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Líbano rompe los moldes en
Oriente Medio
Alberto
Cruz
Rebelión
Líbano, de la mano de
Hizbulá, está rompiendo los
moldes en Oriente Medio.
Tras la derrota infligida por
Hizbulá a Israel en la guerra
del verano de
2006 de nuevo ha logrado hacer
doblar la cerviz al Estado
sionista, obligándole a realizar
otro intercambio de presos
libaneses y palestinos similar
al alcanzado en 2004 (1); ha
logrado debilitar la estrategia
imperialista y saudita en la
zona al demostrar su fuerza con
la toma de Beirut en sólo cuatro
días, obligando a una rápida
acción mediadora de varios
países árabes que terminó con el
Acuerdo de Doha -en virtud del
cual las fuerzas patrióticas y
nacionalistas libanesas forzaron
un gobierno de unidad nacional,
por el que venían luchando desde
el fin de la guerra contra
Israel en 2006, y se aseguran
una minoría de bloqueo en dicho
gobierno al tiempo que refuerzan
sus posiciones políticas y
militares- y está demostrando
que las tropas de la ONU en el
sur del país cuentan cada vez
con un mayor rechazo por parte
de la población al ser vistas
como una extensión de los
intereses israelíes en Líbano y
no como esas supuestas fuerzas
pacificadoras que dicen que son.
El intercambio de prisioneros
Dos años después del comienzo de
la guerra, el intercambio de
presos es un nuevo éxito de
Hizbulá. Este movimiento
político-militar, al contrario
que otras organizaciones
guerrilleras en otras partes del
mundo, nunca ha cedido a las
pretensiones de las otras
partes, sea Israel o la propia
ONU, sobre las "pruebas de vida"
de los soldados que ha mantenido
en su poder como consecuencia de
acciones de guerra y con
independencia de que estuviesen
vivos o muertos. Eso le ha
proporcionado una apreciable
ventaja a la hora de negociar
puesto que el adversario nunca
ha sabido a ciencia cierta a qué
se ha tenido que enfrentar.
En todo momento la iniciativa ha
estado en la mano de Hizbulá,
que ha sabido manejar el tiempo
en función de sus intereses
políticos y militares. Tanto
desde Israel, como desde la ONU
y no digamos desde los llamados
medios de comunicación de masas,
se ha venido reclamando a
Hizbulá una prueba de que los
dos soldados capturados se
encontraban vivos. Nunca se ha
dado esa información. Es más, el
encargado de negociar por parte
del movimiento político-militar
libanés con el mediador alemán
que representaba al secretario
general de la ONU jamás tuvo
información al respecto porque,
como dice Hasán Nasralá,
secretario general de Hizbulá,
"una de las lecciones valiosas
que aprendimos de los
intercambios anteriores [se
refiere de forma especial al
realizado en 2004] es que los
medios complican la operación y
crean circunstancias y
condiciones previas (.) porque
el enemigo emprende siempre una
guerra de credibilidad y no
credibilidad en un intento de
provocar fracturas en las
posiciones [de Hizbulá] y esa es
una política que practicó en
muchas partes del mundo" (2). La
negociación ha durado
prácticamente dos años y en ese
tiempo Hizbulá se ha mantenido
inflexible a las presiones.
Ahora recoge los frutos.
El hecho de que el intercambio
de prisioneros haya casi
coincidido en el tiempo con la
formación de un gobierno de
unidad nacional, y que en el
recibimiento a los presos
libaneses liberados de las
cárceles israelíes haya
participado el presidente del
país, Michel Suleiman, así como
el primer ministro y
representantes de la práctica
totalidad de las formaciones
libanesas, incluyendo a las
pro-occidentales, pone de
manifiesto la importancia de
esta operación, así como el
hecho de cómo se ha desarrollado
la negociación en sí.
