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Nietzsche y la política.
Entrevista Nicolás Alberto
González Varela
Salvador López Arnal
entrevistó este verano al
filósofo argentino radicado en
España Nicolás Alberto González
Varela.
Déjeme preguntarle,
básicamente, por dos autores,
por Nietzsche y Heidegger, a los
que su suele tildar de
irracionalistas. Antes de ello,
una precisión conceptual:
¿cuándo una filosofía puede ser
denominada "irracionalista"?
Más que irracionalista podemos
decir que a inicio del siglo XIX
en Europa se desarrolla una
"reacción" (no sólo al nivel
filosófico), reacción en varias
etapas distintas y perfectamente
visibles, que intenta a través
de varias vías introducir formas
intuitivas, vitalistas,
naturalistas, incluso el mito en
la forma y el modo en que
accedemos al conocimiento. Yo no
hablaría de irracionalismo sino
de anti o contrarracionalistas.
Las causas son múltiples pero
todas tiene que ver con una
respuesta al modernismo, a la
secularización, al surgimiento
de la "cuestión social" y, a
largo plazo, un gesto anti 1789
y contra la Ilustración. Quizá
el caso Heidegger habría que
contextualizarlo de manera
distinta, pero es parte de ese
gran mainstream
político-ideológico.
¿Por qué Nietzsche es un
filósofo tan importante en la
actualidad? Para algunos acaso
el más importante, el más grande
filósofo de la modernidad.
La importancia de Nietzsche, su
fama y puesta de moda, en la
institución académica (una
paradoja para un autor que
aborrecía al "profesor de
filosofía" y a la academia
burguesa in toto) es reciente.
Podemos fijar fecha: después de
1945 Walter Kaufmann lo ha
rehabilitado y santificado para
el mundo anglosajón; los libros
de Gilles Deleuze le dieron el
bautismo institucional en Europa
(y el necesario guiño desde la
industria filosófica parisina) y
lo terminó de "legitimar" la
deconstrucción, el posmodernismo
y el neopragmatismo. El
Nietzschéisme era ya un fenómeno
de literatos, artistas y poetas
a fines del '800, pero sin el
prestigio de ser reconocido como
filósofo digno de la universidad
burguesa. Nietzsche tuvo que
esperar para figurar en el
panteón de los autores
respetables. La importancia de
Nietzsche, su "suerte" y los
derroteros de su recepción
(siempre acrítica), cobra
importancia a partir de que es
"reconocido" como propio por la
academia (=estado), incorporado
a sus planes de enseñanza
(mientras, por ejemplo, Marx
no), masificado, edulcorizado y
finalmente reducido a una
"Vulgata". La fecha concreta en
que emerge el Nietzschéisme se
encuentra, en cada país (España
será diferente a Argentina,
etc.)en el momento en que la
posición de los textos
canonizados (y convenientemente
expurgados de cargas
histórico-políticas) de
Nietzsche llegan a establecerse
en el mundo académico y, en lo
sucesivo, es percibido como
académico por toda una nueva
generación de poetas, pintores y
músicos. La institución y los
medios culturales luego
simplemente (re) producen el
rizo ideológico. Como autor
popularizado es parte integral
(como Heidegger) de la ideología
posmoderna, y muchas de sus
conclusiones más feroces
subyacen a los preceptos del
capitalismo global. Que se le
considere el más grande filósofo
de la modernidad es una paradoja
insólita: Nietzsche fue en
realidad (y esta sí es su
grandeza) el filósofo más genial
de la antimodernidad. No hay más
que leerlo.
Se ha afirmado en ocasiones que
la filosofía del autor del Also
sprach Zaratustra está en la
base de opciones políticas muy
conservadoras. Del nazismo, por
ejemplo. ¿Tiene sentido para
usted una afirmación así?
