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En el comienzo de la segunda
etapa de la crisis global
Jorge
Beinstein
La recesión se ha instalado
en el centro del Imperio, el
debate ahora gira en torno de su
profundidad, duración y alcance
mundial. La corte de admiradores
derechistas o progresistas del
capitalismo global, que nos
apabulló en los últimos años con
sus reiteraciones acerca de la
solidez del sistema, está ahora
en pleno repliegue táctico; sus
integrantes ya no niegan la
crisis pero intentan quitarle
dramatismo, acortar sus raíces y
amplitud. Algunos ensayan
explicaciones anecdóticas, otros
la califican como "crisis
cíclica", es decir pasajera, la
mayor parte se refugia en la
explicación simplista que reduce
el fenómeno a una gran
perturbación financiera
combinada con un brote pesimista
de los consumidores
norteamericanos provocado por
los deudores morosos de los
Estados Unidos (que no pagan sus
créditos inmobiliarios)... y por
quienes les otorgaron prestamos
de manera demasiado generosa.
Según esta gente los problemas
serán pronto superados gracias a
las intervenciones de la Reserva
Federal, la Casa Blanca y las
autoridades políticas y
monetarias de las otras grandes
potencias. El mítico estandarte
del poder invencible de los amos
del sistema todavía flamea en
las alturas aunque se va
deshilachando rápido al ritmo de
los truenos globales.
Crédito, consumo y deudas
Al ser la crisis circunscrita al
desinfle de la burbuja
inmobiliaria norteamericana y
sus impactos colaterales en los
Estados Unidos y el resto del
mundo la "solución" aparece
clara: alentar a los
consumidores e inversores, subir
el gasto público e inyectar
liquidez en el mercado. Es lo
que ahora están haciendo el
gobierno de Bush y la Reserva
Federal, el primero acaba de
impulsar una rebaja de impuestos
y un gasto estatal récord para
2009 de más de 3 billones
(millones de millones) de
dólares, y en consecuencia un
déficit fiscal gigantesco con lo
que la deuda pública superará
bien pronto los 10 billones de
dólares. Por supuesto Bush lo
hace desde la derecha; las
reducciones fiscales
beneficiarán básicamente a los
ricos y a la clase media alta,
el mayor gasto público
privilegiará a las fuerzas
armadas que dispondrán del más
alto volumen de fondos de toda
la historia norteamericana: el
gasto militar total de los
Estados Unidos llegó en 2008 a
cerca 1,2 billones de dólares
(si sumamos a las erogaciones
del Departamento de Defensa las
de los demás sectores del
estado), según el proyecto de
presupuesto enviado por Bush al
Parlamento, en 2009 dicha cifra
será mucho más alta. Por su
parte la Reserva Federal baja
más y más la tasas de interés.
Lo que ellos están haciendo
ahora es una suerte de
repetición, en condiciones
infinitamente más graves, de lo
que ya hicieron en 2001, no
tienen otro libreto. Pero en
aquel momento la deuda pública
norteamericana alcanzaba los 5,7
billones de dólares ahora ronda
los 9,2 billones, y si a la
misma le sumamos las del resto
de sectores públicos y privados
se llega a los 50 billones de
dólares (equivalente al Producto
Bruto Mundial). A ello es
necesario agregar la acumulación
de déficits fiscales y
comerciales, y un volumen de
gastos militares totales que
podría llegar a representar en
2009 el 10 % del Producto Bruto
Interno norteamericano.
En 2001 la situación era difícil
pero existían márgenes
económicos y políticos que
permitieron al Poder (auto
atentado terrorista mediante)
salir de la recesión acelerando
las tendencias dominantes del
sistema: hipertrofia
especulativa, concentración de
ingresos. consumismo (con fuerte
caída del ahorro personal),
crecimiento de las deudas
públicas y privadas y
keynesianismo militar. Todos
estos aspectos se exacerbaron al
extremo en los últimos siete
años, las aventuras coloniales
en Eurasia terminaron
empantanadas (el aparato militar
aparece ahora como una pesada
maquinaria tan sofisticada y
cara como incompetente) mientras
que el Estado y la población
están abrumados por la deudas.