En ella, Hizbulá presentó una
serie de principios
irrenunciables, en especial que
en el intercambio se incluyese a
los presos libaneses acusados
por Israel de "delitos de
sangre", es decir, de haber
realizado acciones armadas con
resultado de muerte. Este es el
caso del internacionalista
libanés Samir Kuntar, vinculado
al Frente de Liberación de
Palestina. Israel siempre se ha
negado a excarcelar a militantes
a quienes cataloga como
terroristas, pero ahora se ha
visto obligado a ceder. Un
precedente, a todas luces, que
será aprovechado por otras
organizaciones, como la
palestina Hamás, que también
tiene en su poder a un soldado
israelí capturado en una
operación militar.
Otras cuestiones consideradas
irrenunciables por el movimiento
político-militar libanés han
sido el retorno de los restos de
los árabes muertos en las
diferentes guerras, conocer qué
ha pasado con los desaparecidos
especialmente desde la invasión
israelí de 1982 y la liberación
de prisioneros palestinos y
árabes de las cárceles
israelíes.
Aquí Hizbulá ha insistido en la
liberación de las mujeres y los
niños. Ni qué decir tiene que
aunque Israel haya intentado
desligar este asunto de los
otros y diga que la liberación
que tendrá lugar dentro de unos
días se debe a un "gesto de
buena voluntad" con el
colaboracionista Mahmoud Abbas y
con la ONU, la realidad es que
gracias a Hizbulá que esos
presos estarán pronto en
libertad.
Gobierno de unidad nacional
La formación de un nuevo
gobierno, de unidad nacional, ha
sido una muestra de la
generosidad del más fuerte con
sus aliados: Hizbulá ha cedido
dos de las carteras
ministeriales a sus aliados más
pequeños, el Partido
Nacionalista Socialista Sirio y
a una pequeña formación drusa
enfrentada al pro-imperialista
Walid Jumblatt. Al mismo tiempo,
ha impulsado que a la formación
cristiana maronita con la que
mantiene un acuerdo estratégico,
el Movimiento Patriótico Libre,
le hayan sido otorgados cinco
ministerios y el cargo de vice-primer
ministro. Hay que hacer notar
que el MPL no contaba con
representante alguno en el
gobierno anterior. Y por si
fuese poco, la otra fuerza
política aliada de Hizbulá, el
Movimiento Amal, ha conseguido
la cartera de Asuntos Exteriores
-lo que va a definir en el
futuro las relaciones de Líbano
con sus vecinos y, de forma
especial, con Siria mientras
provocará un distanciamiento
evidente de Arabia Saudita, país
que ha venido interfiriendo en
Líbano en los últimos años-
además de la de Salud.
Con esta actuación, que un
teórico marxista podría
describir como aplicar los
principios gramscianos de la
fuerza hegemónica y la política
de alianzas, el mito del
sectarismo y del enfrentamiento
interconfesional en Líbano salta
por los aires. El único
ministerio que queda en manos de
Hizbulá es, significativamente,
el de Trabajo, por lo que es
previsible que en su primera
actuación se eleve el salario
mínimo de los trabajadores, tal
y como ha venido reclamando la
Central General de Trabajadores
en los últimos dos años y
reivindicación principal de las
dos huelgas generales que ha
vivido Líbano en enero de 2007 y
en mayo de 2008.
El nuevo gobierno ha venido
precedido de la advertencia del
presidente de Líbano, Michel
Suleiman, al primer ministro,
Fouad Siniora, de intervenir él
mismo en el proceso de formación
del gobierno si no se llegaba a
un acuerdo antes del día 12 de
junio. Eso descolocó a los
pro-occidentales, que se
resistían a perder poder pese al
Acuerdo de Doha y tuvieron que
aceptar todos los nombres
propuestos por la alianza
nacionalista y patriótica. Pero
hay más. Suleiman había dicho el
día 10 de junio, en un acto
oficial con la principal central
sindical del país, la CGT, en el
que criticó con crudeza la
decisión del Reino Unido de
incluir al brazo armado de
Hizbulá en la lista de
organizaciones terroristas, que
el desarme de Hizbulá va para
largo puesto que "Hizbulá es la
punta de lanza de la resistencia
frente a los que amenazan la
libertad e integridad
territorial del país" y añadió
un aviso para los navegantes
occidentales que con tanta
alegría ponen etiquetas de tal o
cual cosa a quienes osan
mantener posiciones patrióticas
y nacionalistas: "Líbano nunca
admitirá que un partido que
defiende su territorio, libertad
y soberanía esté calificado de
terrorista" (3).
