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Helen Epstein: (1) "Darle voz
y sentimientos a las historias
ocultas..."
Tras la muerte súbita de
Franci, su madre, Helen Epstein
comenzó a desandar el camino
emprendido por tres generaciones
de mujeres de una familia judía
checoslovaca, antes y después de
la Segunda Guerra mundial. En
este nuevo libro "Tras la
historia de mi madre", (El
Ateneo, Buenos Aires, 2008)
Therese, Pepi y Franci son las
protagonistas de un relato, con
una cuarta observadora –la
propia Helen– quien desde su
visión de mujer moderna recrea
esta zaga familiar, en el
escenario de una época
dramática. Para Franci, la moda
y la apariencia eran su
obsesión. El Arca ofrece en esta
nota parte de una cálida
conversación mantenida con la
autora durante su visita a
Buenos Aires.
—¿Cómo fue volver a los
orígenes, encontrarse en lugares
que familiarmente eran
conocidos?
—En el año 1968 era estudiante
de música y viajaba haciendo
dedo por Europa. Llegué a Praga
5 días antes de la llegada del
ejercito soviético*, me
hospedaba en un departamento de
unos amigos de mi padres, estaba
sola, no tenía demasiado para
hacer, encontré una maquina de
escribir y me puse a hacerlo;
luego preparé dos copias y
cuando fui evacuada a París, al
bajar del tren, le pedí a unas
gentes estampillas, mandé copias
al New York Time y a otro diario
israelí en inglés. Tal vez allí
dio comienzo mi carrera de
escritora. Fue la primera vez
que escribí siendo estudiante de
música. Y recuerdo otra anécdota
referida a lo mismo: estaba en
un aeropuerto, esperando un
vuelo y delante mío había dos
mujeres israelíes, discutiendo
un artículo que yo había
escrito. Ahí me di cuenta que me
había convertido en periodista.
—En su libro cuenta, cuando su
madre estando detenida en el
campo, le escribía a su abuela
Pepi, ¿cómo recordaba ella estas
historias?
—En realidad mi abuela y mi
madre eran amigas íntimas, cosa
que mi madre repetiría
conmigo…Pero, hay tres cosas de
mi madre sobre estas historias:
cuando estaba en el campo de
concentración le escribía cartas
a mi abuela para recordarla. Sí,
mi madre escribía para recordar,
pero se las hicieron quemar.
Luego yo le pedí que escribiera
una crónica de doce páginas
sobre su familia y un libro que
no pude publicar: una memoria de
cómo sobrevivió a todo lo que
significó no solo el Holocausto
sino la deportación, estar en
los guetos…
—¿Por qué no pudo publicarla?
—Nadie estaba interesado en el
libro, solamente eran
narraciones de hechos sucedidos
entre el '39 y el '46, donde
contaba sus experiencias.
—¿Su madre escribía?
—Mi madre no era escritora, le
gustaba mucho leer, pero era muy
ambivalente respecto de su
pasado, tenía sentimientos
encontrados. Yo misma quería
saber sobre el pasado y todo lo
que descubrí sobre mis abuelos
lo aprendí de otras gentes, no
de mi mamá. Lo interesante, las
notas de color las obtuve por
otro lado, no por mi madre…
—Su relación con su madre es muy
entrañable, así lo expresa en
uno de los capítulos de su
libro, incluso habla de un gran
parecido físico con ella…
—Si, efectivamente.
Así lo describe en su Historia:
"…Mi relación con mi madre era
la más apasionada y la más
complicada de todas. Nuestro
vínculo era tan intenso que
nunca estaba segura de qué
pertenecía a quién, dónde
terminaba yo y comenzaba ella.
Soy la mayor de sus tres hijos y
la única mujer, y, según decía
la gente, era igual a ella: el
mismo cabello castaño, los
mismos ojos marrones, la misma
sonrisa amplia y llena de
dientes, el mismo estilo directo
y a veces autoritario. La gente
decía que parecíamos hermanas, y
durante mucho tiempo me pareció
bien. Usaba la ropa que mi madre
me hacía, leía los libros que
ella leía, le daba valor a lo
que ella consideraba que era
bueno…"
—¿Cómo comienza esta historia
familiar? ¿Es una búsqueda de
identidades?...
—La información básica, sí la
obtuve de mi mamá: que su abuela
era huérfana, que la crió su
tía. La gente que vivió el
Holocausto no tiene fotografías
familiares, yo sí. Tuve mucha
suerte porque tanto por parte de
mi padre y de mi madre tuve
fotografías y eso fue algo muy
particular, muy único para
comenzar a hilvanar esta
historia. Esa fue la diferencia.
Gente que leyeron mi libro me
dijeron que estas fotografías
son parte de su historia. La
historia de mi abuela es la
típica historia de la chica de
fines siglo XIX, que se va del
campo a la ciudad, que se
enamora de las grandes tiendas,
que quiere ser diseñadora y que
se olvida del campo.
—¿Rescata solamente las figuras
femeninas en su historia?
—Es que la versión femenina es
muy fuerte y opaca la visión de
los hombres.
—¿Cómo es exactamente que su
abuela Pepi comienza a coser,
para luego armar un importante
salón de modas que heredaría su
madre?