La recesión estadounidense es
más una crisis-de-deuda que una
depresión causada por el
enfriamiento del consumo, la
primera es el fundamento del
segundo. La súper deuda estatal
ha llegado a un punto tal que su
expansión ha ingresado en un
círculo vicioso que enlaza de
manera perversa emisiones de
títulos públicos y de dólares
cada vez más depreciados, en
caso contrario el Estado debería
frenar sus gastos y/o
incrementar la recaudación
fiscal lo que hundiría a la
economía en una recesión aún más
profunda.
Por su parte la población con
ingresos medios y bajos ha
sufrido las consecuencias del
estancamiento (y del descenso en
un importante sector) de sus
salarios reales, el ingreso
familiar promedio es actualmente
inferior al del año 2000. Cuando
se lanzó la burbuja inmobiliaria
con una avalancha de créditos
baratos se estaba al mismo
tiempo restringiendo la
solvencia a mediano plazo de una
gran masa de deudores, la
serpiente neoliberal terminó
mordiendo su propia cola: a
mediados de 2006 el mercado
inmobiliario estaba saturado,
los precios de las viviendas
comenzaron a descender y en 2007
estalló la morosidad. Lo que
siguió es bien conocido.
En los años del auge el tema del
inminente agotamiento del
crecimiento de la economía
norteamericana sobrecargada de
deudas había sido abiertamente
ignorado o negado por
periodistas, expertos, grandes
empresarios y dirigentes
políticos de la superpotencia.
Los negocios prosperaban ¿quien
se hubiera atrevido en ese
período a decir que las grandes
ganancias de ese entonces eran
la base de un próximo desastre?.
Los pocos que se atrevieron
quedaron marginados o
ridiculizados, señalados como
catastrofistas, personas
amargadas o amantes de los
terremotos.
Pero si la derecha pretende
hacer más de lo mismo, el
progresismo imperial no va mucho
más lejos, Joseph Stiglitz
expresión de ese sector acaba de
proponer una variante "popular"
del remedio orientada también a
rehabilitar el consumo
incrementando el gasto público y
en consecuencia el déficit
fiscal y la deuda. Según esa
propuesta no serían beneficiados
los militares y los ricos sino
los desocupados, los programas
de desarrollo de la
infraestructura, del sector
educativo, de salud, de ahorro
de energía y de reducción de la
contaminación ambiental (1). La
aspirina progresista
(incompatible con el actual
sistema de poder estadounidense)
y la repetición conservadora no
son otra cosa que pequeños
parches impotentes ante una
realidad que los desborda.
Recesión e inflación
Ahora que la recesión ha llegado
al centro de la economía mundial
sus autoridades entran en
pánico, perciben que sus
acciones son ineficaces o
incluso contraproducentes. Las
medidas antirrecesivas como los
recortes fiscales en curso, las
drásticas bajas en la tasa de
interés o el incremento del
gasto público traerán más
déficits y deudas y si llegan a
tener algún éxito, aunque sea
mediocre, alentarán la
inflación; en ambos casos
impulsarán la depreciación
internacional del dólar. La
recesión y la inflación llegan
juntas porque la crisis
financiera converge con la
crisis energética que hace subir
el precio del petróleo
arrastrando hacia arriba a un
amplio abanico de materias
primas. Los costos de producción
aumentan no solo cuando crece la
economía mundial y en
consecuencia la demanda de esos
productos sino también cuando la
misma se estanca e incluso
cuando decae. Es así porque la
extracción petrolera global está
llegando a su máximo nivel y
detrás de ella las de otros
recursos energéticos no
renovables como el carbón y el
uranio que se encaminan hacia la
misma situación a más largo
plazo pero bien antes de
mediados del siglo XXI (2). Y
como sabemos el remplazo del
petróleo por los biocombustibles
lleva al rápido encarecimiento
generalizado de los precios de
la producción agrícola, en
especial la de alimentos.
