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Los niños-prisioneros de
Estados Unidos
por Juana
Carrasco Martín
Juventud Rebelde
Está en cuclillas, las manos
atadas a la espalda, los ojos
tapados por una venda negra. Es
un prisionero en Iraq, donde los
abusos y torturas cometidos
contra los detenidos en las
cárceles estadounidenses o de
los guardias iraquíes, han
recibido la reprobación mundial.
Pero la violación de los
derechos humanos es aún mayor en
este caso, que muestra la
fotografía: se trata de niños y
adolescentes...
Resulta paradójico, pero los
investigadores de la
transgresión son militares
norteamericanos. El teniente
coronel Craig J. Simper, juez
del cuerpo general de abogados
del Ala de Combate 419 en su
base del estado de Utah,
investigó las alegaciones de
tortura en una prisión juvenil
de Bagdad y encontró evidencias
claras de que niños sunnitas han
sido asesinados por sus captores
chiitas.
El diario Salt Lake Tribune
publicó las declaraciones del
oficial: «La explicación fue que
esta gente estaban tratando de
escapar, pero nuestra
investigación concluyó que ellos
estaban programados para ser
liberados».
Sin embargo, otra fuente de esa
fuerza de tarea habló de
«alegaciones insustanciales»
respecto a las ejecuciones y que
«no fueron encontrados records
del incidente ni evidencia
documentada».
Con pruebas o sin ellas, luego
de las barbaridades de Abu
Ghraib, nada puede sorprendernos
de la descripción que hace
Simper del Centro de detención
juvenil Tobchi, donde
supuestamente ofrecen
entrenamiento vocacional a los
muchachos allí encarcelados:
«una prisión en el peor
sentido... era peor que en las
prisiones para adultos»...
«Encontramos muchas evidencias
de tortura, de abusos físicos y
sexuales, y deplorables
condiciones»... «Las ratas eran
del tamaño de los perros
Chihuahuas y los juveniles
estaban enjaulados 50 en una
misma celda», entre ellos niños
de hasta seis años de edad.
Niños iraquíes detenidos. Foto:
Tomada de la página web
antiwar.com ¡Pequeñines de seis
años! La guerra criminal e
ilegal, iniciada por George W.
Bush a la sombra de mentiras,
tiene también en estos casos sus
«daños colaterales», con la
amputación de la inocencia, y
ahora quieren erigirse en jueces
de quienes han aprendido de sus
destrezas.
No hay diferencia con lo que los
propios militares
estadounidenses han hecho en el
campo de concentración que
instalaron desde enero de 2002
en la Base Naval de Guantánamo,
el territorio cubano ilegalmente
ocupado desde hace más de un
siglo.
Tomemos una información de este
martes, de la agencia AP,
fechada en Canadá: los abogados
del ciudadano canadiense Omar
Khadr, encerrado en ese «hueco
negro» desde casi los primeros
momentos de apertura de esa
cárcel del horror, han difundido
un video —el primero que se
conoce— de siete horas de
duración y que contiene los
interrogatorios que le realizó
durante cuatro días un agente de
los Servicios de la Inteligencia
de Seguridad de Canadá, para
conocer los hechos que motivaron
su captura en Afganistán.
«El video, dice AP, permite
vislumbrar los efectos de largos
interrogatorios y del prolongado
cautiverio sobre un prisionero
de Guantánamo que fue capturado
cuando tenía 15 años».
Sí, Omar Khadr era un
adolescente, un juvenil según el
término empleado por Estados
Unidos, cuando fue detenido y
convertido, por la gracia y
decisión del señor W. Bush, en
«combatiente enemigo», esa
especie de categoría
limbo-infierno para negarles a
los recluidos en la Base Penal y
en otras cárceles secretas de la
CIA y del Pentágono, el menor
atisbo de justicia y trato
justo.
Reciente, muy recientemente, se
le comenzó causa y se conoció
que el joven está acusado de
arrojar una granada que mató a
un soldado estadounidense
durante un combate en Afganistán
en el año 2002.
Una puede preguntarse ¿cuál es
el delito de Omar Khadr? ¿Acaso,
y a pesar de su corta edad,
enfrentarse a una tropa que
invadió su país —y aún lo
mantiene ocupado? ¿No es ese un
derecho que asumirían, si fuera
el caso, los muchachos de
cualquier país del mundo,
incluido Estados Unidos, si su
territorio fuese agredido por un
ejército extranjero o una
coalición de fuerzas con la
prerrogativa autoadjudicada de
esparcir «democracia y
libertad»?
Los niños de Tobchi, el
adolescente de Afganistán, una
multiplicación de la infamia de
una administración que viola por
igual la Convención de Ginebra
respecto a los prisioneros de
guerra, como la Convención
Internacional de los Niños y
Adolescentes. ¿Habrá algún día
otro tribunal de Nuremberg que
juzgue como es debido a estos
criminales de guerra?
internac@jrebelde.cip.cu
http://www.juventudrebelde.cu/opinion/2008-07-16/los-ninos-prisioneros-de-eeuu/
Revista Koeyú Latinoamericano
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Caracas. Venezuela
Gentileza:: revistakoeyu1
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