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Bicentenario del nacimiento
del autor de" El origen de las
especies"
Dpa y Afp
Sobreviven sólo los que se
adaptan mejor al cambio,
sentenció Darwin. Su teoría de
la evolución derrumbó la tesis
bíblica de la creación, que
explicaba el origen del mundo
La Iglesia tuvo que reconocer la
importancia de sus ideas; ahora
sus restos descansan en una
abadía
Una caricatura fue publicada por
Hornet el 22 de marzo de 1871,
tras la aparición de El origen
del hombre. La imagen fue tomada
del libro Darwin, la historia de
un hombre extraordinario
Londres, 11 de febero. Charles
Darwin descansa en una tumba de
la abadía de Westminster, en
Londres, algo inconcebible para
muchos, pues fue quien refutó la
teoría bíblica de la creación.
Pero en el momento de su muerte
hasta la Iglesia tuvo que
reconocer la importancia de un
hombre calificado de "hereje" y
"mono" por su teoría de la
evolución.
La historia de Charles Darwin
comenzó de forma nada
revolucionaria el 12 de febrero
de hace 200 años en la pequeña
ciudad inglesa de Shrewsbury.
Nadie en la familia acomodada
podía imaginar que la pasión del
pequeño Charles por coleccionar
le daría fama mundial:
escarabajos, moscas, gusanos,
reunía todo lo que encontraba en
las praderas.
En vez de someterse a las
estrictas reglas del internado
donde fue enviado a los ocho
años, tras la muerte de su
madre, prefería hacer
experimentos de química con su
hermano, para enojo de su padre
médico. "Serás una vergüenza
para ti y tu familia", le dijo
una vez.
Era imposible saber que no sería
así. Tampoco cuando Darwin
comenzó sus estudios de medicina
en Edimburgo, en los que se
aburría enormemente; los
interrumpió después de dos años.
Su segunda elección fue
sorprendente vista desde el
presente: se inscribió para
estudiar teología en Cambridge,
carrera que además terminó.
El primer árbol genealógico
Nunca se cumplió, sin embargo,
su futuro como sacerdote de
pueblo, gracias a un viaje que
cambiaría la vida de Darwin y la
visión del mundo impregnada por
la Iglesia. En 1831 el capitán
del Beagle, Robert FitzRoy,
buscaba un acompañante
científico para su viaje a
Sudamérica. Aunque Darwin sufrió
de inmediato terribles mareos
por la navegación, estaba
entusiasmado con todo lo que
veía.
Tras observar ciertos pájaros en
las islas Galápagos, se preguntó
por primera vez cómo estaban
vinculadas las especies. En su
pequeña libreta de anotaciones
escribió a su regreso: I think
(pienso), y debajo hizo un
mini-diagrama de la evolución
que semejaba un árbol
genealógico de las especies.
Pasaron, sin embargo, aún más de
20 años hasta que pudo presentar
su teoría.
Darwin trabajó como un poseso en
Londres y más tarde en su
residencia de Downe, al sur de
la capital, en búsqueda de
pruebas. No sólo analizó miles
de especies reunidas y disecadas
durante su viaje, sino todo lo
que aparecía en su amplio
jardín. Sin embargo, azotado
constantemente por enfermedades,
tenía que interrumpir su labor.
Le daban consuelo su esposa Emma
y sus numerosos hijos.
El científico dudaba en publicar
sus descubrimientos porque sabía
las controversias que iba a
generar en la sociedad
victoriana. Inclusive a un
investigador reconocido como él
le resultaba muy difícil atacar
la teoría de la creación de la
Iglesia. Además, su esposa
–prima de la reputada familia
Wedgwood– era muy creyente.
Su teoría equivalía a "reconocer
un asesinato", escribió en
alguna ocasión.
Fue la carta de un tal Alfred
Russel Wallace la que al final
asustó a Darwin, en junio de
1858. El joven naturalista había
viajado por el sudeste de Asia y
llegado a una teoría casi
idéntica. Darwin no era un
hombre arrogante y reconoció el
trabajo de su colega, pero
tampoco quería que el suyo
quedara relegado.
La selección natural
Por eso, el 1º de julio de 1858
su teoría fue presentada en
Londres junto con la de Wallace.
La tesis central fue que no hace
falta un poder sobrenatural para
explicar el origen de las
especies.
Asimismo, que todas ellas tienen
un antecesor común y se han
desarrollado mediante la
selección natural. Pero el día
en que comenzó la mayor
revolución desde Copérnico no
estuvo presente su creador
(Darwin estaba de duelo por la
muerte de uno de sus 10 hijos)
ni se produjo efecto alguno en
el resto del planeta.
Eso ocurrió un año después,
cuando Darwin publicó, el 24 de
noviembre de 1859, El origen de
las especies, que en su quinto
capítulo dice: "Las especies que
sobreviven no son las más
fuertes ni las más inteligentes,
sino aquellas que se adaptan
mejor al cambio".
El shock fue enorme; la imagen
del mundo quedó destruida. ¿Era
posible que el ser humano
estuviera emparentado con los
monos? Comenzaron a circular
caricaturas de Darwin con cuerpo
de mono. "¡Descendientes de los
monos! ¡Esperemos que no sea
cierto, pero, si lo es, recemos
para que no se sepa!", resumió
el sentir de muchos la esposa
del obispo de Worcester.
Darwin escribió otros textos,
como Las descendencias del
hombre, publicado 12 años
después, en el que extiende su
teoría al hombre, que "con todas
sus capacidades sublimes, sigue
llevando en su construcción
corporal la huella indeleble de
su bajo origen".
En esa obra demuestra que la
selección natural "ha favorecido
en la evolución humana el
desarrollo de instintos sociales
y el aumento correlativo de las
facultades racionales", señala
Patrick Tort, autor de un
Diccionario del darwinismo.
Opuesto a la esclavitud, Darwin
usaba la palabra raza sólo para
designar una forma entre otras
de variabilidad dentro de la
especie humana.
Hace 150 años, el pensamiento
darwiniano fue completado
gracias a los aportes de la
genética, descrita por vez
primera por Gregor Mendel en
1866, pero que Darwin no tuvo
nunca en cuenta.
La biología evolutiva, eclipsada
en los años 1950 por el
descubrimiento del ADN y de los
procesos fisicoquímicos en las
moléculas, vive un nuevo auge
desde hace dos décadas.
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Gentileza:: Guillermo C. Cohen-DeGovia
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