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Obama retoca la historia de
la política exterior de Estados
Unidos
Paul
Street
IHC-Znet
Traducido del inglés para
Rebelión por Germán Leyens
EE.UU. tiene una solución
para evitar la discusión de los
numerosos crímenes que ha
cometido contra naciones más
débiles: la negación. "Nunca
ocurrió," dicen los
estadounidenses, cuando se ven
enfrentados a los hechos. Barack
Obama es tan experto en el arte
de la negación como cualquiera,
y también lo son sus asesores.
"En la visión del mundo de Obama,
como en la de su amiga de
Harvard y ex asesora de política
exterior, Samantha Power, los
crímenes estadounidenses
generalmente no existen. No
ocurrieron." La negación es
asunto serio. "Los
pronunciamientos sobre política
exterior del candidato Obama han
estado cargados de promesas de
futura criminalidad bajo un
gobierno de Obama."
Según las reglas del discurso
político "dominante" en EE.UU.,
los crímenes son cometidos por
otros malos, nunca por el noble
"EE.UU." Las cosas malas las
hacen "ellos," pero no
"nosotros." "Ellos" tienen a
menudo intenciones malévolas
pero "nosotros" somos
fundamentalmente buenos,
motivados por los motivos más
elevados y nobles: paz,
democracia, y libertad.
Desde el fin de la Segunda
Guerra Mundial hasta la
actualidad, el Imperio EE.UU. ha
causado "la extinción y el
sufrimiento de incontables seres
humanos. EE.UU.," señala John
Pilger, "intentó derrocar a
cincuenta gobiernos, muchos de
ellos democracias, y aplastar a
treinta movimientos populares
que luchaban contra regímenes
tiránicos. Al hacerlo, bombardeó
veinticinco países, causando la
pérdida de millones de vidas y
la desesperación de millones
más" (John Pilger, Freedom Next
Time: Resisting the Empire [New
York: Nation Books, 2007], pp.
4-5].
Los principales crímenes
imperiales incluyen un ataque
masivo de EE.UU. contra la
nación campesina de Vietnam – un
ataque épico que mató a 3
millones de indochinos – y una
invasión ilegal en curso de
Mesopotamia rica en petróleo.
Este último ataque ha resultado
en la muerte prematura de 1,2
millones de iraquíes.
Pero en EE.UU., y por cierto en
gran parte de Occidente, la
historia oficial y la cultura de
masas han sido trucadas para
eliminar el historial de esta
criminalidad persistente. Es
tirada por el "agujero de la
memoria" de George Orwell,
acorde con el dicho del Hermano
Mayor en 1984: "El que controla
el pasado, controla también el
futuro. El que controla el
presente, controla el pasado".
Como señalara Harold Pinter en
su corrosiva aceptación del
Premio Nobel 2005 de Literatura,
las autoridades culturales
dominantes de Occidente se
comportan como "si nunca
ocurrió." Cuando tiene que ver
con la saga de monumental
trasgresión de EE.UU. contra las
normas civilizadas y el derecho
internacional, "nada nunca
ocurrió. Incluso mientras estaba
ocurriendo," agregó Pinter,
"nunca ocurrió. No importaba. No
interesaba" (citado en Pilger: "Freedom
Next Time," p. 4).
"La historia oficial y la
cultura de masas han sido
trucadas para eliminar el
historial de esta criminalidad
persistente"
Los códigos culturales
dominantes de Occidente,
dirigidos por EE.UU., exigen que
las únicas víctimas dignas de
ser reconocidas y compadecidas
sean las atacadas por enemigos
oficialmente designados. La
cantidad mayor inmolada por
nosotros y nuestros clientes y
aliados (por ejemplo, los
palestinos que sufren bajo la
ocupación y el apartheid
israelíes) no merecen
consideración, conmiseración, o
incluso reconocimiento. No
ocurrieron. No existen.
Más allá del tema de la
exactitud histórica, el problema
es que es probable que naciones
poderosas que niegan que hayan
ocurrido trasgresiones pasadas
vuelvan a cometer otras nuevas.
Condena del pastor Wright –
Elogios para la guerra de George
I contra Iraq
Esto nos lleva al "excepcionalista
estadounidense" confeso, [1]
Barack Obama, quien goza del
apoyo de una gran cantidad de
votantes, así llamados liberales
de izquierda, quienes hacen todo
lo posible por creer que es un
oponente "progresista" a la
guerra, el imperialismo y el
militarismo estadounidenses.
