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21 de Septiembre: Día
Internacional contra los
monocultivos de árboles
por Sylvia
Ubal
Desde el 2004, a partir de
una iniciativa de la "Red contra
el Desierto Verde" (Brasil),
cada 21 de septiembre se
conmemora el día internacional
contra los monocultivos de
árboles. La Red Latinoamericana
contra los Monocultivos de
Árboles (RECOMA), la Coalición
Mundial por los Bosques que
cuenta con miembros en 16
países, Amigos de la Tierra
Internacional y el Movimiento
Mundial por los Bosques
Tropicales acordaron aunar
esfuerzos para generar
conciencia en ese día sobre los
problemas sociales y ambientales
que resultan de la expansión de
las plantaciones de ese tipo y
denunciando los impactos
negativos de las plantaciones de
árboles a gran escala en los
países de la región. .
Como dice el Comunicado conjunto
del Movimiento Mundial por los
Bosques Tropicales, Amigos de la
Tierra Internacional y la
Coalición Mundial por los
Bosques Grupos que llaman a la
acción para el 21 de Septiembre,
Día Internacional contra los
Monocultivos de Árboles. Las
plantaciones de árboles a gran
escala provocan graves impactos
ambientales, sociales y en las
economías locales. Impactos como
la escasez de agua, dada la
alteración de los ciclos
hidrológicos y el deterioro de
ríos y quebradas; contaminación
del aire debido al uso de
agroquímicos; el desplazamiento
de comunidades enteras debido a
la ocupación del territorio;
violaciones a los Derechos
Humanos, laborales y
ambientales; impactos en las
mujeres, así como el grave
deterioro de la diversidad
cultural, la violencia
generalizada, la contaminación
por pesticidas y la grave
pérdida de diversidad biológica,
han sido ampliamente
documentados alrededor del mundo
Por esa razón, ONGs,
Organizaciones de Pueblos
Indígenas y movimientos sociales
de todo el mundo conmemorarán
este fin de semana el Día
Internacional contra los
Monocultivos de Árboles
La fecha coincide con el Día
Internacional de la Paz (ONU),
que es precisamente lo que las
comunidades locales afectadas
por las plantaciones desean: paz
para vivir en armonía con la
naturaleza y con otros seres
humanos. Las plantaciones de
árboles han desplazado a miles
de personas de sus tierras en el
pasado, y lo siguen haciendo en
la actualidad. Debido al avance
de esas plantaciones, habitantes
rurales quedan privados del
acceso a recursos naturales y
deben abandonar sus tierras en
busca de sustento en otra parte.
Sandy Gauntlett de la Coalición
Ambiental de los Pueblos
Indígenas del Pacífico dice:
"Las plantaciones de árboles no
son bosques. Una plantación es
un sistema agrícola sumamente
uniforme que substituye los
ricos ecosistemas naturales y su
biodiversidad; los árboles que
son sembrados apuntan a la
producción de una sola materia
prima, ya sea madera, celulosa,
caucho, aceite de palma u otros.
Sin embargo, instituciones
internacionales como la FAO y el
Banco Mundial, así como agencias
estatales en países tales como
Nueva Zelanda, definen
incorrectamente a las
plantaciones como bosques, pese
a la amplia documentación que
prueba que lo único que tienen
en común es la presencia de
árboles. De esa forma, ayudan a
imponer y perpetuar un modelo de
producción insustentable."
Las plantaciones responden a un
modelo industrial
"Las plantaciones responden a un
modelo industrial que produce
materia prima abundante y barata
que sirve como insumo para el
crecimiento económico de los
propios países industrializados.
A nivel de países productores,
lo que queda es un ambiente
degradado y una población
empobrecida, que son los "costos
externalizados" para que la
materia prima pueda resultar
barata", manifestó Simone Lovera,
de la Coalición Mundial por los
Bosques.
"En los territorios que hoy
ocupan las plantaciones, ya
había o podría haber cultivos
agrícolas destinados a asegurar
la soberanía alimentaria de los
pueblos, manejados por
comunidades campesinas o bien,
estas comunidades y Pueblos
Indígenas podrían desarrollar
actividades sustentables y que
mejoran su calidad de vida, como
el manejo comunitario del
bosque" agregó Isaac Rojas de
Amigos de la Tierra
Internacional.
La lucha que llevan a cabo las
comunidades locales contra los
monocultivos de árboles es un
asunto cotidiano en el mundo.
Una lucha que ninguna comunidad
pidió sino que le fue impuesta.
