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Las aulas oficiales desiertas
Ileana
Gólcher *
(Panamá).- La
reciente crisis de la educación
oficial que tiene su detonante
en la infraestructura escolar
debido al problema con la fibra
de vidrio es el resultado
visible de una comunidad
educativa indiferente y
complaciente.
Desde el año 2007, los centros
educativos oficiales comenzaron
a ser estremecidos por una
creciente ola de protestas y
cierres de las jornadas
académicas como resultado de la
escasa supervisión del
funcionamiento de la
infraestructura escolar. Los
resultados son dramáticos:
cientos de aulas oficiales han
permanecido desiertas por más de
dos meses con sus consecuencias
irreversibles; la realidad ha
demostrado que las clases
perdidas nunca se recuperan por
la apatía tanto de los
estudiantes como de los propios
docentes y padres de familia.
Las interrogantes que surgen son
múltiples, dependiendo desde que
óptica nos situemos. Veamos las
más sobresalientes. ¿ Cómo se
aprobaron oficialmente los
planos de dichas escuelas si la
fibra de vidrio es reconocida
por las autoridades de salud y
la universidad estatal (UTP)
como tóxica? ¿ Quién supervisa a
la dirección de ingeniería y
arquitectura del Ministerio de
Educación para que actúe con
transparencia y rigor científico
en sus aprobaciones oficiales? ¿
Qué grado de supervisión mantuvo
el MEDUCA sobre las empresas
contratadas para garantizar que
la limpieza de la fibra de
vidrio se desarrollara de forma
eficiente ¿ ¿ Desde cuándo y por
qué no se le brinda el adecuado
mantenimiento a dichas
instalaciones? ¿ A qué sectores
sociales les conviene que la
crisis educativa se acreciente y
las clases se suspendan? ¿ Por
qué el Estado permite la
importación y venta de dichos
materiales si son nocivos para
la salud? ¿ Por qué los gremios
docentes prefirieron el silencio
y no actuaron en su debido
momento para evitar dicha
crisis? ¿ Qué fuerzas políticas
autorizaron a decenas "empresas
instantáneas" para que limpiaran
lo que ni ellas mismas podían
resolver? ¿ Por qué los padres
de familia no participan en la
gestión escolar y sólo les
preocupa el aumento del costo de
los libros de texto? ¿ Por qué
en pleno auge de la tecnología
de la información cada centro
educativo no dispone de su ficha
de registro y mantenimiento de
sus instalaciones? ¿ Cuántas
empresas han sido realmente
sancionadas y sus multas han
ingresado a los fondos del
Estado? ¿ Es posible que los
meses de clases perdidos se
recuperen en los 15 días de
vacaciones de medio año? ¿ Por
qué el MEDUCA no está preparado
para emergencias académicas de
esta naturaleza y dispone de
módulos de aprendizaje
innovadores para que los
estudiantes prosigan sus ritmos
de aprendizaje?
Por un lado se plantea a la
educación como un proyecto de
formación y desarrollo personal
en un contexto democrático y
emancipador y finalidad de la
educación pública y laica, cuya
aspiración es la igualdad
social; por otro lado se
promueve un modelo de educación
que responda a los propósitos
neoliberales de la
competitividad; la educación es
observada como una mercancía y
la escuela debe seguir el modelo
de la empresa, por tanto la
inversión ha de ser rentable, se
requieren estándares para
optimizar los recursos y
producir calidad en el recurso
humano adaptado a los distintos
sectores de la economía.
Resulta contradictorio y
preocupante que precisamente
ahora cuando la escuela alcanza
en sus coberturas a toda la
población, cuando parecía
ponerse al servicio de un fin
democrático, en Panamá desde
hace más de dos décadas ha
entrado en una crisis que por el
momento se presenta
irreversible. A veces nos asalta
la duda: ¿ No será que la
desintegración del entorno
educativo oficial es la nueva
forma de colonizarlo, de
resquebrajarlo? Cuando se lee en
los programas de estudio
propuestas que defienden el
conocimiento libre y crítico, la
formación de un sujeto
reflexivo, entonces resulta que
la población estudiantil,
docente y padres y madres de
familia no están en condiciones
de ver, oír y en consecuencia
participar de forma permanente y
crítica. El Estado por su parte,
se presenta débil y con escaso
liderazgo en la gestión.
Necesitamos de la educación para
sobrevivir históricamente y sólo
si la institución escolar cumple
esa misión que le permita
cambiar el mundo, podrá
sobrevivir en su función social.
Cuando las fuerzas sociales,
particularmente el Estado, los
gremios docentes, la iniciativa
privada se decida acoger la
naturaleza histórica que le es
propia, como patrimonio de la
tradición, desarrollo del
pensamiento crítico, principio
de igualdad y objetivo de
libertad, entonces podrá
sobrevivir como escuela y, en
ese caso desencadenará
necesariamente el cambio
histórico que Panamá como Nación
necesita con urgencia.
*Catedrática e investigadora
universitaria
igolcher@gmail.com
www.panamaprofundo.org
contacto@panamaprofundo.org
Gentileza:: Panamá profundo
[boletin@panamaprofundo.org]
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