Como ha mostrado en sus
comentarios condenando al
reverendo Jeremiah Wright y
elogiando el "servicio" militar
de John McCain, Obama está más
que dispuesto a limpiar la
"mágica" pizarra histórica de
EE.UU. cuando habla de crímenes
imperiales. Obama condena a
Wright porque el buen reverendo
se atreve a reconocer y
denunciar la sangrienta,
peligrosa y viviente historia
estadounidense de atrocidad,
ilegalidad y arrogancia imperial
– porque Estados que practican
el terrorismo en el extranjero
tienen que contar con que
enfrentarán el terrorismo allí y
en casa. McCain es loado como
"héroe de guerra
estadounidense," a pesar de que
fue un animoso participante en
un masivo ataque imperial contra
los hombres, mujeres y niños de
una pobre nación campesina que
no representaba ningún peligro
para la gente de EE.UU.
Hablando en el gimnasio de un
colegio secundario en Greensburg,
Pensilvania, en abril pasado,
Obama dijo que quería restituir
EE.UU. a la política exterior
más "tradicional" de presidentes
pasados como "el padre de George
Bush o John F. Kennedy," y "en
algunos sentidos, Ronald Reagan."
Habló en términos elogiosos y
favorables de como George H.W.
Bush manejó la supuestamente
virtuosa Guerra del Golfo
Pérsico. El artículo de
Associated Press que informó
sobre este comentario llevaba el
título "Obama alinea política
exterior con el GOP [partido
republicano]" – una reprimenda
para los escritores liberales de
izquierda que argumentan que el
centrista Obama se ubica del
lado reconociblemente
progresista de Hillary Clinton
por lo menos en política
exterior.
Ninguno de los comentaristas o
analistas dominantes hicieron
algo por (o es probable que ni
siquiera sentido remotamente) la
necesidad de señalar que el
ataque de Bush I involucró una
atroz carnicería de
superpotencia: bombardear y
aplastar con bulldozers a miles
de soldados iraquíes que se
habían rendido y la decisión de
dejar que Sadam Husein asesinara
a kurdos y chiíes a los que
EE.UU. había incitado
inicialmente a que se rebelaran.
Iraq sigue encarando cánceres
epidémicos causados por el uso
estadounidense de uranio
empobrecido en la primera
"guerra" unilateral de Iraq,
descrita por muchos
participantes como "juego de
tiro al pavo."
Por lo que dice Obama, esos
crímenes nunca ocurrieron. No
interesan.
"La esperanza de un joven
teniente que valerosamente
patrulla el Delta del Mekong"
El entusiasmo de Obama por
blanquear el oscuro historial de
la política exterior de EE.UU. a
duras penas se limita al año
2008. Echad un vistazo al
siguiente pasaje de su Discurso
Inaugural a la Convención
Demócrata de 2004,
instantáneamente famoso (el que
lo catapultó a convertirse de un
día al otro en celebridad), en
el que dijo lo siguiente sobre
su concepto, repetidamente
invocado, de "esperanza":
"Aquí no estoy hablando de
optimismo ciego – la ignorancia
más deliberada que piensa que el
desempleo vaya a desaparecer si
no hablamos del tema, o que la
crisis de la atención sanitaria
se solucionará si simplemente la
ignoramos. Estoy hablando de
algo más sustancial. Es la
esperanza de esclavos sentados
alrededor de un fuego entonando
canciones de libertad; la
esperanza de inmigrantes que
parten a riberas lejanas; la
esperanza de un joven teniente
naval que patrulla valerosamente
el Delta del Mekong; la
esperanza del hijo de un
trabajador industrial que se
atreve a desafiar las
dificultades; la esperanza de un
chico flacuchento con un nombre
raro que cree que en EE.UU.
también hay un sitio para él,...
A la larga, es el mayor don que
Dios nos ha dado, el fundamento
de esta nación; una creencia en
cosas no vistas; una creencia en
que nos esperan mejores días."
La "línea del joven teniente
naval" era una referencia a la
participación de John F. Kerry
en la invasión de Vietnam del
Sur. Obama tuvo que ser bastante
caradura para agrupar las luchas
y la espiritualidad de los
esclavos afro-estadounidenses
con la "crucifixión del Sudeste
Asiático" por el racista EE.UU.
