|
Hambre
Hermann
Bellinghausen
La Jornada, México
1. Nada cuesta más caro que
ser pobre. Pregúntele a
cualquier verdadero pobre. Ésa
es una de las lindezas del
capitalismo universal y rampante
que, dicen, está en crisis,
peligra de recesión, anuncia su
propio coco económico. Pero en
brutal efecto mariposa,
fenómenos como la crisis
inmobiliaria de Estados Unidos
corren parejos al hambre de
millones de personas en Haití.
Los estadunidenses en crisis
comen más hamburguesas, por la
ansiedad de la guerra y las
hipotecas, y porque son baratas.
Migrantes y pobres engordan en
McDonalds y Burger King.
Supongamos que es el año 2008.
El agua y la comida, únicos
verdaderos problemas de la
especie humana, escasean o
desaparecen en grandes
extensiones territoriales. Hay
un mundo de ricos, bastante
extendido, donde jamás se
enteran de que en Tailandia y
Filipinas los graneros de arroz
son vigilados por las fuerzas
armadas para prevenir los
asaltos de hambrientos o
traficantes.
Un mundo "de mercado libre" que,
programáticamente, a los
productores los ha degradado a
consumidores, y la clase
trabajadora sostiene a los ricos
no sólo con su esfuerzo, sino
consumiendo lo que los patrones
venden. El mundo global del
siglo XXI es una gran tienda de
raya.
2. Hay lugares de Australia,
Asia central, Perú y San Luis
Potosí donde hace 10 años no
llueve. 10 años. La gente tiende
a irse, o morirse.
3. La metáfora última del hambre
contremporánea es la pica de
Haití. Literalmente, son
pastelitos de lodo. Galletas a
base de un barro amarillo que
proviene de la meseta central de
la isla. En los slums de Ciudad
del Sol se mezcla con sal y
grasa vegetal. Llena la barriga
pero no impide la desnutrición
ni los dolores intestinales,
transmite parásitos y posee
toxinas potencialmente mortales.
En un país donde millones no
producen, ni conocen el dinero,
los pobres necesitan pagar hasta
por comer tierra. Ahora que es
"comestible", ya encontró
dueños, acaparadores y
distribuidores para el último
peldaño social del planeta. Y
los precios de esa arcilla no
dejan de subir. Cuesta ya 5
céntimos cada galleta. Más
barata que la comida, pero
muchos ni siquiera eso pueden
pagar.
La isla caribeña, además de
tener playas de ensueño
turístico y ron de lujo, es
"vivo ejemplo del hambre en el
mundo", según Stephen Lendman,
investigador del Centro para
Investigaciones sobre la
Globalización (Chicago). Ni
modo, podría decirse.
México no es Haití. Para nada.
¿Quién dice? Ja. Ningún
indicador. Además, ojo,
aquí-se-combate-a-la-pobreza. El
actual gobierno, al igual que el
anterior, y el anterior, y el
anterior, ha puesto en marcha
una decidida estrategia de
combate. Como de costumbre se
anuncia frontal, implacable, sin
dar cuartel ni escatimar
recursos. No queda claro si es
contra la pobreza o contra los
pobres. Desde las anteojeras del
poder no son fáciles de
distinguir.
El insultante número de ricos
que "tenemos" en México, y los
tamaños de "su" riqueza, se
deben a su capacidad de
expoliación, explotación, venta
del territorio y lo que lleva
incluido. Esa capacidad
ilimitada de hacer dinero
produce el paradójico efecto de
convertir tan rica nación en la
más desigual y con más pobres
sin horizonte en el continente.
Después de Haití.
El nuevo combate a la pobreza
establece por ejemplo que los
pescadores dejen de pescar; que
la gente que come maíz, que es
de maíz, deje de cultivarlo. Que
compren el maíz, el pescado.
Desaparecen la producción y las
fuentes de trabajo, y crece la
necesidad de dinero. En vista de
que dinero y trabajo son
necesarios, la gente migra. Para
fines presupuestales y
demográficos, esa gente también
desaparece.
Cada pobre que emigra es un
pobre menos. Y además, ¡oh
maravilla de capitalismo!, como
migrante genera divisas,
fortalece la economía del país
donde ya no existe y su dinero
va a dar a los bolsillos de los
que lo echaron del país. Negocio
redondo.
Por eso, ¡duro con la pobreza!
Vamos a combatirla de una vez
por todas. Aunque, un momento
("aguarda", como dicen las
series dobladas de televisión).
Se necesita que haya pobres. Su
hambre es motor del progreso.
Sin ellos ¿quién comprará?
¿Quién pagará los platos rotos?
¿Cómo se mantendría la fenomenal
industria que es combatirlos?
Su hambre es el nuevo gran
negocio. Igual que los
rentabilísimos desastres, el
secreto es provocarla,
administrarla y combatirla. Ya
no sólo el petróleo, las armas y
los diamantes valen oro. Ahora
el agua, el aire, el lodo. Y el
último grito de la moda: el
hambre.
www.jornada.unam.mx/
La Jornada, 5 de mayo de 2008
www.panamaprofundo.org
contacto@panamaprofundo.org
http://www.panamaprofundo.org/boletin/varios/hambre.htm
Gentileza::
Panamá profundo
[boletin@panamaprofundo.org]
paginadigital |