|
El hambre de los agronegocios
Silvia
Ribeiro
ALAI AMLATINA
Por todo el mundo siguen
aumentando los precios de los
alimentos y en los países más
vulnerables resultan en
situaciones intolerables como
hambrunas, a menudo combinadas
con sequías o inundaciones,
efectos perversos del cambio
climático. Ante la gravedad de
la crisis, caen máscaras y se
vacían discursos, como la receta
de los agrocombustibles y los
supuestos beneficios del libre
comercio y la agricultura de
exportación.
Robert Zoellick, ahora como
presidente del Banco Mundial,
anuncia que los precios seguirán
altos por varios años, y que es
necesario fortalecer la "ayuda
alimentaria" para gestionar la
crisis. Zoellick, que pasó a
este cargo luego de ser jefe de
negociaciones de Estados Unidos
en la Organización Mundial de
Comercio, sabe de lo que habla:
desde su puesto anterior hizo
todo lo que pudo para romper la
soberanía alimentaria de los
países, en función de favorecer
los intereses de las grandes
trasnacionales de los
agronegocios. Incluso ahora, la
receta de la "ayuda alimentaria",
es otra vez un apoyo encubierto
a las mismas transnacionales,
que tradicionalmente son quienes
venden al Programa Mundial de
Alimentos los granos que
"caritativamente" les entregan a
los hambrientos, con la
condición de que ellos mismos no
produzcan los alimentos que
necesitan.
Los grandes ganadores de la
crisis alimentaria son también
actores centrales y grandes
ganadores en la promoción de los
agrocombustibles:
las trasnacionales que acaparan
el comercio nacional e
internacional de cereales, las
empresas semilleras, los
fabricantes de agrotóxicos.
En estos dos últimos rubros son
en muchos casos las mismas
empresas: a nivel global,
Monsanto es la principal empresa
de semillas comerciales y la
quinta en agrotóxicos. Bayer es
la primera en agrotóxicos y la
séptima en semillas, Syngenta la
segunda en agrotóxicos y la
tercera en semillas, Dupont la
segunda en semillas y la sexta
en agrotóxicos. Junto a BASF y
Dow (tercera y cuarta en
agrotóxicos), estas seis
empresas controlan el total de
las semillas transgénicas en el
mundo, que casualmente es
también la solución que proponen
a todos los nuevos problemas
(que ellas mismas han sido parte
fundamental en provocar).
Junto a los que dominan más del
80 por ciento del comercio
mundial de cereales: Cargill,
ADM, ConAgra, Bunge, Dreyfus;
todas han tenido ganancias
absolutamente impúdicas, gracias
a la escasez de alimentos, la
promoción y subsidios a los
agrocombustibles y el alza de
los precios del petróleo (los
agrotóxicos son petroquímicos).
Un excelente informe de Grain
(El negocio de matar de hambre,
http://alainet.org/active/23996),
da cuenta de estas ganancias:
para el
2007, Cargill aumentó sus
ganancias 36 por ciento; ADM, 67
por ciento; ConAgra, 30 por
ciento; Bunge, 49 por ciento;
Dreyfus, 77 por ciento, en el
último trimestre de 2007.
Monsanto obtuvo 44 por ciento
más que en
2006 y Dupont-Pioneer 19 por
ciento.
A esta situación se suma el
hecho de que los grandes fondos
de inversión especulativa
–frente a la crisis financiera e
inmobiliaria– trasladaron
millonarias sumas de dinero a
controlar los productos
agrícolas en el mercado
internacional o commodities.
Actualmente, se estima que estos
fondos controlan 60 por ciento
del trigo y altos porcentajes de
otros granos básicos. La mayor
parte de la cosecha de soya de
los próximos años, ya está
comprada como "futuro". Estos
alimentos se han convertido en
un objeto más de especulación
bursátil, cuyo precio se
modifica (y aumenta) en función
de los jaloneos especulativos,
no de los mercados locales o las
necesidades de la gente.
Pese a esta paliza global a toda
la gente común, peor para los
más desposeídos, las
trasnacionales no se dan por
satisfechas y van por más.
Ahora preparan el próximo
asalto, monopolizando a través
de patentes, los caracteres
genéticos que consideran útiles
para hacer plantas resistentes a
la sequía, salinidad y otros
factores de estrés climático.
Los gobiernos a su servicio,
como México, pretenden apagar el
fuego con gasolina: en lugar de
soberanía alimentaria y control
campesino de las semillas e
insumos, proponen transgénicos
con aún más modificaciones y más
riesgos, maíz transgénico para
aumentar la contaminación y la
dependencia, y que hasta los
campesinos más pobres, con
apoyos públicos, siembren
agrocombustibles en lugar de
comida.
- Silvia Ribeiro, investigadora
del Grupo ETC.
Agencia Latinoamericana de
Información
http://alainet.org
info@alainet.org
Gentileza:: Alai-AmLatina
[alai-amlatina@alai.info]
paginadigital |