Por supuesto, pero el sentido no
lo he colocado yo. Tiene el
sentido que le dan las propias
palabras de Nietzsche, sólo hay
que saberlo leer bien, leerlo
lento (¡como un filólogo!), como
él exigía de sus potenciales
lectores. Nietzsche fue siempre
un reaccionario, desde joven,
gran admirador de Napoleón III y
Bismarck, opuesto a la campaña
abolicionista en la guerra de
Secesión entre el Sur y el Norte
en EEUU, fanático prusiano,
wagneriano militante (ya hay que
sopesar lo que significaba en
esa época ser mano derecha de
Richard Wagner), abanderado de
la aristocracia natural y la
figura del Genio, enemigo a
muerte de la democracia y el
sufragio universal, contrario a
la liberación de la mujer,
exaltador de la guerra como
medio de purificación y cura de
las razas, defensor del estado
militar (pedía un golpe militar
contra Alemania por el exagerado
peso de los socialistas) y la
institución de la esclavitud,
odiaba todo lo que representaba
la Gran Revolución Francesa, a
Rousseau y Hegel, anti
socialista y anticomunista
(basta ver las "marcas" de las
revoluciones de 1848 o de la
Commune de 1871 en sus textos,
fragmentos y cartas), etc. Más
que conservadoras, diríamos que
sus posiciones son
"reaccionarias". Tenemos además
su admiración por pre fascistas
como Paul de Lagarde o Gobineau
(en quien admiraba hombre y
obra). Pero aquí ocurre un
síntoma: el gremio de filósofos
estatales se niega a leer
literalmente a Nietzsche, ni
reconocer que sus tesis anuncian
al fascismo y al nacionalismo.
Se niegan a leer a Nietzsche tal
como Nietzsche hubiera deseado.
Llamar a la filosofía política
de Nietzsche un aristokratischen
Radikalismus, "radicalismo
aristocrático", (término que el
propio Nietzsche aceptaba de su
primer biógrafo y divulgador
Georg Brandes) es hoy un grito
en el desierto, un escándalo, ir
contra corriente, enfrentarse al
poder de la filosofía como
institución, no seguir la moda
marcada en París, verse aislado
(de colegas y recursos), en
algunos casos no poder
investigar o publicar. Mientras
los grandes historiadores
sociales o de las ideas (pienso
en Eric Hobsbawm, Norbert Elias,
Arno Mayer, Zeev Sternhell o
Ernst Nolte), no tienen ningún
inconveniente ni tabú en
"situar" a Nietzsche en la gran
corriente reaccionaria que
desembocará en el fascismo
europeo. Parece que entre
gremios académicos la
calibración de época del
pensamiento nietzscheano es
diametralmente opuesta. Ahí algo
está sucediendo, es síntoma de
problemas, señala un obstáculo
ideológico profundo.
¿Por qué muchos autores críticos
con el pensamiento racionalista,
con la ciencia, se inspiran en
su filosofía?
Parte enorme de la fascinación
que ejerce Nietzsche (y esta
fascinación como una cobra que
nos hipnotiza es la que ha dado
pié a tantas malas lecturas)se
debe a su estilo y al objeto de
su Kulturkritik, la modernidad
burguesa. Esa crítica, mal
contextualizada, fuera del
ámbito y las referencias
externas para lograr una
adecuada situación hermenéutica,
nos parece muy "familiar" a las
que podría realizarse desde un
pensamiento progresista o de
izquierdas. Se han vulgarizado
determinados topos
nietzscheanos, se canoniza un
par de textos y una determinada
parte de su evolución
intelectual, y ya tenemos un
Nietzsche irreal y ad usum
delphini. ¿Quién no podría estar
de acuerdo en criticar a los
"especialistas" académicos, o a
la moral de la religión
cristiana? ¿Quién no celebra su
ataque al excesivo racionalismo,
a la división del trabajo, al
parlamentarismo, a la clase
política? ¿A qué intelectual no
le suena a música de ángeles el
discurso sobre la decadencia y
la crisis de los valores? ¿A qué
literato o artista no le agrada
escuchar que la cultura es
beneficio exclusivo de los
mejores? Muchos han tomado a la
ligera estas críticas
reaccionarias (sin de-construir
sus presupuestos ontológicos)
pensando en que podrían
subvertir el cientificismo y el
positivismo. El ataque de
Nietzsche al racionalismo
"socrático", que degenera y
enferma a Occidente (dentro del
cual laten entre otros el
socialismo) es "nihilista"
("todo" es interpretación
incluso en las ciencias duras) y
por eso es imposible fundar una
epistemología alternativa desde
los presupuestos nietzscheanos:
voluntad de poder, uno
primordial y el eterno retorno.