En síntesis, las autoridades
norteamericanas saben que si
tratan de revertir la recesión
reanimando al mercado alentarán
la inflación y la caída del
dólar lo que terminará por traer
más recesión pero que si buscan
frenar la inflación enfriando la
economía profundizarían la
recesión: un callejón sin
salida.
Algunos expertos, por ahora
discretos, empiezan a
ilusionarse con la posibilidad
de un estancamiento prolongado
pero ordenado, sin estallidos
sociales ni crisis
institucionales graves, el
modelo sería Japón en los años
1990. Aunque olvidan que se
trataba de una potencia de
segundo orden que dispuso en ese
momento de dos tablas de
salvación externas que
suavizaron su aterrizaje, en
primer lugar las burbujas de
prosperidad de Asia del Este que
le dieron aire hasta la crisis
de 1997 y sobre todo los Estados
Unidos, su principal cliente
comercial, cuyo mercado absorbió
exportaciones e inversiones
japonesas. Pero los Estados
Unidos son demasiado grandes, no
existe una tabla de salvación
externa a su medida, el resto
del mundo venia amortiguando sus
desajustes fiscales y
comerciales acumulando montañas
de papeles dolarizados que cada
día valen menos pero esa
capacidad esta casi agotada.
La ilusión del desacople
En la última reunión de Davos se
discutió mucho acerca del
posible "desacople" entre los
Estados Unidos y las otras
potencias industriales que
tomarían de ese modo distancia
del naufragio de su hermano
mayor.
Hasta hoy la globalización era
presentada por la propaganda
neoliberal como una trama de la
que nadie podía escapar, ahora
sin mayores explicaciones se
afirma lo contrario, la red
global permitiría al parecer
salir del desastre a una amplia
variedad de países, dirigentes y
comunicadores de algunas
economías desarrolladas las
incluyen en la lista de
sobrevivientes, incluso en
numerosos países periféricos los
medios de comunicación locales
tratan de tranquilizar a sus
poblaciones explicándoles que
gracias al nivel de sus reservas
(dolarizadas), la naturaleza de
sus exportaciones, su ubicación
geográfica u otra bendición del
destino, esa nación no será
afectada por la recesión
estadounidense (o lo será muy
poco).
Pero resulta que - para
desgracia de los neoliberales -
los neoliberales tenían razón:
las interdependencias económicas
mundiales son tan densas que
como lo estamos comprobando a
diario no hay manera de
desconectar los sacudones
estadounidenses (bancarios,
bursátiles, etc.) del
funcionamiento financiero
internacional. La burbuja
inmobiliaria norteamericana fue
la vanguardia de una variada
serie de burbujas similares en
distintos lugares del planeta,
países como España, Inglaterra,
Holanda, Australia, Irlanda,
Nueva Zelandia fueron parte
activa de la fiesta. En España
ya comenzó el desinfle,
recientemente Carlos March,
cabeza de uno de los grupos
financieros decisivos de ese
país, declaró que "la crisis
inmobiliaria (española) va a
durar mucho tiempo, al menos
tres años" (3), además numerosos
bancos europeos y asiáticos son
golpeados por la desvalorización
de títulos norteamericanos
apoyados en deudas hipotecarias
de alto riesgo que compraron a
manos llenas en pleno auge
especulativo. La recesión
estadounidense ya afecta a Japón
estrechamente asociado a la
superpotencia en los niveles
comercial, financiero,
político-militar, etc. Japón y
los Estados Unidos compran el
grueso de las exportaciones
industriales de China, columna
vertebral de su prosperidad
económica, que por otra parte
acumula más de 1,4 billones de
dólares y papeles dolarizados en
sus reservas y es atravesada por
varias burbujas (bursátil,
inmobiliaria, etc.)(4).
