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La destrucción de los
filósofos
Santiago
Alba Rico
Ladinamo 29
La culta minoría de Harrán
jugó un papel decisivo en esa
labor de traducción y
aclimatación de la filosofía
griega que luego centralizaría
al-Ma´mun en la Escuela de la
Sabiduría de Bagdad. Pero su
intervención no fue la de un
simple estibador de
conocimientos ajenos. En El
legado filosófico árabe
(editorial Trotta, Madrid 2006,
traducción del árabe de Manuel
Feria García), Mohamed Abed
Yabri, veterano intelectual
marroquí, combate polémica y
densamente dos ideas
consolidadas en la rutina
académica de ambos lados del
Mediterráneo. Contra los que
-sobre todo en Europa-
interpretan la filosofía árabe
en clave "orientalista", como
una mera deglución y
regurgitación del pensamiento
griego original, Abed Yabri
llama la atención sobre todo lo
que hay en ella de adventicio y
novedoso, como instrumento de
intervención finísimamente
adaptado a los vaivenes
políticos del contexto cultural
árabe (conflictos de dinastía o
de clase). Contra los que -sobre
todo en el mundo musulmán-
contemplan la filosofía árabe
como una tradición lineal, más o
menos ascendente, en la que unos
autores se desprenderían de
otros sin cuestionarse, Abed
Yabri insiste en la fractura
geográgfica y política entre dos
escuelas o modelos desigualmente
fecundos: uno "oriental" que,
rompiendo con el racionalismo
original de Al-Kindi y Al-Farabi,
acabaría imponiendo con Avicenas
un pensamiento "espiritualista y
gnóstico", de inspiración
harraní y persa; y otro
"occidental", localizado en Al-Andalus,
que abriría el camino para el
desarrollo de la ciencia con
independencia de la religión y
que, tras Abentufail y Avenpace,
encontraría su expresión más
estructurada y completa en
Averroes. La conclusión de Abed
Yabri no puede ser más
provocativa: "Después de
Averroes, y tras haber sido
introducido el momento
aviceniano en el islam por
Algazel y precisamente por
habernos aferrado a él, los
árabes nos hemos condenado a
vivir fuera de la historia,
mientras que los europeos se
aplicaban a vivir la historia
justamente por haber tomado de
nosotros el averroísmo y haber
vivido ese momento".
Traducido por primera vez al
castellano demasiado tarde (la
edición original de El Legado es
de 1980), toda la obra del
filósofo e historiador marroquí
está orientada a afrontar al
mismo tiempo la decadencia
cultural árabe y la colonización
mental europea. En Nahnu wa at-Turaz
("Nosotros y la tradición"),
Abed Yabri recogía de Bachelard
y Althusser el concepto de
"ruptura epistemológica" para
aplicarlo a la historia de las
culturas y localizar en el
interior de la propia "razón
árabe" puntos de fuga que
habrían quedado desgraciadamente
sin explotar (eso que otro gran
intelectual árabe, Mohamed Arkun,
llamaba lo "no pensado" de la
tradición musulmana). Esas vías
obstruidas o cegadas Abed Yabri
las encuentra en al-Farabi, el "rousseau
medieval" que concedió a los
gobernantes el derecho a
reinterpretar el Corán en
beneficio de la "felicidad
pública"; en Abentufail y
Avenpace, que despiojaronn de
mística la filosofía; y sobre
todo en Averroes, cuyo
"pensamiento prospectivo y
racionalista" anticipa el
Renacimiento europeo y el
espinozimo (sin olvidar ese
corolario imposible de la
"ciencia histórica" de Ibn-Jaldún).
"¿Cómo puede el pensamiento
árabe contemporáneo retomar y
asimilar los aspectos
racionalistas y liberales de su
propia tradición cultural, y
asignarles una nueva función
que, fiel a su sentido original,
combata el feudalismo y el
gnosticismo, y contribuya a
erigir la ciudad de la razón y
la justicia, la ciudad liberada,
democrática y socialista de los
árabes?". Esta pregunta con que
se cierra la larguísima
introducción de El Legado sigue
siendo la adecuada y ahora es
también la nuestra, porque
desgraciadamente Averroes no ha
sido vencido por Avicena sino
por Mohamed abd-al-Wahab, el
reformista puritano del siglo
XVIII que, a través de la
dinastía saudí y el apoyo
estadounidense, ha conseguido
convertir -dice Hamadi Redissi-
una diminuta secta retrógrada en
ortodoxia activa; y porque
Averroes no sólo ha sido
derrotado en el mundo musulmán,
de donde lo tomamos cuando ellos
lo olvidaban, sino también en
este Occidente pre-ilustrado que
allana el nuevo advenimiento de
Cristo con bombas de racimo y
puñaladas a Darwin. Al final,
sí, nos tendremos que conformar
con poder ser al menos, todavía,
modestamente, un poco "sabeos".
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Gentileza:: Canillita
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