|
Carla del Ponte acusa al
líder de Kosovo
Rodrigo
Carrizo
El País, España
UN LIBRO DE LA EX FISCAL
DE LA ONU DENUNCIA QUE LA
GUERRILLA KOSOVAR DE THAÇI
ARRANCÓ VÍSCERAS A PRESOS
SERBIOS
En el verano de 1999, entre
100 y 300 prisioneros serbios en
manos de la guerrilla del
Ejército de Liberación de Kosovo
(UÇK, en sus siglas albanesas)
fueron llevados en camiones a
una casa de Burrel (Albania),
con la complicidad del actual
primer ministro kosovar y ex
líder guerrillero Hashim Thaçi.
Una vez allí, se les extirpaban
diversos órganos para ser
utilizados en el tráfico
internacional, hasta que los
prisioneros perdían la vida.
Tales aseveraciones forman parte
del libro La caza. Yo y los
criminales de guerra, publicado
en italiano por Carla del Ponte,
ex fiscal del Tribunal
Internacional Penal para la ex
Yugoslavia, constituido por el
Consejo de Seguridad de la ONU
para juzgar los crímenes de
aquella guerra.
La obra, escrita en colaboración
con Chuck Sudetic, ex
corresponsal en la zona de The
New York Times, se ha publicado
esta semana en Milán y ha
suscitado inmediatamente la
polémica.
Del Ponte cuenta en el libro que
la oficina dirigida por ella en
el Tribunal para Yugoslavia
"comenzó a recibir informaciones
a lo largo del verano de 1999
sobre unas 300 personas que
habrían sido transportadas en
camiones cruzando la frontera
hacia el norte de Albania (...)
A los prisioneros más jóvenes,
sanos, fuertes y mejor
alimentados se les evitaban los
golpes. Eran atendidos por
personal médico y posteriormente
transferidos a otras estructuras
de detención en Burrel. Allí
eran alojados en una casa
amarilla utilizada como
quirófano clandestino donde les
extirpaban órganos".
Una vez extraídos, esos órganos
"viajaban al extranjero para ser
entregados en clínicas donde los
esperaban pacientes de pago
(...) Después de extirparles un
riñón, algunos prisioneros eran
devueltos a la prisión, hasta el
momento en que se les extirpaban
otros órganos vitales,
provocando finalmente la
muerte".
Los autores del libro escriben
también que "el tráfico de
órganos se hacía con el
conocimiento y aprobación activa
de altos oficiales del Ejército
de Liberación de Kosovo (UÇK)".
El descubrimiento de estos
presuntos hechos se debe a
"oficiales de la ONU,
periodistas y un fiscal
albanés", según explica a este
periódico Chuck Sudetic.
Aquellas personas "investigaron
en la casa de Burrel y aplicaron
al suelo y muros productos
químicos que revelaron rastros
de sangre. Interrogados, la
primera versión de los albaneses
fue que una mujer había dado a
luz allí. Ante las enormes
cantidades de sangre presentes,
cambiaron la versión para decir
que la casa era utilizada como
un matadero".
Una serie de datos
escalofriantes chocan con esta
versión. "Los investigadores
descubrieron un espacio de tres
metros por uno en medio del
suelo de la habitación que no
tenía ninguna mancha de sangre,
lo que hizo pensar en una mesa
de operaciones cambiada de
sitio", explica Sudetic.
"También se hallaron
instrumentos quirúrgicos,
medicinas y relajantes
musculares utilizados en
cirugía, así como una nevera con
órganos destinada al aeropuerto
de Rinas". Por la clínica
clandestina "pasaron también
supuestamente prostitutas de
varios países de Europa del Este
y de Albania", añade el coautor.
La denuncia forma parte del
extenso libro en que Carla del
Ponte repasa toda su vida como
jurista. Pero, en lo que se
refiere a Kosovo, se apoya en
testimonios de personas cuya
identidad no se revela, ni se
aportan pruebas directas de los
supuestos crímenes. ¿Y por qué
nunca fueron llevados a juicio?
Los autores apuntan a un
problema de falta de
jurisdicción de Del Ponte en la
época de los hechos. "No quedaba
claro", escriben, "si los
crímenes cometidos en ese
periodo caían bajo la
jurisdicción del Tribunal para
Yugoslavia (...) Los pocos
albaneses de Kosovo que hubieran
estado dispuestos a testificar
debían ser protegidos de por
vida, lo que implicaba
transferir al extranjero a
familias enteras (...) Los
oficiales de la policía, de
Berna a Bruselas pasando por el
Bronx, saben cuan frustrante es
intentar investigar dentro de
las redes criminales albanesas".
Carla del Ponte escribe también
que algunas autoridades de la
Misión de la ONU para Kosovo y
de la OTAN "temían por sus vidas
y por la de los miembros de sus
misiones" y que "algunos de los
jueces del Tribunal para la ex
Yugoslavia temían ser
asesinados".