(Noam Chomsky) bajo la imagen de
nobles estadounidenses que
desean en conjunto un futuro
mejor. Tal vez "Dios" dio a los
verdugos nazis y a las víctimas
de los nazis el don compartido
de esperar "mejores días."
No quedó en claro quién o qué le
dijeron a Obama que Kerry y sus
superiores tenían derecho a
'patrullar' el territorio del
Delta del Mekong. Tal vez fueron
las mismas sensibilidades
arrogantes, nacionalistas u
racistas que dieron permiso a
los estadounidenses blancos del
Siglo XIX para asesinar y robar
tierras de México y de las
primeras naciones "americanas"
indígenas que permitieron al
gobierno de Bush que intentara
apoderarse de Iraq como posesión
colonial.
El maravilloso trabajo de esos
sabios wilsonianos blancos
La afanosa disposición de Obama
por blanquear la historia de la
política exterior de EE.UU.
siguiendo los requerimientos
orwellianos de la doctrina
imperial dominante fue
demostrada en el capítulo sobre
relaciones exteriores de su
éxito de ventas de la campaña de
2006, el libro "The Audacity of
Hope: Thoughts on Reclaiming the
American Dream" [La audacia de
la esperanza: Pensamientos sobre
la recuperación del sueño
estadounidense] (Nueva York:
Crown, 2006). Con el grandioso
título: "The World Beyond Our
Borders" [El mundo más allá de
nuestras fronteras] este
capítulo lució una aceptación
rígida de la noción doctrinaria
de que las políticas exteriores
de EE.UU. han fomentado durante
mucho tiempo y consecuentemente
"ideas compartidas de libertad"
avanzadas y el "gobierno del
derecho" y de las "instituciones
internacionales." Alabó el
maravilloso (para Obama)
"liderazgo posterior [a la
Segunda Guerra Mundial] del
presidente Truman, Dean Acheson,
George Marshall y George Kennan"
por "crear con gran destreza...
un nuevo... orden que combinó el
idealismo [Woodrow] wilsoniano
con un realismo empecinado, una
aceptación del poder
estadounidense con una humildad
respecto a la capacidad de EE.UU.
de controlar eventos en todo el
mundo" (Obama, Audacity of Hope,
p. 284). Los benevolentes sabios
arquitectos "wilsonianos" de la
Pax Americana, afirmó Obama en "Audacity,"
postulaban un orden mundial
"democrático" en el que EE.UU.
contrarrestaban la ilimitada
amenaza "totalitaria" soviética
y "señalizaban una disposición a
mostrar comedimiento en el
ejercicio de su poder" (Obama,
Audacity of Hope, p. 285).
Fue un comentario notablemente
estéril y reaccionario sobre
momentos tan memorables de
"humildad" estadounidense como
los archi-criminales bombardeos
atómicos de Hiroshima y Nagasaki
(tiros de advertencia mediante
asesinatos masivos ante la
emergente Guerra Fría), los
enormes ataques imperiales
contra Corea e Indochina
(millones de civiles "enemigos"
muertos), la restauración del
poder fascista en Italia
"liberada", la intervención
contra la revolución social
popular en Grecia (calumniada
como exportación soviética por
los políticos de EE.UU. a fin de
"dar un susto de muerte al
pueblo estadounidense" a fin de
reunir apoyo para los nuevos
masivos gastos de "defensa"
imperiales) y la subversión de
la democracia y de la
independencia nacional por EE.UU.
en todo el planeta. Irán (1953),
República Dominicana (1965),
Guatemala (1954), Chile
(1970-1973), Indonesia (1965)
son sólo algunos de los ejemplos
más espectaculares en una lista
que suma y sigue.
"Los 'empecinados' 'wilsonianos'
de Obama ordenaron el asesinato
de innumerables millones del
Tercer Mundo."
