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Desde Colombia: 12 de Octubre
Vimos llegar tres enormes
embarcaciones cargadas con
nuestro porvenir. No han parado
de ir y venir desde entonces.
Así lo contaba el mito de los
tradicionales de nuestra tierra,
quienes lo leyeron en las mismas
estrellas que orientaban a los
navegantes hacia América. Ahora
cuentan que vamos a cumplir
doscientos años de la
independencia. Pero nuestra
memoria tiene miles de años,
recuerda que el territorio no se
llamaba como hoy, ni hablábamos
como hoy, y comíamos otros
alimentos, y pasaban las cosas
de otra forma. Estamos acá y
somos millones es el grito de
los indígenas de toda nuestra
América que construyen hoy el
territorio tradicional superando
la sociedad del mercado,
levantados sobre los propios
pies renovados del mito que
avisó lo que la historia nos ha
traído así como su terminación.
Desde el territorio conquistado
y la extinción viva y cultural
de las gentes, hasta llegar al
remplazamiento en las mentes y
corazones contemporáneos por un
pensamiento egoísta, depredador
del medio ambiente, que ha
creado en el territorio la
destrucción de los tejidos
afectivos de las personas, los
ha convertido a todos en
ciudadanos y consumidores. Desde
acá queremos pensar esos cortos
doscientos de capitalismo,
democracia, pensamiento liberal,
república, moral judeocristiana,
educación confesional y
escolástica, verlos como el
desarrollo de una guerra en el
pensamiento para la instauración
de las prácticas del "nuevo"
pensamiento en este milenario
territorio. Occidentalizarnos.
Seguimos siendo indígenas,
nacidos acá, más ya no guardamos
las tradiciones, los
pensamientos, los conocimientos,
la vida, como lo hacíamos antes
del arribo de tan crueles y
despiadados conquistadores.
Culturalmente el mundo es hoy
comprendido desde el mito
fundacional de la sociedad
europea y norteamericana, pues
hemos dejado a un lado del
camino nuestros propios
pensamientos. Los que
corresponden a personas nativas.
Se quiere la homogenización del
pensamiento cuando se lanzan al
pasado todas aquellas cosas de
esta tierra. Los indígenas por
ejemplo.
El mundo contemporáneo se
desarrolla como nunca en la
imaginación y en su
manipulación. Las cuentas, los
billetes, los edictos, las
leyes, los cartones de grado,
los certificados, las cédulas, y
todo el resto de papeles, todos
los registros de la existencia
de la sociedad capitalista,
hacen parte de una cultura en la
que es preciso creer, de no ser
así nadie entregaría cosas que
considere de su propiedad y
valiosas a cambio de papeles
impresos con monitos según la
ocasión. Esta cultura
capitalista que se expandió por
el planeta en los últimos
doscientos años no concibe el
mundo más que desde su propia
imaginación. De manera que el
control sobre las máquinas para
producir monopólicamente esta
imaginación, difundiéndola, es
otro lugar sobre los que
llamamos la atención en esta
reflexión. Nuestros hermanos
indígenas son dueños de la
tierra por que nacieron de ella
hoy igual que ayer, más hoy el
hombre emblanquecido pide papel
de propiedad a sus auténticos
propietarios. Hoy se piden
papeles bajo amenaza de
lanzamiento y desplazamiento.
Hoy se desplaza y lanza para
producir nuevos papeles de
propiedad de todo para unos
pocos.
La república liberal moderna, y
capitalista acontece hoy con un
nombre específico, convoca unas
fechas para que concurramos a la
conmemoración de su existencia.
Quieren que renovemos el
contrato social. Podemos pasarla
tan felices como cualquier
adicto al consumo mediático en
todos sus formatos como
cualquier narcótico enfermo por
la inhalación de los químicos
vendidos en las calles de esta
sociedad. Podemos refundar la
forma de organizarnos y hacer
las cosas en la realidad de
nuestro territorio.
Cómo conmemorar el bicentenario
en una república que igual que
en tiempos de la conquista, la
mayoría de sus pobladores,
nativos del territorio, no
importan más que como obrero y
empleado de algún señor que
quiere vivir bien, pero sin
ningún interés en que nosotros
tengamos buena vida. Cómo
conmemorarla en un territorio en
el que se abandono a sus
habitantes al olvido social de
los lazos de solidaridad para la
supervivencia, dejando como
resultado abandono, violencia en
las casas, en las relaciones
entre las personas, en la que
somos educados en función de las
necesidades de la empresa y no
las personas, donde la
mercantilización de la vida nos
deja a merced de la escasez del
obligatorio circulante. Esta
república del egoísmo, el odio,
la guerra y la desconfianza
merece conmemorársele con la
creación de una nueva.
CUEVA REBELDE ITZCUINTLI
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Gentileza:: Red Latina sin
fronteras
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