Mucho más fuertes aún son las
interconexiones entre la Unión
Europea y los Estados Unidos...
lo que no le impidió al
presidente del Eurogrupo Jean-Claude
Juncker declarar (a comienzos de
febrero de 2008 y sin que se le
mueva un solo músculo de la
cara) que "en Europa no hay
riesgo de recesión al contrario
que en los Estados Unidos" (5).
Estas interrelaciones
planetarias del capitalismo han
sido a veces explicadas en
términos de "estafa" de la
superpotencia al resto del mundo
que durante un largo período le
ha estado suministrando bienes y
capitales a cambios de papeles
de valor decreciente, ello le
había permitido al Imperio
consumir y hacer guerras muy por
encima de sus posibilidades
productivas. Es lo que acaba de
afirmar George Soros (6), lo que
durante muchos años era
presentado como un argumento
"antiimperialista", "desde la
izquierda", ha sido ahora
asumido por el
personaje-paradigma de la
especulación financiera mundial.
Según él la actual crisis "la
más grave desde el fin de la
Segunda Guerra Mundial" marcaría
el fin del reinado del dólar, la
recesión en el mundo
desarrollado y el ascenso de
naciones como China, India y
algunos países exportadores de
petróleo. En síntesis, los
Estados Unidos y posiblemente
una parte de Europa habrían
llegado a su ocaso pero el
capitalismo global quedaría a
salvo gracias a la inyección de
sangre joven proveniente de la
periferia... lo que les
permitiría a Soros y sus colegas
continuar de manera renovada sus
ingeniosos negocios.
Pero la realidad es menos
simple, el mercado
norteamericano ha sido el
espació decisivo para la
colocación de mercancías y
excedentes de capitales del
resto del mundo. Gracias a su
capacidad de absorción
(apuntalada por el conjunto del
capitalismo global) las
burguesías de Europa, Asia y de
otros continentes pudieron
realizar operaciones
especulativas, inversiones
productivas y exportaciones sin
los cuales sus prosperidades
hubieran sido imposibles. A
partir de la crisis crónica de
sobreproducción mundial (con
centro en las naciones
desarrollados) iniciada a fines
de los años 1960 la economía
estadounidense, crecientemente
parasitaria, fue el principal
sostén de la demanda global. Las
clases dirigentes de China,
India, Japón o Europa no fueron
estafadas ni coaccionadas para
que le cedieran bienes y
capitales a la superpotencia...
solo estaban sosteniendo a su
principal cliente con créditos y
precios accesibles.
Se trata de una trama
internacional muy compleja en
cuya cúspide se encuentran las
elites dirigentes de los Estados
Unidos y numerosos países ricos
y pobres mientras que en la base
se agolpan los excluídos y
trabajadores superexplotados de
la periferia y una creciente
masa de empobrecidos de las
naciones industrializadas. El
resquebrajamiento de ese pilar
central hace ahora tambalear al
sistema mundial.
El discurso acerca del ascenso
del capitalismo periférico en
tanto futuro líder del mundo
aparece como la componente
tragicómica de la ilusión del
desacople. Los dirigentes
chinos, por ejemplo,
proseguirían su enriquecimiento
vertiginoso (tal vez un poco más
suave) aunque no se sabe muy
bien como lo harían si se hunden
los mercados norteamericano y
japonés.
India y Brasil marcharían por un
camino similar con sus
burguesías transnacionalizadas
tal vez haciendo negocios Sud-Sud
y tras ellos una variada serie
de países subdesarrollados. La
sombra de la recesión cubriría a
las llamadas economías
desarrolladas (en grueso
encuadradas en la OCDE), que
representaron en 2007 casi el 70
% de la importaciones mundiales
mientras numerosos países del
resto del mundo, vaya uno a
saber gracias a que milagro, se
salvarían del desastre. No
olvidemos que los más dinámicos
y grandes de los mismos basan su
crecimiento en la expansión de
sus exportaciones...
preferentemente dirigidas hacia
las naciones ricas.