Washington justificó
permanentemente su historial
descollante de criminalidad
global después de la Segunda
Guerra Mundial con un gran mito
habilitador que Obama abraza
ávidamente: la existencia de una
Unión Soviética dispuesta a, y
capaz "de extender su tipo
totalitario de comunismo" [en
las palabras de Obama]. (Obama,
Audacity of Hope, p. 204). Con
el pretexto de proteger al mundo
de esa amenaza inexistente pero
útil para el imperio –
evaluaciones estadounidenses
honestas reconocieron que el
verdadero peligro soviético era
que la URSS modelaba la
posibilidad de un desarrollo
nacional independiente fuera de
los parámetros de la supervisión
mundial capitalista dirigida por
EE.UU. e indicando una negativa
inadmisible "de complementar las
economías industriales de
Occidente (William Yandell
Elliot, ed., The Political
Economy of American Foreign
Policy [New York: Holt, Reinhart
& Winston, 1955], p. 42; Noam
Chomsky, Deterring Democracy [New
York: Hill and Wang, 1991],
p.26) – los "wilsonianos"
"empecinados" de Obama ordenaron
el asesinato (preferentemente a
través de testaferros como el
régimen indonesio de Suharto y
el Shah de Irán) de innumerables
millones de personas en el
"Tercer Mundo."
Un "comedimiento" humilde en el
"ejercicio del poder [de EE.UU.]
no es la primera descripción que
se le ocurre a quien echa un
vistazo honesto y exhaustivo a
ese historial inquietante.
Todo fue muy consistente con la
historia "idealista" del
verdadero gobierno de (Woodrow)
Wilson, cuyo "extremo racismo" (Noam
Chomsky, World Orders Old and
New [New York: Columbia
University Press, 1996], p. 44)
tuvo una horrorosa expresión en
las brutales invasiones
estadounidenses de Haití y de la
República Dominicana. Como
observa Noam Chomsky: "Las
tropas de Wilson asesinaron,
destruyeron, reestablecieron la
esclavitud virtual y demolieron
el sistema constitucional en
Haití." Esas acciones tuvieron
lugar de acuerdo con la creencia
del Secretario de Estado de
Wilson, Robert Lansing de que
"la raza africana carece de toda
capacidad de organización
política" y posee "una tendencia
inherente a volver al salvajismo
y a desechar las cadenas de la
civilización que son fastidiosas
para su naturaleza física." Como
señala Chomsky: "mientras
supervisaba la toma de Haití y
de la República Dominicana,
Wilson cimentó su reputación
como un magnánimo idealista,
defensor de la autodeterminación
y de los derechos de las
pequeñas naciones con una
oratoria impresionante. [Pero]
existe una contradicción
[porque] la doctrina wilsoniana
se limitaba a gente del tipo
adecuado: no hace falta que
postulen a los derechos de
democracia y autodeterminación
los 'que están en una etapa baja
de civilización.'" (Noam Chomsky,
Year 501: The Conquest Continues
[Boston, MA: South End, 1993],
pp. 202-203).
Aparte del racismo, Lansing dijo
que el significado efectivo de
la Doctrina Monroe era
simplemente que "EE.UU.
considera sus propios intereses.
La integridad de otras naciones
americanas es un incidente, no
un fin" (Cita de Lansing en
Chomsky: "What Uncle Sam Really
Wants" [Berkeley, CA: 1992], p.
11). Wilson estuvo de acuerdo,
pero consideró que no era
políticamente aconsejable
decirlo en público.
Sentimientos "idealistas" tan
elevados ciertamente informaron
una noble intervención
wilsoniana contra la Revolución
Rusa en 1918 y 1919.
Por cierto, nada en esa historia
inexistente impide que Obama
elogie a Wilson por ver que "era
de interés para EE.UU. alentar
la autodeterminación de todos
los pueblos y suministrar al
mundo un marco legal que pudiera
ayudar a evitar futuros
conflictos" (Obama, Audacity, p.
283).
"Nuestra lucha contra el
fascismo"
La tachadura histórica fue un
problema importante en un ensayo
que Obama publicó en la revista
del establishment Foreign
Affairs en el verano de 2007.
Intitulado "Renovando el
liderazgo de EE.UU.", ese
artículo de 5.000 palabras
comienza por elogiar a Franklin
Delano Roosevelt por "construir
las más formidables fuerzas
armadas que el mundo haya
conocido" y por dar "propósito a
nuestra lucha contra el
fascismo" con sus "Cuatro
Libertades."
Gran parte del ensayo de Obama
fue dedicada a borrar la
criminalidad del pasado imperial
de Washington. "En momentos de
gran peligro en el siglo
pasado," escribió Obama,
"líderes estadounidenses como
Franklin Roosevelt, Harry Truman,
y John F. Kennedy lograron
proteger al pueblo
estadounidense y expandir las
oportunidades para la generación
siguiente. Lo que es más,
aseguraron que EE.UU., por su
acción y ejemplo, dirigiera y
exaltara al mundo – que fuimos
un símbolo y luchamos por las
libertades buscadas por miles de
millones de personas más allá de
nuestras fronteras."