Es difícil desarrollar, aún
desde el punto de vista del
Nietzschéisme, una crítica
productiva a los límites y
obstáculos de la racionalidad
moderna desde la lucha eterna
entre un instinto de decadencia
y un instinto de ascensión. El
propio Stil de Nietzsche, ajeno
a la argumentación (¡Nietzsche
está incluso contra el
silogismo!)y forzada a la
concisión y extrema libertad
literaria del aforismo, hace que
sea una tarea imposible. Lo
saben los que trataron de
desarrollarla o al menos
explicarla. Lo único que queda
en Nietzsche con ciertos aires
de cientificismo es su crítica a
ciertas formas de historicismo.
Contra el silogismo. ¿Una
filosofía alógica o antilógica?
¿Qué puede significar
filosóficamente una posición de
esas características?
¿Cómo poner en el filo de la
Kritik a la decadencia de
Occidente dos mil años de
historia y de falsa conciencia?
La única posibilidad es ir más
allá de la esfera
socrático-cartesiana conceptual
y conciente. No pueden usarse
instrumentos lógicos heredados
de la bárbara Modernidad (que
incluye al propio Aristóteles).
Se debe aferrar el "sentido" de
la vida en su orden jerárquico
natural y transmitirlo a los
mejores. ¿Cómo hacerlo?
Nietzsche intenta, primero a
través de su propio estilo (anti
sistémico y anti ensayístico, en
forma y contenido), luego a
través de un método de
antisilogismo radical. La
hipótesis de Nietzsche es que
los hombres inferiores ("escasos
de fuerza vital", Untermensch)
tienen necesidad, por su
simpleza e idiotismo, de "la
lógica, la inteligibilidad
abstracta de la existencia,
porque la lógica tranquiliza e
inspira confianza". Para
comprender esta pasión por el
silogismo y la deducción
cartesiana, dice Nietzsche,
"basta fijarse en los
anarquistas". Los Übermensch,
los superhombres, "el ser cuya
exuberancia es mayor", el hombre
dionisíaco, no necesita de este
género de deducción (que "disipa
el temor"). Al tradicional
silogismo (en alemán: Schluss)
Nietzsche le superpone el
"silogismo retrógrado" o
refluente (Rückschluss)como
método de indagación que permite
superar la lógica tradicional:
"se trata de deducir de la obra
su autor, del hecho quien la ha
realizado, del 'ideal' aquel
para quien es una necesidad, y
de cualquier manera pensar y de
juzgar las cosas a la necesidad
a que responde". El "silogismo
retrógrado" permite combinando
fisiología, psicología e
historia, llegar a lo que
Nietzsche llama
"interpretación", el martillo
del crítico contra la
Modernidad. El alogiicismo de
Nietzsche es una elección
consciente, apoyada en el
diagnóstico milenario que la
mediación conceptual, la
"escolástica de los conceptos",
la cadena de demostraciones está
viciada hasta la médula (carece
de todo valor para el "partido
de la vida") y la relación ser y
pensamiento se basa en captura
la "estructura del alma", en un
nexo misterioso entre interprete
e interpretado. Es una discusión
y exploración del intento de
ruptura epistemológico de
Nietzsche que nos llevaría todo
un libro.