La fabula no solo es
inconsistente desde el ángulo
del comercio internacional sino
que lo es también (mucho más)
cuando enfocamos la composición
y comportamiento de estas
burguesías periféricas,
transanacionalizadas, sumergidas
hasta el cuello en las burbujas
financieras globales, buena
parte de ellas atrapadas por la
cultura del corto plazo (el
estilo de vida de los
especuladores), educadas en la
rapiña y superexplotación de sus
propios países. Mundializan sus
excedentes financieros ante la
"estrechez relativa" de sus
mercados locales e incluso
regionales (desde el punto de
vista de sus expectativas de
altas ganancias) o bien
empujados por la "necesidad" de
extender sus intereses al
interior de tramas empresarias
globales de las que forman parte
o incluso a veces ante la
posibilidad de abastecer a las
clases privilegiadas de sus
propios países a partir de
firmas o marcas extranjeras "de
prestigio". Tres ejemplos
recientes llegados desde China
ilustran bien esta realidad: el
primero de ellos se refiere a la
suspensión el martes 22 de enero
de 2008 de la cotización de la
acción del Bank of China (el
segundo banco de China) en la
bolsa de Shanghai cuando este
informó haber perdido unos 8.000
millones de dólares en sus
títulos ligados a préstamos
hipotecarios norteamericanos de
riesgo (subprimes). El segundo
es la compra realizada por
Aluminium Corp. of China (Chinalco)
de una participación en la
empresa minera anglo-australiana
Rio Tinto por una suma próxima a
los 14 mil millones de dólares
(7). El tercer ejemplo es la
reciente "adquisición de lujo"
por parte del grupo Longhai, de
la ciudad de Quingdao en China,
del viñedo francés de Chateau
Latour-Laguens, la empresa china
aprovechó la marca francesa para
rebautizar ""Latour-Laguens
International Wine Co" a su rama
importadora de bebidas que vende
a los nuevos ricos de su mercado
interno vinos australianos,
italianos y sudafricanos (8).
Estas burguesías son la
antítesis viviente de lo que los
optimistas del desacople y de la
recomposición periférica del
capitalismo pueden imaginar como
clases dirigentes medianamente
estables y portadoras de
proyectos productivos y
comerciales autónomos
("nacionales") de largo plazo.
Hipertrofia financiera global y
desaceleración productiva
Para entender lo que está
ocurriendo es necesario
reflexionar acerca del período
de "más de 60 años de duración"
que nos propone George Soros,
aunque no debería ser visto como
un único ciclo ascendente del
crédito sino más bien como la
sucesión de dos períodos, uno
ascendente entre el fin de la
Segunda Guerra Mundial
(aproximadamente) y el final de
los años 1960 o el comienzo de
los años 1970 y otro descendente
desde ese punto de inflexión
hasta la actualidad.
La era de oro del mundo
capitalista reconstituido con
centro en el imperio
norteamericano y el dólar como
moneda universal, basada en la
intervención económica del
Estado, combinando según los
casos keynesianismo civil y
militar tal vez dio sus primeros
pasos hacia 1939, en los Estados
Unidos, en ese momento el
keynesianismo militar logró allí
el despegue que se transformó en
una prolongada prosperidad que
se está acabando ahora. El
inicio también puede ser
localizado hacia finales de los
años 1940 cuando los
capitalismos recompuestos de
Europa Occidental y Japón se
incorporaron a la ola
norteamericana.
El dinamismo productivo del
sistema comenzó globalmente a
decaer a fines de los años 1960
expresándose luego como una
crisis de sobreproducción
crónica que se prolonga hasta
hoy (9). Una de sus
manifestaciones más evidentes
fue la declinación en el largo
plazo de la tasa de crecimiento
de la economía mundial donde el
rol negativo principal fue
protagonizado por las naciones
de alto desarrollo. La economía
global creció a una tasa anual
promedio de 4,9 % entre 1950 y
1973, 3,4 % entre 1974 y 1979,
3,3 % en la década de los 1980 y
2,3 % en la de los 1990, la
década actual que comenzó con un
pequeño enfriamiento continuó
con la expansión-burbujeante de
la era Bush para concluir con
una recesión (o estancamiento)
que anuncia ser prolongada. La
desaceleración económica
internacional engendró una vía
de escape para las
rentabilidades productivas en
baja: la expansión financiera.