Es interesante que el ensayo de
Obama nunca haya nombrado las
"Cuatro Libertades": libertad de
palabra y de expresión, libertad
de la necesidad, libertad del
miedo y libertad de culto. Una
probable explicación de esa
tachadura es que los políticos
de EE.UU. desde Roosevelt II
hasta [y más allá de] Kennedy
violaron regularmente la mayoría
de ellas en la imposición de su
propio concepto imperial
particular del "interés
nacional." Durante mediados y
fines de los años treinta, los
políticos de EE.UU. ayudaron a
posibilitar el ascenso del
fascismo europeo que culminó en
la marcha de terror de Hitler.
EE.UU. contempló con aprobación
cuando las tinieblas fascistas
se impusieron en Europa durante
los años entre las guerras. Los
políticos estadounidenses vieron
las variedades italiana,
española, alemana y otras de la
enfermedad fascista como
enemigos convenientes de la
"amenaza soviética,"
esencialmente de la demostración
que Rusia hizo de las
posibilidades de una existencia
nacional fuera del sistema
capitalista mundial – y de los
movimientos y partidos de
izquierdas, y de tendencias
políticas socialdemócratas
relacionadas dentro de Europa
Occidental.
Los políticos estadounidenses
vieron las variedades italiana,
española, alemana y otras de la
enfermedad fascista como
enemigos convenientes de la
"amenaza soviética,"
En 1937, la División Europea del
Departamento de Estado de EE.UU.
de Roosevelt argumentó que el
fascismo europeo era compatible
con los intereses económicos de
EE.UU. Esa agencia diplomática
crucial informó que el ascenso
del fascismo era una reacción
natural de las "clases ricas y
media" ante la amenaza planteada
"por masas insatisfechas," las
que, con "el ejemplo de la
Revolución Rusa frente a ellas,"
podrían "girar a la izquierda."
El fascismo, argumentó el
Departamento de Estado, "debe
tener éxito o las masas, esta
vez reforzadas por la clase
media desilusionada, volverán a
girar a la izquierda." El
gobierno del Frente Popular
francés de mediados de los años
treinta fue un ejemplo de la
amenaza socialista democrática
que hizo que el fascismo alemán
fuera aceptable a responsables
estadounidenses antes de que
Hitler lanzara su ofensiva por
un Nuevo Orden Mundial (Noam
Chomsky, Deterring Democracy [New
York: Hill and Wang, 1991], p.
41).
Es verdad que Alemania nazi se
convirtió en un enemigo
declarado de EE.UU. No ocurrió,
sin embargo, hasta que el
fascismo, que controlaba el
poder en dos importantes Estados
industriales rivales, atacó
directamente los intereses de
EE.UU. Los políticos de EE.UU.
intervinieron contra el fascismo
sobre la base del interés
nacional percibido, no por
alguna preocupación en
particular por los derechos
humanos de los franceses o, en
cualquier caso, de los judíos
europeos o cualesquiera otros. (Howard
Zinn, A People's History of the
United States [New York:
HarperPerennial, 2003], pp.
407-410; Chomsky, Deterring
Democracy, pp. 37-42).
"Nuestra verdadera tarea"
Pero volvamos al noble y
misericordioso "comedimiento en
el ejercicio de su poder"
estadounidense en la era
posterior a la Segunda Guerra
Mundial que fue guiado de un
modo tan hermoso por gente como
George Kennan y Dean Acheson.
Después de la "guerra buena," la
adaptación de EE.UU. al fascismo
europeo y asiático en el período
entre las guerras se convirtió
en una especie de modelo para la
política de EE.UU. en el Tercer
Mundo. En nombre de la
resistencia a la influencia
soviética supuestamente
expansionista y al "comunismo,"
EE.UU. patrocinó, financió, y
suministró cobertura política a
numerosos regímenes "fascistas
del Tercer Mundo." Al hacerlo,
alistó y protegió a numerosos
criminales de guerra nazis (por
ejemplo Klaus Barbie) de los que
se pensaba que poseían útiles
habilidades de
"contrainsurgencia" contra la
izquierda (Chomsky, What Uncle
Sam Really Wants, pp. 14-25).
