"Bengala"
De Alfredo Megna
Por Susana Weingast
Grupo teatral SIN GUARDIA
Bengala, interpretada por Néstor
Navarría, con la dirección de
Leonardo Odierna y Armando Saire
se presenta en el Teatro IFT
,Sobre un texto excelente de
Alfredo Megna la trama se va
armando durante los sesenta
minutos de un monólogo in
crescendo.
"Bengala" es el apodo de un
viejo boxeador que se resiste a
abandonar el ring, el único
espacio en el que conserva su
identidad, "Ray Sugar Bengala
Gomez" necesita trabajar y le
consiguen una pelea.
El actor va sumergiéndose en un
sudor corporal y hace una
inigualable creación actoral,
enredado en un ballet donde
evoca su vida y la equipara con
cada golpe, con simpleza y
profundidad; con humor y
desdicha.
Sólo, acompañado de un banquito,
un bolso y su botella de agua,
el púgil, se desplazará por todo
el escenario, que tiene esbozado
en el piso, como un ring
imaginario, con apenas algunas
figuras geométricas. Y allí
cumplirá uno a uno todos los
rituales de su arte: vendarse
las manos, calzarse los guantes,
pedir el protector bucal,
resistir los golpes, refrescarse
con agua y finalmente armar
mentalmente la estrategia para
boxear auxiliado por las
instrucciones de su coach, el
promotor y el médico.
Su sobrenombre Bengala, se
refiere al brillo que siente en
ese instante doloroso, a la vez
revelador en el que una
repentina "bengala" ilumina todo
, tal como él mismo reflexiona:
"Después que revienta la
bengala... Yo soy la bengala.
Este es un unipersonal sensible
e intenso con una destacada
actuación de Néstor Navarría, en
una obra en la que se producen
cambios de tonos y acciones en
forma permanente, demuestra un
admirable desempeño desde lo
postural y lo verbal; dialoga
con personajes que no se ven,
alcanzando un nivel de
interacción tal como si
estuvieran presentes: "Bengala"
habla con su entrenador, con su
madre, su pareja y así va
narrando su historia y logra que
el espectador imagine la
realidad del conflicto en los
distintos sucesos que van
apareciendo en su monólogo.
Desde lo no verbal, por posturas
y miradas, podemos percibir su
honor y sus desventuras; esas
transfiguraciones que,
continuamente, arma, desarma y
fragmenta a semejanza de los
destellos de un hombre a quien
lo único que le queda es el ring.
Los golpes que el boxeador dá y
recibe, quizás son similares a
los que recibe en su vida.
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