Un buen ejemplo de ello es la
contraposición entre la
reducción de la tasa de
crecimiento de la economía
mundial y el crecimiento veloz
de los negocios con productos
financieros derivados que
ingresaron en el período de la
especulación desenfrenada hacia
comienzos de la década actual.
Según el Banco de Basilea a
mediados del año 2000 los
derivados representaban
aproximadamente el doble del
Producto Bruto Mundial, hacia
mediados de 2006 eran ocho veces
superiores, y diez veces un año
después: sumaban unos 510
billones (millones de millones)
de dólares. Si a esta cifra le
agregamos el resto del
empapelamiento (acciones, deudas
públicas, etc.) nos estaríamos
aproximando a los 1000 billones
de dólares (20 veces el Producto
Bruto Mundial)...
Nos encontramos ahora en el
espacio de saturación de la
hipertrofia especulativa que
podrá tal vez prolongarse un
poco más pero que de manera
irresistible va ingresando en
una zona de múltiples
turbulencias donde algunas
burbujas se desinflan y otras se
expanden rápidamente en medio de
un desorden financiero
generalizado. Debemos tener
presente que lo que está
tambaleando es el mayor globo
financiero de la historia del
capitalismo.
El segundo acto
La primera etapa de la larga
crisis-decadencia global
iniciada hace casi 40 años
concluyó cuando la expansión
financiera agotó su rol
amortiguador para convertirse en
lo contrario. Si antes era el
pilar del consumismo y de la
supervivencia concentradora de
las grandes empresas ahora
constituye el centro de la
recesión.
El punto de inicio del nuevo
período suele ser situado en
2007 cuando estalló la burbuja
inmobiliaria norteamericana
aunque con una visión más amplia
deberíamos localizarlo en 2001
en el momento en que la amenaza
de recesión en los Estados
Unidos fue "eludida" gracias a
la loca fuga hacia adelante de
las peores tendencias del
sistema: militarismo,
especulación, concentración de
ingresos, corrupción
institucional. Ese hecho sobre
determinó la marcha del mundo,
no en la dirección que
pretendían los halcones de la
Casa Blanca (instalación del
dominio imperial por muchas
décadas) sino en sentido
opuesto: se aceleró la
decadencia. Al comienzo
predominó una apariencia
engañosa de prosperidad impuesta
por la maquinaria mediática
occidental, las economías
desarrollas tenían altas tasas
de crecimiento, China, India y
otras "naciones emergentes"
expandían como nunca sus
estructuras capitalistas... pero
la base de boom era una
especulación financiera sin
frenos y con una esperanza de
vida muy acotada.
Para entender mejor lo que ahora
esta ocurriendo debe ser
ampliado el espacio de la crisis
financiera para dar lugar a
"otras crisis" que convergen con
ella. En primer lugar la crisis
energética que está expresando
el fin de la era del petróleo
barato (el comienzo del
estancamiento de la extracción
seguido a más largo plazo por su
descenso) introduciendo un
sólido bloqueo inflacionario a
las políticas antirrecesivas.
Dicha crisis debe ser incluida
en la bicentenaria historia del
capitalismo industrial (basado
en los recursos energéticos no
renovables) cuyo funcionamiento
expansivo hubiera sido imposible
si no se independizaba de los
límites y ritmos de la
reproducción de los recursos
energéticos renovables,
abaratando y sometiendo a su
dinámica a las nuevas fuentes de
energía que aparecían como
reservas infinitamente grandes,
siempre disponibles. Eso fue
posible gracias a una serie de
proezas tecnológicas, trágicas a
largo plazo, que conformaron un
mecanismo de depredación que no
se podía prolongar
indefinidamente.