En la misma línea, ¿por qué el
postmodernismo ha bebido tanto
en esa fuente filosófica
El postmodernismo fue (y es) la
lógica del capitalismo tardío
(sociedad postindustrial o de
consumo, sociedad de los medios
de comunicación o del
espectáculo, o el capitalismo
multinacional, fin del
welfarismo, decadencia de pax
americana) del postcapitalismo,
del capital después de la caída
del stalinismo, la cobertura del
"fin de la historia". Su acta de
nacimiento es el fracaso del '68
en Europa. Es un complejo de
autores, con obras disímiles,
más que una escuela o corriente
de pensamiento. El inconsciente
político del postmodernismo, al
que Jameson denomina en su bello
libro "lógica cultural del
capitalismo tardío", se asienta
sobre dos autores polémicos: el
reaccionario Nietzsche y el
nacionalsocialista Heidegger.
Básicamente, y este "método"
puede verse en el mismo
Nietzschésime, el posmodernismo
es una nueva superficialidad,
que se prolonga tanto en la
"teoría contemporánea" como en
toda una nueva cultura de la
imagen o del simulacro. El
debilitamiento de la
historicidad (o su aniquilación
y canalización), tanto en
nuestra relación con la historia
oficial como en las nuevas
formas de nuestra temporalidad
privada. La expurgación de
Nietzsche de todo nexo con la
historia real o la subestimación
del contexto en sus lecturas, no
es más que postmodernismo
hermenéutico. El postmodernismo
es además un nuevo "subsuelo
emocional" (Jameson), fundado
sobre lo que Jameson llama
"intensidades" y que recupera el
sentimiento de lo sublime, el
"alma bella" establecida por la
estética neorromántica. Aquí
basta repetir la crítica de
Hegel al reaccionario Schelling
para comprender la vuelta atrás
en lo que se refiere a la
relación entre ser y
pensamiento. Cuando el
Nietzschésime se enoja y alaba
en sus escritos conceptos
abstractos y no-mediados,
"Vida", "Hombres Libres",
"Cultura", no sóloe stá abusando
y mutilando al Nietzsche real
sino que estamos en presencia de
postmodernismo práctico.
Profunda afinidad electiva, diré
también "funcionalidad",
relaciones constitutivas entre
el postmodernismo con un nuevo
sistema de economía
mundializada, lo llamaremos "postfordista"
y su nueva forma estado.
¿Es cierto que el pensamiento
real de Nietzsche fue manipulado
por su hermana y por su cuñado,
y que, por tanto, esa línea de
interpretación conservadora es
externa a su obra?
El "complot" de Elisabeth: toda
una serie de biógrafos,
comentaristas y scholars repiten
sin descanso el aparente papel
nefasto de su hermana, Elisabeth
Förster-Nietzsche, que habría
inventado o manipulado el
proyectado libro "Der Wille zur
Macht"( "La Voluntad de Poder"),
de manera de transformarlo en
uno de los pendants ideológicos
del IIIª Reich. Una mujer poco
dotada intelectualmente, con una
formación básica, deviene la
inspiradora entre bambalinas de
un movimiento político de masas
y de una geopolítica racial que
desembocará en la Segunda Guerra
Mundial. Quizá el autor más
conocido que sostiene esta
leyenda (y que nos cae
simpático) es Georges Bataille,
quién afirmaba en 1937: "El
judío Judas traicionó a Jesús
por una suma de dinero nimia:
después de eso, se colgó. La
traición de los familiares de
Nietzsche no tuvo la
consecuencia brutal que tuvo la
de Judas, pero resume y termina
de volver intolerable el
conjunto de traiciones que
deforman la enseñanza de
Nietzsche (que la colocan a la
altura de las pretensiones de
más corto alcance de la fiebre
actual). Las falsificaciones