—A mi bisabuela Thérése su madre
le enseña a coser para llevar un
hogar, pero para mi abuela Pepi
se vuelve una profesión: primero
se transforma en costurera,
luego en modista de alta costura
y más tarde en dueña de su
negocio. Mi madre hereda ese
negocio y se hace "couturiére"
de cantantes de ópera, de
estrellas de cine y de mujeres
muy ricas. La costura les otorga
un espacio donde pueden hablar
en voz alta, las clientas, las
dueñas y las costureras que,
frente a los espejos y entre
telas, podían expresarse fuera
de la vigilancia de padres y
esposos. A principios del siglo
XX la ropa hecha a mano se
transformó en un producto de
lujo; en París, Viena y Praga la
apariencia se vuelve una
obsesión.
—¿Cómo se siente en este
recorrido presentando su libro y
haciendo conocer su historia?
—Me siento muy bien. Por un lado
es una buena historia de mujeres
y porque en todo el mundo este
tipo de historias es
relativamente nueva. Cuando leí
La casa de los espíritus de
Isabel Allende, vi que era la
misma idea aunque era ficción.
También leí un libro, que trata
de las mujeres en la China de
Mao. No creo que sea una cosa
única, hay muchas mujeres que
buscan su historia desde un
punto de vista personal y creo
que es importante documentar
esta historia en esta ola de
revisionismo que se está dando
actualmente en todo el mundo.
Además, la época que vivió mi
abuela no era conocida. El
comunismo borró los archivos de
esa época. En la República checa
no hay muchos judíos, como mucho
habría unos 2000, pero mucha
gente leyó el libro porque
encontró en él parte de su
historia, muchos hechos de la
Checoslovaquia de ese momento,
no solamente relatos de mujeres
sino también de hombres.
—¿Continúa en esa línea de
escritura?
—Sí, no me gusta escribir
ficciones. Me interesa leer y
escribir sobre hechos realmente
vividos. Nadie que escribe la
historia de su familia puede
hacer con ella ficción.
—¿Tal vez le interese como
crónica periodística?...
—No sé, pasaron cosas extrañas y
yo me preguntó por qué pasaron
realmente. Nadie creería la
historia de mi familia si la
escribiera como ficción. Por
ejemplo, mi abuela se casó con
un hombre que tenía sífilis y su
tía consiguió que le anularan el
matrimonio, porque bajo la ley
judía un casamiento que no había
sido consumado podía ser
anulado.
—Su subjetividad frente a estas
historias, ¿como ha participado
de todo eso?
—Mucha gente cree que la no
ficción es menos creativa que la
ficción, pero yo no estoy de
acuerdo.
—Sin embargo, en ese relato que
hace de su abuela y de su madre
en el salón de modas, hay
imaginación al describirlas, al
recrear ese ambiente…
—Investigué muchísimo antes, a
cada párrafo puedo ponerle una
nota diciendo de dónde saqué esa
información, puedo fundamentar
lo que escribo.
Hice entrevistas y asistí a
reuniones de mujeres, de la
época de mi mamá, de la edad de
mi madre, que se juntaban en los
salones a tomar el té, a bailar
el tango, aunque mi madre nunca
me dijo que ella bailaba el
tango.
—Como persona, ¿qué siente al
lanzar este libro al mundo?
¿Reafirma sus raíces?
—Me encanta viajar, y me gusta
ser una escritora en el mundo,
trascender el universo literario
de los Estados Unidos. Esto me
lleva a entender a mi madre,
porque tengo una parte checa,
una parte judía, una parte
norteamericana, que me hacen
internacional. Hay escritores
norteamericanos que no les
importa el resto del mundo, pero
a mi sí me importa mucho. Por
otra parte, hay pocos libros
escritos por mujeres, desde esa
perspectiva y que cubren varias
generaciones de mujeres. Creo
que es alrededor del cinco por
ciento de los libros que andan
dando vueltas.
—¿Qué sentimiento tiene hacia el
sufrimiento humano?
—Está en todos lados, donde
quieras que mires hay dolor.
Siento que como escritora puedo
darle voz a historias y
sentimientos que no aparecen
generalmente en público. Por
ejemplo, mi primer libro fue Los
niños del Holocausto, que
hablaba sobre los traumas
psicológicos que tenían los
niños que nacían de personas que
habían sobrevivido al
Holocausto, es un libro que
ahora tiene 30 años y que
utilizan los psicólogos no solo
para estos problemas sino
también en otros, como el del
alcoholismo, por ejemplo.
Podemos decir que es un clásico
psicológico. También tengo un
libro sobre músicos, que son
personas reservadas, que les
cuesta hablar, no expresan lo
que sienten y a mi me gusta
investigar sobre por qué la
gente hace lo que hace, piensa
lo que piensa y dice lo que
dice.
*La autora hace referencia a la
entrada de los efectivos
militares del Tratado de
Varsovia (Unión Soviética,
Alemania Democrática, Bulgaria,
Hungría y Polonia).
(1) Helen Epstein nació en Praga
en 1947 y creció en Nueva York
hablando checo y rodeada de la
cultura judeocheca.
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