El rechazo a la FINUL
Y el presidente libanés dijo
algo más, en una crítica directa
a la ONU:
"Líbano nunca olvidará que allí
donde la ONU falló, impotente en
forzar a Israel a retirarse del
sur de Líbano, fue la
resistencia quien logró liberar
la región" (4). Por lo tanto, a
nadie debe extrañar que los
habitantes de toda esa zona
libanesa no vean con agrado la
presencia de las tropas de la
ONU, la Fuerza Interina de
Naciones Unidas en Líbano (FINUL),
pese a que en algunos lugares
los comerciantes hayan puesto a
sus locales letreros en
castellano o en italiano, por
ejemplo. En las diferentes
aldeas que rodean a la localidad
de Marjayoun, donde se sitúa el
cuartel general de las tropas
españolas, pueden verse letreros
como "El Corte Inglés" pintado
de forma rústica a la entrada de
un almacén ubicado en un garaje,
"Cafetería" en un pequeño local
situado en las cercanías de la
Puerta de Fátima, justo al lado
de la frontera israelí o
"Peluquería solo para hombres".
Las patrullas de la FINUL son
constantes en las angostas
carreteras del sur.
El cruce con vehículos blindados
es frecuente y los soldados que
van en la parte superior, los
encargados de la ametralladora,
saludan con la mano siempre que
se cruzan con un vehículo.
Cumplen así, a rajatabla, la
orden recibida de intentar
congraciarse con una población
que les ve como una expresión
más de Israel. Los testimonios
en ese sentido no faltan. Y las
acciones, tampoco.
Desde que las tropas de la FINUL
llegaron al sur libanés no han
faltado los incidentes,
especialmente con los
contingentes español e italiano.
Los más graves, que fueron
reseñados por el secretario
general de la ONU, Ban Ki-moon,
en sus informes han tenido
lugar, hasta ahora en el mes de
febrero de 2007 (5) y en los
meses de marzo y mayo de 2008.
Según aparece reflejado en los
párrafos 21, 23 y 24 del último
informe de Ki-moon (6) los
soldados de la FINUL se vieron
envueltos en incidentes en dos
zonas separadas: en la aldea de
Jibal al-Butm cuando hombres
armados no identificados les
impidieron acercarse a un camión
al que pretendían registrar,
aunque no se llegó al
intercambio de disparos, y en la
de Adchit al-Qusair, donde la
población se enfrentó a pedradas
con una patrulla de la FINUL (la
nacionalidad no es especificada
en el informe) que fotografió
unos cables "de aspecto
sospechoso". La actitud de los
pobladores no se quedó en el
lanzamiento de piedras, sino que
fotografió a su vez a los
componentes de la patrulla,
bloquearon la carretera para que
la patrulla de la FINUL no
pudiese abandonar el lugar y
obligó a los soldados de la ONU
a borrar de sus cámaras las
imágenes que habían tomado de
los cables "sospechosos", tal y
como lo relata Ban Ki-moon.
Hay que recordar que fue
precisamente el intento del
anterior gobierno libanés de
desmantelar la red de
comunicaciones de Hizbulá,
esencial para el triunfo en la
guerra contra Israel en 2006,
uno de los aspectos que provocó
el hecho de que Hizbulá tomase
Beirut, por lo que la acción de
la FINUL hay que entenderla como
es: sirve a los intereses de
Israel.
