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Camilo Torres: En el camino
de la búsqueda de unas Ciencias
Sociales Latinoamericanas.
por Prof.
Enrique López Oliva.(*)
AGENCIA DE NOTICIAS PRENSA
ECUMÉNICA
Las grandes revoluciones
sociales de principios del siglo
XX: la Bolchevique en Rusia y la
Revolución Mexicana en América
Latina, que arriban a los cien
años, estuvieron marcadas por un
anticlericalismo profundo,
heredero en buena medida de las
revoluciones liberales
democrático-burguesas de finales
de los siglos XVIII y XIX.
En América Latina se
confundieron con la gesta
independentista, que dividió a
la Iglesia Católica Romana como
entidad social, al reflejarse en
ella las contradicciones de una
sociedad colonial que procuraba
romper con el yugo de la
metrópoli y buscar su propio
camino y que no fueron
totalmente inclusivas sino
tendientes a representar los
intereses de los criollos
blancos.
Ellas enfrentaron a regímenes
monárquico-feudales y a
regímenes coloniales inmersos en
la llamada "Cristiandad",
surgida durante un largo proceso
histórico de acoplamiento de la
jerarquía de la Iglesia
Cristiana con las capas
gobernantes, iniciado este en el
siglo IV bajo el Imperio Romano
con el Emperador Constantino,
proceso denominado de "constantinización"
del cristianismo, en que esta
religión abandonó su carácter
popular (no obstante mantener
asideros populares) y de
religión de los esclavos para
convertirse en uno de los
principales sostenes ideológicos
de gobiernos imperiales y
monárquicos.
De la Revolución Bolchevique
surgió el primer Estado moderno
ateizante, profundizando la
separación entre la Iglesia y el
Estado, iniciado durante las
revoluciones liberales. De la
Revolución Mexicana y del
enfrentamiento entre liberales y
conservadores, aliados estos
últimos de la Iglesia, y uno de
los principales terratenientes
en México, en lucha política por
el control del poder, se
desarrollaría la política
ateizante del presidente
Plutarco Elías Calles
(1924-1928), que desembocaría en
la llamada "Rebelión Cristera"
(con la que en cierta medida
intentó el gobierno de Calles
encubrir las negociaciones con
empresas petroleras
estadounidenses, y otros
problemas internos); una segunda
fase que se desarrollaría bajo
el gobierno del general Lázaro
Cárdenas (1934-40), frente a la
llamada "educación socialista".
Muchos de los caídos en esta
contienda cristera, abandonada
por la jerarquía al pactar con
el poder, después de haberla
estimulado, fueron beatificados,
como "mártires del
cristianismo", por el fallecido
Papa Juan Pablo Segundo.
Lejos estamos en la actualidad
de aquellos acontecimientos. La
Revolución Bolchevique devino en
la cabeza del llamado
"socialismo real", calificado
por el antiguo dirigente del
Partido Comunista de Venezuela,
Teodoro Petkoff, de "socialismo
irreal", "burocratizado", y a la
Revolución Mexicana siguió un
largo período calificado de
"revolucionario", que se
prolongaría incluso más que el
régimen soviético, desmoronado
tras la caída del Muro de Berlín
(1989) y la desintegración de la
URSS.
Las políticas ateizantes
-estimuladas por la
contrapartida del anticomunismo
religioso, que se asociaría a la
"Guerra Fría", después de la
Segunda Guerra Mundial- que
acompañaron los propósitos de
transformación social y de
eliminación de las clases
sociales con el objetivo de
crear al llamado "hombre nuevo",
fueron reemplazadas en Rusia y
en los antiguos países del
Bloque del Este, alineados
pronto a la política de la
Administración republicana de
George W. Bush, que retornaron
al capitalismo después de su
frustrada incursión socialista .
Muchas veces, como consecuencia
de la ocupación soviética al
finalizar la Segunda Guerra
Mundial, llevó al poder a
pequeños Partidos Comunistas
vinculados a Moscú, en estrecha
convivencia con el antiguo
enemigo ideológico, del cual
reclaman actualmente legitimidad
y bendiciones para sus
políticas.