En Asia y el Pacífico,
comunidades locales en Malasia,
Indonesia y Papúa Nueva Guinea
luchan contra las plantaciones
de palma aceitera; en África hay
luchas contra las plantaciones
de caucho, de palma aceitera o
para celulosa en Nigeria,
Camerún, Liberia, Swazilandia y
Sudáfrica y en América Latina,
países como Brasil, Argentina,
Chile, Ecuador y Uruguay sufren
los impactos del "desierto
verde" de pinos y eucaliptos,
mientras que en Colombia avanzan
las plantaciones de palma para
agrocombustibles, al igual que
en Venezuela y Centroamérica.
Para empeorar la situación, las
plantaciones a gran escala de
árboles están siendo promovidas
como una solución -falsa- al
cambio climático. Por un lado,
el Parlamento Europeo y otras
instituciones impulsan la
llamada segunda generación de
agrocombustibles basada en
madera, que llevará a una rápida
y amplia expansión de este
monocultivo, incluyendo árboles
transgénicos Por otro lado,
algunos países en desarrollo ven
en un posible fondo bajo la
Convención sobre Cambio
Climático, una posibilidad de
financiamiento a las grandes
plantaciones como sumideros de
carbono para compensar la
pérdida de los bosques.
En Argentina, gran parte de la
selva de la provincia de
Misiones ha sido sustituida por
enormes monocultivos de pinos
exóticos, en tanto que las
plantaciones de eucalipto para
celulosa avanzan en otras
provincias como Corrientes y
Entre Ríos.
En Brasil, grandes empresas
vinculadas a la industria de la
celulosa están concentrando
amplias áreas de tierra fértil,
constituyéndose en uno de los
mayores obstáculos para la
realización de la reforma
agraria. Al mismo tiempo, los
monocultivos de eucalipto están
afectando la seguridad
alimenticia de las poblaciones
locales y volviendo imposibles
las actividades tradicionales de
las comunidades indígenas,
afrobrasileñas y campesinas. Un
estudio que se llevó a cabo en
dos plantaciones certificadas
concluyó que la certificación de
plantaciones efectivamente está
socavando las luchas de la gente
local por recuperar sus tierras.
El equipo de investigación hizo
notar que existían "pruebas
claras de las disputas con los
vecinos de la compañía por la
propiedad, el uso tradicional y
los derechos de tenencia de la
tierra". La propiedad de la
mayoría de la tierra hoy en
manos de ambas empresas que
realizaron las plantaciones
(como en otras partes) es
reclamada por numerosas
comunidades locales a quienes
les fue quitada.
Otras disputas entre pequeños
productores y las empresas
tienen que ver con el uso de
agroquímicos, el bloqueo de los
caminos o interrupciones en el
acceso y el manejo del agua. La
certificación del FSC ha
socavado además el derecho de
los trabajadores
En Chile, la expansión de las
plantaciones forestales se ha
hecho a expensas de los
territorios tradicionales del
pueblo Mapuche y de la violación
sistemática de sus derechos.
Dicha expansión está además
asociada a graves procesos de
degradación ambiental, pérdida
de biodiversidad, reducción y
contaminación con agrotóxicos de
las fuentes de agua,
superficiales y subterráneas, y
la pauperización de la población
local.
En Colombia, las plantaciones de
palma aceitera han dado lugar a
graves violaciones de los
derechos humanos, incluyendo
muertes, torturas,
desapariciones y migración
forzada de las comunidades
locales, en tanto que
situaciones similares han
acompañado la instalación de
plantaciones de pinos y
eucaliptos.
En Costa Rica el gobierno
incrementó el monto del subsidio
para las plantaciones de
monocultivos pasando de $500 a
$800/ hectárea establecida.
Asimismo, se aumentó el área
total a subsidiar de 4000 a 7000
hectáreas por año. Todo esto a
pesar de que los monocultivos de
árboles para producir madera no
han rendido lo esperado y se ha
demostrado que 20 años de
políticas de subsidios a las
plantaciones de árboles han sido
un fracaso.
En Ecuador, las comunidades
indígenas, afrodescendientes y
campesinas están siendo
afectados por el avance de
monocultivos de pinos,
eucaliptos y palma aceitera, que
destruyen las bases de
sustentación de las poblaciones
locales y expulsan a la
población rural.
Muchas veces las comunidades y
las ONGs han enviado cartas al
FSC (certificación de gestión
forestal sostenible FSC (Forest
Stewardship Council,
estableciendo sus preocupaciones
sobre la posibilidad de que el
FSC garantice la certificación
de las operaciones de empresas,
como el reciente caso de la
empresa BOTROSA en Ecuador3, la
cual "ha hecho tanto daño a los
bosques de Ecuador y a las
comunidades que en ellos viven y
de ellos dependen, no han
favorecido la conservación de
bosques ni tampoco han respetado
los derechos de las comunidades
del bosque. Por el contrario han
realizado una explotación
abusiva de los bosques causando
en muchos casos su destrucción",
En Nicaragua se ha dado un
importante paso en sentido
inverso, cuando en junio de este
año el Director del Instituto
Forestal declaró que "No se
derribarán más bosques para
sembrar palma africana",
agregando que "No estamos
permitiendo la siembra de
monocultivos porque destruye la
biodiversidad del ecosistema".