antisemitas de la señora Förster,
su hermana, y del señor Richard
Oehler, primo de Nietzsche,
tienen además algo que es más
vulgar que el comercio de
Judas". Esta leyenda
hagiográfica se sigue
repitiendo, con variaciones y
pequeñas diferenciaciones
estilísticas, hasta nuestros
días. A contrariis Elisabeth
hizo todo lo posible por
presentar a Nietzsche como un
crítico del germanismo a
ultranza ya desde su piadosa
biografía, "Das Leben Friedrich
Nietzsches" (1895-1904): allí
presenta a Nietzsche como
paradigma del "buen europeo por
excelencia", llegándolo a
comparar en personalidad
político-histórica con el
presidente de los EEUU de
entonces Theodore "Teddy"
Roosevelt (por cierto: algunos
me reprochaban en su crítica que
"dudo que alguien haya
considerado a Nietzsche un buen
europeo": bueno aquí lo tienen)
y en un intento apologético
trata (sin lograrlo: ahí están
los textos) de separarlo de la
judeofobia y el teutonismo que
emanan de sus escritos. ¿Y
Elisabeth como editora traidora
al espíritu de Nietzsche? Lo
irónico es que si contrastamos
la edición del "Nietzsche Archiv"
de "La Voluntad de Poder" con
los textos correspondientes de
los escritos póstumos, podemos
llegar a la conclusión opuesta
que sostiene la hagiografía
dominante. Contra la leyenda de
la hermenéutica de la inocencia,
Elisabeth "interpreta" al filo
de la censura pasajes demasiados
embarazosos e incluso trata de
incluir "comentarios positivos"
sobre intelectuales judíos (como
Heine, Offenbach, Mendelshon,
Rahel Varnhagen) para intentar
balancear los fragmentos
póstumos. Elisabeth protege y
feminiza los textos, habla de su
hermano como "el genio más
noble", "el héroe". Y le doy a
los nietzscheanos un ejemplo:
comparen el parágrafo § 872 de
la edición supuestamente "nazificada"
por Elisabeth de 1901 con los
fragmentos póstumos y verán el
manto de piedad sobre las
terribles afirmaciones de
Nietzsche sobre la negación del
derecho a la existencia de
pueblos débiles. Especialistas
serios y filonietzscheanos (por
ejemplo Mauricio Ferraris) han
llegado a la conclusión que la
edición de Elisabeth no ha
modificado ni distorsionado en
profundidad los fragmentos como
para comprometer la lectura y la
interpretación. Sin su trabajo
de "propaganda" y su energía
inagotable, hoy no conoceríamos
nada de la obra nietzscheana.
Acta est fabula.
¿Qué hay detrás de una noción
como la de superhombre, del
Übermensch? ¿Son sus valores los
del ser humano de la futura
liberación?
"Superhombre" como concepto en
Nietzsche aparece por primera
vez al público en "Also spracht
Zarathustra" (escrito entre
1883–85), en la parte 3 del
Vorrede: "Ich lehre euch den
Übermenschen", aunque ya lo
nombra en manuscritos (Menschliches,
Allzumenschliches, de 1878). Se
trata de la traducción al alemán
del propio Nietzsche del término
"homme supérieur" (hombre
superior) sacado de los escritos
del filosofo naturalista francés
Claude Adrien Helvétius. El
concepto en realidad re elabora
otros conceptos nietzscheanos
aristocrático-naturalistas
anteriores: Genio, hombre
trágico, hombre Schopenhauer,
espíritus libres, buenos
europeos. En esto, como en otras
palabras-faro, la continuidad de
Nietzsche es asombrosa.
Übermensch, como el aristócrata
elegido por misterio selección
de la Naturaleza, aparece en el
libro enfrentado al "último
hombre" (producto de la
Modernidad), el Üntermensch (así
llamarán los nazis a los pueblos
inferiores del Este) y a la
Canalla (las masas inferiores).
