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Tres millones de niños
sumergidos en el mercado laboral
por Luis
M. Casado Ledo
Rebanadas de Realidad
Si bien en México la
Constitución prohíbe el trabajo
de menores de 14 años y los
mayores de esa edad y menores de
16 deben contar con el permiso
de sus padres, tutores o de un
sindicato, según cifras
oficiales más de 3.3 millones de
niños ayudan económicamente a su
familia y de esa cifra, 2
millones, abandonaron sus
estudios para trabajar de
ayudante, cargador, cerillo,
franelero o lavacoches, incluso
muchos de ellos caen en las
redes de prostitución infantil.
Este panorama es más preocupante
aún si nos referimos a la
situación en el campo, donde de
los más de 6 millones de
trabajadores agrícolas, 1.6
millones son infantes de 6 a 14
años. Además, 500 mil niños
jornaleros agrícolas son
inmigrantes y viven en las
localidades más apartadas de los
centros urbanos.
En días recientes, Fernando
Salgado Delgado, secretario de
Bienestar Social y Ecología del
Comité Nacional de la
Confederación de Trabajadores de
México (CTM), alertó sobre la
gravedad del problema del
trabajo infantil en el país e
informó que se tiene un registro
aproximado de 3.3 millones de
niños que trabajan, de los
cuales sólo 25 por ciento acude
a la escuela mientras el
restante 75 por ciento dejó sus
estudios para ayudar
económicamente a su hogar.
Esos menores se enfrentan a una
dura realidad tanto en el campo
como en la ciudad. "Muchos de
ellos son jornaleros agrícolas y
ayudan en las labores del campo,
mientras que otros ofrecen su
fuerza de trabajo en pequeños
talleres o maquilas", explicó
Delgado, quien seguidamente dijo
que esos centros de trabajo "son
talleres prácticamente
clandestinos" que no pagan
impuestos, ni entregan las
cuotas obrero-patronales al
Instituto Mexicano del Seguro
Social (IMSS) y que tampoco
cumplen con el Instituto del
Fondo Nacional para la Vivienda
de los Trabajadores (INFONAVIT)
y mucho menos existe el
reconocimiento de una relación
laboral.
Otras de las restricciones que
establece la Constitución
mexicana es la prohibición que
los menores presten sus
servicios en lugares insalubres,
peligrosos, trabajos nocturnos o
en donde se expiden bebidas
alcohólicas, sin embargo "hemos
observado que la realidad supera
lo que dicta la ley, incluso en
muchos casos las estadísticas
con las que contamos" especificó
Delgado.
Además, la Constitución
instituye la educación
obligatoria de nueve años, lo
cual implica un niño de 15 años
de edad, pese a ello, uno de los
sectores más sensibles de la
sociedad que aporta trabajadores
baratos y que no protestan,
lejos de ser saneado, tiende a
incrementarse hipotecando
prematuramente un futuro que no
tardará mucho en llegar.
Publicado
en la revista Nueva Época
Rebanadas de Realidad
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