Antiguas Iglesias Ortodoxas
reaparecieron en el escenario, y
se reactivaron añejas
expresiones religiosas de
minorías étnicas, que se vuelcan
hacia estas en busca de
sustentación identitaria. Se
cerraron los Museos Ateizantes y
la disciplina denominada
"Ateismo Científico" desapareció
del sistema de enseñanza. Hasta
en la República Popular China se
han producido señales de
actitudes más flexibles hacia
algunas religiones. Durante las
pasadas Olimpíadas el presidente
Bush asistió a misa en un templo
católico de Pekín, abarrotado de
feligreses, y el gobierno
comunista autorizó a varios
Obispos católicos chinos visitar
la Santa Sede.
En México el Partido de Acción
Nacional, de corte católico,
fundado en 1939, reemplazó por
un segundo periodo consecutivo
al Partido Revolucionario
Institucional (PRI), que
previamente restableciera las
relaciones diplomáticas con la
Santa Sede. En Ecuador, un
economista, profesor de
universidades privadas
católicas, ocupa la presidencia.
En Venezuela, un militar jefe de
Estado, cita con frecuencia la
Biblia para respaldar su
"socialismo del siglo XXI". En
Uruguay, un médico católico
socialista, opuesto al aborto,
se convirtió en el primer
presidente de izquierda de ese
país. En Paraguay, por primera
vez un ex Obispo católico, y
además partidario de la Teología
de la Liberación, encabeza el
gobierno, en una amplia y
heterogénea coalición.
En el Foro de Sao Paulo
-propiciado entre otros por el
sacerdote y teólogo belga
Francois Houtart, quien fuera
asesor teológico del Concilio
Vaticano Segundo, y profesor de
sociología, en la Universidad
Católica belga de Lovaina, del
sacerdote-guerrillero Camilo
Torres-, una de las expresiones
más significativas de los nuevos
movimientos sociales anti-globalización
y pro democracia, es notable la
presencia de grupos religiosos,
junto a activistas de variado
signo como feministas,
medioambientalistas,
sindicalistas, indígenas,
afroamericanos, gays, y a jefes
de Estado como Lula, Evo
Morales, Hugo Chávez, Correa.
En Estados Unidos por primera
vez ocupa la presidencia un
afroestadounidense, consagrado
cristiano en una Iglesia
Independiente Afro
esradounidense, partidaria de la
Teología Negra de la Liberación,
de madre antropóloga, y antiguo
organizador comunitario de
iglesias cristianas de Chicago,
quien triunfó electoralmente
bajo la consigna de que "un
cambio es posible". Sólo
cuarenta y cinco años antes el
Congreso estadounidense aprobaba
la Ley de los Derechos Civiles.
Cuarenta años atrás asesinaban
al pastor afroestadounidense
Martin Luther King, Jr.
Qué lejos estamos de la década
de los sesenta, cuando la
antigua URSS disputaba la
supremacía con Estados Unidos;
cuando las tropas del Pacto de
Varsovia invadieron
Checoslovaquia poniendo fin en
1968 a un intento de reforma
desde adentro del socialismo
checo; cuando se realizó el
Concilio Vaticano Segundo
(1962-65), convocado por el Papa
Juan XXIII, el "Papa rojo" al
decir de los conservadores, y el
"Papa bueno" según sus
admiradores, que comenzaría el
proceso de "aggiornamento"
(puesta al día) de la Iglesia
Católica, abriéndose a los temas
sociales, y posibilitó el inicio
de un diálogo entre cristianismo
y marxismo.
La aplicación a la realidad
latinoamericana se produjo
durante la Segunda Conferencia
General del Episcopado
Latinoamericano en Medellín,
Colombia, en 1968, inaugurada
por el pontífice Pablo VI,
primer papa en visitar América
Latina (XXXIX Congreso
Eucarístico Internacional).
Pablo VI fue autor de la
encíclica "Populorum Progressio"
-26 de marzo de 1967-, que
admitió la posibilidad de una
salida violenta revolucionaria
frente a una situación política
y social exasperante, calificada
de tiranía; no obstante, en
Colombia condenó la violencia
como alternativa política.