No son los valores de "todos"
los seres humanos, ¡en
absoluto!, expresa el polo de
una lógica de combate perpetuo
entre la elite y la masse, la
raza de los aristócratas, los
más fuertes, los que llevan la
pulsión del genio. La diferencia
entre estos aristócratas y los
"superfluos" (Überflüssigen) es
abismal, una escisión
inabarcable, una cesura que no
puede cerrar ninguna religión,
ninguna moral, ni siquiera el
comunismo: "¿Qué es el mono para
el hombre? Una irrisión o una
vergüenza dolorosa. Y justo eso
es lo que el hombre debe ser
para el Superhombre: una
irrisión o una vergüenza
dolorosa". El hombre superfluo,
el hombre común – que Nietzsche
llama con ironía "los
demasiados" (die Viel-zu-Vielen–
es una simple cuerda "entre el
animal y el Superhombre". El
"aristocrático pensamiento de
fondo de la Naturaleza" es el
que exige, para el mantenimiento
de la verdadera vida y la
auténtica cultura, la "victoria
del mejor y el más fuerte". El
Übermensch es la resultante,
simple y natural, del "Rangordnung"
(orden jerárquico) generado por
la lucha por la existencia. El
elitismo reaccionario y anti
ilustrado es un elemento
central, que ejerce como punto
de gravedad y además permanente:
podemos distinguir la diversas
fases del pensamiento político
nietzscheano siguiendo la
evolución: 1) la etapa del
genio, cómo generarlo,
descubrirlo y cultivarlo; 2)la
celebración de los Señores como
"espíritus libres" y "buenos
europeos"; 3) el Übermensch como
celebración del superhombre y de
su natural disposición a la
jerarquía. Nietzsche aclara el
concepto en su escrito
autobiográfico "Ecce Homo":
Superhombre es "Superespecie" (über-Art).
Por supuesto es un término
político al máximo. En su
correspondencia privada
Nietzsche no deja lugar a dudas
de su contenido
racial-biológico, apoyando su
concepto en pseudocientíficos
darwinistas como Spencer,
Haeckel, Zöllner, Bagehot,
Galton, Lombroso e incluso
Gobineau (otro inspirador del
fascismo europeo). Una
curiosidad: en la traducción más
conocida, la de Sánchez Pascual
(que es muy minucioso y
obsesivo), un término tan
polémico como Übermensch ¡carece
de nota aclaratoria!, mientras
se reproducen citas sobre
aspectos superfluos o cuestiones
menores. El paroxismo del
ridículo se lo lleva sin lugar a
dudas el filósofo posmoderno
Vattimo, uno de los traductores
de Nietzsche al italiano, quién
intenta exorcisar-forzar el
término Übermensch e intenta
traducirlo como ¡Ultrahombre!
Finalmente una anécdota poco
conocida que demuestra hasta qué
punto el pensamiento del
Nietzsche maduro se imbricaba
con el nacionalsocialismo: A
fines de 1940 llega a la
municipalidad helvética del
pequeño poblado de Sils-Maria
una peculiar delegación oficial
del Dritte Reich, el imperio
milenario de Hitler que domina
toda Europa. La misión
diplomática, agobiada de
portaplanos y cartapacios, es
encabezada por negros uniformes
de las SS y han viajado hasta
ese rincón alejado de la neutral
Suiza con la tarea de tramitar
una empresa espectacular,
magnífica y aria: erigir una
estatua de mármol de Carrara (al
estilo Miguel Ángel) del
filósofo oficial del régimen,
Friedrich Wilhem Nietzsche. El
portento tendría una altura de
siete metros, se construiría en
la plaza central, delante del
albergue alpino, la famosa casa
Durisch, "mi perrera ideal" como
le llamaba el filósofo, que era
el lugar real donde había
escrito, entre el 26 de junio y
el 6 de julio de 1883 la segunda
parte de "Zarathustra"". El "SS-Staat"
en el cenit de su meteórica
carrera hacia el derrumbe,
señalaba un doble homenaje: por
un lado, al autor, el "Führer"
filósofo, cuyas frases
adornaban, por orden de Himmler,
las agencias y oficinas de las
SS; por el otro a la obra en sí,
pero en especial a la segunda
parte, que destacaba la
darwiniana "Wille zur Macht" y
la aparición textual de los
"Superhombres", los "Übermensch",
como proyecto político-racial a
fundar científicamente. En la
base del pedestal de la
magnánima estatua figuraría, en
bruñido bronce, la frase del
canto "De la superación de sí
mismo", que sentenciaba: "Mandar
es más difícil que obedecer".