Y es que los contactos a alto
nivel entre los responsables de
la FINUL y el Ejército de Israel
están a la orden del día, y no
sólo por cuestiones de
aplicación de la Resolución
1701. A Israel le interesa una
FINUL más beligerante y con
capacidad de usar las armas. Así
lo recoge un informe publicado
por el diario israelí Haaretz ,
según el cual durante los
últimos meses Israel ha estado
hablando con la ONU sobre la
FINUL para aclarar las normas
para entrar en combate, ya que
considera que la FINUL está
demasiado constreñida en su
mandato. El Ejército israelí lo
puede decir más alto, pero no
más claro: "Nos gustaría que los
soldados de la ONU realizaran
búsquedas dinámicas de armas en
el sur de Líbano, incluyendo
dentro de las casas, y que
pudieran utilizar la fuerza
cuando fuese necesario para
llevar a cabo su misión y no
sólo si la vida de los soldados
está en peligro [como es el caso
actual]" (7).
En este sentido, el actual
ministro de Asuntos Exteriores
italiano, Franco Frattini
-Italia es quien manda en estos
momentos el contingente de la
FINUL- se ha reunido con los
principales dirigentes políticos
israelíes, así como con el
general Amir Eshel. Este tipo de
reuniones no son infrecuentes,
mientras que no se producen con
la otra parte, en el lado
libanés. Tras la formación del
nuevo gobierno, y en especial
una vez se celebren las
elecciones el año que viene, la
ONU deberá tener muy en cuenta
la composición del nuevo
gobierno y las decisiones que se
tomen en este campo, en especial
si se sigue el ejemplo del
gobierno que se va a formar en
Nepal tras el triunfo maoísta y
que ya ha decidido que la
presencia de la ONU en ese país
del Himalaya se tiene que
reducir en un 70% para el año
2009. En Líbano la situación
puede ser también similar el año
que viene.
Por lo tanto, es fácil imaginar
la impresión que deben tener
estas tropas al ver, en sus
patrullas diarias, pancartas con
las frases, en árabe e inglés,
que dicen cosas como "gracias a
las armas de la resistencia
vamos a liberar a nuestros
presos". O que a lo largo y
ancho de todo el país,
especialmente del sur, flamean
las banderas de los partidos en
que militaban los combatientes
muertos en las diferentes
guerras contra Israel: las rojas
del Partido Comunista de Líbano,
las verdes de Amal y las
amarillas de Hizbulá.
Es un gesto que va más que una
celebración por el intercambio
de prisioneros y cadáveres, es
un aviso a navegantes. Y es
indignante que el estado que más
escupe sobre el derecho
internacional, aquel que
incumple reiteradamente, con la
aquiescencia de los democráticos
gobiernos occidentales, no sólo
todas y cada una de las
resoluciones del Consejo de
Seguridad de la ONU y las más
elementales de los derechos
humanos, diga que la Resolución
1701 que sirvió para alcanzar el
cese de hostilidades con Hizbulá
sea un fracaso porque no ha
logrado desarmar al movimiento
político-militar libanés y que,
por ello, ha solicitado a los
países europeos durante la
conferencia Europediterránea,
especialmente a Italia y a
Francia, que se atienda la
petición israelí sobre una FINUL
más beligerante y con capacidad
para utilizar la fuerza contra
los libaneses del sur (8).
Las granjas de la Shebaa
Los últimos movimientos
diplomáticos indican que la
franja de terreno libanés
ocupada por Israel, las granjas
de la Shebaa y las colinas de
Kfar Shuba, pueden pasar a
control de la ONU en breve
plazo. Este es el último
territorio libanés ocupado por
Israel y el gobierno sionista de
turno se ha opuesto
sistemáticamente a retirarse de
dicho territorio. Hasta el
pasado mes de mayo.
Tras la toma de Beirut por
Hizbulá y el derrumbe de las
fuerzas pro-occidentales en los
primeros días de mayo, desde
EEUU y otros países occidentales
como Francia se ha venido
presionando a Israel para que
abandone las granjas y entregue
el terreno a la autoridad
provisional de la ONU para, así,
dejar sin argumentos a Hizbulá
respecto a la necesidad de
mantener su brazo armado
mientras quede una franja de
terreno ocupada.
