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El espíritu del '98
“Han pasado cien años, y
los nietos,
rota la placa y rota la memoria,
con otro nombre lañan la rotura:
Revolución!”
Miguel de Unamuno.
LA REVOLUCION ESPIRITUAL DE
LA GENERACION.
En la última década y en sitios
muy diferentes he leído
artículos sobre la Generación
del 98. Al parecer todos los
articulistas o una gran mayoría
de ellos con una cierta desgana
tratan de deshacer algunos
errores de hecho referentes a lo
que se ha llamado, por llamarlo
de alguna manera, la Generación
del 98. Están, en efecto, por
restablecer la verdad histórica
de esta Generación; pero ello
tendría menos importancia si se
hubiera establecido, reconocido
ya, lo que dicha Generación fue.
Pues nada menos que todo un
movimiento espiritual. Hoy puede
considerarse como el último
movimiento espiritual habido en
España. Un artículo de Azorín,
un cuento de Valle-Inclán, una
novela de Baroja, una comedia de
Benavente, un comentario de
Unamuno y hasta una indignación
de Maeztu eran algo
espiritualmente distinto a todo
lo que entonces constituía la
vida espiritual de los
españoles. Han venido luego
otros movimientos literarios,
pero el milagro espiritual no ha
vuelto a repetirse. Como que el
movimiento del 98 no era
literario; Benavente, Baroja y
Valle-Inclán no han tenido nunca
la misma literatura. El
movimiento del 98 fue un brote
espiritual español al contacto
eléctrico de la nueva Europa,
fue una intuición de Europa, una
revolución espiritual.
Sus consecuencias literarias han
sido visibles en todos los
países de lengua española. Sus
consecuencias políticas las
estamos viendo en España
todavía. La Generación del 98 ha
removido más la modorra española
que la Institución Libre de
Enseñanza y, desde luego, más
que todos los políticos porque
ninguno de estos ha removido
nada, excepto Pablo Iglesias.
Aquellas ideas pedagógicas de la
Institución, las nuevas normas
políticas del socialismo, han
hecho mucho por cambiar España;
el espíritu puro e imponderable
de la Generación del 98, que fue
una generación espontánea,
callejera, ha hecho sin duda
mucho más y más profundo; no
removió usos y modos del
espíritu, sino del espíritu
español mismo. Por desgracia, a
la revolución espiritual de la
generación del 98 le falló la
política, se quedó en el aire.
En cambio, la dificultad mayor
con que ha tropezado la
transformación que, a pesar de
todo, se ha hecho en España,
durante los últimos años, es la
falta de ambiente, es decir, de
espíritu; y el único peligro de
la situación actual se puede
hallar en esta falta de
espíritu, en que España vuelve a
caer, como cayó bajo el político
conservador Cánovas, en una
nueva restauración de todas las
pobrezas espirituales de la vida
más pobre de espíritu.
No hay ahora espíritu para una
revolución española, porque no
hay en España ninguna revolución
en los espíritus. No la ha
habido desde la que brotó con la
Generación del 98. El espíritu
del 98 se ha ido naturalmente
esfumando. Sus seguidores se han
ido desviando o desdibujando en
los avatares de la vida. Y como
dijo el poeta vasco y
catedrático de Salamanca: “Y así
la bola de la historia rueda...
/ ¡generación de las
generaciones! / ¡viva, pues, la
definitiva!... y todo /
¡generación!”
Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
http://www.arrakis.es/~aarias
Gentileza:: Francisco Arias
[aarias@arrakis.es]
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