En Paraguay Los gobiernos
nacionales están dejando en
manos de las grandes
corporaciones la biodiversidad
con el pretexto de que no tienen
dinero, se lamentó la activista
Simone Lovera, integrante de
Sobrevivencia - Amigos de la
Tierra Paraguay, en la COP 9 del
Convenio de Diversidad Biológica
de Naciones Unidas, que se
realiza en Bonn, Alemania. "Así
se vende toda la biodiversidad
de la gente", concluyó.
El Convenio de Biodiversidad
está en venta Lovera forma parte
de la Coalición Mundial por los
Bosques, informo en una
entrevista que la petrolera
anglo-holandesa Shell está
promocionándose como una gran
conservacionista y está
trabajando directamente con la
Secretaría del Convenio de
Diversidad Biológica. Esa
corporación tiene además firmado
un acuerdo con la Unión
Internacional para la
Conservación de la Naturaleza (IUCN,
por su sigla en inglés).
Las corporaciones
transnacionales tienen como
principales aliadas a grandes
organizaciones no
gubernamentales que se dicen
conservacionistas, pero que
completan el círculo al firmar
los acuerdos de apropiación de
la naturaleza que aseguran
promover las "áreas protegidas"
y el "ecoturismo".
En Perú, el gobierno ha aprobado
el marco legal para la expansión
de los monocultivos de árboles,
en base a las mismas promesas de
empleo y desarrollo que ya se
han demostrado falsas en todos
los países de la región.
En Uruguay, Como decimos en
artículos anteriores mas del 57%
de las tierras del Uruguay esta
en manos de granes empresas
extranjeras como por ejemplo que
el país ocupa el noveno lugar en
el ranking mundial de cultivo de
transgénicos con medio millón de
hectáreas destinadas a estos
cultivos En la década de 1960
los Tupamaros (la guerrilla)
luchaban contra el latifundio,
en ese momento, el mayor que
existía en el Uruguay tenía 33
mil hectáreas. Actualmente, sólo
una empresa estadounidense posee
120 mil hectáreas de
plantaciones de eucalipto.
"Uruguay está viviendo un
proceso de concentración de la
tierra como jamás habíamos
visto. Son nuevos latifundios,
pero mucho más extensos", afirma
el ambientalista uruguayo Carlos
Santos, de la Red Amigos de la
Tierra. En esta entrevista,
realizada durante el Foro
Internacional en Defensa del
Agua.
Los monocultivos de eucaliptos y
pinos han generado graves
impactos sobre el principal
ecosistema del país (la pradera)
y estas grandes empresas, han
desplazado a los tradicionales
productores de alimentos.
Además, han significado un uso
masivo de agrotóxicos en toda la
cadena productiva desde los
viveros hasta la aplicación de
herbicidas para matar los
rebrotes.
En todos los países donde se han
implantado estos monocultivos,
las consecuencias han sido las
mismas: mayor riqueza y poder
para unas pocas empresas
nacionales y extranjeras y mayor
pobreza para las comunidades
locales. Como dice Eduardo
Galeano "los países pobres, son
pobres porque son ricos". Fue su
riqueza de recursos lo que
atrajo a los colonizadores, la
misma que hoy en día atrae a las
empresas transnacionales. Es
este proceso el que genera la
exclusión social y pobreza en
medio de la riqueza. Como
contrapartida, la oposición a
este modelo social y
ambientalmente nefasto está
creciendo a nivel local,
nacional y regional.
Sin embargo pareciera que en la
mayoría de nuestros países, los
gobiernos se hacen oídos sordos
a los reclamos de la gente y se
continúan promoviendo políticas
que están agravando aun más las
situaciones descritas arriba y
que incrementarían las áreas de
"desiertos verdes".
Las que se anuncian como
"soluciones" para el cambio
climático, no sólo no
solucionarán el problema, sino
que serán causa de mayores
sufrimientos en las comunidades.
Los mal llamados "sumideros de
carbono" y los agrocombustibles
son ejemplos de estas falsas
soluciones que ya se están
implementando en nuestros
países.
A ello se suma el peligro de los
planes para la liberación de
árboles transgénicos, que en
nuestra región ya están siendo
genéticamente manipulados en
laboratorios en Chile y Brasil.
En este nuevo 21 de septiembre,
hacemos entonces un llamamiento
a unificar las luchas para
forzar a los gobiernos a cambiar
el rumbo y a volcar los recursos
del Estado a la promoción de
actividades agrícolas y
forestales socialmente
beneficiosas y respetuosas del
medio ambiente.
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Jefe De Redacción: Miguel
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