y recuerdan sus ventajas ecológicas.
En Canadá, la compañía EPI (Environmental Plastic Additives) ha desarrollado un
aditivo, denominado TDPA (Totally Degradable Plastic Additives), que permite a
los plásticos convencionales volverse biodegradables. En este caso, el coste de
fabricación de las bolsas es un 10% mayor. En Francia, la denominada bolsa "Néosac"
utiliza una tecnología similar, desarrollada por varios industriales franceses,
que ya se distribuye en varios locales y supermercados galos. Su coste es
también algo mayor que las clásicas: entre un 25 y un 30% más.
Cobrarlas y prohibirlas
En otros países se plantean medidas más drásticas para frenar su uso. Por
ejemplo, en Suecia o Alemania el cobro de las bolsas está generalizado, si bien
los consumidores están más concienciados y suelen reutilizarlas o emplean bolsas
de tela.
En otros lugares han optado por la vía de los impuestos. Irlanda ha implantado
el "plustax", que obliga al pago de quince céntimos de euro por cada bolsa que
utilicen los consumidores. En Hong Kong, una tasa medioambiental similar a la
irlandesa, obliga a pagar por cada bolsa unos 50 céntimos.
- Imagen: sanja gjenero -
La prohibición de su uso es también otra medida que está empezando a ganar
adeptos. China, que consume unos 3.000 millones de bolsas de plástico al día, ha
prohibido las ultrafinas, siguiendo el ejemplo de países como Irlanda, Ruanda o
Bangladesh. Italia aprobaba en 2007 una ley que prohibirá las bolsas de plástico
no biodegradables a partir de 2010, aunque la Comisión Europea ha argumentado
que contraviene la Directiva sobre Envases y Residuos de Envases.
En Estados Unidos, San Francisco es la primera ciudad de este país en
prohibirlas, de manera progresiva, una idea que se están planteando en otras
ciudades como Boston o Berkeley. En Los Ángeles se ha optado por sustituirlas
por otras recicladas y biodegradables. Por su parte, en la localidad inglesa de
Devon las han eliminado de los establecimientos comerciales y ofrecen en su
lugar bolsas de papel o de tela.
En definitiva, los consumidores son claves en este proceso, por lo que resulta
fundamental adoptar costumbres como reducir en lo posible su uso, reutilizar las
bolsas llevándolas plegadas para compras inesperadas, y mejor si son de tela,
papel o materiales biodegradables. Asimismo, hay otras formas de transportar las
compras, como cajas de cartón, cestas o carros.
Bolsas reutilizables muy 'fashion'
Algunos diseñadores europeos creen que moda y ecologismo son compatibles. Por
ello, han lanzado varias bolsas de mercado reutilizables para estar a la última,
con precios que no defraudarán a los más elitistas. Por ejemplo, el modelo "Silky
Pop" de Hermes, fabricado en piel de becerro, cuesta unos 711 euros; una bolsa
de nylon de Consuelo Castiglioni cuesta unos 625 euros, mientras que para
comprar una de lona orgánica de Stella McCartney hay que desembolsar unos 367
euros.
No obstante, también hay bolsas reutilizables aptas para todos los públicos. La
cadena de mercados Trader Joe's vende una por un euro y medio aproximadamente.
Un poco más cara -vale unos once euros - pero mucho más creativa, es la de la
diseñadora británica Anya Hindmarch. Su modelo "I'm Not a Plastic Bag" ("No soy
una bolsa de plástico") se ha popularizado en la web de subastas eBay, donde ha
conseguido facturar diez veces más que de forma convencional.
http://www.consumer.es
http://www.consumer.es/web/es/medio_ambiente/
urbano/2008/06/25/177999.php
Gentileza:
boletines@consumer.es
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