Católicos progresistas del
movimiento juvenil y
estudiantil, sindicatos
cristianos y grupos
sacerdotales, pidieron a Pablo
VI: "no bendiga a los asesinos
de Camilo", no legitime al
régimen injusto de Colombia.
Para muchos comentaristas de
prensa el 68 "fue el año de la
Iglesia en Latinoamérica", ya
que se vislumbraba una ofensiva
de la Iglesia Católica en todos
los campos, los que no se
concretarían en la forma en que
se presagiaba. Pronto el
episcopado conservador moderaría
el ímpetu transformador de parte
de su Iglesia, sobre todo a
partir del papado de Juan Pablo
Segundo, quien desató una fuerte
persecución y acoso contra el
sector progresista del clero y
del laicado, en especial contra
los teólogos de la liberación, y
en general del clero
comprometido con los cambios
socio-políticos. Una década de
auge de los movimientos de
liberación, continuación del
proceso de descolonización que
siguió a la Segunda Guerra
Mundial en África, Asia y el
Caribe, y de la aparición del
Movimiento de los No Alineados.
En México se masacraba a un
número todavía no determinado de
estudiantes universitarios y
secundarios en la Plaza de
Tlatelolco. Cuando se realizaron
en La Habana las Conferencias de
la OSPAAAL (1966) y de la OLAS
(1967) y se fundó la OCLAE
(1966), que lanzaría las
Jornadas Latinoamericanas Camilo
Torres. Cuando surgieron
organizaciones de nuevo tipo,
político-armadas, que se
propusieron tomar el poder por
la vía de las armas, a una de
las cuales se sumaría como
guerrillero el sacerdote Camilo
Torres.
Entre los nuevos actores
sociales de esa época rica en
acontecimientos, estuvieron
estudiantes radicalizados,
cuadros y militantes de partidos
políticos insatisfechos por las
proyecciones de sus dirigentes,
militares nacionalistas que
rechazaron actuar como
represores de sus pueblos,
pastores protestantes que se
divorciaron de "un
protestantismo panamericanista"
influido por la Guerra Fría,
sacerdotes católicos y
religiosos y religiosas de
distinta nacionalidad, inclusive
varias estadounidenses,
sensibilizados por los problemas
de los más pobres y humildes.
Algunos se organizarían en
movimientos sacerdotales como el
Grupo de los Ochenta que en
Chile apoyó al gobierno
socialista de Salvador Allende,
de cuya iniciativa surgió
Cristianos por el Socialismo,
Sacerdotes para el Tercer Mundo,
el Grupo Golconda, Iglesia
Joven, Iglesia Popular, el
Movimiento Sacerdotal ONIS
(Organización Nacional de
Información Social de Perú), y
los Comandos Camilo Torres.
En 1968, en la Universidad de
Montevideo se realizó el Primer
Encuentro Latinoamericano Camilo
Torres…; hasta uno que otro
Obispo católico, como el Obispo
de La Rioja, en Argentina,
Enrique Ángel Angelelli, muerto
el 4 de agosto de 1976, en un
misterioso accidente
automovilístico, que todo indica
fue preparado por los servicios
secretos argentinos, cuando
regresaba de visitar un pueblo
donde habían asesinado a dos
sacerdotes de su diócesis, y el
Arzobispo salvadoreño, Oscar
Arnulfo Romero, baleado
mortalmente cuando oficiaba misa
en el altar de la capilla de la
Divina Providencia, en el
Hospital del cáncer, de la
capital salvadoreña, el 24 de
marzo de 1980,
Junto a ellos, seminaristas y
activistas laicos, en especial
vinculados con el trabajo
pastoral en barrios populares y
en el campo, sindicalistas
hartos de ser manipulados por
dirigencias corruptas y
gangsteriales utilizadas por
patronos explotadores,
intelectuales que rompieron con
esquemas metodológicos
importados y fueron a analizar
la realidad de este continente
desde una perspectiva
propiamente latinoamericana,
apareciendo el Movimiento de
Educación de Base, la Pedagogía
de la Liberación y la Educación
Popular Liberadora, y
permitiendo el desarrollo de
unas Ciencias Sociales
Latinoamericanas, que ayudaran a
profundizar en el análisis de
los diversos problemas que
afligen a los pueblos en este
espacio territorial.