Como finalizó la guerra, el
monumento jamás se construyó…
El eterno retorno, ¿es una
especulación metafísica o
responde a una idea que tiene
una base en conocimientos
físicos y matemáticos?
En realidad es uno de los
conceptos menos elaborados por
Nietzsche, que fue remarcado
como central por Karl Löwith y
Heidegger. Vattimo, volvemos a
este interprete y traductor al
italiano de Nietzsche, encuentra
al concepto "enigmático".
Sabemos porqué: el enigma es
vaciarlo de todo nexo con el
mundo histórico-social y,
además, extirparlo de su raíz
naturalista. Sólo es
comprensible si se lo subsume a
su Kritk reaccionaria a la
visión unilineal del tiempo, al
Principio Esperanza y a la
revolución. Löwith había intuido
algo cuando demostró que en éste
concepto Nietzsche culminaba con
un impasse, un falso paso, en la
tentativa de reconstruir en la
clausura de la modernidad, una
concepción del tiempo (y del
Ser) precristina,
griego-arcaica. Heidegger, desde
la visión völkische vecina al
nacionalsocialismo lo ve más
claro: el eterno retorno no
tiene nada de metafísico, ni es
una ética: es un "evento" en la
historia del Ser. Pero volvamos
a Nietzsche. La interminable
degeneración, el Untergäng de
Occidente, que incluye el fin de
lo trágico y el ciclo
revolucionario de ilotas,
campesinos, esclavos negros y
obreros socialistas, sólo puede
ser eficazmente contrarrestado y
anulado si se refuta para
siempre la ideología que lo re
alimenta desde Sócrates. Una es
la visión moral del mundo, que
denigra el orden natural y la
jerarquía del mundo, denigra y
deslegitima la aristocracia
natural; el otro elemento clave
es la visión y el concepto del
tiempo. Ya su maestro, el
filósofo reaccionario
Schopenhauer, había denunciado a
los socialistas por su visón de
"fe en el mundo" para ganar a
las masas y llevarlas a la
acción revolucionaria. Nietzsche
sigue sus pasos: si la visión
moral-revolucionaria del mundo
viene contrastada mediante la
tesis de la inocencia del
devenir, la visión unilinear del
tiempo puede ser refutada
mediante la tesis del eterno
retorno de lo idéntico. La
ideología
socrático-hebrea-cristiana-socialista
del devenir infinitamente nuevo
es una contradicción, porque
"presupone una fuerza creciente
hacia el infinito". El concepto
de "Eterno Retorno" (Nietzsche
en realidad utiliza dos
términos: ewige Wiederkunft y
ewige Wiedekehr) tiene orígenes
variados, desde las influencias
de la ya olvidada
Naturphilosophie, los
materialistas vía el manual de
Lange (en especial su capítulo
sobre Lucrecio), la cosmología
de Auguste Blanqui (¡sí, el
revolucionario francés!) y el
psicólogo reaccionario Gustave
le Bon (que también inspiraría
la psicología de las masas de
Freud). Nietzsche retiene cuatro
argumentos basados en hipótesis
científicas: 1) la constancia de
la fuerza o energía del universo
(conservación de la materia); 2)
la finitud en el posible número
de combinaciones de elementos de
la naturaleza; 3) la infinitud
del tiempo; 4) principio de
selección. Son, según los
especialistas, tesis amateurs y
populares de la biología, la
química y la física de la época.
La evolución del universo repite
indefinidamente las mismas fases
y recorre eternamente un círculo
vicioso inmenso. La idea no era
original de Nietzsche, por así
decirlo "estaba" en el ambiente
escolar de las ciencias
naturales y en el neodarwinismo.