El estallido de la crisis
energética coloca ahora al
capitalismo ante un callejón sin
salida, por lo menos a mediano
plazo, tiempo más que suficiente
como para que el desorden
depresivo del sistema termine
por producir daños irreversibles
que impidan su recomposición
bajo condiciones civilizadas.
Esto significa que la futura
supervivencia de la civilización
burguesa debe ser asociada con
el ascenso de formas de barbarie
nunca antes vistas, el parche de
los biocombustibles como
reemplazante a escala planetaria
esclarece bien esta afirmación
con sus secuelas de destrucción
del recurso agrícola básico: la
tierra cultivable y de
encarecimiento de los alimentos
con los que compite en la
ocupación de ese recurso.
Este proceso depredador en su
etapa de gran aceleración y
control general del planeta
experimenta actualmente un
enorme salto cualitativo al
convertirse en motor del
fenómeno de cambio climático que
amenaza a la humanidad, su
mitigación está obligada a
recorrer el mismo sendero que el
de la solución de la crisis
energética: la reducción y
rediseño del consumo de energía
a gran escala lo que implica la
transformación radical del
sistema productivo ahora
impulsado por la lógica de la
rentabilidad capitalista (el
poscapitalismo ridiculizado en
la era neoliberal entra en
escena).
Otra crisis decisiva es la del
centro del mundo: los Estados
Unidos, la declinación del
Imperio es no solo económica o
institucional sino también
militar, su complejo
industrial-militar en la cúspide
de su despliegue económico y
tecnológico demuestra su
incompetencia en el terreno
concreto de la guerra, de manera
directa en Irak y Afganistan e
indirecta en la reciente
invasión israelí al Libano. Esta
crisis de la tecnología y del
despilfarro militar modernos
puede ser enfocada como el más
reciente eslabón de una
secuencia iniciada hacia fines
del siglo XIX de militarización
de la ciencia y la tecnología,
de concentración industrial en
el objetivo bélico, atravesando
dos guerras mundiales calientes
y una fría hasta llegar a la
degradación actual.
El hecho sorprendente es la
convergencia histórica de todas
las crisis señaladas que aparece
como el encuentro de varios
ciclos de diferente duración si
pensamos en un ciclo de los
recursos energéticos no
renovables (desde el carbón
hasta el petróleo despegando a
fines del siglo XVIII) cuyo
punto de inflexión hacia abajo
coincide con puntos similares en
los otros ciclos, el financiero
y el militar-industrial nacidos
a fines del siglo XIX. Pero la
reflexión se simplifica cuando
visualizamos tres ciclos
paralelos despegando
aproximadamente en el mismo
momento si en el caso de la
energía nos limitamos al del
petróleo. En este último caso
podemos referirnos a componentes
de un solo ciclo de algo más de
un siglo de antigüedad marcado
por el desarrollo cada vez más
rápido e intenso del parasitismo
(principalmente financiero y
militar) y de la depredación del
ecosistema.
Febrero de 2008
--
(1), Joseph Stiglitz, "How to
Stop the Downturn", The New Yor
Times, January 23, 2008.
(2), Según dos estudios
recientes del Energy Watch Group
la cima de la producción
económicamente viable de carbón
de mantenerse el actual ritmo de
crecimiento de la extracción se
produciría en torno del año 2025
(Energy Watch Group, "Coal:Resources
and Future Production", March
2007) y la del uranio diez años
más tarde (EnergyWatch Group, "Uranium
Resources and Nuclear Energy",
December 2006) en este último
caso a partir de esa primera
cima los incrementos en la
producción (siguiendo el ritmo
actual) podrían prolongarse tres
décadas más pero con un ascenso
exponencial de los costos.
(3)," Según sus cuentas, tomando
en consideración que en estos
momentos se están construyendo
en cualquiera de sus fases
alrededor de 1,3 millones de
vivienda en España, y que la
demanda se sitúa entre 300.000 y
400.000 unidades, lo lógico es
que ese stock de viviendas no se
liquide hasta pasados tres años.