Para comprender algo del
"realismo empedernido" que
estaba tras semejantes políticas
de la Guerra Fría de EE.UU.,
como ser el patrocinio de
crueles dictaduras militares en
Indonesia, Irán, Grecia y Brasil
(para nombrar a sólo unos pocos
socios del "Mundo Libre"),
podemos consultar una
interesante formulación del
sabio héroe "wilsoniano" de
Obama, George Kennan. Como
explicara Kennan en "Policy
Planning Study 23," elaborado
para el Departamento de Estado
en 1948:
"Poseemos cerca de un 50% de la
riqueza del mundo, pero sólo un
6,3% de su población... En esta
situación, no podemos dejar de
ser objeto de envidia y
resentimiento. Nuestra verdadera
tarea en el período venidero es
diseñar un modelo de relaciones
que nos permita mantener esta
posición de disparidad... para
hacerlo tenemos que deshacernos
de toda sentimentalismo y dejar
de soñar despiertos; y nuestra
atención tendrá que concentrarse
por doquier en nuestros
objetivos nacionales
inmediatos... Deberíamos dejar
de hablar de objetivos vagos
e... irreales como ser los
derechos humanos, el aumento de
los niveles de vida, y la
democratización. No está lejano
el día en el que vamos a tener
que tratar en conceptos directos
de poder. Mientras menos nos
entraben las consignas
idealistas, tanto mejor."
Después Kennan explicó la
necesidad de aplastar por todos
los medios necesarios a los que
se negaban a servir los
intereses de EE.UU. en el Tercer
Mundo (definidos como
"comunistas"): "la respuesta
definitiva podrá ser
desagradable, pero... no debemos
vacilar ante la represión
policial por el gobierno local.
No es vergonzosa porque los
comunistas son traidores... Más
vale tener un régimen fuerte en
el poder que un gobierno liberal
si es indulgente y relajado y
penetrado por comunistas."
(Citado en Noam Chomsky: "What
Uncle Sam Really Wants," p. 11).
"En la visión del mundo de Obama,
como en la de su amiga de
Harvard y ex asesora de política
exterior Samantha Power, los
crímenes estadounidenses
generalmente no existen."
Los millones masacrados directa
o indirectamente por EE.UU. en
Hiroshima, Nagasaki, Corea,
Vietnam, Camboya (estos últimos
fueron víctimas de lo que "Audacity
of Hope" de Obama llama
caritativamente una campaña de
bombardeo "sin timón moral") y
Centroamérica, representan un
espantoso pero oficialmente
invisible testimonio del
maravilloso "comedimiento" del
Tío Sam dentro del EE.UU. del
"totalitarismo invertido" (vea
Sheldon Wolin, Democracy
Incorporated: Managed Democracy
and the Specter of Inverted
Totalitarianism [Princeton, NJ:
Princeton University Press,
2008) y de gran parte de
Occidente. Y lo mismo sucede con
los innumerables otros
asiáticos, africanos y
latinoamericanos que sufrieron
bajo dictaduras y clases
gobernantes opresoras
financiadas y equipadas
rutinariamente por "la atalaya
sobre los muros de la libertad"
(como el héroe de Obama, John
Fitzgerald Kennedy describiera
una vez a EE.UU.) en nombre de
la mítica batalla contra el
mesiánico expansionismo
soviético – víctimas de lo que "Audacity
of Hope" de Obama llama el
"fomento ocasional de la
tiranía... cuando servía
nuestros intereses (Obama,
Audacity of Hope, p. 279).
Semejantes "víctimas indignas"
de la política exterior de EE.UU.
representan un trágico
testimonio histórico del oscuro
secreto tras el compromiso,
apasionadamente declarado, de
EE.UU., con la "democracia"
durante la Guerra Fría: EE.UU.
sólo apoyó a gobiernos populares
y la autodeterminación nacional
en el extranjero en los raros
incidentes cuando y donde (nunca
y en ningún sitio o cerca de
ello) esos principios fueron
considerados como consistentes
con los objetivos globales
"estadounidenses" determinados
por la elite del poder de EE.UU.