La ONG Human Rights Watch afirmó
el viernes que el libro de Del
Ponte aporta "suficientes
evidencias" como para exigir a
los Gobiernos de Kosovo y
Albania "una investigación
formal que dictamine sobre la
veracidad de las acusaciones".
En el libro, Del Ponte salda
cuentas con antiguos
adversarios, con una franqueza
que ha llevado al Gobierno suizo
a solicitarle que se abstenga de
presentarlo o de hablar con los
medios de comunicación. Ocurre
que, desde principios de este
año, la ex fiscal es la
embajadora en Argentina de
Suiza, país que acaba de abrir
una Embajada en Kosovo, lo que
le convierte en uno de los
primeros en establecer lazos
diplomáticos con el nuevo
Estado.
"La caza fue escrito bajo su
responsabilidad como ex fiscal,
pero las declaraciones que
contiene no son compatibles con
su actual función de
representante del Gobierno
suizo", explica Jean-Philippe
Jeannerat, portavoz del
Ministerio suizo de Exteriores.
"Si Del Ponte habla en público
de las acusaciones que plantea
en su obra, podría ser
interpretado como la posición
oficial del Gobierno suizo, lo
que sería inaceptable".
El 31 de marzo, antes incluso de
la presentación en Milán, Del
Ponte fue conminada por su jefa,
Micheline Calmy-Rey (ministra
suiza de Exteriores), a que
emprendiera un retorno rápido a
Buenos Aires. Según fuentes
cercanas a la ex fiscal, ésta
mostró una "relativa
incomprensión" por la decisión
de silenciarla, pero acató la
orden. Sin embargo, no hay
constancia de que Del Ponte haya
llegado a la capital argentina
donde, oficialmente, se la
espera para la semana próxima,
según informa Jorge Marirrodriga
desde Buenos Aires.
La presentación del libro a la
prensa en Milán fue anulada en
el último momento, tras
conocerse la posición del
Gobierno suizo. Así lo confirma
Lucia Piani, de la editorial
Feltrinelli, que ha publicado La
caza.
En los Balcanes, el libro ha
levantado ampollas. Seguidores
de Thaçi, el primer ministro
kosovar, aseguran que plantea
"una serie de mentiras". El
ministro de Justicia de Kosovo,
Nekibe Kelmendi, alega por su
parte: "Es una invención de
Carla del Ponte y los serbios
para desacreditar a mi país".
Del lado serbio, la visión de
las guerrillas kosovares como
"banda mafiosa y criminal" ha
provocado satisfacción. Del
Ponte llevó al banquillo al ex
presidente de Serbia, Slobodan
Milosevic.
¿Por qué sacar a la luz estas
atrocidades tan tarde? Chuk
Sudetic explica: "Del Ponte
disfruta ahora de una libertad
para hablar que no tenía como
fiscal general. Ella cree que es
mejor explicar los mecanismos
ocultos de la justicia
internacional con un libro que
con un aburrido artículo para
una revista de abogados que
nadie leería. Es posible que
contando esta historia, los
testigos finalmente se atrevan a
hablar".
UN ENCONTRONAZO CON LA CIA
Por La caza desfilan todos los
personajes de la actualidad:
desde Tony Blair, Bernard
Kouchner y Angela Merkel hasta
Kofi Annan, pasando por los
españoles Javier Solana y Miguel
Ángel Moratinos. A éste, la ex
fiscal le dedica comentarios no
exentos de acidez.
A la mujer que se ocupó del
genocidio de Ruanda, fue fiscal
general de la Confederación
Helvética y trabajó codo con
codo con el asesinado juez
Giovanni Falcone -en la lucha
antimafia-, no le faltan
enemigos. En su libro describe
lo que llama "muro de goma", que
es la indiferencia (o discreta
hostilidad) ante sus demandas de
justicia, disfrazada de
comprensión.
Uno de los momentos fuertes que
relata es su encuentro con
George Tenet, ex director de la
CIA, a quien Del Ponte pidió
ayuda para capturar a los
criminales de guerra
serbobosnios Ratko Mladic y
Radovan Karadzic -la gran
frustración de su vida-. El
espía le dijo que atraparlos era
una prioridad, pero sólo le
habló de vaguedades. "Pienso que
usted debería apoyar nuestros
esfuerzos", le espetó Del Ponte,
quien atribuye al ex jefe de la
CIA esta respuesta, tal como
aparece escrita en italiano:
"Guarda, madame, che di quello
che pensi tu non me ne frega un
cazzo" (Mire, señora, lo que
usted piense me importa una
mierda).
"EL CARRASCLET"
http://usuaris.tinet.org/medicuba/
Gentileza:: Miguel Giribets
[elcarrasclet@ya.com]
paginadigital |