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Alma Grande, Gandhi
José
Carlos García Fajardo
"Lo más atroz de las cosas
malas de la gente mala es el
silencio de la gente buena",
decía el líder político
religioso hindú cuyas enseñanzas
inspiraron los movimientos
pacifistas del mundo. Y añadía,
"Mañana tal vez tengamos que
sentarnos frente a nuestros
hijos y decirles que fuimos
derrotados. Pero no podremos
mirarlos a los ojos y decirles
que viven así porque no nos
animamos a pelear".
Así, también Martin Luther King:
"tendremos que arrepentirnos en
esta generación no tanto de las
acciones de las malas personas
sino de los pasmosos silencios
de la gente buena".
Su ejemplo y su mensaje
permanecen en un mundo
enloquecido por guerras,
crímenes, hambrunas y
fraudulentas crisis económicas.
Conmemoramos ahora el 60
aniversario de su asesinato a
los 78 años de edad. Nada más
indicado que saborear y ponderar
las palabras de quien tomó sobre
sus espaldas "el monopolio de
mejorar sólo a una persona, esa
persona soy yo mismo y sé cuán
difícil es conseguirlo."
A pesar del aparente fracaso de
su actividad política, murió en
una India desangrada en guerra
religiosa. Fue fiel a aquella
"voz interior" que le urgía a
"seguir combatiendo contra el
mundo entero, aunque me
encuentre solo. Me dice que no
tema a este mundo sino que
avance llevando en mí nada más
que el temor a Dios."
Porque él estaba convencido de
que "no debemos perder la fe en
la humanidad que es como un
océano; ella no se mancha porque
algunas de sus gotas estén
sucias."
Ya que nadie puede hacer el bien
en un aspecto de su vida,
mientras hace daño en otro;
"porque un cobarde es incapaz de
mostrar amor, hacerlo está
reservado para los valientes".
Afirmaba que la vida es un todo
indivisible por eso "no se nos
otorgará la libertad externa más
que en la medida exacta en que
hayamos sabido, en un momento
determinado, desarrollar nuestra
libertad interna".
Y con la eterna sabiduría citaba
el ejemplo del Rabí que pasó
entre nosotros haciendo el bien.
De ahí que Luther King
escribiera: "Nosotros
devolveremos bien por mal.
Cristo nos enseñó el camino y
Mahatma Gandhi nos demostró que
era operativo". Como él, fue
meridiano con los que ignoran y
son causa de la pobreza y de la
miseria de tantos seres humanos.
"El que retiene algo que no
necesita es igual a un ladrón",
porque lo que no se comparte se
pierde.
"Si en apariencia tomo parte en
política se debe a que la
política nos rodea igual que el
abrazo de una serpiente del que
no podemos desasirnos por mucho
que lo intentemos. Por lo tanto,
deseo luchar con la serpiente",
decía.
Y sabía que la lucha era
durísima y el pago implacable.
"Si no tuviera sentido del humor
me habría suicidado hace mucho
tiempo". Porque, primero ellos
te ignoran; más tarde se ríen de
ti; luego te hacen la pelea; y
entonces… ¡tú ganas!". Sabiduría
de la no violencia, del wu wei
"no hacer" de Lao Tsé,
inclinarse mientras pasa la
riada para alzarse de nuevo e
imitar al agua que se adapta al
terreno para vivificarlo y
transformarlo.
El Mahatma Gandhi estaba
convencido de que ningún hombre
pierde su libertad sino por su
propia debilidad. Que la fuerza
no proviene de la capacidad
física sino de la voluntad
indomable. "Sé tú mismo el
cambio que quieras ver en el
mundo."
Y se mostró caminando por la
inmensa India, con un sencillo
doti confeccionado por él mismo
en la rueca que habría de
figurar en la bandera de India.
"Es mejor permitir que nuestras
vidas hablen de nosotros a que
lo hagan las palabras". Y así,
humildemente mostró su camino.
"Me esforzaré en amar, en decir
la verdad, en ser honesto y
puro, en no poseer nada que no
me sea necesario, en ganarme el
sueldo con el trabajo, en estar
atento siempre a lo que como y
bebo, en no tener nunca miedo,
en respetar las creencias de los
demás, en buscar siempre lo
mejor para todos, en ser un
hermano para todos mis
hermanos".
Alma Grande Gandhi sabía lo que
significaba vivir y morir como
no violento, "pero me falta
demostrarlo mediante un acto
perfecto."
Y ese acto que rubricó su vida,
hace ahora 60 años, a manos de
un hindú fanático y enloquecido,
a quien Gandhi hubiera
estrechado entre sus brazos hizo
exclamar a Einstein: "Las
generaciones del porvenir apenas
creerán que un hombre como éste
caminó la tierra en carne y
hueso".
José Carlos García Fajardo
Profesor Emérito de la UCM.
Director del CCS
fajardoccs@solidarios.org.es
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