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Para saber pensar, hay que
saber leer
La
Insignia. Guatemala
La escritura y el código
letrado
No es, pues, la escritura
como tal el código letrado. No
se trata sólo de aprender a
escribir, sino sobre todo de
aprender a pensar. Y no se puede
pensar ni escribir sin palabras.
Se puede imaginar y recrear
imágenes y sentimientos. Pero
inducir y deducir, descubrir las
leyes que rigen el movimiento de
lo real, y razonar, es imposible
sin palabras. Por eso se dice
que mientras mejor léxico tiene
una persona, más precisa es su
manera de explicarse el mundo.
Un error frecuente cuando se
piensa en el código letrado es
el de identificarlo con el
sistema de escritura alfabética,
el cual es sin duda una
expresión técnica privilegiada
de ese código pero éste no se
agota en ella. La base del
código letrado es, sí, la
palabra, pero no sólo como
núcleo de las posibilidades de
combinación que el sistema
lingüístico móvil le posibilita,
sino sobre todo como elemento
básico de una cadena simbólica
que le permite al pensamiento
forjar ideas complejas y
profundizar en esa complejidad
ampliando el conocimiento de lo
real.
Es el manejo relacional de las
posibilidades de abstracción de
las palabras, así como el de sus
posibilidades de combinación, la
esencia del código letrado. Su
dominio se basa en la destreza
en el uso de las palabras para
pensar, para partir de su
condición de símbolo e ir hacia
sus posibilidades de
significación a fin de
explicarse el mundo. La
complejidad del pensamiento que
se alcanza por esta vía es lo
que posibilita el sistema
escritural alfabético.
No es, pues, la escritura como
tal el código letrado. No se
trata sólo de aprender a
escribir, sino sobre todo de
aprender a pensar. Y no se puede
pensar ni escribir sin palabras.
Se puede imaginar y recrear
imágenes y sentimientos. Pero
inducir y deducir, descubrir las
leyes que rigen el movimiento de
lo real, y razonar, es imposible
sin palabras. Por eso se dice
que mientras mejor léxico tiene
una persona, más precisa es su
manera de explicarse el mundo.
Desplegar un léxico abundoso y
pedante, y suponer que eso nos
hace cultos, es un acto fallido,
pues la yuxtaposición
descoyuntada de palabras
"difíciles" sólo revela un
pensamiento fragmentario que,
lejos de explicarse lo real en
sus relaciones, sólo percibe
fenómenos inconexos y por tanto
inexplicables.
El código letrado no es sólo la
escritura alfabética sino sobre
todo lo que la posibilita, a
saber: la capacidad de utilizar
las palabras para pensar; y ésta
capacidad incluye el manejo
fluido del discurso y la
escritura. Ejercitarnos en el
uso responsable y creativo de la
palabra es lo que nos hace más o
menos cultos.
En los foros en los que me he
referido al intelicidio que
implica sustituir (en lugar de
complementar) el código letrado
con el código audiovisual, la
pregunta que brota siempre del
público es esta: ¿Cómo hacer
para que los niños y los jóvenes
lean, si desde que nacen los
recibe un televisor en la cuna,
y este proceso incluye a sus
padres?
En el caso de los adolescentes,
aconsejo partir de un minuto de
lectura atenta (comprendiendo lo
que se lee) y aumentar la dosis
en un minuto tres veces al día.
Cuando el nuevo lector alcance
los quince minutos diarios de
lectura, quizá se percate de lo
que se había estado perdiendo y
sienta elevarse su autoestima
intelectual, y siga leyendo. Por
otro lado, una manera eficaz de
fomentar el gusto por la lectura
en la niñez es leerles libros a
los niños que aún no leen a fin
de que aprendan a usar la
palabra como vehículo para
llegar a la imaginación y el
razonamiento. Además, es útil
acumularles los textos "leídos"
a la vista, para que perciban el
contacto con el objeto-libro y
la lectura como vínculos
afectivos con lo que los rodea.
Por su parte, los planteles
educativos pueden evaluar las
lecturas realizadas por medio de
reportes narrativos de lo leído,
en el aula.
El dominio de la palabra es la
clave de la inteligencia
letrada. La escritura expresa su
grado de desarrollo. Pero
escribir no basta. Hay que saber
pensar. Y para eso, hay que
saber leer.
Publicado en La Insignia.
Guatemala, agosto del 2008.
Mario Roberto Morales /
Periodista
La Insignia. Guatemala, enero
del 2008.
Gentileza:: ead / El Arca
Digital
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