De estos esfuerzos surgiría una
Sociología Latinoamericana, uno
de cuyos exponentes fue
precisamente Camilo Torres, la
Teoría de la Dependencia, para
explicar las causas del
subdesarrollo en América Latina,
Teoría que aún tiene a algunos
de sus cuadros con vigencia y
fuerza en el espectro académico,
por ejemplo Edelberto
Torres-Rivas y el expresidente
brasilero Fernando Henrique
Cardoso, el desaparecido
sociólogo evangélico colombiano
Orlando Fals Borda, quien
participó junto a Camilo en la
fundación de la Facultad de
Sociología en la Universidad
Nacional de Bogotá, y el también
brasilero Theotonio dos Santos,
entre otros.
Dentro del clero progresista
surgiría la Teología
Latinoamericana de la
Liberación, cuyo primer
exponente fuera en 1971, el
sacerdote peruano Gustavo
Gutiérrez Merino, que influiría
en el desarrollo de otras
expresiones teológicas
liberadoras en África y Asia, y
en la población
afroaestadounidense, como la
Teología Afroamericana,
Feminista, Medioambiental y
otras, además de la Teología del
Diálogo Interreligioso.
Surgirían las Comunidades
Eclesiales de Base como nueva
forma de práctica cristiana, y
la Lectura Popular de la Biblia,
además de los Ministros Laicos
de la Palabra, muchos de los
cuales se convertirían en
activistas populares de
movimientos como el Ejército
Zapatista de Liberación Nacional
en Chiapas, México, cuyo
subcomandante Marcos es también
sociólogo.
En 1972 el Instituto Pastoral
Latinoamericano, dependiente del
CELAM, constituyó la Comisión
para el Estudio de la Historia
de la Iglesia en Latinoamérica.
En la asamblea fundacional de
CEHILA, Quito; enero de 1973, se
dio el paso inicial.
CEHILA, cuyo principal animador
fue el filósofo e historiador
argentino, radicado en México,
Enrique Dussel, se debió la
creación de una Escuela de
Historiadores de la Iglesia con
metodología crítica, para
recordarle a la Iglesia sus
gestas a favor del pobre y las
complicidades con los poderosos.
CEHILA actualmente, pese a la
oposición de sectores
conservadores del episcopado y
del clero, asumiendo los
presupuestos teológicos de la
Teología de la Liberación,
desarrolla un estudio
sistemático de la realidad
religiosa del continente, desde
una perspectiva macroecuménica y
abierta al intercambio con toda
expresión religiosa y
filosófica, incluso a los que no
tienen ideas religiosas. CEHILA-CUBA
es miembro del Consejo de
Iglesias de Cuba. Entre los
miembros fundadores y actuales
de CEHILA, muchos son o han sido
académicos, fundamentalmente
cientistas sociales.
En los últimos años se han
producido sensibles cambios en
el panorama religioso mundial,
desmintiendo los anuncios de
sociólogos de la religión
influidos por el marxismo
manualista soviético ateizante,
que anunciaba el fin inminente
de las religiones.
El desarrollo vertiginoso de las
comunicaciones, la aparición de
Internet, ha posibilitado las
"Iglesias virtuales" y una mayor
difusión de las ideas
religiosas, surgiendo
"religiones a la carta",
enmarcadas dentro de los
llamados "Nuevos Movimientos
Religiosos", y algunos no tan
nuevos, sino producto del
reciclaje de antiguos cultos.
En el dinámico contexto de los
'50 y '60, en el escenario
particular de Colombia, en medio
de enfrentamientos políticos
violentos y de aguda
contradicciones
socio-económicas, surgió Camilo
Torres Restrepo, a quien no
podemos atomizar porque, como a
todo ser humano, hay que verlo
en su integralidad, con unas
facetas e identidades
complementando otras.