Israel estaría dispuesto a
retirarse siempre y cuando
consiga, como contrapartida, lo
reseñado más arriba: que la
FINUL pueda usar la fuerza
cuando lo considere oportuno.
Si se acepta esta postura, de
nuevo habrá muertos interpuestos
a mayor gloria de Israel puesto
que Hizbulá ya ha dicho que no
es la diplomacia quien libera la
tierra, sino la lucha y que el
hecho de que la Shebaa quede
bajo control de la ONU no
significa que se haya liberado
todo el territorio libanés
puesto que se estaría ante una
"liberación incompleta".
Líbano viene marcando el camino
al pueblo árabe desde hace dos
años. La firmeza de principios,
la resistencia patriótica y la
unidad política por unos
objetivos comunes, al margen de
la confesión religiosa y/o la
concepción política, están
rompiendo los clichés de
sectarismo con que desde los
llamados medios de comunicación
occidentales y sus aliados
árabes se aborda una situación
que les preocupa por lo que de
ejemplo tiene para el resto de
pueblos de la zona. Los
gobernantes saudíes, kuwaitíes,
egipcios y jordanos miran con
mucho interés lo que está
sucediendo en este pequeño país
porque en ello está incluido su
propio futuro.
De hecho, el más preocupado por
lo que supone de derrota
estratégica del imperialismo y
del proyecto sectario wahabita,
el rey saudita Abdulá, muestra
siempre que puede su frustración
(9) ante la fuerza de Hizbulá y
las organizaciones patrióticas y
nacionalistas libanesas mientras
que en el resto de países árabes
las élites se muestran cada vez
más preocupadas por el ejemplo
que se está ofreciendo y el
apoyo, que se mantiene casi
intacto desde la guerra, a
Nasralá entre la calle árabe y a
quien se le compara desde
entonces con el presidente
egipcio Gamal Abdel Nasser, tal
y como viene haciendo desde la
guerra de 2006 el diario
progresista egipcio Al Destour
(10).
Y dos preguntas: la primera,
¿por qué en la ciudad libanesa
de Trípoli, de mayoría suní, se
reanudan los enfrentamientos
sectarios justo cuando se
anuncia el intercambio de
prisioneros entre Hizbulá e
Israel?, la segunda, ¿por qué
los suníes reeditan el
enfrentamiento en una ciudad que
está a pocos kilómetros del
campo palestino de Narh al Bared,
donde los islamistas suníes de
Fatah al Islam prendieron una
rebelión que permitió al
Ejército libanés entrar -por
primera vez, y aún mantiene el
control sobre quien entra y
quién sale al tiempo que saben
quién hace qué- en un campo
palestino?
Notas: Meanwhile, IDF Chief
Rabbi Avichai Ronsky has decided
to freeze the process of
declaring Ehud Goldwasser and
Eldad Regev, the two soldiers
kidnapped by Hezbollah, dead.
(1) Alberto Cruz, "La lección de
Hizbulá"
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=34516
(2) Al Manar (Líbano), 2 de
julio de 2008.
(3) The Daily Star (Líbano), 10
de julio de 2008.
(4) Al Manar, 10 de julio de
2008.
(5) Informe del Secretario
General sobre la aplicación de
la resolución 1701 (2006) del
Consejo de Seguridad.
S/2007/147. 14 de marzo de 2007.
(6) Informe del Secretario
General sobre la aplicación de
la resolución 1701 (2006) del
Consejo de Seguridad.
S/2008/425. 27 de junio de 2008.
(7) Haaretz (Israel), 9 de julio
de 2008.
(8) Haaretz, 14 de julio de 2008
y Al Manar, 14 de julio de 2008.
(9) Al Seyassah (Kuwait), 2 de
julio de 2008.
(10) Al Destour (Egipto), 13 de
mayo de 2008.
Alberto Cruz es periodista,
politólogo y escritor.
Especializado en Relaciones
Internacionales.
albercruz@eresmas.com
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