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La masacre de Orangeburg
por Amy
Goodman
Democracy Now!
Está claro que el senador
Barack Obama es un mal jugador
de bolos. La imagen de su bola
fallida, que se fue por la
canaleta de la pista, fue
transmitida una y otra vez en
nuestros televisores por las
cadenas de noticias. Se
convirtió en "video favorito" en
internet. Los medios lo
sirvieron y el público se lo
comió. Chris Matthews,
presentador del programa "Hardball"
de MSNBC, lo sacó a colación
cuando entrevistaba a Obama en
el campus de la Universidad West
Chester de Pennsylvania:
Matthews: Senador, una de las
ventajas de ser presidente de
Estados Unidos es que uno tiene
su propia pista de bowling.
¿Está listo para jugar bolos
desde su primer día en el cargo?
Obama: Evidentemente, no lo
estoy.
Pero, de hecho, hace no
demasiado tiempo los
afroestadounidenses tenían
prohibida la entrada en algunos
salones de bowling. En
Orangeburg, Carolina del Sur,
tres jóvenes afroestadounidenses
fueron asesinados por protestar
contra la segregación que
sufrían en el salón de bowling
de la ciudad.
Fue el 8 de febrero de 1968,
pocos meses antes de los
asesinatos de Martin Luther King
Jr. y Robert F. Kennedy.
Faltaban más de dos años para la
masacre de estudiantes de la
Universidad Estatal de Kent en
Ohio. Estudiantes de la
Universidad Estatal de Carolina
del Sur se estaban manifestando
para que se les permitiera el
acceso al único salón de bowling
de la ciudad. Cleveland Sellers,
por aquel entonces estudiante de
dicha universidad,
históricamente conocida por su
alta población de estudiantes
negros, era miembro del Student
Nonviolent Coordinating
Committee (Comité de
Coordinación Estudiantil No
Violento) y organizador de las
manifestaciones. En una reciente
entrevista, contó lo siguiente
acerca de aquella noche de hace
40 años:
"Era una noche fría... estábamos
en el cuarto día de actividades
para intentar que el salón de
bowling dejara de ser un espacio
segregado ... Los estudiantes
habían encendido una fogata para
mantenerse calientes y afianzar
la moral. Intentaban dar con
alguna estrategia. ¿Cuál debía
ser el próximo paso? ¿Debían
volver al bowling, en donde
habían sido arrestados la noche
del martes? ¿Debían ir a la
Municipalidad? ¿Debían ir al
Capitolio del Estado? Ellos
pensaban que estaban en una zona
suficientemente segura, y de
ninguna manera esperaban que la
policía fuera a abrir fuego".
Actualmente, Sellers es director
del programa de estudios
afroaestadounidenses de la
Universidad de Carolina del Sur.
Su recuerdo es vívido: "La
oscuridad se hizo luz cuando la
policía abrió fuego, nueve
policías de caminos y un oficial
de la policía local dispararon
rifles, escopetas y pistolas.
Fue un shock para gran parte de
los estudiantes que no hubiera
habido sirenas, silbatos, algo
que indicara que este tipo
extremo de acción letal se
llevaría a cabo contra esos
estudiantes".
Uno de los sobrevivientes,
Robert Lee Davis, recordó el
suceso en un proyecto de
historia oral dirigido por Jack
Bass, que en aquella época era
periodista y ahora es profesor
de la Universidad de Charleston:
"Fue una lluvia de disparos...
quizás duró seis o siete
segundos. ¡Bum, bum, bum, bum,
bum, bum, bum! Los estudiantes
gritaban, daban alaridos y
corrían. ... Me levanté para
correr, di un paso, y eso es
todo lo que recuerdo. Di ese
paso... Un disparo me alcanzó en
la espalda... y ahí fue cuando
quedé paralizado. Los
estudiantes me pisoteaban cuando
pasaban sobre mí porque estaban
aterrados".
Sellers puso en contexto la
olvidada y desconocida Masacre
de Orangeburg: "Es irónico que
estemos aquí 40 años después, y
el tema de la pobreza y el
asunto de la guerra sean
nuevamente temas vigentes en
todo Estados Unidos. Creo que
eso nos dice que en 1968, con el
asesinato del Dr. King y el
declive del movimiento de los
derechos civiles durante ese
período, muchos objetivos
quedaron incumplidos".
Ha habido ciertos avances en los
40 años transcurridos desde la
Masacre de Orangeburg. Ahora, en
lugar de protestar para lograr
el acceso a un salón de bowling,
un hombre afroestadounidense es
el principal candidato a la
nominación demócrata para pelear
por la presidencia de Estados
Unidos, y sus metidas de pata
como jugador de bolos son
solamente el objeto de una
burla. Pero los tres jóvenes
afroestadounidenses asesinados
aquella noche en Orangeburg
—Samuel Hammond, Delano
Middleton y Henry Smith— no
están con nosotros para
compartir el progreso obtenido.
Apenas se los recuerda.
Esta semana, los medios se
hicieron eco del primer
aniversario de la masacre de
Virginia Tech, en la que un
único y perturbado joven armado
asesinó a 30 estudiantes y
profesores de la universidad. Es
una fecha importante sobre la
cual reflexionar. La Masacre de
Orangeburg se merece también un
lugar en nuestra conciencia
nacional. Necesitamos medios de
comunicación que den cuenta del
contexto histórico, que ofrezcan
algo más que una perspectiva de
un año sobre nuestra sociedad.
En lugar de eso, los grandes
medios siguen lanzando bolas a
la canaleta.
Amy Goodman es la presentadora
de Democracy Now!
(
www.democracynow.org/es
), noticiero internacional
diario emitido por más de 700
emisoras de radio y TV en
Estados Unidos y el mundo.
© 2008 Amy Goodman
NUESTRA AMÉRICA
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Gentileza:: Alex Garcia
[alexito_bo@yahoo.com]
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