El Camilo sacerdote, sociólogo,
capellán universitario,
investigador social, líder,
fundador del Frente Unido del
Pueblo, fue coherente con el
Camilo que, finalmente, fuera
guerrillero, incorporado al
grupo armado Ejército de
Liberación Nacional, y quien
llegaría a la conclusión de que
el "deber de todo cristiano es
hacer la revolución".
Su gesto inspiró a otros
cristianos en el continente que
se incorporaron de diversas
formas a la lucha política por
un cambio radical de estructuras
que pusieran fin a la pobreza
endémica y al sojuzgamiento de
los países latinoamericanos a
las grandes potencias,
principalmente al imperialismo
estadounidense, percibido como
el principal enemigo de las
luchas de los pueblos
latinoamericanos, por
convertirse en el fundamental
sostén de los grupos
oligárquicos, sus principales
aliados, y de regímenes
corruptos y despóticos.
Ese Camilo es, a su vez,
coherente con el Camilo hijo,
amigo, y estudiante. Quienes
tuvimos la oportunidad de estar
cerca de Isabelita Restrepo
podíamos, a través de ella,
percibirlo y, sobre todo,
entenderlo.
En los cambios macro y micro
sociales en los cuales
periódicamente se sumerge la
humanidad, las instituciones se
transforman o perecen, como
parte intrínseca de esos
cambios. Actualmente, estamos
inmersos en una etapa de
evidentes y profundos cambios,
que hace intuir la necesidad y
posibilidad de muchos más.
Como instituciones humanas, las
universidades están urgidas
actualmente de transformarse,
democratizarse, horizontalizarse.
Esas transformaciones pasan por
el estudio, consciente y
consecuente, de nuestras
realidades, sin las fantasiosas
extrapolaciones que tantas veces
hemos tenido, "inventándonos" o
permitiendo que nos inventen en
vez de mirarnos y hurgar en
nosotros mismos,
deconstruyéndonos como realmente
somos, que es la única manera
posible de entendernos y avanzar
procurando emplear nuestras
mejores energías, métodos y
herramientas, desbrozando
caminos hacia la propia
realización para poder ayudar a
los otros en la búsqueda y
construcción de los suyos.
Ahí se sitúa el estudio de
figuras como Camilo, y otros;
ahí también se sitúa la búsqueda
y actualización del cuadro de
mártires religiosos o no, que
pertenecen a nuestro contexto
latinoamericano, más que para
venerarlos como imágenes
"santificadas", "mitificadas",
"gélidas", para conocer y
profundizar en sus pensamientos
y accionar, apropiándonos de lo
que de ellos continúe siéndonos
útil, aprendiendo de sus errores
y valorándolos tal cual han
sido.
Va siendo hora de que las
Universidades Latinoamericanas
se vuelquen a estudiar con
rigor, detenidamente y
desprejuiciadamente, este
periodo histórico, sin demonizar
a unos, ni endiosar a otros,
investigar los diversos factores
internos y externos que
influyeron en este, percibir los
aspectos positivos y negativos
que dejó este proceso para las
generaciones que le sucedieron y
que pueden enseñar a los
protagonistas del actual momento
histórico, que les ayude a
construir un mundo mejor, más
justo y más humano, como fue el
deseo de aquellos que, como
Camilo Torres, ofrendaron sus
vidas ---dejando un nutrido
martirologio, todavía no
recogido en detalle por los
historiadores, incluso los
historiados eclesiásticos--- por
un real cambio.
Nota: Esta ponencia fue leída en
el Panel: "Universidad y Cambios
Sociales", realizado en la
Universidad de La Habana, el 11
de febrero del 2009, dentro de
la Jornada Nacional Camilo
Torres, organizada por el Grupo
de Reflexión "Oscar Arnulfo
Romero", con el apoyo de varias
instituciones religiosas y
académicas cubanas, como CEHILA-Cuba,
el Centro Memorial "Martin
Luther King Jr.", el Centro de
Estudios del Consejo de Iglesias
de Cuba y otras.
(*)
Secretario en Cuba de la
Comisión para el Estudio de la
Historia de la Iglesia en
Latinoamérica (CEHILA-CUBA)
Agencia de Noticias
Prensa Ecuménica
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