Carlos March, admitió, durante
la presentación de los
resultados del banco, que la
situación es "preocupante" por
lo que no será fácil recuperar
niveles de actividad
"aceptables". El representante
de una de las fortunas -mayores
e históricas- del país ha sido
tajante con la actual crisis,
que vive en sus propias carnes.
Corporación Financiera Alba, el
brazo inversor cotizado de la
familia March, acumula una caída
en bolsa del 33% en los últimos
ocho meses". Cotizalia,
05-02-2008.
(4), "Los precios de los
inmuebles en China crecen
imparables situándose por encima
del 8% interanual, de nada han
servido las medidas dispuestas
por el Gobierno del país para
intentar detener la escalada de
precios... El incremento de un
8,2% se convierte en un 10% en
las ciudades donde la
especulación inmobiliaria se
hace más notoria, y la tendencia
se está generalizando por todo
el país... Quienes
verdaderamente están haciendo su
agosto de esta situación son los
bancos y entidades financieras
que conceden los créditos
hipotecarios, tal es el auge de
las hipotecas que incluso se ha
comenzado a popularizar una
expresión entre los ciudadanos
chinos, 'esclavos de las
hipotecas' ". Programa
Inmobiliario, "Se infla la
burbuja inmobiliaria en China" ,
03-10-2007,
http://www.programainmobiliario.tv/detalle.php?id=264.
(5), "No habrá recesión en
Europa", adnmundo.com,
04-02-2008.
(6), Según Soros nos
econtraríamos ante "el fin de
una era de expansión del crédito
fundada en el dólar como moneda
de reserva internacional... un
boom que ha durado más de 60
años (y que) ha permitido a los
Estados Unidos absorber el
ahorro del resto del mundo y
consumir más de lo que
producía". George Soros, "The
worst market crisis in 60 years",
The Financial Times, January 22
2008.
(7)," Why Chinalco's Buying Into
Rio Tinto", Business Week,
February 5, 2008.
(8) "Viñedos de Francia para los
nuevos ricos de China", Clarin-iEco,
Buenos Aires, 10de febrero de
2008.
(9), Jorge Beinstein, "La larga
crisis de la economía global",
Corregidor, Buenos Aires, 2000.
Autor:
Jorge Beinstein
Doctor de Estado en Ciencias
Económicas (Universidad de
Franche Comté - Besançon,
Francia), especialista en
pronósticos económicos, ha sido
durante los últimos veinticinco
años consultor de organismos
internacionales y gobiernos,
dirigió numerosos programas de
investigación y fue titular de
cátedras de economía
internacional y prospectiva
tanto en Europa como en América
Latina.
Actualmente es profesor titular
de las cátedras libres
"Globalización y Crisis" en las
universidades de Buenos Aires y
Córdoba (Argentina) y de La
Habana (Cuba), y Director del
Centro de Prospectiva y Gestión
de Sistemas(Cepros).
Entre 1986 y 1998 fue titular de
la Cátedra de Historia económica
mundial ("Historia económica y
social general") de la
Universidad Nacional de La
Plata, Argentina, donde a
comienzos de los 90s fundó y
dirigió el Centro de Estudios e
Investigaciones
Multidisciplinarias en
Innovación Tecnológica y
Prospectiva (Cemitep). En esa
época coordinó el Programa de
Prospectiva de la Comisión
Latinoamericana de Ciencia y
Tecnología del SELA (Sistema
Económico LatinoAmericano).
Varios centenares de
publicaciones científicas
internacionales y de divulgación
en mediosde difusión masiva (en
la actualidad publica
regularmente en Le Monde
Diplomatique en español /El
Dipló de Buenos Aires) expresan
una larga trayectoria consagrada
a la prospectiva y al análisis
de la economía global.
http://www.rcci.net/globalizacion/2008/fg716.htm
Revista Koeyú Latinoamericano
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Caracas. Venezuela
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