"Nostalgia
en un Coser y Cantar"
Por Vilma Muises
En
el marco de la Gala Show número
XIII de la organización
cultural, sin fines de lucro, "The
Cove/Rincón Internacional,
poesía y otras artes", con cede
en Miami, pudimos disfrutar en
la Universidad Internacional de
la Florida (sur) la puesta en
escena de la obra de teatro de
la escritora cubano-americana
Dolores Prida: Coser y Cantar
La obra, bilingüe, fue escrita
en 1980 con el propósito de
implantar una identidad
latinoamericana en el personaje
que se debate entre sus raíces y
la nueva influencia del país que
la recibe.
En realidad el personaje Ella-She
es uno, representado por dos
actrices: la parte nueva,
americana, She, quien trata de
desarraigar la gran carga
emotiva, costumbrista y
recurrente de Ella, la muchacha
cubana que llega a Nueva York
con su mentalidad, sueños,
costumbres, cultura y que lucha
permanentemente por no querer
entregarse en un cien por ciento
a esta nueva vida.
No solo es el aspecto cultural
lo que se trata, sino también la
soledad, la escasez de
oportunidades, el entendimiento
de una ciudad plagada de
violencia.
Myriam Henriquez Arocha,
venezolana, es Ella. Desarrolló
una cubana muy creíble por la
forma de hablar y de enfrentar
las distintas situaciones, tanto
cómicas como emotivas; con un
histrionismo que pasa de la
nostalgia a la tragedia con gran
facilidad, mostrando su
experiencia en las tablas.
She fue representada por
Cristina Rodríguez Figarola,
cubana-americana. El contraste
sobresale demasiado, para mi
gusto. Presenta una
norteamericana muy delicada,
medida, fina. Le recuerda
permanentemente a Ella que debe
hacer gimnasia, leer, no comer
tanto arroz y frijoles. A pesar
de ello tienen dos o tres puntos
en común: el arroz con pollo, el
dolor por ser abandonadas por el
hombre con que sueñan, la
excitación al no tener a nadie
que satisfaga los deseos de una
mujer joven.
Según el director, a quien he
entrevistado, Osvaldo Stróngoli,
el texto no se ha modificado en
nada y se han respetado todas
las acotaciones de la escritora.
Considero que bajo este
concepto, la dirección es
correcta. Pero me sobrepasa la
gran diferencia puesta en las
dos partes de un mismo ser: ¿tan
fina la parte naciente,
americana y tan grosera la
cubana recién llegada? Creo que
se peca de extremos muy
contundentes, aunque se podría
explicar que se hace para
resaltar las diferencias y la
absorción que debe tomar una de
la otra.
En cuanto a la puesta en escena.
La escenografía aparece como un
gran desorden en un escenario
tan pequeño. Demasiadas cosas,
la mayoría al servicio de la
actuación y otras no tanto. La
iluminación bien y el vestuario
acorde a las circunstancias.
La obra despierta la nostalgia
de todo inmigrante, cubano o no;
obligado o no a dejar su país.
Lleva el mensaje implícito que
no es fácil estar solo en una
gran ciudad; que las raíces no
se olvidan fácilmente y que
dentro del corazón siempre
llevaremos lo que en verdad
queremos ser.
Vilma E. Muises
www.radiomiami.us
Foto:The Cove/Rincón |