Ya en "La Gaya Ciencia"
Nietzsche no renuncia a darle
una "consagración" científica a
su hipótesis reaccionaria (en el
aforismo 109) preguntándose que
hay que protegerse de la idea
que el mundo puede crear algo
"nuevo". En una época de su vida
Nietzsche se propone, en un
plazo de diez años, consagrar su
vida a estudiar ciencias
naturales (en Viena o en París)
para tratar de dar una base
científica más amplia a su
intuición. No tardó en renunciar
a éste proyecto por diversas
razones, una de las cuales era
la imposibilidad, como el
deseaba, de fundar su sistema en
la teoría atómica (en esa época
subdesarrollada). El eterno
retorno, contra la
interpretación de Deleuze, es la
forma más extrema de nihilismo y
la "coronación" de la hipótesis
del Übermensch… Un esbozo del
"eterno retorno" se encuentra en
el aforismo 341 de la "Gaya
Ciencia", pero realmente su nexo
lógico se articula en el
contexto de las enseñanzas del
Übermensch, del superhombre. Si
"Así habló Zarathustra" es el
quinto evangelio (había sido
escrita como una anti-Biblia),
las Tablas de la Ley que enseña
Nietzsche a la humanidad es la
hipótesis del "Eterno Retorno",
la gran idea de Zarathustra y
que fue una gran conmoción
personal para sí mismo. Durante
un período estuvo poseído de un
horror sagrado ante su
descubrimiento atroz. Los
filósofos académicos toman su
tesis como un ejercicio de
ensayo o un gorgojeo metafísico,
cuando la conclusión ontológica
es terrible: el mundo no
significa nada, es obra de una
ciega y jerárquica fatalidad, no
hay evolución ni progreso y la
humanidad no conduce a nada sino
que prosigue indefinidamente
recorriendo el mismo círculo (e
intentando resolver el mismo
problema: la voluntad de poder).
Contra los nietzscheanos,
Nietzsche era un filósofo de
verdad, "vivía" sus teorías y él
sabía que se necesitaba ser muy
reaccionario, demasiado
"inactual" para soportar el
espanto y la inhumanidad de la
tesis del "Eterno Retorno". Se
trata de "olvidar" los
Evangelios, humillar a los
débiles e inferiores, fortificar
y mantener a los fuertes y
mejores, eliminar la piedad, el
optimismo y la dignidad. Cuando
Zarathustra envía a sus
discípulos a decir la verdad,
tienen miedo, y le confiesan:
"podrá soportarla la
muchedumbre?" Es, según él mismo
declara, un "martillo", un
instrumento de terrorismo moral,
una verdad que dispersa los
vanos sueños de la humanidad:
"la doctrina del Eterno Retorno
es un martillo en la mano de los
hombres más potentes". Nietzsche
cree que ha llegado el momento
de hacer el ensayo con la verdad
y "si la verdad debe destruir a
la humanidad, pues, bien, ¡que
así sea!" El "Eterno Retorno"
tiene otro enemigo secundario,
el antropocentrismo de la
Modernidad, una herencia hebrea
que desemboca en la Revolución
Francesa, que coloca en el
centro del cosmos a los seres
más mediocres, débiles e
inferiores. Es curioso pero
Nietzsche proyectó escribir un
libro centrado en el concepto
del "Eterno Retorno" cuyo título
dice mucho hacia dónde apuntaba:
"Un nuevo Iluminismo. El eterno
retorno de lo idéntico".
Nicolás Alberto González Varela:
nacido en Buenos Aires,
Argentina. Estudió filosofía y
psicología. Fue profesor de
filosofía política en la
Universidad de Buenos Aires.
Ensayista en varias revistas y
suplementos culturales: Babel,
Crisis, diario Perfil. Fue
editor, traductor y coordinador
editorial. Actualmente reside en
Sevilla. Salvador López Arnal
(Barcelona, 1954) es
profesor-tutor de Matemáticas de
la UNED y profesor de
informática de ciclos
formativos. Colabora
habitualmente en las páginas de
El Viejo Topo, Rebelion, Espai
Marx y Sin Permiso.
www.sinpermiso.info
Gentileza:: alfaro melina
[cybermelinaalfaro@bandalibre.com]
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