La lista histórica oficialmente
inexistente de víctimas incluye
a masas de timoreses orientales
asesinados por una invasión
indonesa casi genocida que fue
aprobada, y que podría haber
sido impedida con un solo
llamado telefónico, por la Casa
Blanca de Gerald Ford. Un
llamado que Ford y su Secretario
de Estado, Henry Kissinger, no
hicieron. Obama borró las
atrocidades de Timor de sus
reflexiones en "The Audacity of
Hope" sobre lo que supo de la
"historia subsiguiente de
Indonesia" después de vivir en
ese país como joven muchacho
durante los años sesenta. En la
visión del mundo de Obama, como
en la de su amiga de Harvard y
ex asesora de política exterior.
Samantha Power, los crímenes
estadounidenses generalmente no
existen. No ocurrieron. [3]
"La mayor víctima de esa guerra"
La concepción nacionalista y
blanqueada de la historia de las
relaciones exteriores de EE.UU.
fue muy evidente en las
reflexiones en "The Audacity of
Hope sobre la Guerra de Vietnam,
una invasión ilegal de EE.UU.
que mató a por lo menos 3
millones de indochinos. En el
perturbador relato de Obama:
"Las desastrosas consecuencias
de ese conflicto – para nuestra
credibilidad y prestigio en el
extranjero, para nuestras
fuerzas armadas (cuya
recuperación costaría una
generación), y sobre todo para
los que combatieron – han sido
ampliamente documentadas. Pero
tal vez la mayor víctima de esa
guerra fue el lazo de confianza
entre el pueblo estadounidense y
su gobierno – y entre los
propios estadounidenses. Como
consecuencia de un cuerpo de
prensa más agresivo y de las
imágenes de bolsas para
cadáveres desbordando las salas
de estar, los estadounidenses
comenzaron a darse cuenta de que
los mejores y más inteligentes
en Washington no saben siempre
lo que hacen – y no dicen
siempre la verdad. De más en
más, muchos de izquierdas
expresaban oposición no sólo a
la Guerra de Vietnam sino
también a los objetivos
generales de la política
exterior estadounidense. Según
su opinión, el presidente
Johnson, el general Westmoreland,
la CIA, el 'complejo
militar-industrial,' e
instituciones internacionales
como el Banco Mundial eran todos
manifestaciones de la
arrogancia, el jingoísmo, el
racismo, el capitalismo y el
imperialismo estadounidenses.
Los de derechas respondieron con
la misma moneda,
responsabilizando exclusivamente
por la pérdida de Vietnam y por
la decadencia del lugar de EE.UU.
en el mundo a los que 'culpaban
primero a EE.UU' – los
manifestantes, los hippies, Jane
Fonda, los intelectuales de las
universidades prestigiosas y a
los medios liberales" (Obama,
Audacity of Hope, pp. 287-288)
"The Audacity of Hope" [2] dejó
en manos de los críticos
enajenados de la izquierda de
los "absolutistas morales" (la
descripción de Obama de la Nueva
Izquierda y la Nueva Derecha) la
tarea de señalar que EE.UU. no
era propiedad de EE.UU. y por lo
tanto no podía "perderlo" y que
el masivo ataque de EE.UU.
contra Indochina reflejaba los
objetivos de la política
exterior de EE.UU. de subordinar
el desarrollo del Tercer Mundo a
las necesidades percibidas del
orden capitalista mundial
supervisado por EE.UU. Dejó en
manos de radicales excéntricos
la tarea de señalar que la
"guerra" unilateral fue ordenada
por elites criminales – no sólo
estúpidas e ignorantes – y que
muchos de los responsables
políticos sabían
"[perfectamente] lo que estaban
haciendo": asesinando a Vietnam.
En cuanto al supuesto trágico
desgaste del "lazo de confianza
entre el pueblo estadounidense y
su gobierno," numerosos
izquierdistas 'poco realistas'
(incluyendo a este autor) tienen
motivos sanos para pensar que el
así llamado "Síndrome de
Vietnam" – la actitud
frecuentemente escéptica de
muchos estadounidenses hacia los
pronunciamientos y planes de
guerra militaristas de sus
"dirigentes" de la política
exterior – es algo muy sano. Es
una tendencia saludable, piensan
muchos progresistas, cada vez
que los ciudadanos de EE.UU.
someten a "su" establishment de
la política exterior a un
escrutinio escéptico, incluso
"desconfiado." Hay que aplaudir,
pensamos muchos, que durante los
fines de los años sesenta y
comienzos de los setenta gran
parte de la población
estadounidense se haya vuelto
contra una sangrienta guerra
colonial en la que "Hijos
Afortunados" de la "elite"
fueron considerados como
demasiado privilegiados para
"servir". Es fantástico, creen
correctamente muchos
estadounidenses, que parte de la
población haya llegado a
comprender las bases interiores
clasistas y racistas del
imperialismo que el libro
electoral de Obama mostró como
una creación mitológica de la
"caricatura" de izquierdas (The
Audacity of Hope, p. 288).
