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Latinoamérica, ¿el nuevo
campo de los mercenarios de
Estados Unidos?
Rebelión
Blackwater, la empresa
privada de Estados Unidos que ha
hecho fortuna prestando
servicios paramilitares en Irak,
tiene la vista puesta en
Latinoamérica como mercado de
futuro, según sostiene el
periodista estadounidense Jeremy
Scahill, autor de un libro sobre
"el ejército mercenario más
poderoso del mundo".
Scahill presentó ayer en España
esta historia no autorizada
sobre el imparable ascenso de
Blackwater desde los atentados
del 11 de setiembre de 2001 en
Estados Unidos y sobre su
conversión en uno de los poderes
fácticos más influyentes del
complejo militar-industrial
estadounidense.
En declaraciones a EFE, este
periodista de 32 años que
escribe en el semanario The
Nation, comenta que Blackwater
consiguió beneficios récord en
los últimos dos trimestres, pero
que su objetivo es diversificar
el negocio para adaptarse a
nuevas realidades y que eso pasa
por América latina.
"Blackwater podría terminar en
América latina", dice Scahill,
quien destaca que el Pentágono
instó a la compañía que preside
Erik Prince, un ex militar rico
y muy conservador, a optar por
un plan contra la droga, para
México y Colombia, con un
presupuesto de 15 mil millones
de dólares.
Es a través de estas "empresas
privadas" como Washington quiere
garantizar su presencia en la
región "sin dejar una huella
militar", explica el periodista,
quien sostiene que los miles de
millones de dólares que Estados
Unidos ha invertido en los
últimos 15 años en la lucha
antidroga en la región han sido
para "la lucha
contrainsurgente".
Según el autor de Blackwater. El
auge del ejército mercenario más
poderoso del mundo, un ejemplo
es Colombia, que recibe de
Estados Unidos
630 millones de dólares anuales,
de los cuales Bogotá destina
buena parte a pagar los
servicios de empresas de las
mismas características que
Blackwater, como DynCorp.
"El futuro pasa por el
entrenamiento y la preparación
de militares latinoamericanos,
con el objetivo de tener
pequeños equipos paramilitares
trabajando para estas compañías
en América latina. Veremos un
incremento de la presencia de
estas empresas que deciden
radicarse en la región",
pronostica Scahill.
La lógica es la del negocio y la
del mercado libre, la misma que
llevó a Blackwater y otras
empresas que contratan
mercenarios a fijarse en la
"mano de obra barata" que
ofrecían países como Chile,
Honduras, El Salvador, Perú y
Bolivia.
Frente a los 10 mil dólares al
mes que puede cobrar un
mercenario estadounidense o de
otro país del Primer Mundo por
prestar sus servicios en Irak,
los latinoamericanos aceptan el
mismo riesgo, ofreciendo la
misma preparación, por sueldos
de mil dólares.
Se trata de militares que se
formaron en las décadas de los
´80 y los ´90, en el marco de
las "guerras sucias" instigadas
por Washington, y que ya han
tenido experiencia en técnicas
de contrainsurgencia, tiro de
precisión, guerra de comandos,
espionaje e interrogatorio.
Cerca de mil chilenos fueron
enviados a Irak por gestión de
José Miguel Pizarro Ovalle, a
quien el autor describe como "un
admirador de Pinochet, que
trabajó como traductor para el
ejército estadounidense antes de
convertirse en enlace entre más
de 12 gobiernos latinoamericanos
y fabricantes de armas de
Estados Unidos".
i
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=67091
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Gentileza::
Alex Garcia
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