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Huella ecológica y petróleo
Luis
Alberto Cervera Novo (*)
Rebanadas de Realidad
"Lo condenaron las
huellas, no los testigos, quizás
buscó ser juzgado para poder
seguir viviendo. Enrique Gobbi
aturdido y ligero de equipaje
transitaba su primer día de
condena"…
No es difícil asociar el
final de esta crónica sobre un
asesino serial, a la cultura de
consumo construída por el
mercado, que también deja
huellas, sin buscar testigos ni
tribunales que la juzguen.
Es el caso de la huella
ecológica, superficie de tierra
que se usa para producir los
vegetales, granos, carne, leche,
lana y energía que consumimos
los seres humanos. Actualmente
el habitante de un país
desarrollado requiere de 2,2
hectáreas para satisfacer sus
consumos. Duplica la media
histórica de 1.1 hectárea.
Este incremento de tierras
ocupadas para sostener vida, no
se dio por el aumento en el
consumo de alimentos, sino a
causa de la demanda energética;
el mercado transforma al hombre
en un devorador de energías en
un planeta extenuado. Piquetes y
muerte, por el alto costo del
gasoil, sacuden a Europa, pronto
el petróleo será privilegio de
minorías.
"Brasil descubre inmensos
yacimientos, que lo
transformaría en el segundo
productor mundial de crudo" es
la gran noticia de estos días.
Entusiasmo más psicológico que
práctico. Nos separan de este
recurso 2600 metros de
profundidades oceánicas y miles
de metros más de rocas. La
explotación se torna, por ahora,
imposible en costos y
tecnología.
Mientras tanto, el record en la
venta de automóviles a nafta o
gasoil, refuerza el camino al
abismo.
¿Futuro de tracción a sangre
para sobrevivir?... Espero que
nuestra racionalidad encuentre
una solución amable y en armonía
con el planeta.
Pero, mientras tanto, la
exigencia de energía sigue
multiplicándose, y para ello el
nuevo destino de los cereales ya
no es la panadería, sino los
depósitos de combustible para
motores que devorarán la
fertilidad de la tierra y
abonarán la estupidez humana.
Estamos solos en el universo y
hay que asumirlo, no tenemos
otro planeta que nos albergue.
La quema de energías fósiles
genera el cambio climático
ocasionando nuevas situaciones y
actores: anegamiento de
territorios y desplazamiento
masivo de pobladores.
Los "refugiados ambientales"
emergen como protagonistas en la
primera década del siglo XXI.
Simultáneamente, Europa,
histórica expulsadora de hijos,
declara la guerra a los
"refugiados económicos" por ver
amenazados sus consumos.
KIRIBATI es un país conformado
por una treintena de islas del
Pacifico Central, con cien mil
habitantes hasta ayer fue
paraíso turístico.
Su presidente, Anote Tong acaba
de pedir, desde su vecina Nueva
Zelanda, ayuda internacional
para evacuar a sus pobladores,
dado que la elevación del nivel
del mar salinizó las tierras
cultivables, contaminó los pozos
de agua dulce y hace tres años
que no llueve; las plantaciones
de cocoteros están diezmadas. En
dos décadas el territorio
quedará sepultado por las aguas.
Será el primer país en
desaparecer, producto del
calentamiento global.
Mientras Brasil, India y China
-que suman la mitad de la
población mundial- pujan por
alcanzar a los países
desarrollados; aspiración
legítima que acuna sonidos de
tragedia al copiar el modelo de
desarrollo del norte
avasallador.
Despilfarro, falta de alimentos,
agotamiento de recursos y éxodos
masivos.
Cóctel tenebroso, servido en un
planeta que nos recuerda al
Titanic o a los días finales de
Enrique Gobbi…
(*)
Licenciado en Gestión Ambiental
Urbana (UNLa) e integrante de
Conciencia Al Sur (CONSUR),
Grupo de Reflexión y Gestión.
Rebanadas de Realidad - Buenos
Aires, Argentina
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