"The Audacity of Hope" olvidó
señalar que el presunto "lazo de
confianza" anterior (cuya
disolución lamenta Obama) entre
el pueblo y "su" gobierno se
basaba en gran parte en mentiras
del establishment, calculadas
para "dar un susto de muerte al
pueblo estadounidense" (Senador
estadounidense Vandenburg en
1947) con amenazas globales
soviéticas y "comunistas
groseramente exageradas." Los
engaños tenían la intención de
inducir a la masa estadounidense
a encogerse de miedo bajo la
tutela del Estado de Seguridad
Nacional y a aceptar por el
valor de sus palabras las
proclamaciones globales e
interiores de los gerentes
sabios y benévolos del sistema
estadounidense.
Obama abandonó a radicales
irrelevantes y a incurables
archi-iconoclastas la tarea de
señalar que su icono
frecuentemente invocado, el
doctor Martin Luther King fue
uno de los "de izquierdas" que
vieron a la Guerra de Vietnam
como una expresión del
imperialismo y racismo general
de EE.UU. y de su esclavitud
conexa con lo que el ex
presidente de EE.UU. y
Comandante Aliado en la Segunda
Guerra Mundial, Dwight
Eisenhower, identificó como el
complejo militar industrial –
una entidad muy real y
fácilmente identificable que
merece ser mencionada sin
comillas sarcásticas.
"El doctor Martin Luther King
fue uno de los "de izquierdas"
que vieron a la Guerra de
Vietnam como una expresión del
imperialismo y racismo general
de EE.UU."
También dejó en manos de los
"disparatados" "fanáticos" del
sector radical marginal que
señalaran la inconveniente
verdad de que "las mayores
víctimas de la notablemente
unilateral "guerra" de Vietnam –
un ejercicio en agresión
imperial que tuvo lugar en su
totalidad en suelo vietnamita (y
camboyano y laosiano)
ilegalmente invadido – fueron
sufridas por el pueblo de
Vietnam. El terrible recuento de
cadáveres de soldados de EE.UU.
(58.000 durante la guerra y más
que se suicidaron después)
palidece ante los millones de
vietnamitas muertos y el
horrendo daño hecho a aldeas,
ciudades, infraestructura,
ecología y agricultura
indochinas. La cantidad de
civiles sudvietnamitas muertos
sólo en el programa de tortura y
asesinato de la CIA, "Operation
Phoenix", fue equivalente a un
45% de la cantidad total de
muertos estadounidenses en
Vietnam.
Además, en vista de que hasta
700.000 iraquíes habían sido
muertos por la "Operación
Libertad Iraquí" para cuando "The
Audacity of Hope" se convirtió
en un éxito de ventas en EE.UU.,
se podría perdonar al pueblo de
Iraq por no compartir la
percepción de Obama de que fue
algo bueno que las Fuerzas
Armadas de EE.UU. se hayan
"recuperado" después de Vietnam.
En cuando a la intrépida
observación de Obama de que
Vietnam indicó que los
responsables de la política
exterior de EE.UU. "no dijeron
siempre la verdad" (p. 287),
debe una de las observaciones
más infravaloradas de realidad
elemental en la historia escrita
de la literatura electoral.
Nuestro propio Departamento de
Defensa: vs. ese radical
demente, Jesús
La misma tachadura y distorsión
histórica orwelliana que
caracterizó el capítulo sobre
política exterior de "The
Audacity of Hope" se ha repetido
una y otra vez en los diversos
discursos de política exterior
de Obama y en su ensayo en
Foreign Affairs. En todos esos
lugares, y en otros, Obama se ha
mostrado dispuesto a funcionar
como lo que Pilger llama "la voz
del Consejo de Relaciones
Exteriores."
Lo que sigue es una proclama
típica del voluminoso historial
de pronunciamientos imperiales
de Obama, más allá de sólo su
libro: "En momentos de gran
peligro en el siglo pasado,
nuestros dirigentes aseguraron
que EE.UU., mediante los hechos
y su |